El grupo quedó en silencio momentáneo, asimilando las palabras de Eldran. Aunque no era la respuesta que esperaban, su tono tranquilo les dio una pequeña esperanza.
Alana —con una leve sonrisa—: Gracias, padre Eldran.
Eldran (mirándola con calidez): No me deis las gracias. Solo tened cuidado. La búsqueda de verdad puede ser un camino peligroso.
Con esas palabras, Eldran los guio de regreso al punto de partida. Aunque no habían conseguido su apoyo directo, supieron que tampoco enfrentarían oposición. La puerta estaba abierta para continuar. Con el sol comenzando a ponerse, decidieron regresar juntos a la taberna.
Alana: ¿Qué te ocurre, Caín? Te veo ansioso desde la charla con el padre Theren.
Caín guardo silencio, con su mirada fija en el suelo.
Eleanor: Sabes que puedes confiar en nosotras. Estamos aquí para ayudarte.
Caín: —tras un largo suspiro—Es por el padre Theren… él prácticamente me crio. Conozco esa mirada. Y sé que no me espera una buena acogida cuando regrese a la iglesia. Él tiene valores muy firmes, y lo que hice hoy, frente al padre Eldran... Bueno, es seguro que tendré un castigo por ello.
Alana: Lo dices como si hubiera sido el único dispuesto a criarte.
Caín bajó aún más la mirada, como si esas palabras hubieran tocado un recuerdo que prefería dejar atrás. Ahí se dio en parte cuenta de sus palabras Caín era un semi elfo la mayoría de las personas los consideran aberraciones al no ser completamente de una raza, alana pensó que la capital seria distinta, pero parecía ser que ese no era el caso. Sin más, continuaron su camino en silencio. Al llegar a la taberna, encontraron a Daiki y Yadiel al fondo, bebiendo tranquilamente. Al notar la llegada de sus compañeros, Yadiel alzó la mano en forma de saludo.
Yadiel: Por vuestras caras, parece que no fue muy bien. –Sonrió pícaramente.
Caín se sentó en silencio, mientras Eleanor, preocupada, intentaba consolarlo.
Alana: Bueno, pudo haber sido peor. Al menos conseguimos algo de apoyo del padre Eldran, aunque no directamente. ¿Y vosotros? ¿Encontrasteis algo?
Daiki: No mucho, aunque parece haber símbolos parecidos en otras partes de la ciudad.
Yadiel: Mis contactos están investigando. Tardarán... un par de días en decirme dónde es más común ver esos símbolos. Pero, por desgracia, no parecen corresponder a ningún lenguaje que yo conozca.
Alana: Entonces, solo queda esperar. –Dijo mientras suspiraba y se sentaba. Aunque no tenían trabajo inmediato, el día había sido agotador.
Eleanor: Bueno, pero tenemos algo, ¿no? Es un buen comienzo, creo yo. Igual no entiendo mucho de estas cosas, pero creo por palabras del padre Eldran nos está dando la oportunidad de investigar más y ver qué ocurre.
Daiki: ¿De dónde vienes tú, pensé que serias de Kimas?
Eleanor, algo nerviosa, respondió:
Eleanor: Ah… Yo vengo de una aldea cercana a Kimas. Mis padres eran granjeros. Siempre tuvimos lo justo para vivir. Si no hubiera sido por la bendición que se me otorgó, nunca habría podido venir a la capital. Así que me siento afortunada de estar aquí.
Daiki dio un chasquido con la lengua, mostrando incomodidad al oír hablar de dioses. Eleanor se sobresaltó un poco.
Yadiel: Tranquila. En el norte, no están acostumbrados a la magia, y apenas pueden sentirla. Por eso reacciona así. No te preocupes.
Eleanor se relajó un poco, y Daiki, notando que la había asustado, intentó calmar la conversación.
Daiki: Bueno, ¿qué más da? Por cierto, ¿qué le pasa a ese? —dijo en referencia a Caín— Desde que llegasteis no ha dicho nada.
Caín seguía en silencio, perdido en sus pensamientos. Su cara mostraba que las palabras y gestos del padre Theren aún le afectaban profundamente.
Alana: Digamos que su trabajo no ha terminado. Todavía tiene que enfrentarse al padre Theren cuando vuelva a la iglesia.
Yadiel: Uf, mucha suerte, amigo. La vas a necesitar. Pero, oye, ¿no eras tú el que quería investigar todo esto? Te toca hacerte cargo de tus decisiones-
Caín: No es cuestión de suerte. Solo debo tener cuidado. Es probable que el castigo por mi desacato dure unos días. Así que intentad descubrir todo lo que podáis mientras tanto.
Daiki: Deberías relajarte y beber algo. Si ya la cagaste, ¿qué más puedes pasar?
Con una sonrisa burlona, hizo un gesto a Wilbur para que trajera bebidas para todos.
Wilbur: Aquí tienen. Por cierto, niña, sé que hoy era tu día libre, pero mañana necesitaré pedirte algo.
Alana: De acuerdo, jefe. Estaré aquí temprano.
Wilbur se retiró a atender la acogedora taberna, que poco a poco se sentía más como un hogar para ellos. Eleanor miró con sorpresa la jarra frente a ella; para alguien como ella, el tamaño parecía enorme. En contraste, para las grandes manos de Daiki, la misma jarra parecía normal.
Alana: Muy bien, entonces brindemos. Por nuestros descubrimientos presentes y futuros, y por el camino que nos queda por recorrer como equipo.
Alzó su jarra con un brillo de esperanza en los ojos.
Eleanor: Chicos, lo siento, pero no puedo beber. Va en contra de nuestra doctrina, ¿verdad, Caín?
Para su sorpresa, Caín alzó su jarra con fuerza.
Caín: ¡Salud! –Exclamó antes de beber casi toda la jarra de un trago.
Yadiel: ¿En serio, Eleanor? ¿Vas a rechazar un brindis por el equipo? –Dijo con ojos de cachorro y una sonrisa picaresca.
Daiki: En mi tierra, incluso los más jóvenes pueden con esa jarra que tienes.
Eleanor, un poco abrumada por la presión, tomó la jarra con ambas manos.
Eleanor: —resignada— AAA. Vale, solo por esta vez espero
Intentó imitar a Caín, pero apenas logró beber la mitad antes de hacer una mueca de desagrado. Sus compañeros estallaron en risas, felicitándola por su esfuerzo. Entre brindis, risas y conversaciones, la noche transcurrió con una calidez que hacía olvidar, aunque fuera por un momento su torcido inicio. Finalmente, uno por uno, fueron marchándose a descansar, dejando atrás las preocupaciones del día, listos para lo que les esperaba el día siguiente.
Mientras que Caín se dirigió a la iglesia, con el corazón pesado temeroso de lo que se encontraría al regresar.
Al cruzar la puerta de la vacía iglesia, el eco de sus pasos resonó en la vasta sala. Las luces de los vitrales proyectaban figuras teñidas de azul sobre las paredes blancas, envolviendo el lugar en una atmósfera solemne y algo intimidante. Frente al altar de espaldas, la imponente figura de Theren permanecía de pie, inmóvil.
Sin girarse, el sacerdote habló, cada palabra parecía un puñal.
Theren: Caín. ¿Qué has venido a justificar esta vez?
El joven apretó los puños, bajando la cabeza, tratando de ordenar sus palabras.
Caín: Padre … quería disculparme por lo ocurrido. Sé que Alana y yo pudimos haber parecido irrespetuosos, pero…
Theren se giró lentamente, su mirada afilada se clavó en Caín con el peso de un juicio implacable.
Theren: (interrumpiéndolo) No necesitas excusas. Lo que vi fue claro: debilidad. La tuya.
Caín sintió como esas palabras perforaban algo dentro de él. Tragó saliva, manteniendo la cabeza gacha.
Theren: (con una severidad que sonaba casi paternal) Intentas proteger a los equivocados, Caín, y con ello insultas la santidad de esta casa… y mi juicio. ¿Crees que Caelus necesita tu compasión mal dirigida?
Caín: (en un hilo de voz) No, padre.
Theren avanzó un paso, hasta que su imponente figura estaba frente a Caín
Theren: (con voz helada) Entonces grábate esto: tu devoción se mide en lealtad, no en palabras. No me vuelvas a fallar.
Sin previo aviso, Theren alzó la mano y golpeó a Caín con el dorso, un movimiento rápido, calculado, que resonó por el vacío lugar, pero mucho más en el orgullo del joven. Caín dio un paso atrás, tambaleándose.
Theren: Recuerda quien te crio Caín. No vuelvas a deshonrar este lugar o la próxima vez no seré tan misericordioso.
El sacerdote se dio la vuelta con la indiferencia, regresando al altar como si la conversación nunca hubiera sucedido. Caín permaneció allí un momento, en silencio, con la mejilla ardiendo y el peso de las palabras de Theren hundiéndose en su mente y pecho.
Finalmente, se dio la vuelta y abandonó la iglesia. Afuera, bajo la fría luz de la luna, respiró profundamente, buscando recuperar el aliento y la fuerza para enfrentar lo que venía ya que su castigo no terminaba ahí. Aunque las palabras de Theren dolían, Caín sabía que no podía detenerse. Había un propósito mayor que cumplir, incluso si eso significaba cargar con las cicatrices que le dejaba su mentor.

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