La caída duraba más de lo que imaginó e incluso la sensación de vértigo se había desvanecido y en su lugar estaba una extraña pero reconfortante brisa— ¿Vas a seguir con los ojos cerrados? — La voz grave con ese peculiar tono de fastidió no era de otro más que de Nicolas.
—¿Nico? ¿Cómo es que estás aquí? ¡No tienes idea de lo mucho que me alegra ver esa cara escamosa! — Con ambas manos apretaba las mejillas de Nicolas— y también ver esas bellísimas alas— Al ver las alas, Sasha confirmaba que Nicolas, era un dragón, uno con unas bellas alas rojizas con tonos morados y dorados.
—Tienes tres para soltarme antes de que te deje caer otra vez al vacío— Aunque bien quería seguir molestando, mejor quitaba las manos y dócilmente las apoyaba en el cuello de Nicolas— Por fin te clamas, así te ves mejor, ahora, me puedes decir ¿Por qué rayos te aventaste del balcón? Tienes suerte que la señorita me dijo donde estabas por el sonido de tus pasos
—¡La señorita es tan majestuosa! — Gritaba agradecido—No sabía como escapar, el príncipe bailo conmigo y…
—¿Contigo?
—Sip
—¿No con la señorita?
—Nop
Entre ambos se levantaba un silencio incomodo. Nicolas lo rompía primero con suspiro hondo y pesado— ¿Bailo contigo, un hombre, en una fiesta donde se va a escoger a su futura esposa?
—Si lo dices así, como que si suena un poco mal— Prediciendo lo Nicolas iba hacer, se aferra al cuerpo de este con brazos y piernas imitando a un koala—¡Espera, Espérate! ¡Se puede arreglar! Aunque no baile con ella de todas maneras la elegirán como prometida por acuerdo—Nicolas dejaba de pelear para escucharlo, las sospechas que tenía ahora eran mayor
—¿Cómo lo sabes? ¿tienes poderes de adivinación? — Esa era la excusa perfecta que Sasha necesitaba—
—Algo así. Por favor, confía en mí, haré lo mejor para Lucinda, lo prometo— La mirada decidida de Sasha convencía a Nico— Bien…—Lo volvía a cargar marcando, por ahora, una tregua entre ellos.
Finalmente volvían al castillo de su joven dama, el balcón en donde lo dejaba, era justamente en donde la señorita estaba tomando su té— Al fin llegan, no tienen idea del problema que tuve para convencer al príncipe en quedarse— La calma en que dejaba la taza le preocupaba a Sasha, sé suponía que ella sería quien bailara con el príncipe y por un descuido cambio los hechos— ¿Y bien? ¿Vas a quedarte callado?
“¿Qué quiere que diga? “, pensaba con vergüenza, mientras movía sus manos con nervios finalmente encontraba las palabras para explicar— Me deje llevar. Fue mi primer baile y lo hizo parecer tan fácil que…—la mirad la tenía fija en el balcón por si tenía que lanzarse de nuevo ya que podía sentir el enojo de Lucina desbordar y lo pero es que no sabía exactamente en que parte se enojo más— Lo siento, fui torpe y descuidado. El príncipe debió bailar con usted y no conmigo—por alguna razón sentía que la había hecho enojar más. La situación sofocante lo rebasaba, con la mirada, suplicaba a Nicolas que lo ayudara.
Al principio este lo ignoraba, pero verlo tan asustado le conmovía—Señorita, es entendible enojarse con la torpeza de este guardaespaldas, pero, si lo mira por otro lado, ahora podrá acercarse más a la realeza y podrá entablar lazos más fuertes que nos ayude— De parecer que ayudaba, parecía como si lo estuvieran usando como moneda de cambio— Dejar que el príncipe lo visite a cambio de ciertas favoreces no suena tan mal, ¿no? Y si se preocupa de que pueda pasar algo más, personalmente me aseguraré de vigilar cada movimiento que haga y evitar acercamientos indecentes
—¿Desde cuándo planeaste eso? — El pánico lo rebasaba, aunque no se le hacía tan mala idea, no podía quitarse la sensación de ser una marioneta— ¿Al menos me van a peguntar si esto de acuerdo? Además, ¿Fui tan obvio que me gustan los hombres?
Por un momento el silencio caía en los tres, al retumbar de la taza en el piso sonaba con más fuerza al caer de la mano de la joven Lucinda que justo en ese momento su corazón se destrozaba en pedazos.

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