Pese a los cambios que hubo en sus vidas, Daryna y Allen llevaron una vida muy tranquila. Se mudaron poco después de que el pequeño cumpliese 5 años, por lo que Daryna buscó al instante una escuela cerca de la zona donde Allen pudiese asistir y comenzar la primaria.
El pequeño Allen era alguien de pocas palabras, había algo en el ambiente de Nyanja y la escuela que le incomodaban, pero no lograba encontrarle una razón. Pasó desapercibido durante su trayecto en la primaria, no hizo muchos amigos, aunque en lo académico si le iba bien. Su madre intuía que probablemente los cambios que hubo con el gobierno de los Harper era lo que le hacía sentir raro pese a que nació y pasó sus primeros años en Nkhalango, tenía la sensación de que él podía percibir el espíritu de su familia en los alrededores, la familia que nunca conoció...pero todo eso le parecía algo raro para un niño de su edad y que únicamente le costaba adaptarse al cambio.
Esas preocupaciones quedaron de lado cuando llegó el fugaz, pero significativo, paso por la secundaria, la etapa donde los jóvenes comienzan a tantear el terreno sobre las especialidades antes de entrar a la preparatoria y adentrarse de lleno. Allen parecía estar más entusiasmado de lo que estaba en primaria, le era difícil explicar, pero las clases de magia eran algo que le emocionaba practicar, aunque ha habido varias complicaciones en el camino.
Daryna estaba muy atenta a las cosas que veía su hijo en la escuela, así que al instante notó la forma tan rígida que tenía de manejar las clases. Al inicio no pensó que esto sería un impedimento, pero conforme iban avanzando y llegando al primer año en secundaria se percató de que la estructura sería algo que le jugaría en contra al joven Allen.
La forma que ella tomó clases en Nútíma y como vio el sistema educativo durante el gobierno de su esposo le hacían pensar que los Harper estaban encasillando a propósito la forma de educar a los jóvenes para limitarlos, querían llevarlos bajo su propio lineamiento y, poniéndose un poco paranoica, impedir que llegue a haber alguien más poderoso que su familia y pudiese hacerles frente. Sus preocupaciones salieron más a flote cada vez que Allen le contaba como a veces le llamaban la atención por el tipo de magia que el hacía o como seguía otros métodos, pero obteniendo el mismo resultado solicitado. Ella sabía que era normal en Allen, después de todo hacía magia igual a la de su familia, pero no sabía que decirle.
—...Y entonces casi no me sale el hechizo, pero descubrí que si movía la varita en círculos hacía arriba en lugar del centro se manifestaba de manera más cómoda en lugar de la forma en la que dijo el profesor que era de frente, genial ¿No? — Allen le estaba contando a su madre como había sido su día en la clase de magia que habían tenido. Pero Daryna estaba algo distraída, tenía la mirada en un punto fijo pensando en todo lo que la había estado preocupando. —¿Mamá? ¿Estás bien? —
—Si hijo, muy bien por ti, pero... ¿No crees que sería mejor si sigues los métodos que ya te enseñaron? —
Esa pregunta desconcertó a Allen. —¿Por qué? Es lo mismo que hacen mis compañeros, con unos leves cambios, ¡Pero el resultado sigue siendo el mismo! —
—Eso...n-no está bien para lo que son los estudios en Nyanja, quizás si de donde veníamos, pero a veces tienes que adaptarte a lo que te presentan porque es lo común, no puedes esperar a que los demás se adapten a ti. —
—¿Cómo estás segura de ello si nunca me has dicho bien de dónde venimos? ¡Solo me dijiste que es la otra punta de Zachikale y nada más! —
—Todavía es... —
—Un tema complicado, lo sé, ¿Pues cuando no lo será, cuando tenga 400.000 años? — Allen amaba a su madre, pero le costaba comprender muchas cosas en su actuar, a veces pensaba que por más que el fuese honesto ella nunca lo sería con él.
Daryna comenzó a temblar un poco, de verdad tenía miedo de que Allen llamase la atención lo suficiente como para que salte a relucir ante los ojos de los Harper que se trataba del hijo de aquel antiguo gobernador y de su familia que masacraron sin piedad. No quería que les pase nada a ninguno de los dos al ser el otro la única familia que les quedaba.
—Solo...hazlo por mi... ¿Si? Y por...t-tu padre... —
Allen quedó extrañado de la reacción de su madre, definitivamente cada día la comprendía menos, lo único que le quedaba en claro es que esto se trataba de algo importante y que debía hacerle caso, al igual que el día en que prometió dejar ocultas sus orejas aun sin saber el motivo.
—Te...lo prometo... — se abrazaron para calmar un poco el ambiente.
Pese a los intentos que hizo el joven de cabello azul para seguir la petición de su madre no podía controlar del todo bien su forma extravagante de trabajar. Estaba a punto de rendirse en querer seguir un camino aprendiendo de magia.
Se encontraba sentado bajo un árbol del patio de su escuela reflexionando acerca de las cosas que le decía tanto su madre como sus profesores, mirando su varita algo desganado.
"Debería rendirme"
Pensaba, ya no faltaba nada para su ingreso a la preparatoria, pero estaba desmotivado en querer entrar. No es que solo estudiasen magia ahí, quizás lograría encontrar algo en las otras dos maestrías que lo apasione...bueno, no estaba muy esperanzado en aquella idea, sabía que si entraba a la preparatoria a la primera que reciba clases de magia iba a querer saber más y más, lo que implicaría un riesgo en no seguir adecuadamente las reglas que acabaría en algo peor...según lo que intuye por las reacciones de su madre.
Levantó un poco la mirada y vio a uno de sus compañeros. Un elfo que se había ganado una mala fama de no ser habilidoso en lo que hacía, solo lo ubicaba de nombre y apariencia puesto a que iban en divisiones diferentes, le causó curiosidad ver que estaba haciendo por lo que se quedó un rato más bajo aquel árbol en espera de que es lo que haría su compañero.
El joven elfo estaba realizando su rutina de siempre luego de la escuela, la cual consistía en quedarse un rato más para ir al patio y volver a practicar lo que habían visto en clases. Bajo el punto de vista de Allen se desenvolvió con mucha facilidad en su práctica, por lo que no entendía que era lo que le había llevado a tener esa mala impresión del resto de compañeros. Con cierto temor se acercó a hablarle para quitarse las dudas.
—Hola... ¿I-Interrumpo algo? — esperó un momento donde no estuviese practicando, pero preguntó por si acaso.
—No, no, de hecho, ya había terminado. — hubo un pequeño silencio incómodo. —¿Necesitas algo? —
Allen balbuceó intentando formular su pregunta, se la vivía tanto tiempo en su mundo que casi no interactuaba con sus compañeros. —Quería saber... ¿Cómo eres tan bueno con la magia? —
Eso desconcertó un poco al chico, no sabía hacía donde dirigir su respuesta con una pregunta tan ambigua, estaba a punto de responder, pero Allen volvió a decir algo para que se le entendiese mejor.
—Es decir, por lo que he visto has tenido varias dificultades en esa disciplina, ¡Pero de todos modos conseguiste destacar! ¿C-Cómo es que lo haces? —
—Bueno, pues...no te voy a decir que fue fácil, tú mismo lo mencionas. He tenido mis complicaciones... — pensó un poco en que decir, normalmente le toca ser el motivado y no el motivador. —Pero no hay nada más que pueda decirte que no sea el ya clásico de no rendirse, puede costar verlo si te sientes en lo más bajo...aunque he ahí lo que decides hacer que marca la diferencia en aquella frase motivadora tan repetida. Si de verdad lo sientes en lo más profundo de tu ser no debes echarte para atrás, de todos modos, tampoco te conozco lo suficiente así que ¡Cuéntame un poco más de ti! — dijo con una sonrisa tomando sus cosas, animándolo a caminar y charlar.
—Ehm...a ver...si me gusta mucho la magia, pero los métodos de aquí son tan rígidos que siento que me ahogo y cuando intento hacer las cosas por cuenta propia lo consigo. —
—¿Y lo malo? —
—Lo malo es que no es el método que aprendimos y mi mamá ya me ha insistido que haga lo posible por seguir las reglas... —
—Con que problemas para seguir las normas ¿Eh? — el elfo soltó una pequeña risita ya que le parecía sumamente relacionable con sus problemas de adaptarse a las clases tanto de Nyanja como las que alguna vez tuvo en Nkhalango. —Sé que puede ser frustrante no conseguir adaptarte a lo que los demás esperan de ti, pero de todos modos tampoco vas a conseguir mucho yendo contra corriente, podría ser peor para ti. Te sugiero que si tanto te gusta la magia hagas las cosas como te las piden ¡Pero en tu casa puedes practicar la que se te pegue en gana! ¿Por qué limitarte a hacer magia únicamente en la escuela teniendo días y horas enteras para dedicarte a lo que te gusta desde otro enfoque? —
—Es verdad... — se quedó pensando hasta que llegaron al centro del pueblo y por la dirección que apuntaba el chico hacía las costas asumió que era momento de separar caminos. —Gracias...a todo esto olvidé cual era tu nombre- l-lo siento. —
El elfo volvió a soltar una risita y extendió su mano. —¡Leondan Elquen! —
—Un gusto Leondan, yo soy Allen...Allen Melnyk. — estrecharon sus manos y se despidieron.
Luego de esa pequeña charla no volvieron a cruzar palabra en lo que quedó de secundaria, estaban muy enfocados en sus propias metas, pero a Allen no se le olvidaría la conversación que tuvieron. Se motivó a seguir dando lo mejor de sí y practicar de nuevo los hechizos, pero esta vez haciéndolo a su manera.
Sus ánimos de entrar a la preparatoria fueron renovados. Los anhelos de una nueva vida le llenaban de emoción cada fibra de su cuerpo y contaba los días para que llegase el inicio de clases. Tenía bien en mente lo que haría.
Su plan era seguir esforzándose en los aspectos de lamagia, aunque esta vez ya no estaba tan convencido de querer seguir al pie dela letra el reglamento que se intentase imponerle. Ya no quería seguirocultando sus métodos, pensaba que si nadie los hacía él debía ser el primeroen intentarlo, quizás hasta lograría revolucionar lo que serían los métodos deenseñanza y los hechizos. Decidió no comentarle eso a su madre, dudó en quesería apoyado, así que únicamente le expresó la gran emoción que le generabaentrar a la preparatoria como una que solo ocurría por las ansias de aprender,más que las verdaderas intenciones que tenía al momento de entrar a la academia.

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