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The Last Link

Capítulo3-Parte3

Capítulo3-Parte3

Apr 05, 2026


                                                                      The Last Link
Capítulo3: Luz azul

Alana: ¿Y a dónde te dirigirás ahora?

Eleanor: Bueno, me gustaría saber más sobre mi símbolo, y hasta que no me den otro no podré hacer mucho. Creo que había una biblioteca, iré allí a investigar.

Alana: ¿Qué es una biblioteca?

Eleanor: Sí, un lugar donde se guarda información, grimorios, eso... espera, ¿nunca has ido a una? (preguntó con incredulidad.)

Alana: (respondiendo tranquilamente y con una leve risa) Jaja, no. Yo vengo de un grupo de nómadas. Antes de venir a Kimas, recorrí casi todo el continente. Mi mentor no era muy fanático de los libros; tenía la creencia de que las palabras e historias no debían morir en el papel, sino vivir en la boca, mente y corazón. Todo lo contrario, a mi mentora, ella siempre nos dejaba tener un pequeño librero en la caravana.

Eleanor: Wow, debió ser genial visitar distintos lugares. Yo, si no fuera por mi bendición, aún estaría en mi aldea encargándome de los cultivos...

(Cuanto más caminaron por las calles de la ciudad, Alana volvió a notar esa misma energía. Parando en seco, comenzó a revisar su alrededor.)

Alana: ¿Notaste eso?

(Eleanor, sin comprender muy bien se detuvo a su lado y preguntó.)

Eleanor: ¿El qué?

No entendió muy bien lo que decía. Alana, que a lo lejos divisó una pequeña luz comenzó a seguirla con rapidez. Eleanor quedó atrás, sin entender muy bien lo que acababa de ocurrir. Mientras la barda se alejaba con rapidez, Eleanor decidió tomar otro camino y espero encontrarse más tarde con ella.

Alana corrió tras aquella pequeña luz azulada, sintiendo cómo las calles parecían enredarse a medida que la seguía. La ciudad, con sus callejones estrechos y esquinas ocultas, parecía un laberinto diseñado para confundirla. A pesar de que perdió de vista la luz tras varios minutos, aún podía percibir su presencia como un leve susurro. Sin darse cuenta, se encontró en los barrios más pobres de la ciudad.

Se detuvo intentando recobrar la respiración y calmar su agitado corazón. Cerró los ojos por un momento y avanzo, dejando que su instinto la guiara De repente, un sonido suave llamó su atención. Al abrir los ojos notó un callejón estrecho que no había visto antes. Sin dudarlo entró sus pasos resonando ligeramente contra las paredes de piedra. Hasta llegar al final del callejón, donde se encontró en un pequeño patio escondido entre las desgastadas paredes de la ciudad.

En el centro del patio, se encontraba una pequeña llama de un color azul intenso. Mirándola más de cerca sus llamas parecían formar un pequeño cuerpo. Alana con pasos delicados y amabilidad, se acercó.

Alana: Hola, ¿puedes entenderme?

La pequeña criatura parecía asustada, acorralada en el rincón.

Alana: Tranquila, no te haré daño.

Sin embargo, sus palabras no fueron suficientes. La criatura en un acto de miedo, la atacó sin previo aviso y Alana perdió la conciencia al instante.

Cuando recobró el sentido, se encontró acostada en un sofá. Las paredes de madera a su alrededor eran elegantes y la atmósfera estaba impregnada de calma. Sobre una mesita cercana, estaban su bolso, ordenado y limpio. Parecía estar en una especie de sala de reuniones. Mientras intentaba recordar lo ocurrido, la puerta se abrió y un hombre de cabello canoso, con ropas limpias y formales entró en la habitación. Llevaba gafas delgadas y una expresión de preocupación.

Desconocido: Oh, por fin has despertado. Me empezaba a preocupar. Esta te tranquila, tus pertenencias están junto a ti. Puedes marcharte cuando quieras, aunque no te lo recomendaría.

Alana lo miró, aún dudosa.

Alana: Disculpa, ¿dónde estoy? ¿Y quién eres?

Bibliotecario: Claro, debes estar confundida. Soy el bibliotecario de esta ciudad, puedes llamarme así. Estás en la sala de descanso. Mi ayudante te encontró desmayada y te trajo aquí.

Alana: (confundida) Estaba siguiendo a una pequeña criatura... parecía perdida.

Bibliotecario: Oh, querida, la única que parecía perdida eras tú. No pareces ser de la ciudad. Deberías tener más cuidado al moverte por ciertos barrios. Deja que te traiga algo para que te recompongas antes de marcharte.

El hombre salió de la habitación. Alana iba a seguir reflexionando sobre cómo llegó allí cuando de repente, una pequeña criatura emergió de su bolso. Se parecía mucho a la que había estado siguiendo, una pequeña llama como si fuera la de una vela pero esta parecía tener un pequeño cuerpo. Ambas se quedaron mirándose a lo que la pequeña llama, con un leve movimiento, pareció sentarse a un lado de la mochila.

Alana no podía creer lo que veía. No quería ser atacada de nuevo, pero la apariencia de la criatura le provocaba ternura. Después de un rato de silencioso intercambio de miradas, el bibliotecario regresó a la sala con una bandeja y dos tazas.

Bibliotecario: Veo que ya se han presentado.

Alana miró al bibliotecario, luego a la pequeña llama que se había acomodado sobre la mesa. Todavía desconcertada decidió que lo mejor sería escuchar lo que el bibliotecario tenía que decir antes de sacar conclusiones.

Bibliotecario: (colocando las tazas en la mesa) No te preocupes, no es hostil. Los elementales actúan por instinto cuando se sienten amenazados o confundidos.

Alana: (tomando una taza con ambas manos para calentar sus dedos) ¿Así que esa luz era un elemental? Lo estuve siguiendo porque parecía perdido, hasta que me llevó a un patio donde lo encontré. Intenté acercarme con cuidado, pero parece que se asustó... y lo siguiente que recuerdo es estar aquí.

El bibliotecario asintió lentamente.

Bibliotecario: Los elementales son seres de energía pura, suelen ser más grandes de lo que te encontraste y es raro ver uno vagando por la ciudad. Creo que debería darte las gracias de todas formas; mi ayudante ya se está encargando de él.

Alana bajó la mirada hacia la llama que la observaba con curiosidad, con un brillo tenue y suave.

Alana: (mirando al bibliotecario) Esta es distinta. La que yo vi era azul, como más puntiaguda.

Bibliotecario: Hay muchos tipos de elementales. Este es de fuego y es uno de los guardianes de este lugar.

Alana se inclinó hacia la criatura, todavía cautivada por su resplandor.

Alana: ¿Cómo algo tan pequeño puede ser un guardián? ¿Además, tener fuego cerca de libros no es un poco contradictorio?

Dejando la taza a un lado, Alana acercó su mano para intentar tocar a la pequeña llama. Al estar cerca, comenzó a notar el calor, pero al intentar tocarlo, este le quemó, provocando un pequeño grito. La llamita voló al hombro del bibliotecario, quien se levantó, se dirigió a una estantería llena de libros antiguos y sacó un ungüento de un cajón para dárselo a la joven.

Bibliotecario: Estas criaturas también sienten y no les gusta ser tocadas. Para ello, primero tienes que pedir permiso. Y no son necesariamente peligrosas, ya que, a diferencia de lo que muchos creen, pueden controlar lo que queman o no.

Alana asintió, sintiendo que la situación se volvía más extraña, pero también más curiosa.

La puerta se abrió de nuevo, mostrando al mismo hombre que vio en el mercado, con túnica negra y rebordes naranjas. Al verlo más de cerca, notó que la máscara plana por lo que no había ningún rasgo que resultase notable. Aun así recordó que fue el mismo que llamó tanto su atención en el mercado. Sin articular una sola palabra, el sujeto miró a la barda, luego al bibliotecario, y seguidamente salió del lugar. Si la situación ya era extraña, eso solo la desconcertó.

Bibliotecario: Ese era mi ayudante. Se encarga de la biblioteca conmigo. No te preocupes es alguien de pocas palabras. Seguramente solo quería hablarme del pequeño que encontraste.

Alana: Bueno, me alegra que esté en buenas manos. Igual creo que es tarde debería irme.

Se levantó con calma y revisó sus cosas, dándose cuenta de que las galletas que había tomado de su charla con el padre Eldran habían desaparecido. Alana miro fijamente al ver la travesura de la pequeña llama, quien en rección solo se escondió tras el bibliotecario. No pudo evitar sentir más curiosidad.

Bibliotecario: (con una sonrisa tranquilizadora) No te preocupes por él, suele ser reservado, pero es un buen hombre. Y por lo que veo, este pequeño se siente a gusto contigo.

Alana: (aún con la mirada hacia la puerta por donde el hombre salió) Sí... Pero hay algo más que me inquieta. Antes de irme, quería preguntarle sobre unos símbolos.

Bibliotecario: (alzando una ceja) Bueno, no es extraño encontrar símbolos en cementerios.

Alana sacó de su bolsa un pequeño trozo de papel donde había dibujado el símbolo lo mejor que pudo. Se lo mostró al bibliotecario, quien lo examinó con atención.

Alana: Ya, pero este tiene algo raro. No sé si tiene información sobre esto.

Bibliotecario: (murmurando) Hmm... Hoy es un poco tarde. ¿Por qué no te pasas otro día? Si me dejas el dibujo, te ayudaré con gusto.

Alana agradeció al bibliotecario y salió. Vio que ya estaba anocheciendo y sin querer, había perdido todo el día sin conseguir respuesta alguna. Mientras caminaba por las calles hacia la taberna, los mercados estaban cerrando y el viento anunciaba la llegada de la noche.

Una vez de regreso en la taberna Eleanor la estaba esperando junto con Daiki y Yadiel, sentados en la misma mesa de siempre.

Eleanor: (levantándose al verla entrar) ¡Alana! ¿Estás bien? Te vi salir corriendo y luego no te vi por ningún lado.

Alana: (con una sonrisa tranquilizadora) Estoy bien. Encontré algo... interesante, pero ahora estoy aquí.

Eleanor frunció el ceño, preocupada.

Daiki: (con un suspiro y una jarra en la mano) Un poco más y le das un ataque a la pequeña.

Yadiel: Cierto, cuando nos vino a buscar, estaba medio llorando y todo.

Eleanor se notaba un poco molesta por haber sido expuesta de esa manera.

Alana: (sentándose junto a ellos) ¿Vosotros encontrasteis algo?

Yadiel: Por mi parte, nada.

Daiki: Por la mía, tampoco.

Alana: Entonces no tenemos avances... (suspiró) Ahora que lo pienso, Caín... Igual él sabe algo más.

Daiki: No le vi por la ciudad en todo el día.

Yadiel: Por lo que tengo entendido, tampoco estuvo patrullando.

Eleanor, un poco más calmada, dijo:

Eleanor: La verdad es que tengo entendido que recibió un castigo, por lo que anda aislado.

Los tres la miraron con sorpresa.

Daiki: Vaya, no se andan con tonterías.

Alana: ¿Y cómo te enteraste?

Eleanor: Se lo escuché a unos guardias mientras te esperaba.

Yadiel: Bueno, puede que no lo veamos en un tiempo si es así. Tengo entendido que la iglesia es muy dura.

Eleanor: Y bueno... también me enteré de que, al parecer, en las aldeas cercanas están ocurriendo ataques misteriosos. Así que puede que tengamos trabajo fuera.

Alana: Bueno atrapamos a un grupo, pero por lo que habló aquel chico, parecían ser parte de una organización grande.

Daiki: Sí, igual sería bueno prepararnos.

Tras eso Yadiel suspiro por la pereza que le daba pensar en las misiones. La preocupación era palpable en cada rostro, pero con el paso de las horas y la bebida, el día terminó con la ausencia de Caín y más dudas que respuestas.


alicephamtom
E.B.H

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#gods #adventure #Fantasy

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