—I-Ian… —tartamudeé un poco— ¿qué dices?
Mantenía su mirada fija, penetrante, como si estuviera intentando escarbar en mi mente.
—Andru… —vaciló mientras acercaba su rostro aún más al mío, y en un susurro suave, casi rozando mis labios, volvió a decirlo—: tú me gustas.
Esta vez sonó tan claro que, a pesar de ser apenas un susurro, resonó entre el silencio de la noche como el viento suave que corría afuera.
Mi mente se nubló. Su aliento con olor a alcohol, mezclado con su perfume, inundó mis sentidos.
Un deseo intenso cruzó mi mente.
“Quiero besarlo”.
Y como si hubiera sido una plegaria escuchada por los cielos, en ese mismo segundo Ian fundió sus labios con los míos.
Era un beso dulce, suave, pero al mismo tiempo feroz. Parecía que iba a devorarme en ese instante.
Sus labios eran suaves, carnosos. Su lengua se movía ágil, abriéndose paso entre mis labios.
Apreté sus brazos con mis puños.
—Ian… —apenas podía hablar— e-esto… no… ngh… no puedo… respirar…
Ian se detuvo.
Sostuvo mi rostro con ambas manos y me observó fijamente durante unos segundos antes de dirigir sus labios hacia mi cuello.
—O-oye… Ian… espera…
Intenté empujarlo, pero su agarre era fuerte.
Sentí cómo mordía mi hombro y mi cuerpo comenzaba a llenarse nuevamente de esa sensación cálida que provocaban sus labios.
Sin duda… quería más.
“Pero ¿qué estoy haciendo con una persona borracha?”
—Andru… —susurró en mi oído.
—Andru… Andru… Andru…
Repetía mi nombre una y otra vez, como si fuera una plegaria esperando mi respuesta.
—Aquí estoy… —le respondí mientras lo abrazaba y acariciaba su cabello.
Él terminó recostado sobre mi hombro.
—Durmamos…
Se alejó de mí y, tomando mi mano, me guió hacia la cama. Comencé a sentirme muy nervioso.
¿qué era lo que íbamos a hacer?
Sin embargo, al llegar a la cama Ian se desplomó, tirando de mí hacia él y enredándome entre sus brazos.
Quedó profundamente dormido al instante.
Y aun así no me soltó en toda la noche.
Cuando desperté por la mañana, Ian ya se había levantado y estaba completamente listo para irnos.
Mientras tanto yo, ojeroso porque apenas había podido dormir, me encontraba frotándome los ojos.
—Oh, Andru, ya despertaste…
Su tono de voz casual era el mismo de siempre, como si lo de la noche anterior nunca hubiera sucedido.
“¿Lo habrá olvidado?”
Pensé mientras me ponía de pie para prepararme.
—Ian, ¿cómo estás? ¿No tienes resaca?
—¡Para nada! Perdóname si tuviste que lidiar conmigo anoche.
—No te preocupes, tú ya una vez habías tenido que lidiar conmigo cuando tomé de más —sonreí mientras me dirigía al baño—. Me daré una ducha.
—Anda, ve. Yo ya estoy casi listo —respondió con una sonrisa amable.
De verdad parecía que no recordaba nada.
Mientras me bañaba le di tantas vueltas a lo de la noche anterior… su aroma había quedado impregnado en mis recuerdos, algo que ni el agua podía llevarse.
“¿Debería abordar el tema?”
“¿Y si no recuerda nada?”
“Quizá le dé mucha vergüenza…”
“Pero dijo que le gusto…”
“¿Será verdad?”
Los pensamientos se agolpaban en mi cabeza, llenándola de dudas.
Era la primera vez que me encontraba en una situación así.
Al salir de la ducha, Ian se encontraba al borde de la cama, apoyando los codos en sus rodillas y los puños bajo su barbilla.
Parecía perdido en sus pensamientos.
Me quedé en la puerta del baño observándolo en silencio. Parecía no notar mi presencia.
De pronto volvió en sí y me miró sorprendido.
—Andru… ¿puedes venir un momento?
Dio unas palmaditas a su lado.
Sin dudarlo fui a sentarme.
Él se puso de pie, se colocó frente a mí y se puso en cuclillas, apoyando las palmas de sus manos sobre mis rodillas.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
TUTUM…
TUTUM…
—Andru… yo… anoche…
Su mirada estaba fija en mí, pero se le notaba nervioso a pesar de intentar aparentar calma.
—Lo que dije anoche… lo que quiero decir…
Sentí cómo sus manos comenzaban a ponerse cada vez más calientes.
El hombre frente a mí ni siquiera lograba terminar una frase.
—Ian —lo interrumpí—. Cuando estás borracho… ¿eres honesto?
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Sí…
Agachó la mirada. Alcancé a ver cómo sus orejas tomaban un intenso color rojo.
Estaba avergonzado.
—Andru… si quieres alejarte de mí, lo entenderé…
Su voz se apagaba poco a poco y su mirada se volvió triste.
—Ian… —dije con suavidad— ¿te parece que anoche te rechacé?
Se quedó pensativo unos segundos, como si estuviera reconstruyendo en su mente lo ocurrido.
Entonces la tristeza de su mirada desapareció y fue reemplazada por un destello de esperanza.
—Andru… esto no está ni cerca de cómo lo imaginé, pero…
Tomó mi mano con suavidad.
—¿Te gustaría salir conmigo?

Comments (0)
See all