Un día más, Alana se levantó temprano para cumplir con sus responsabilidades. Al bajar las escaleras de la taberna, se encontró con Wilbur, quien como siempre estaba limpiando la barra, preparándose para abrir cuanto antes.
Alana: ¡Buenos días, Wilbur!
—Saludó con alegría, mientras el enano respondía con su característico tono práctico.
Wilbur: Hola, niña. Hoy tengo un encargo fuera de la taberna y necesito que entregues un par de paquetes. Ambos van al mismo lugar, así que será solo un viaje.
Alana: Claro, jefe. ¿A dónde tengo que ir?
Wilbur sacó dos objetos y los colocó cuidadosamente sobre la barra. El primero era una pequeña caja envuelta en un papel claro, acompañada de una carta sellada con un símbolo extraño que Alana no pudo reconocer. El segundo, un cofre oscuro y más pequeño completamente sellado, cuyo sello tampoco le resultaba familiar.
Wilbur: Ambos paquetes son para la iglesia. La carta y la caja van dirigidas al padre Theren, y el cofre pequeño es para el padre Eldran. No sé si los conoces, pero insistieron en que fueran entregados lo antes posible.
Alana suspiró al recordar a los sacerdotes que había conocido el día anterior.
Alana: Sí, los conocí ayer. Es un poco extraño tener que volver tan pronto, pero está bien.
Wilbur: Perfecto. La carta va al padre Theren, no lo olvides.
Alana: Entendido. ¿Necesita algo más, jefe?
Wilbur la observó por un momento, con la expresión de alguien que estaba sinceramente preocupado.
Wilbur: No, eso es todo. Pero ten cuidado, niña. Últimamente la ciudad esta más peligrosa de lo habitual. Ah, y no te preocupes por el trabajo aquí; hoy viene maría a ayudar con las mesas, así que puedes tomarte tu tiempo para investigar tus asuntos. Orin parece que estará ocupado así que también le di el día libre.
Conmovida por la preocupación del enano, Alana le dedicó una sonrisa cálida.
Alana: Gracias, Wilbur. Prometo no meterme en problemas.
Tomó los paquetes y salió de la taberna, avanzando por las bulliciosas calles de la ciudad. Como siempre, el ambiente era animado: niños corriendo, comerciantes ofreciendo sus productos, y la vida cotidiana moviéndose con su ritmo habitual. Sin embargo, al cruzar la plaza principal, algo llamó su atención.
Entre la multitud, distinguió a una figura peculiar. Era una persona vestida con una túnica negra con rebordes naranjas. Aunque su atuendo no parecía especialmente extravagante para las multitudes de la ciudad, algo en su presencia era extraño. Alana intentó acercarse para observar mejor, logrando apenas vislumbrar una máscara que cubría su rostro. Sin embargo, antes de que pudiera acercarse más, la figura desapareció entre la multitud.
Alana (pensando): Qué extraño… mejor no darle demasiada importancia.
Aceleró el paso hacia la iglesia, esperando a cumplir con el encargo cuanto antes. Una vez allí, abrió la gran puerta de madera con cuidado, procurando no hacer ruido. En el interior, algunas personas rezaban en silencio, lo que la llevó a avanzar con cuidado. Subió los pocos escalones que llevaban a la gran copa ceremonial y se adentró más en la iglesia, hasta llegar a una puerta al fondo. Tocó suavemente.
Poco después, la puerta se abrió y apareció el padre Theren. Su expresión fría y severa era igual a la del día anterior. Alana apenas logró echar un vistazo dentro de la habitación, que parecía ser un despacho, antes de que Theren se moviera rápidamente para cerrar la puerta tras de sí, bloqueando su visión.
Theren: ¿Qué necesitas, muchacha?
Su tono era seco, y su mirada mostraba cierta impaciencia. Su desagrado hacia la chica era evidente, incapaz de ocultarlo. Alana sin embargo no podía evitar preguntarse cómo ese hombre se había convertido en alguien tan importante. Aun así, respondió con una sonrisa.
Alana: Le traigo un paquete, padre Theren. Me dijeron que debía entregárselo a usted.
Rebuscó en su bolsa y sacó el paquete más claro, acompañado de una carta.
Theren: (tomando el paquete con cuidado, con un destello de sorpresa que rápidamente ocultó) No esperaba que llegase tan rápido.
Su voz mantenía una rigidez que no invitaba a la confianza.
Theren: Espero que no hayas intentado ver el contenido, ¿verdad? Es la primera vez que te veo entregando este tipo de encargos.
Su tono era claramente hostil, pero Alana se mantuvo serena.
Alana: Padre Theren, también trabajo en la taberna. No podría hacer algo así. El contenido es cosa suya.
Intentó calmar los ánimos del desconfiado sacerdote, quien finalmente asintió con desgano.
Theren: Bien, supongo que será así. Si no necesitas nada más, puedes marcharte, barda.
El desdén en sus palabras era evidente, pero Alana no se dejó intimidar.
Alana: Disculpe, pero necesito entregar otro paquete. ¿Sabría dónde puedo encontrar al padre Eldran?
La mención de Eldran provocó una expresión de molestia en el rostro de Theren.
Theren: ¿Qué deseas entregar? Me haré cargo yo mismo.
Extendió la mano con impaciencia, pero algo en la mente de Alana le advirtió que no debía confiarle ese paquete.
Alana: Lo lamento, pero el tabernero me dijo que tenía que entregárselo en mano al padre Eldran. Ya sabe, es mi trabajo. No puedo arriesgarme a fastidiarlo.
Theren chasqueó la lengua, claramente irritado por lo que consideraba una excusa.
Theren: De acuerdo. Lo encontrarás en la parte trasera de la iglesia. Suele estar ahí.
Sin esperar respuesta, Theren le dio la espalda y regresó a su despacho. Alana respiró aliviada. Había logrado convencer al frío sacerdote, al menos por ahora, y decidió buscar al padre Eldran.

Comments (0)
See all