No estaban seguros de lo que encontrarían allí abajo, pero sabían que podría cambiar todo lo que creían saber sobre el tráfico de monstruos y las muertes misteriosas. Supieron que habían llegado al lugar no solo por las indicaciones de Caín, sino también por el horrible olor que emanaba de aquel túnel. Se encontraban junto a uno de los tres pequeños ríos que conectaban con el centro de la ciudad. En la muralla, un oscuro pasaje se adentraba en las profundidades del suelo.
Caín: Bien, esperad un momento aquí. Tened cuidado, hay poca luz para vosotros.
De inmediato, sacó un colgante con un pequeño cristal en su interior. Tras unos segundos, la gema comenzó a brillar, liberando pequeñas esferas de luz que flotaron en el aire e iluminaron el camino.
Alana: Pensé que esos trucos solo los podían realizar los magos
Dijo fascinada y no era la única Eleanor también estaba sorprendida por las burbujitas de luz ya que era la primera vez en su vida que veía un truco así
Daiki (indiferente): Seguramente sea por el artilugio mágico que tiene, solo es un truco.
Yadiel: Sí, pero incluso así, es complicado conseguirlos. Los que hay cuestan bastante.
Se notaba que ante sus ojos Caín poseía algo de bastante valor monetario lo que hacía que su intriga creciese. Caín notó su mirada y desconfiadamente se guardó el colgante antes de responder
Caín: Sí, y no está a la venta. No sé cuánto pueda costar, pero es el único legado que tengo de mis padres.
Daiki (molesto por la pérdida de tiempo): Da igual, solo guíanos a donde viste las marcas.
A medida que aquellas luces se alejaban un poco estas iluminaron las paredes de piedra húmeda donde el musgo parecía sobre salir y junto a los charcos de agua turbia que cubrían el suelo. Hacían de este un paisaje bastante siniestro y con el olor del túnel la situación empeoraba, obligándolos a cubrirse la nariz con telas o las mismas manos. Avanzaban con cuidado detrás de Caín, quien parecía conocer el camino. Se guiaba por unas pequeñas marcas en la piedra que había dejado con la espada en su expedición anterior. Cuanto más se adentraban, más pesado se hacía el aire y más intenso el olor. Ya a ese punto era visible la cara de algunos que deseaban querer irse.
Yadiel: No es por apresurar, pero ¿cuánto nos falta? —se notaba que era a los que más le desagradaba el olor
Caín: No mucho. Revisé cada parte, pero siempre que llegaba a un punto sin salida encontraba la marca tachada.
Eleanor (acercándose a él le susurro): ¿Seguro que puedes seguir? Aun te notas débil …
Caín le devolvió el susurro con una leve sonrisa, sin apartar la vista del camino.
Caín: Estoy bien. Además, no podía quedarme quieto sabiendo lo que descubrí aquí.
Eleanor desvió la mirada, sintiendo un leve calor en su rostro. La vergüenza y la preocupación le pesaban, pero sobre todo la idea de que volviera a salir herido la inquietaba más le preocupaba.
Alana, que caminaba justo detrás de ellos, no pudo evitar notar la expresión de Eleanor y sonrió para sí misma entendió la situación, pero no dijo nada.
Yadiel (con inquietud): Bien, ya estamos bastante adentro… y todavía no hemos visto nada. Oye, Caín, ¿seguro que no estabas delirando con lo de la criatura?
Caín (serio): Estoy seguro. No estaba solo aquí abajo.
Justo en ese momento, un ruido sordo resonó en la distancia. Todos se detuvieron al instante, Tras quedarse quietos el silencio se hizo con el ambiente. Dónde un goteo constante era lo único que se escuchaba en la oscuridad.
Daiki (desenfundando su arma en voz baja): Parece que por fin se muestran.
De entre las sombras, comenzaron a moverse figuras. Un grupo de encapuchados emergió de la oscuridad, con túnicas raídas y cuchillas en las manos. Sus rostros estaban ocultos por máscaras de tela, dejando ver únicamente sus ojos. Sonando una voz que se hacía imponer gracias al eco les dijo de manera amenazante.
???: No deberíais haber vuelto aquí.
Y antes de que pudieran reaccionar o responder, los encapuchados se abalanzaron sobre ellos.

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