Lillie no podía creerlo, pensaba que era casi un sueño surrealista que el chico al que tanto había estado molestando se encontraba a su lado. Levantó levemente la mirada y al comprobar que era él, la desvió avergonzada.
En un gesto comprensivo, Leondan acarició su espalda, tratando de buscar las palabras correctas para intentar ayudarla. —¿Quieres venir al muelle conmigo? — fue lo que se le ocurrió, siempre que iba a ese lugar era para desahogarse con su papá, pensó que quizás el ambiente podría relajarla.
La joven todavía no se lo creía del todo, pero quedarse ahí tampoco era una opción, el ambiente era aturdidor para ella. Asintió ante su invitación y se levantó, tratando de buscar en su bolso algún pañuelo para secarse.
—Ten. — el elfo le ofreció uno.
—Gracias... — susurró y se limpió.
Caminaron juntos hasta las costas, fue un trayecto un tanto largo. No se habían dirigido la palabra hasta que llegaron y se sentaron, contemplando los suaves movimientos de las olas acompañados de la fresca brisa marina.
—Venir aquí me hace sentir bien cuando necesito un descanso, pensé que podría relajarte. — dijo mirando el horizonte, era el horario laboral de los marineros, así que no había mucho movimiento en el muelle que pudiese interrumpir el ambiente.
Aquello que dijo solo hizo sentir culpable a la chica, se ponía a pensar en cuantas veces debió haber recurrido a este lugar luego de tanto matoneo ocasionado por ella y su grupito.
No tenía otra cosa para decir, más que. —Lo siento... —
—¿Eh? —
—Yo...no comprendo ¿Por qué estás haciendo esto por mí? No...no he hecho más que causarte malestar todo este primer tramo del año. —
—El gesto no se trata de si lo mereces o no, es...el simple hecho de que ver a un compañero triste me hace querer actuar para ayudarlo. —
—¿Solo eso? ¿Simplemente ayuda desinteresada? —
—La amabilidad no conoce precio o personas, solo la voluntad de querer hacer algo bueno por alguien. — sonrió.
Lillie volvió a desviar la mirada avergonzada, esa sonrisa y esas palabras tan amables del chico la ponían ciertamente nerviosa. Hacía tiempo que no experimentaba lo que es un intercambio más sincero de palabras y acciones, estaba tan acostumbrada a la frivolidad de "Los Cuatro Mejores" que había olvidado lo bien que se sentía dar y recibir este tipo de gestos.
—Aw. — no pudo evitar reaccionar con ternura.
—¿Q-Qué ocurre? —
—Nada, es solo que verte así es adorable. —risita. —Difiere de la loba solitaria con la que me crucé la primera vez. —
—Pfft. — soltó unas risas a su forma de expresarse.
—¿Te sientes un poco mejor? ¿Tienes ganas de desahogarte? —
—Si... — suspiró. —Solo mis... "amigos" me dejaron sola, puede sonar a un capricho de primaria, pero...no sé, realmente intenté mantener las cosas a flote porque la relación que tenía con ellos era muy importante. —
—¿Les tenías mucho cariño? —
—... — no supo que responder. —Si... — mintió.
—Comprendo... — volvió a darle caricias en la espalda.
—Y sin ellos...ahora estoy sola... — abrazó sus piernas para intentar ocultar su cara en ellas.
—No tiene por qué ser así, hay más gente en el curso que podría ser tu amiga. —
—Si claro... ¿Quién quisiera ser amigo de la princesita mandona y caprichosa? — estaba al tanto de la imagen que había generado entre sus compañeros debido a las formas que tenía para corregirlos.
—Hmm... — se hizo el pensativo. —Tengo a alguien en mente. —
—¿Ah sí? —
—Sí, es alto, guapo, de orejas puntiagudas, cabello corto y morado, de tez marroncita que está en camino a convertirse en el elfo más poderoso que el mundo haya visto. — colocó su índice contra su mentón, sonriendo de manera segura al estarse auto-describiendo.
—Oh vaya, si de verdad fueses alto pensaría que estás hablando de ti mismo. — risitas.
—¡Oye! ¡Tampoco soy tan bajo! —
—Yo no dije eso, pero "alto" no es un adjetivo que yo usaría para describirte. —
—Ajá ¿Qué utilizarías entonces? —
—Bajito...perseverante, extremadamente hablador, pero ciertamente...encantador, es lo que puedo captar a lo lejos. —
—O-Okey. — se sonrojó ligeramente. —¿Pero debías iniciar con "bajito"? —
—Era sumamente necesario. — risita. —
—De acuerdo, de acuerdo, tú ganas. El punto es, que yo podría ser tu amigo, no me importa los encontrones que pudieron haber ocurrido en un pasado, de verdad me gustaría que nos demos la oportunidad de conocernos porque si la situación con esos chicos te ha afectado de esa forma y tuviste la confianza para venir hasta aquí y decírmelo, pienso que no eres esa "princesita mandona y caprichosa" que piensan que eres. —
—Te lo agradezco mucho Leondan. — sonrió y lo abrazó.
—No hay de qué Lilianne. — correspondió.
—Lillie. —
—¿Hm? —
—Puedes llamarme Lillie, si quieres. —
—De acuerdo, Lillie. — acarició su espalda.
Al día siguiente tocaba la clase de Encantamientos, Leondan estaba seguro de irse a sentar con Lillie, hasta que fue detenido por Allen.
—Hey ¿Adónde vas? —
—Ah, voy a...sentarme con Lillie. —
—¿¿Qué?? ¿¿¿Con Lilianne??? —
—Sí, escucha, yo- — no tuvo tiempo de dar explicaciones, el profesor Matsenga había llegado y al instante se fue a sentar con la pelirroja, dejando al chico desconcertado.
—Muy bien estudiantes, en la clase de hoy van a tratar de eclosionar estos huevos de rana, son los más simples de eclosionar si siguen adecuadamente las instrucciones del libro. — hizo una breve demostración de cómo debían seguir el procedimiento.
—Ugh... —
—¿Y esa carita? —
—No...no me agradan los anfibios. —
—Vamos, no es la gran cosa ¡Hasta podría ser nuestro bebito! —
Lillie soltó unas risitas. —¿Por? —
—No sé, para que le tengas menos asco a la criaturita, supongo. — sonrió.
Ambos rieron y continuaron con el trabajo, siendo vistos por Allen a lo lejos, quien todavía no podía salir del shock de ver cómo su mejor amigo parecía estar tan tranquilo junto a la chica que les había hecho la vida imposible días antes.
—Allen. — Karim llamó su atención. —El huevo. —
—Ah...si... — no hizo mucho caso al encantamiento a recitar o movimientos de su varita, por lo que la eclosión salió mal.
—¡Allen! ¿¡Qué demonios es eso!? —
—¿Qué? — miró su mesa. —¡¡Oh Dios mío!! — se horrorizó de lo ocurrido, la rana había eclosionado de una manera espantosa, se arrastraba como si fuese una masa sin forma. —¡¡Profesor Matsenga!! —
El profesor acudió y las miradas se dirigieron a lo acontecido, no pudiendo creer como algo tan simple desembocó en...eso.
—¿Cómo es posible que tan siquiera haya ocurrido? — Lillie miró con desprecio, cosa que incomodó un poco a Leo. —Ah, disculpa. —
—No, no, comprendo que no te caiga bien, es solo que... — tenía intenciones de quizás juntarlos a ambos. Allen no pasaba mucho tiempo con personas que no fueran él o Karim y Lillie estaba en busca de nuevas amistades, pero olvidó aquel pequeño detalle. —Nada, después te explico. —
Luego de arreglar ese pequeño incidente dio inicio al recreo.
—Ve afuera Lillie, yo te alcanzo más tarde. —
—¡Okey! —
Leo se acercó a la mesa de Allen. —Hey... ¿Qué fue eso? —
—Nada, solo estaba...distraído. — se cruzó de brazos y miró a otro lado.
—Hmm...mira, no sé cómo decir esto, así que lo haré directamente. Pasemos tiempo con Lillie. —
—¿Otra vez con eso? ¿¿Qué te pasa hoy?? —
—Lo sé, lo sé, es disparatado ¡Pero escúchame! Su grupo de amigos la dejó de lado y ahora no tiene a nadie, no sabe cómo acercarse a los demás luego de la impresión que dio. —
—Merecido. —
Ante esa respuesta Leo se dio una palmada en la frente. —¡¡Te digo que me escuches!! No quiero dejarla sola, pero tampoco quiero dejarte solo a ti. Tú y yo sabemos lo triste que es no poder contar con nadie y no quiero que alguien más pase por eso. —
—¿Desde cuando tienes complejo de salvador? —
—¡Dios mío! ¡¡Ugh!! Si no quieres hacerme caso está bien, solo digo que a ambos les vendría bien hacerse amigos...pero supongo que ahora voy a tener que balancear con quien paso el tiempo. — se dispuso a salir del salón, preparándose mentalmente del supuesto nuevo cargo que ahora vendría. Pero fue detenido, nuevamente.
—Disculpa, no quise actuar de esa forma, es solo que...no confío en ella. —
—No te pido que lo hagas ahora, tampoco voy a obligarte a pasar tiempo con ella. —
Se sintió ligeramente culpable. —Voy a...ver que tal. —
—¿¡De verdad!? — sonríe emocionado.
—Si, de verdad, no pierdo nada intentando, supongo. —
—Nop, de hecho ¡Ganarías una amiga! —
Fueron al patio, Lillie estaba esperando en una de las mesas, un tanto insegura de si Leo realmente iba a volver. Para su sorpresa si lo hizo, aunque con la compañía de Allen, cosa que la sacó un poco de onda.
—Espero no te moleste que Allen nos acompañe. —
—Oh, no, para nada, es...tu amigo después de todo. — dijo ligeramente incómoda.
—Sí, así es, su mejor amigo. — se cruzó de brazos, a lo que recibió un codazo de Leo.
Se sentaron los tres, Leo no sabía a qué lado inclinarse, si con Lillie o Allen. Optó por sentarse en la mesa, así pudiese estar en el medio de ambos.
La pelirroja soltó una pequeña risa. —¡Leo, bájate! Así no se usan las mesas, bobo. —
—Je, je, lo sé ¡Pero así puedo estar con los dos al mismo tiempo sin escoger un lado! —
—Aw, que considerado. —
La conversación fue mayormente liderada por el elfo y la pelirroja, comentando cosas de sus vidas. Se le veía más animada a la chica, escuchaba atenta las historias de Leo y él se emocionaba por cada hazaña que contaba, aun si ella no lo consideraba la gran cosa se sentía bien de hablar y a cambio recibir el entusiasmo del chico.
Allen solo se quedó en silencio, en parte se estaba arrepintiendo de haber venido y que, como siempre, no pintaba nada en el ambiente. Justo como en el primer día de clases. Leo quiso que tuviese la oportunidad de hablar, pero el timbre había sonado y debían ir a clases.
—¡Oigan! Ahora que sigue deportes ¿Por qué no hacen equipo juntos? Tienen pinta de ser una buena dupla. — soltó la idea. Quería que ahora ellos dos tuviesen oportunidad de conocerse.
—Ehhh... — la chica estaba insegura.
—Sí ¿Por qué no? — aceptó sin dudar, cosa que sorprendió a los otros dos.
—¡Perfecto! —
Los ejercicios trataron de confianza y coordinación, cosa que Leo sintió como un milagro para que pudiesen dar el paso inicial de llevarse mejor...de no ser porque estuvieron toda la clase haciéndose jugarretas entre ellos haciendo mal los ejercicios a propósito.
—¡¡Melnyk, Harper!! ¿¡Qué está sucediendo allá!? — el profesor les llamó la atención.
—¡¡Mi compañero es un inútil, eso pasa!! —
—¡¡Y mi compañera parece tener dos pies izquierdos para coordinarse!! —
—¡¡Lo dices como si no hubieses sido tú quien me dejó caer en el ejercicio de confianza!! —
—¡¡Suficiente ustedes dos!! — los cambió de compañeros para que no siguiesen peleando y lastimándose a propósito. —Luego hablaré con su tutor. —
Leo suspiró decepcionado, ya le parecía extraño que estuviesen trabajando juntos sin problemas, pero quería confiar en que si estaban dispuestos a dejar sus diferencias de lado.
Al día siguiente el elfo tuvo una idea: evadirlos a ambos. Le parecía descortés, pero pensó que si lo único que los podía mantener juntos era él, entonces debía apartarse del panorama para que encontrasen algún punto en común...o resignarse a estar solos.
En un inicio fue así, los vio estando solos, pero particularmente notaba como a Lillie si le afectaba ese hecho. Le dio pena, pero pensó que quizás era lo que necesitaban para hacer las paces.
Por parte de la joven estaba sacudiendo una pierna de arriba abajo, ansiosa de no saber que debía hacer. Pensó que lo había arruinado con la única persona dispuesta a hacerle compañía, fue entonces que entendió que si no quiere estar sola debía aprender a dejar su orgullo de lado y darle una oportunidad al peliazul, pero no porque eso fuese lo que quería el elfo, sino porque ella si quería tener más amigos.
Allen estaba indiferente, ya se había acostumbrado a estar solo las veces que no podía estar con Karim o Leo, así que no era nada nuevo para él. Sentía que no se perdía de nada si estaba con Lillie o no, así que se encontraba sentado bajo el mismo árbol donde le gustaba estar. Hasta que esa quietud fue interrumpida.
—Disculpa ¿Allen? — se acercó tímidamente.
Continuará.

Comments (0)
See all