Allen estaba feliz de poder estar en el mismo grupo que Leo, sentía que por fin podría encontrar un espacio más agradable para poder conversar y no solo decir cuatro palabras sueltas o presenciar alguna pelea. Igualmente, el elfo estaba entusiasmado, no es que los demás grupos le resultasen en malas experiencias, pero poder volver a conversar con su nuevo amigo le emocionaba. Quien no se encontraba tan complacida era la joven Harper, ya obtuvo lo que quería de esta pequeña primera experiencia con sus compañeros, no estaba interesada en hacer algún esfuerzo por conversar.
—¡Allen! — sonrió el muchacho.
—¡Leo! — le devolvió la sonrisa y al instante fue abrazado por el elfo.
Se fue acercando de a poco la pelirroja, pero manteniendo un poco la distancia y sin decir nada, pensó que mejor para ella que los chicos hablasen entre ellos, así no tendría que seguirles la conversación.
—¿Qué tal todo hasta ahora? Se ve que Keegan todavía tiene rencor por...eso. —
—Si. — suspiró. —De hecho, me tocó estar con ella en estos grupitos, pero no me fue tan mal o eso pienso luego de ver como se la pasó peleando más con Meyer que conmigo. —
Leo le dio unas palmaditas en el hombro, se sintió culpable de que su amigo se llevase el odio de la joven siendo que fue el quien provocó todo eso. —Quizás debería...tu sabes. — iba a sugerir admitir que fue el, para poder desviar los comentarios que estuvo recibiendo.
—No, no, después de todo ya fui yo quien habló con los preceptores. —
—¡Pero vas a seguir molestándote! —
—Déjalo así, mejor yo a que seas tú. — le revolvió el pelo, gesto que le sacó unas risas al elfo.
Lillie sabía exactamente a lo que se referían pese a la forma de intentar cubrirlo, pero decidió no decir nada, no es como si fuese mejor o peor para ella el decirle a Keegan quien fue el verdadero culpable.
—Mejor cuéntame que tal te ha estado yendo. —
—A ver... — se detiene a pensar. —Alister y Tanwen fueron un fastidio, se la pasaron todo el rato tratando de que caiga en sus pequeños hechizos bromistas. — se cruzó de brazos. —¡Ah, pero Koi y Gardenia son geniales! Quizás si ubiques a Koi porque él iba a tu mismo curso en la secundaria, pero él ya me había reconocido a mí y bueno, Gardenia me hizo sentir mejor luego de lo ocurrido en el juego de pasar el hilo, después... — hizo otra pausa. —Conocí a Atenea y Ake, no había hablado con ellos en el cursillo, así que fue interesante charlar de nuestros gustos, Atenea y a mí nos gusta la lectura, aunque ella prefiere las novelas y yo los de magia elemental y pues sobre Ake a él le gusta la música, nos enseñó sus canciones favoritas y unas composiciones propias. —
—Vaya, suena a que la pasaste bien, bueno, salvo por el primer grupo. — esbozó una pequeña sonrisa.
—Así es ¿Tú quieres contar algo? —
—Meh, preferiría no hacerlo, no conversé mucho y cuando los otros dos se ponían a hablar entre ellos me terminaba perdiendo en mis pensamientos. —
—Ya veo... ¿Qué hay de ti, Lillie? — miró a la chica.
—¿Qué? — le había pasado justamente lo que describió Allen, se había quedado inmersa en su mente que no escuchó a sus compañeros.
—¿Cómo te fue? O que estuviste haciendo estos días, que tal tu vida, ¡Lo que sea! — Leo sonrió.
—Yo... — dudó, todavía parecía que la actividad no iba a terminar como para que el tiempo pueda salvarla esta vez. —Nada destacable. — finalmente contestó.
—Oh vamos, algo interesante debes tener por decir, tu vida debe ser muy emocionante ¿No? —
—Uh, no realmente, es la misma rutina de siempre todos los días, nada especial que quieran oír. —
—Pero debe ser una rutina de princesa interesante ¿Verdad? — le dio unos pequeños toques a su brazo queriendo animarla a hablar.
—Hey, Leo, me habías contado de tu familia, pero nunca te conté sobre la mía ahora que recuerdo. — Allen desvió el tema para que el elfo dejase sus insistencias de lado.
Fue efectivo, ambos comenzaron un nuevo tema de conversación sobre sus familias, Leo aportando nuevas anécdotas con sus padres y familiares de Nkhalango, Allen por su parte le habló sobre los usiku elf a quienes consideraba parte de su familia aun cuando no tenían ningún lazo sanguíneo. Lillie solo desvió la mirada hacía donde fuese que estuviesen los otros chicos con quienes habló.
La jornada acabó, su tutor les dedicó unas palabras finales llenas de aliento y buenos deseos para los jóvenes estudiantes que mañana iniciarían definitivamente con sus materias, recibiendo el horario, expectantes por los contenidos que sonaban prometedores con tan solo leer el nombre de la asignatura.
Las primeras impresiones habían concluido. Leondan estaba feliz de poder tener a más gente a su alrededor, algunos más amables que otros, pero eso no le impidió abrirse ante los demás siendo una amabilidad recíproca. Lillie ya tenía en mente que es lo que debería hacer a lo largo de estos tres años, sintió haber causado una buena impresión ante los cuatro chicos con quien le interesó hablar, sobre todo a Meyer, así que lo demás que ocurriese a su alrededor le era indiferente. Por parte de Allen no estaba sorprendido de como resultó ser para él su primer día, se esperaba algo parecido de tener que estar solo, pero siempre que estaba con Leo le resultaba en un cambio de aire que consideraba necesario.

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