El sonido del golpeteo de los ciervos y el crujido persistente de la madera de las ruedas sobre la pradera llevaba poco más de media hora escuchándose dentro de la carreta, pero para desgracia del mago, no era el único sonido que los acompañaba, casi desde el momento que salieron del pueblo, Boris no había dejado de hablar, rompiendo la paz que Nikolay tanto ansiaba...
--La noche de hoy está muy tranquila, en uno de los viajes, se nos atravesó una jauría de lobos, pensé que nos iban a atacar aquella ocasión, de no haber sido porque el cochero controló a las bestias, nos hubieran comido a todos. — Nikolay, sentado frente a él, sentía que su paciencia se agotaba con cada palabra. Apenas conocía a aquel hombre y ya sabía sobre su vida más de lo que jamás hubiera deseado. En un intento por terminar aquella plática había sacado un libro para intentar leer y ver si aquel hombre entendía el mensaje, pero fue inútil.
—¿Y tú hacia dónde te diriges, chico? ¿Visitarás a la familia? ¿A tu esposa, quizá? —preguntó finalmente el hombre, inclinándose un poco hacia adelante. El mago estaba tan cansado, que finalmente le daba poco igual de lo que el hombre hablara.
--No, es un viaje de estudios, no estoy casado. -- Dijo el más joven con simpleza mientras sacaba un pan y comenzaba a comer, esa sería la cena de esa noche. El otro hombre que los acompañaba ya estaba dormido, había cruzado solo un par de palabras antes de acomodarse en su asiento y caer dormido, aunque boris le había llamado, ya no respondió, El mago se cuestionaba si de verdad estaba dormido o solo los estaba ignorando.
- ¿No estás casado? Pero si ya te ves grandecito y curtido ¿Por qué? Pareces hombre de familia. — Cuestionó el hombre con incredulidad, aunque podía notar la molestia en el rostro del joven, su curiosidad y ganas de seguir hablando, podían mucho más.
-Porque no, Casarme no está en mis planes, tengo cosas más importantes que hacer que buscar una esposa, Soy un mago en formación y mis ambiciones no se encuentran en ese camino. —replicó el azabache para seguir comiendo, esperaba que esa explicación fuera suficiente para el hombre, no quería ser grosero y decirle “Métase en sus propios asuntos y déjeme en paz de una vez”. Porque… más allá de su mal genio, quería evitarse problemas y ser respetuoso con los demás.
--Ahh, vaya, no sabía que estaba frente a un mago. ¿Puedes hacer un truco para este pobre viejo? No te molestes conmigo, solo era una duda que tenía. ¿No tienes a nadie entonces? Al menos una novia. — las dudas del hombre le hacían perder la paciencia, pero quizás si le daba gusto, le dejaría un momento en silencio, así que haría un trato.
—Le propongo un trato: haré algo, pero será lo único y después dormiré. Mañana me espera un largo camino y necesito descansar — sentenció, omitiendo cualquier respuesta sobre su vida sentimental. No tenía novia; lo más cercano a una conexión emocional era Lanzeloth, pero aquel era un nombre que no pensaba mencionar en una carreta llena de extraños.
Para su sorpresa, Boris aceptó el trato, un truco a cambio de un momento de silencio. Con cuidado sacó el pobre intento de varita que Nikolay llevaba guardada, con eso no podía hacer grandes cosas, además de que estaban dentro de una carreta en movimiento. -- Sphaera Lucis—conjuró en voz baja y una esfera lumínica del tamaño de un limón fue creada, su brillo era tenue, no tan intenso, pero, aun así, iluminaba mejor que la lámpara que tenían ahí, Boris contemplaba la esfera con una fascinación casi infantil y Nikolay había cumplido su parte del trato.
--Puede quedársela si quiere, tocarla y guardarla, no quema y seguramente durará dos días antes de que se extinga… Ahora con su permiso, dormiré. —
Como lo habían acordado, el hombre no dijo palabra durante el resto de la noche y el mago pudo descansar, durmiendo con ese último pensamiento. No estaba casado, tampoco realmente estaba interesado en estarlo, Aunque podía notar la belleza de una mujer, sus atributos y cualidades, el estar tan centrado en sus obligaciones le impedían siquiera fijarse en otras personas, tampoco tenía amigos, aunque llegaba a hablar con otras personas, no consideraba a nadie su “amigo” ni tampoco nadie lo consideraba su “amigo” que el supiera.
Lo más cercano que tenía a una relación, era aquello que tenía con Lanzeloth, pero tampoco lo llamaría su “pareja”, porque no lo era, solo se habían visto un par de veces para “saciar su deseo carnal” que parecía pertenecer más al elfo que a él mismo.
Le gustaba el contacto, las caricias y los besos… pero también se había sentido conectado por la vulnerabilidad de ambos aquella vez en su habitación, tomarle de la mano, abrazarlo, sentir sus cariños… Eso también se sentía bien, de una forma que la lógica de sus libros no alcanzaba a explicar.
Aquellos pensamientos junto al sonido de las ruedas de la carreta girando terminaron por arrullarlo, haciendo que quedara dormido por aquella noche.
Las horas pasaron y la noche comenzó a iluminarse, en cierto punto del camino, la carreta se detuvo y la grave voz del carretero se hizo presente.
-Quien dijo que iba a bajar antes, ya llegamos— Los tres pasajeros despertaron, unos más desorientados que otros. –Yo bajo… un momento, por favor—Mencionó el mago mientras tomaba sus cosas y salía con cuidado de la carreta, no sin antes recibir los buenos deseos del señor Boris. Se divisaba el lucero de la mañana aún, estirar los pies era delicioso, necesitaba la tensión en sus pantorrillas luego de tantas horas sentado.
-Si te adentras en la pradera, no tardarás en encontrar el río, si necesitas otro viaje, puedes esperar en este mismo camino, paso de regreso en la tarde. ¿Tienes alguna duda? -
-No, muchas gracias por el viaje. —Dijo amablemente Niko, le entregó el pago restante del viaje, cargó su mochila y se adentró a los matorrales en busca del rio.
Al poco tiempo de andar, se tomó un tiempo para acercarse a un arbusto para descansar un poco, comer algo y orinar. Eso de viajar en caminata era demasiado cansado y tedioso, si seguía con ese ritmo, pasaría mucho más tiempo andando entre las praderas y bosques, que practicando su magia. Debía pensar en algún método de movilidad más rápido, como hechicero, había varios métodos que podría aprender, nunca había aprendido a usar una escoba, era algo mayormente usado por brujas y no por magos, lo que le detenía era más una cuestión de ego que de funcionalidad.
Por otro lado, había opciones como los “cambiaformas”, que, aunque era más complejo que volar una escoba, podría transformar su cuerpo físico en algún animal que volara y sus trayectos serían mucho más sencillos. Los magos cambiaformas eran respetados en el gremio mágico, aunque también a menudo se les relacionaba con prácticas obscuras. Pero prefería eso a tener que seguir caminando.
Finalmente llegó al río. No había nadie cerca y el sonido del cauce era constante. Los árboles crecían frondosos a las orillas, confirmando la salud del agua. Aliviado, buscó la sombra de un tronco y procedió a quitarse las botas para que sus pies respiraran. Llevaba más de un día con ellas puestas y el vapor acumulado en el cuero le recordaba el esfuerzo del viaje; al liberar la piel humedecida por el sudor, notó que varias ampollas habían comenzado a brotar.
Se sentía sucio, pegajoso y profundamente cansado. Con un esfuerzo extra, comenzó a armar la tienda usando su magia. Era un proceso lento, pero era el precio a pagar por cargar con tantas pertenencias.
Con la tienda lista y la ropa llena de sudor, aprovecharía el rio para tomar un baño. No había nadie cerca, así que quedó solo en ropa interior, sentado, el agua helada le llegaba a mitad del pecho. Pensaba, pensaba en que debía hacer ese día. “¿Debería tomarlo libre? ¿Debería comenzar a practicar? Quiero descansar un poco primero.” A lo lejos veía la sombra de los peces. Pensó en Lanz, habían pasado varios días sin verlo, tenía los dulces para él… Quizá debería invitarlo a cenar.
La idea daba vueltas en su cabeza, la actitud que Lanz tenía… sabía que no tendría las manos quietas, que buscaría acercarse como las veces pasadas, sabía que lo intentaría de nuevo y él… No estaba tan incómodo con esa idea.
Se limpió muy bien, teniendo principal atención en aquellas partes privadas, se sentía avergonzado de hacerlo, la idea le avergonzaba, pero sabía que sería algo que pasaría y el no se negaría si eso fuera a suceder, era un adulto y… los adultos tienen “necesidades”.
Ya una vez vestido comenzó a curar las ampollas de sus lastimados pies. Tuvo que usar más ungüento, el ardor se hacía presente cada que ponía ungüento en la piel abierta, sumado a la presión de algunas pocas vendas que afortunadamente llevaba consigo. Si seguía por ese camino, terminaría por acabarse todo el ungüento y pociones de restauración, debía ser astuto, pero no era momento de eso, era momento de mandar una carta.
"Estimado Lanzeloth.
Me encuentro por el momento descansando a las orillas de un río cerca de mi próximo destino. He pensado en que sería agradable verte una vez más. ¿Aceptarías una invitación a cenar conmigo? Prepararé algo especial y tengo una sorpresa para ti. Debo confesar que te he tenido muy presente últimamente en mis pensamientos, espero que puedas aceptar mi invitación.
Con gran estima y a la espera de su respuesta, te envío mis más cordiales saludos.
-Nikolay Petrov"
Su caligrafía siempre era cursiva, esforzandose de ser lo más estética posible. Dobló el papel exactamente por la mitad, metiéndola en un sobre y cerrándola con una gota de cera negra, usando por esa primera ocasión, su anillo como sello personal, una costumbre entre los jefes de familia. Corto un mechón de apenas unos 6 cabellos para enlazar la carta y quemarla con magia, debería llegarle a Lanz en algunos pocos minutos. No sabría si conseguiría respuesta, pero el igualmente comenzaría a cocinar.
Había escrito una carta también para su madre, obviamente evitando aquellos detalles desafortunados del viaje, no iba a preocuparla por cosas tan insignificantes como un robo o unos pobres pies ampollados.
Su cabello negro seguía goteando, mojando su camisa color azul, no le importaba, seguramente para la noche estaría seco. Cortaba la carne y verduras mientras el fuego ganaba fuerza, había decidido preparar un guiso de cerdo con remolacha; era una receta rápida, sabrosa, una apuesta segura.
--Cerdo, zanahoria, pimienta, comino, sal, cebolla, ajo, crema y mantequilla... Creo que no falta nada más-- Mientras dejaba aquello hervir, terminó de vestirse, no había recibido respuesta, pero tenía el presentimiento de que Lanz iría, algo dentro del él le decía que así iba a ser, ya estaba el símbolo trazado con la tiza mágica.
La carpa estaba ordenada, la comida hervía en la lumbre, su ropa ordenada y su cabello suelto, pero bien peinado, todo estaba listo... Solo faltaba él... Se sentía genuinamente nervioso, era una noche importante y temía que aquella humilde morada y la sencillez de la cena no fueran lo suficientemente dignas para un elfo.
El sol terminó por bajar y el viento a arreciar, era normal, las noches de agosto eran frescas y ventosas. Pronto las hojas de los árboles terminarían de enrojecerse y caer. La comida estaba lista al igual que el ansioso mago, comenzaba a replantearse si realmente Lanzeloth iría o no.
Mientras leía uno de sus grimorios, la marca en el suelo comenzó a brillar, elevándose cual torbellino, apareciendo el elfo, jadeando un poco por el cansancio, ese tipo de “transportes” consumía mucha magia, para una criatura de poca magia como lo era Lanzeloth, era agotador. Llevaba su ropa común de guardia, botas altas, armadura y una espada. Parecía un poco desorientado viendo alrededor, hasta que sus miradas se toparon. Nikolay se levantó de inmediato y se acercó, extendiéndole la mano con una formalidad que ocultaba su alivio. —Por un momento pensé que no vendrías… Bienvenido.
Lanzeloth miró la mano del otro y sonrió con ternura, ignorándolo para directamente abrazarlo con cariño “sigue siendo tan formal, incluso ahora”. Se veía bastante diferente con el cabello suelto, le gustaba.–Tuve que solucionar algunos asuntos en la academia, pero logré llegar, no podía faltar…. Ten, traje algo- De su mochila sacó una botella de alcohol, era licor de Kompot. Una bebida perfecta para cenas ligeras, aromática, con notas dulces debido a los frutos rojos de la cual estaba elaborado.
El primer beso de la noche no se hizo esperar; fue un contacto breve y cálido, cargado con la misma urgencia afectuosa que aquel abrazo. –No llegué tarde ¿Verdad? Disculpa si tardé. — susurró Lanzeloth, buscando de nuevo la mirada de Nikolay mientras el aroma del guiso de remolacha y el frescor del río envolvían el campamento.

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