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Galdraskóli: Una Escuela de Magia

El Arco del Comienzo: Objetivo ¿Cumplido? I

El Arco del Comienzo: Objetivo ¿Cumplido? I

Mar 24, 2026

El día tan ansiado por fin llegó, las notas del ingreso habían sido reveladas y tanto padres como alumnos acudieron al establecimiento para acabar con la incertidumbre de si lo lograron o no.

Las notas fueron colocadas en el tablero de noticias de la escuela, ya estaban los nombres de los alumnos divididos en sus cursos con sus tutores designados. El detalle que saltó a primera vista fue que no estaban ordenados por el alfabeto, estaban ordenados según su rendimiento en los exámenes y el cursillo, cosa que inquietó un poco a los ya nuevos estudiantes.

Al instante en que los padres de Lillie notaron que no se encontraba en el primer puesto de la lista no lo callaron.

—¿¡Lilianne cómo es posible que no estés en primer lugar!? ¡¡Serás la mayor representante del pueblo algún día y mírate!! ¡¡En quinta posición!! — reprochaba su padre.

—¡Seamus por favor, compórtate! — intervino su madre.

—¿¡Qué no lo ves Olympia!? ¡La futura heredera de los Harper en quinto lugar! Ni siquiera los tres primeros al menos. —

—Pues quien está al mando en el presente eres tú y no estás dando una buena imagen en este preciso momento. — lo miró con desprecio, Lillie se limitó a suspirar decepcionada. No sabía que le decepcionaba más, si su nota o el vergonzoso acto de sus padres.

—¿Podemos hablar de esto en casa? — quiso finalizar el tema.

—Primero quisiera saber quién es ese tal "Meyer Neville" que te arrebató el primer puesto. — se acercó a ver la planilla y analizar los nombres de los primeros cuatro puestos.

—Dios mío Seamus. — Olympia lo apartó porque no dejaba ver a los demás. —Tampoco estoy segura de quiénes son los Neville, pero de lo que estoy segura es que también hay gente de Velmegandi entre los alumnos. — miró al segundo puesto, el apellido de aquella chica era uno muy sonado entre la gente con prestigio de la región.

—¿Velmegandi dices? — preguntó Lillie.

—Así es tesoro, Velmegandi, en Nútíma, de donde viene nuestra familia. — su madre acarició suavemente la cabeza de su hija, quien miraba con incertidumbre la planilla. Poco y nada sabía de la región de origen de sus padres, por lo que esto le resultaba intimidante.

—Lo bueno es que ya sabes con quien debes juntarte para poder mejorar tu estatus entre tus compañeros, suena a que pueden ser buenos contactos a futuro e incluso puedes superar sus notas. —

—Así será padre, ¿debería iniciar ahora? — miró a su alrededor a ver si conseguía identificar a alguno de los cuatro chicos.

—Yo creo que- — Seamus fue interrumpido.

—Que ya fue suficiente emoción por hoy, sobre todo para tu padre... — volvió a mirarlo con desprecio. —Será mejor que regresemos a casa, así de paso puedes practicar todo lo que te haga falta para iniciar de mejor manera tu ciclo escolar. —

—Pero apenas han terminado los exámenes de ingreso y ya casi es fin de año, ¿no es muy temprano todavía para pensar en el primer día? —

—¿Pues en que otra cosa quieres pensar, tesoro? —

—N-No lo sé...l-la fiesta de año nuevo ¿quizás? — quería buscar el evento más cercano para ver si la podían dejar descansar y tal vez pasar tiempo de calidad donde el centro sea pasarla bien en lugar de discutir.

—Que de eso se encargue la servidumbre del palacio, para eso están, tu deberías pensar más en tu futuro, querida. —

—¿Y cuándo podré descansar? —

—Cuando consigas llegar al primer lugar. — dijo su padre.

Lillie agachó la mirada, quería preguntar una última cosa, pero no se atrevió, en su lugar respondió. —Sí, padre. — y caminó a la salida.

Detrás suyo fue Olympia, intentando adelantarse antes de que su esposo pudiese armar otro drama frente a su hija y dijo —No te preocupes por lo que diga tu padre, cariño, si queremos que seas la mejor y para ello sabes que debes esforzarte mucho. — eso no levantó los ánimos de Lillie. —¿Y si te peino y me cuentas de tu experiencia en el cursillo? Solo las dos, como siempre te ha gustado. —

Una pequeña sonrisa se formó en los labios de Lillie. —De acuerdo, gracias madre. —

Al momento de llegar a casa Olympia encargó a unas empleadas que lleven galletas y jugo a la habitación de Lillie. Fue una pequeña sorpresa escuchar a su madre dar esa orden, pero eso la puso feliz.

—Así que cuéntame querida, ¿Cómo te ha resultado la experiencia? —

—Bueno... — Lillie tomó una galleta y la comió mientras su madre la peinaba. —Nada a destacar, creo, es decir, todo lo que veíamos me resultaba muy fácil de aprender como las clases de mente, ugh, con papá hablando todo el día sobre política normal que eso me haya quedado incrustado como para repetir todo lo que dice como si fuese un refrán de toda la vida. —

Olympia soltó una pequeña risa. —¿Y las clases de magia? Seguro habrás encontrado algo interesante por ahí. —

—L-La verdad... — por las expectativas que tenían en ella sobre su desarrollo mágico temía por decir que no las disfrutó tanto como creía. —¡Magníficas! Ahí pude explorar más mi potencial...dignos de elogios cada vez que los desataba. —

—¡Oh! ¿Solo entre tus profesores o también de tus compañeros? —

—A mis compañeros también los logré sorprender, se me acercaban mucho en los recreos para conversar o hacer más demostraciones. —

—Espléndido mi niña. —

—Y las clases de cuerpo- — fue interrumpida.

—Ah, esas no importan, ya sabes que es una rama inferior que solo la gente nada especial ejerce, las más importantes son magia y mente para tu futuro, sobre todo magia, ¿comprendes? —

—Si...claro... — se calló las ganas de decirle que sorpresivamente a más avanzaban las clases de cuerpo más le agarraba el gusto a esa disciplina, salvo por el minúsculo detalle de que sus padres consideraban esas habilidades completamente inferiores y "nada digno de una reina".

—Dime, ¿Qué opinas de tu puesto en la lista? No quiero que creas que será motivo de regaño como tu padre, solo quiero saber que sientes. —

Lillie suspiró. —No muy bien...creí que era especial, es decir...siempre he impresionado a los demás con mi talento y todo eso de que seré la heredera me ha hecho pensar que debo estar a la altura del título y elogios, pero no lo estuve...n-no quiero sentirme menos... —

—Oh cariño...eso no te quita valor, no eres más o menos por el burdo criterio que crean tener esos sabelotodo, tu siempre estarás en primer lugar en mi corazón, ¿No crees que eso es más importante? El tiempo que pasamos juntas y la confianza que hay entre las dos. —

—Si...eso es cierto, madre. —

—No quiero que nunca pierdas la confianza que tienes conmigo, eres valiosa para mí y no deberías tomarle importancia a lo que puedan decir los de afuera, son simples plebeyos insignificantes con los que no deberías relacionarte. — Olympia acarició su cabello que terminó de peinar.

Lillie sonrió. —Te lo agradezco, madre, así será siempre. —

Las expectativas que sus padres tenían sobre ella no fueron cumplidas, pese a todos sus intentos la joven seguía sintiendo que todo resultaba en vano, su único consuelo lo encontraba en brazos de su madre. Aunque, aun si no lo admite, en lo más profundo de su corazón añora tener una conexión cercana con gente de su edad, así como la tenía con sus amigas en la secundaria, pero se resignó a tener que descartar esas conexiones a cambio de mantener la distancia para sacar beneficios.

Quienes también fueron a hacer compañía en la revisión de las notas fueron los Pimeys, los elfos amigos de Daryna que acompañaron a Allen durante su infancia. Se trataban de cuatro hermanos, por esta ocasión solo fueron los gemelos Izan y Gustav los que acompañaron al joven a revisar su resultado.

—¿Entonces están por orden de notas? — dijo Izan como su primera impresión ante la planilla.

—Pues...ahí al lado están los resultados, eso debe ser. — respondió Allen un poco inseguro.

—Que injusto. — reaccionó Gustav.

—A ver, a ver... — Izan iba bajando hasta poder ubicar a Allen. —¿22? —

—¿Qué? ¿22 qué? —

—Puesto 22, cabeza de alcornoque. — Izan le dio un pequeño zape a su hermano.

—¿E-Eso es malo? — el joven temía por su reacción.

—No...ni muy alto, ni muy bajo, pero... —

—¿Pero? —

Izan y Gustav se miraron un poco incómodos entre sí, se negaban a pensar que aquel niño con gran potencial proveniente de una familia de renombre haya estado tan abajo. No es porque eso les pareciese algo malo, más bien, porque sentían que Allen estaba ocultando algo. Ellos si conocían su potencial, por lo que les parecía extraño que estuviese en ese puesto.

—Nada campeón, ¿te parece si vamos a casa? De seguro tu tía Amaris ya terminó de hornear tu pastel favorito. —

—¡Izan! —

—¿Qué? —

—¡Se suponía que era una sorpresa! —

—Ay, pero mira nomás esa carita de perrito abandonado que tiene. — Izan jaloneó ligeramente una mejilla de Allen.

— ¡Tío Izan! ¡Tampoco soy una criaturita recién nacida! —

—Pero claro que lo eres si estás tan chiquito como si fuera el primer día que te conocimos. — Izan lo abrazó.

—¡Lo vas a atosigar, tonto! Ya vámonos a casa mejor, antes de que revientes al pobre Allen. —

Izan soltó unas risas y dejó a Allen, no sin antes revolverle el pelo.

Cuando llegaron a casa fueron recibidos por los hermanos mayores de la familia Pimeys y Daryna, quienes los esperaban con la "sorpresa" que por accidente ya había sido revelada a Allen. Aun habiendo sido anticipado eso no evitó que el joven peliazul reaccionase contento ante la pequeña celebración que le tenían preparada sabiendo que las posibilidades de entrar o ser rechazado eran las mismas.

—Entonces ¿cuál fue el resultado? ¡No nos tengas en duda Allen! — preguntó Amaris acercando una rebanada de pastel al chico.

Allen recibió la rebanada, se tomó unos segundos para responder —Yo... ¡Entré! — sonrió y pinchó un pedazo para probarlo.

—¡Hijo, que emoción! — su madre lo abrazó con cuidado de no aplastar el plato contra él, a lo que Allen reaccionó dejando el plato en la mesa para poder abrazar mejor a su madre.

—Sabía que lo lograrías. — el mayor de los cuatro, Corrin, le dio unas palmaditas en el hombro.

Celebraron tranquilos el triunfo del muchacho, pero Gustav e Izan sintieron la necesidad de tener que sacar el tema de su puntuación final en los exámenes. Por lo que decidieron hablar primero con la persona más capacitada para tratar estos temas. Amaris. Se aseguraron de haberlo hecho una vez finalizado el festejo para no incomodar a Allen y poder hablar tranquilamente con su hermana.

—¿Por qué tan serios de repente? Nunca los había visto así. — si bien una actitud seria o reservada era más propio de ella y Corrin al ser usiku, ver a los gemelos en ese plan era extraño.

—Lo sé, pero es que es algo complicado y necesitamos tu ayuda. — dijo Gustav.

—Se trata de Allen, aprobó el ingreso y eso, pero...siento que nos está ocultando algo. —

—¿Por qué lo creen? —

—Porque la lista estaba ordenada en puntaje y el quedó en el puesto 22. —

—¡No es que sea malo! — Gustav aclaró por encima de Izan. —Pero considero que todos estamos conscientes del gran potencial que realmente posee Allen, también el hecho desde que llegamos Izan y yo percibimos algo extraño entre él y Daryna, ¿crees que podrías hablar con el chico? —

—Lo haré. — Amaris sonrió levemente. —Me parece tierno como se preocupan por el pequeño Allen. —

—¡Yo sé que Allen es capaz de todo y más! ¡Solo tiene que demostrarlo! Y si no lo demuestra entonces saber porque no lo hace. — con lo que dijo Izan acabó la conversación y Amaris se dispuso a hablar con Allen.

Lo encontró afuera de la casa, cerca del bosque por las afueras de Nyanja, sentado en un tronco mirando a la nada.

—¿Se puede? — Amaris señaló el espacio vacío a su lado.

Allen se sobresaltó un poco. —¿Eh? ¿Tía Amaris? — la miró unos segundos y Amaris le sonrió. —¡Cla-Claro! — le hizo un lugar a su lado.

—¿Piensas en algo? ¿O solo viniste a contemplar la belleza del profundo bosque? —

—De bonito no tiene mucho...luce muy frondoso e inquietante, como si pudiera perderme fácilmente ahí o encontrarme con una criatura. — miró inseguro al bosque.

—Eso lo hace hermoso, el relajante ruido de las hojas y las criaturas nocturnas entonando sus melodías por los alrededores bajo la luz de la luna. —

—Todavía es de día, tía Amaris. —

La elf soltó unas risitas por el comentario del chico. —Lo sé, entonces, si no te interesa observar el bosque ¿Qué es lo que haces aquí sentado? —

Allen suspiró. —Bueno, es verdad, si estoy pensando en algo... —

—¿Puedo saber el qué? — El joven se quedó en silencio, a lo que la mujer reaccionó acariciando suavemente su cabeza. —Está bien si no quieres decírmelo, podemos seguir conversando acerca de otra cosa. —

—N-No...e-es que... — sentía que podía tener más confianza con ella que con su propia madre, así que se animó a hablar. —Es sobre mi nota del ingreso...yo... — volvió a suspirar. —Quedé en el puesto 22. —

—¡Pues muchas felicidades! Sigue siendo algo de admirar, ¿No? — ante eso Allen soltó un pequeño quejido. —Se ve que no si te tiene tan inconforme, cuéntame ¿Qué ocurre con eso? —

—Yo...si me esforcé, de veras que lo hice, pero al momento del examen de magia es como si tuviese un gran impulso en mi interior que me hizo retroceder de dar todo de mi... —

—¿Por qué sentiste ese impulso? —

—Mi...mamá... — agachó la mirada.

—¿Te dijo algo? —

—Ella...siempre me resalta que no debería exponer tanto mis capacidades, que podría ser peligroso por no sé qué motivo, nunca me lo ha dicho completamente...solo tiene miedo de que salga herido o que se yo. — pateó una piedra en señal de descontento.

—¿Y qué piensas al respecto? ¿Tienes otros puntos de vista para sostenerte? —

—Pues...hice un amigo, me ha motivado a querer seguir adelante a mi manera sin importar lo que ocurra y la manera en que lo hago es practicando en solitario el como yo haría las cosas. —

—¿Entonces te sientes más cómodo cuando no sientes la presión de la autoridad? —

Asintió ante esa pregunta. —¡Quiero demostrarle a la gente mis métodos! ¡Quizás no sean bien vistos porque todavía no están dominados por completo! Si tan solo me diesen la oportunidad de explorarlos más podrían descubrirse nuevas formas de hacer magia, pero...no sé, siempre me han limitado. —

—Allen, quiero saber una cosa, ¿podrías hacer una demostración de lo que fue el examen, pero a tu manera? —

El joven peliazul se puso de pie, tomó su varita y reunió cosas de su alrededor con las que replicó el material del examen, explicando cómo era lo que se les pidió y haciendo lo que él quería demostrar. Y ante su demostración...

Continuará.

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