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The Heavens Beasts: Kings of Ootoki

Un Anillo

Un Anillo

Mar 16, 2026

Los días de Kris pasaban lentamente, demasiado. A veces sentía que iba a enloquecer. Cuando estaba con los niños, todo parecia normal, tranquilo. disfrutaba jugar con ellos,enseñarles pequeñas cosas, mostrarles cómo defenderse si alguien intentaba hacerles daño. En esos momentos casi lograba olvidar dónde estaba metido. Pero cuando estaba solo, pensamientos oscuros y mortales llegaban a su cabeza. Kris sabía que se había metido en un problema muy serio. La yakuza no era algo con lo que se pudiera jugar, ni algo de lo que uno pudiera salir simplemente caminando en dirección contraria. Aunque técnicamente solo le hubiera vendido un café al jefe, sabía que tarde o temprano terminaría muriendo a manos de ellos. Por eso había empezado a prepararse. Había decidido heredar lo mejor que tenía al más pequeño de la casa: Sousuke.

Mientras tanto, los Yamaguchi terminaban un negocio pendiente con un joyero de la ciudad. El hombre llevaba meses sin pagar su cuota, a pesar de que su hija se paseaba por las calles gastando grandes cantidades de dinero como si nada. Aquello había irritado profundamente al viejo Yamaguchi, así que decidió hacerle una visita personal.

—Entonces… ¿no me vas a dar mi dinero? —repitió el viejo Yamaguchi con una sonrisa amable.

La calma en su voz contrastaba con la escena frente a él. A su lado, el matón sostenía a la joven por el brazo mientras apoyaba el cañón de la pistola contra su sien. La muchacha temblaba, con el rostro hinchado y el labio partido.

—¡Por favor! ¡Deme más tiempo! —suplicó el joyero—. ¡Se lo ruego! ¡Le pagaré el doble, se lo juro! Pero deje a mi hija fuera de esto.

Yamaguchi inclinó ligeramente la cabeza, como si realmente estuviera considerando la propuesta.
El hombre que tenía enfrente era elegante incluso en su desesperación. Vestía un traje caro, perfectamente planchado, y cada uno de sus dedos estaba cubierto de anillos brillantes. Oro, diamantes, esmeraldas. Un verdadero comerciante de joyas.

— No te preocupes, ahora no me hace falta tu dinero. Tampoco vamos a matarte ni a tu hija –volvió a sonreír de manera amable, cosa que era muy aterradora para el joyero

El joyero cayó de rodillas con alivio, juntando ambas manos, agradeciéndole al hombre por su compasión.— ¡Le juro que esto se lo compensaré, es usted un hombre muy bondadoso!

Yamaguchi metió una mano en el bolsillo de su pantalón. Cuando la sacó, sostenía un pequeño anillo entre los dedos. Era diminuto, tan pequeño que apenas podría caber en el dedo meñique. No tenía piedra, ni grabados, ni ningún detalle que lo hiciera destacar.

El joyero lo miró con desconcierto.—¿Eso es…? —Oro —respondió Yamaguchi con calma. —Pero no es un oro común.

El viejo deslizó lentamente el anillo en su dedo meñique. Por un instante, no pasó absolutamente nada, la habitación permaneció en silencio. Entonces la hija del joyero soltó un pequeño jadeo, sus pies dejaron de tocar el suelo. Al principio fue apenas unos centímetros, luego más. El joyero parpadeó confundido al ver cómo el cuerpo de su hija comenzaba a elevarse lentamente en el aire.

—¿Q-qué…? La joven comenzó a patalear.—¡Papá! — Su voz salió entrecortada, como si algo invisible estuviera presionando su pecho. —¡ayuda!.

El joyero dio un paso hacia ella, pero de pronto él también se elevó del suelo. Un sonido ahogado escapó de su garganta mientras sus pies se agitaron en el aire y sus manos intentaban aferrarse a algo que no estaba allí, era como si ambos estuvieran atrapados dentro de una enorme piscina invisible. Sus movimientos se volvieron pesados. Cada respiración parecía más difícil que la anterior.

—¿Qué… qué está haciendo…? —logró balbucear el joyero.

Yamaguchi los observaba con la misma sonrisa tranquila.—Solo estoy cobrando mi dinero.

La hija empezó a rasguñar el aire desesperadamente, intentando bajar. Sus ojos estaban abiertos de par en par mientras su rostro comenzaba a ponerse azul. El joyero trató de acercarse a ella, pero era inutil.—¡Suéltela! —gritó—. ¡Por favor!—Pero cada palabra parecía costarle más esfuerzo, sus pulmones se contraían como si el aire se estuviera volviendo más denso. Ya era imposible respirar.

A un lado, el matón permanecía completamente inmóvil. Sus ojos estaban abiertos, pero su cuerpo estaba rígido como una estatua. El poder del anillo también lo había atrapado. Yamaguchi flexionó ligeramente los dedos de su mano y los cuerpos del joyero y su hija se elevaron aún más, como si una corriente invisible los arrastrara hacia arriba. Ambos comenzaron a sacudirse con desesperación, intentando respirar. El viejo Yamaguchi era un hombre mayor, pero fácilmente podría pasar por hermano de su propio hijo, Tsubasa. La única diferencia real era su expresión: el padre siempre sonreía, Siempre, incluso cuando estaba a punto de matar a alguien.

Tsubasa, en cambio, estaba aburrido. Ese día tenía prisa y odiaba esperar. Le habían pedido a Bel que no asistiera porque el trabajo sería rápido y no saldrían a ningún otro lugar, así que se había quedado dentro del coche mirando el reloj una y otra vez. Le agradaba observar a ese chico de la máscara blanca. Tenía algo intrigante, algo que despertaba su curiosidad. Había querido aprovechar ese día para hablar con él sin la presencia de su padre y justo cuando parecía posible, le habían dado el día libre.

—¿A qué hora terminará papá con esto…? —murmuró con fastidio.

Desesperado, salió del coche y entró a la joyería. Lo que vió lo dejó completamente impactado. Siempre que iba con su padre, él le pedía que se quedara afuera, el mayor salía después de un rato y nunca escuchaba algún sonido. Tsubasa pensó que era alguien muy hábil y silencioso, pero la realidad era otra. El joyero estaba…. Levitando, junto con su hija. Ambos parecían estarse ahogando en el aire, como si estuvieran en una piscina invisible. Su padre estaba de pie, con el brazo extendido, el puño cerrado y el meñique levantado, en él había un anillo que jamás había visto. El otro hombre que lo acompañaba parecía estar detenido, como un muñeco. Tsubasa observó a su padre sonriente, al joyero y su hija muriendo lentamente. No le sorprendió verlos morir, después de todo, había crecido rodeado de violencia, pero si le impactó ver que podía existir esa clase de poder de un pequeño anillo. ¿Tal vez por eso su padre hacía más negocios con los joyeros? No lograba encajar las piezas.

Ambas personas murieron y en cuanto Yamaguchi se llevó la mano al bolsillo, los dos cayeron impactando contra el suelo. El matón que lo acompañaba empezó a moverse, un poco confundido, pero parecía acostumbrado a ese tipo de efecto.

-Hiciste un buen trabajo, Sam. Como siempre –le dijo el hombre a su matón, dándole un par de palmadas en la espalda mientras sonreía. Luego levantó la mirada, ahí estaba Tsubasa— ¿Me podrías dejar a solas con mi hijo, por favor? —le pidio a su hombre sin apartar los ojos de su hijo.

Una vez solos, Yamaguchi sonrió haciendo una seña para que se acercara.—Sé que lo que viste es muy extraño —dijo con calma—. Supongo que ya es hora de que lo sepas.

Tsubasa se acercó. Su padre pasó un brazo por encima de sus hombros y lo atrajo ligeramente hacia él, luego sacó nuevamente el anillo de su bolsillo para que pudiera observarlo mejor. Era… decepcionante. No tenía piedras, grabados. No tenía nada especial. Solo era un anillo de oro común, ni siquiera elegante. Además era muy pequeño, como si estuviera hecho para un niño o adolescente de manos pequeñas.

—¿Qué fue todo eso? —preguntó Tsubasa finalmente—. ¿Eres un demonio?

Yamaguchi estalló en carcajadas. — ¡No! Claro que no —. Ver a su hijo normalmente inexpresivo tan sorprendido le parecía extremadamente divertido.—Soy un humano común —dijo finalmente—. Pero este anillo está hecho con oro mágico.

Tsubasa arqueó una ceja.—¿De qué hablas? No me vengas con cuentos, padre. No tengo ocho años. Dime las cosas como son.

Yamaguchi volvió a reír suavemente.—Está bien, está bien. Te lo explicaré todo.

oyabunart
Oyabun Art-Abbi

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#Yakuza #youth #spanish_novel #magic_items

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Version Novela del comic The Heaven's Beasts (este es el canon definitivo)
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