75.000 años habían pasado ya, toda una trayectoria escolar que iba a culminar con la última etapa del ciclo lectivo para cualquier joven, un momento lleno de emoción ya que durante los próximos 3 años se prepararían para descubrirse en profundidad y saber que quieren hacer con sus vidas.
La pequeña Lillie Harper, la única hija del matrimonio más poderoso de Nyanja, era alguien sumamente inteligente, dotada de un don extraordinario, reconocido por los maestros de la joven y llenos de orgullo sus padres se encargaron de fomentarlo.
La trayectoria en la vida de Lillie había sido una muy calmada, no le faltaba nada, cualquier cosa que ella quisiera lo obtenía. Ella era consciente de la influencia de su padre sobre el pueblo, por lo que nadie se atrevía a meterse con ella, provocando un aislamiento social por parte de los que la rodeaban y por ella misma, en tanto algo no le parecía se enojaba y soltaba su clásica amenaza "¿Acaso sabes quién es mi padre?" enfatizando a la hora de hablar para dejar en claro que con solo pedirlo su padre haría cualquier cosa por su amado retoño.
Definitivamente era una pequeña muy hábil y alguien que si se enojaba podría llegar a hacer berrinche. Esa actitud fue constante en jardín de infantes y la primaria, destacando en lo académico, pero flaqueando en lo social. Para la secundaria sus padres le dieron la noticia de que iban a cambiarla de escuela.
—¿¡Y por qué una tan lejos de casa!? — reprochaba la pequeña.
—Cariño, todas las escuelas quedan lejos de casa. — dijo su madre.
—Hija, escucha, estamos orgullosos de tu gran desempeño académico, pero tu reputación no ha sido la mejor...tu libreta siempre resalta tu actitud en horas de clase y con tus compañeros, cosa que no es buena si vas a liderar algún día — si algún día ella sería la cabeza de la familia Harper, Seamus prefería que desde ya adquiriese aptitudes de líder, mandaba, pero su forma tan respondona de hacerlo era algo que debía corregir de inmediato.
—En secundaria ya comienzan a tener el cargo del presidente de la clase, es una buena oportunidad para que aprendas acerca de la responsabilidad sobre estar al mando. —
La pequeña soltó un pequeño quejido. —Está bien... — se resignó, al menos pensó que esa podría significar tener algún amigo. Ver a otros niños jugar juntos le hacía querer unirse, pero como ella ya los había alejado no hubo chance de que pudiese volver a integrarse, sintió que en parte se lo merecía, por lo que ahora trataría de llevarlo de otra forma.
Su pasar por la secundaria fue menos turbulenta que en la primaria. Reflexionó acerca de lo que había dicho su padre, en cualquier momento ella tomaría las riendas del reinado y ya no solo bastaba con tener habilidades mágicas, necesitaba poseer la sabiduría de un líder para guiar adecuadamente el rumbo de la nación que recaería sobre sus hombros.
Es así que durante esta etapa de su vida trató de adoptar una forma de ser más serena, algunos creyendo que era alguien muy seria, pero que al conocerla era muy dulce. Todo lo que alguna vez quiso expresar con la gente de su entorno en la primaria lo consiguió en la secundaria, pudo tener amigos, pero acabó descuidando su desempeño académico, lo cual no les gustó a sus padres quienes volvieron a tener una charla con ella previa a su ingreso a la preparatoria.
—¿A caso hice algo mal esta vez? — preguntó Lillie, sabía que si sus padres la habían citado en ese plan es que nuevamente ocurrió algo de su descontento.
—Así es, vemos que malinterpretaste lo de mejorar tus relaciones sociales. — dijo su madre con descontento.
—¡Pero me llevo mejor con mis compañeros! —
—Ese es justo el inconveniente. — Seamus mostró su libreta comparando las notas. —Has tenido un bajo rendimiento este último año comparado a los anteriores y comparado a los que tenías en primaria. Esos a los que haces llamar "amigos" son una mala influencia para ti, no continuaste con el cargo de presidenta de la clase por su intervención ¿No es así? —
—Bueno...eh...es que también me aburrí un poco de estar ahí. —
—Pero no hay opción de no hacerlo, entiende que es por tu bien, debes saber manejar situaciones de responsabilidad y balancear bien tus cosas. —
—Tampoco es como que me hayan dado mucha guía...— susurró la pelirroja.
—¿Disculpa? Las cosas se dicen en voz alta Lillie. — su padre le pidió que hable más claro, aun habiendo escuchado lo que dijo, pero Lillie se quedó en silencio. —Lilianne Harper, te estoy hablando, respóndeme. —
—¿Ves cómo esa gente te ha mal influenciado? Nunca habías sido tan mal educada a la hora de responder y tu comportamiento era impecable. — no era una constante, pero debían meter presión.
—Entonces... ¿Qué debería de hacer? — preguntó con la cabeza un poco agachada.
—Elevar esas notas ahora que vas a entrar a la preparatoria, puedes seguir relacionándote con tus compañeros porque nunca está de más tener a alguien a tu disposición, pero asegúrate de que no sea muy cercano. En esta vida no se prospera con simples amistades de las cuales no estás seguro si acabarán apuñalándote por la espalda, debes ser más precavida para no ser la primera en caer, pero tampoco actuar de manera prepotente o terminarás aislada, ¿Comprendes? —
—Sí, padre...lo comprendo. ¿Ya me puedo retirar? —
—Ve, hay otras cosas por preparar previo a tu ingreso. —
Lillie se retiró, nuevamente a pensar, creyó que las habilidades sociales que había adquirido eran las ideales puesto a que se sentía feliz de estar rodeada por un gran grupo de amigos, pero también pensó en si era cierto de si eran de verdad sus amigos o personas que no sentirían remordimiento en hacerle daño. Tuvo una retrospectiva de sus tres años en secundaria, es cierto que la pasaba bien, pero su grupo a veces era un poco conflictivo entre sí, tenía dos amigas más cercanas a ella y los demás que eran parte del grupo a veces se acercaban a desahogar o tirar pestes sobre los demás que lo conformaban.
Le dolió un poco pensar en esa visión acerca de la amistad que tiene su padre resultó ser cierta, aunque tampoco le quedaba muy en claro si ella de verdad había cambiado para mal. Seguía siendo alguien sobresaliente, no comprendía el reclamo acerca de sus notas, las materias si se habían vuelto algo pesadas y ella a veces terminaba priorizando pasarla bien con sus amigas, pero siempre terminando por hacer la tarea.
Sus expectativas acerca de lo que se avecinaba en la preparatoria eran un poco temerosas, quería complacer a sus padres y seguir siendo la mejor en todo, pero también le hacía sentir muy bien estar rodeada de amigos. Sin darse cuenta comenzó a llorar, le era complicado mantener ese balance que tanto le exigían sus padres, eso era algo que sus amigas le recalcaban mucho y ella solo daba promesas al aire de que hablaría con ellos. Se aferraba a la imagen infantil que todavía tenía de sus padres, una en la que todo era más simple y estaban más presentes. Ahora se sentía sola, sentía que solo veían en ella a la "futura heredera Harper" y no a su propia hija. En eso su madre tocó la puerta.
—¿Lillie, puedo pasar? —
Ella se secó las lágrimas intentando que su voz no suene tan quebradiza. —Adelante. — le cedió el paso.
Olympia entró, tenía un cepillo en mano y se sentó en su cama. —¿Me dejas cepillarte el cabello? Así como cuando eras pequeña. — sonrió.
La pequeña soltó unas risitas. —¡Pero todavía me sigues peinando! — era algo que le costaba admitir en voz alta, pero a Lillie le gustaba que su madre todavía la siga peinando, para ella era de los pocos momentos cercanos que podía tener con su madre. Se acercó para que pudiese cepillarle el pelo.
—Lamento las exigencias que te hemos puesto mi vida, pero sabes que solo queremos procurar que tengas un gran futuro. —
—Lo sé...lo comprendo, lamento también mi comportamiento, lo he pensado y ya es tiempo de que tome con seriedad las cosas. —
—Me pones muy orgullosa Lillie, sé que irás por buen camino esta vez. —
Lillie volvió a estar al borde de las lágrimas, se dio la vuelta y abrazó a su madre. —¡Así será madre! — Olympia le correspondió el abrazo y se quedaron charlando un poco más hasta que fue la hora de dormir.
—Buenas noches hija, mañana será un gran día. —
—Lo será. — bostezó. —Buenas noches...—
Su último pensamiento antes de dormir fueron aquellas expectativas de grandeza que tenía su familia respecto a ella. Se comprometió a dar todo de ella en explotar al máximo sus capacidades mágicas y de liderazgo, teniendo buenas relaciones con la debida distancia para que no impliquen un estorbo en sus metas. Quería seguir siendo la mejor a ojos de sus padres, la conversación con su madre le reavivaron los ánimos y las esperanzas por esta nueva y última etapa académica antes de elegir la maestría por la que se dedicaría, la que le daría la fuerza para gobernar y seguir adelante con su vida.

Comments (0)
See all