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The Heavens Beasts: Kings of Ootoki [ESP]

El lobo fantasma

El lobo fantasma

Apr 20, 2026

Pasaron muchos meses antes de que Sousuke lograra recuperarse por completo. Durante ese tiempo casi no hablaba, apenas comía si alguien no lo obligaba y tampoco parecía capaz de llorar. En su mente, la culpa era constante: se reprochaba una y otra vez no haber podido salvar a Kris.

A pesar de los cuidados de Toshi, quien hizo todo lo posible por ayudarlo a salir adelante, Sousuke no permaneció mucho tiempo con él. Verlo le recordaba demasiado a Kris, y ese dolor todavía era algo que no podía soportar. 

Además, desde pequeño sabía que su salud no era normal. Su corazón siempre había sido débil, y en su mente ya se había convencido de que probablemente no llegaría a vivir más allá de los treinta años. Asi que cuando cumplió catorce años tomó una decisión que cambiaría su vida. 

La casa estaba en silencio aquella mañana. La nieve aún cubría el exterior y una luz gris entraba por las ventanas. Dentro, el aire olía a medicina y a madera húmeda. Toshi estaba sentado frente a la mesa con una taza de té que ya se había enfriado. No la había tocado en un buen rato. Había notado algo extraño desde que despertó.

Demasiado silencio.

—¿Sousuke…? 


Se levantó despacio y recorrió el pequeño pasillo de la casa. La puerta de la habitación del muchacho estaba entreabierta. Toshi la empujó con cuidado, entrando a la habitación, fue entonces cuando vio a Sousuke frente a la ventana, mirando hacia el bosque mientras cargaba una pequeña mochila al hombro.

—¿Te vas?

Sousuke no respondió de inmediato. Su otra mano estaba dentro del bolsillo de su abrigo, apretada con fuerza.

—Sí.

Toshi apoyó el hombro contra el marco de la puerta y lo observó en silencio durante unos segundos.

—Pensé que aún necesitabas más tiempo para recuperarte.

Sousuke bajó la mirada. Sus dedos tocaron el collar que colgaba de su cuello casi de forma inconsciente.

—Ya estoy bien.

Toshi no respondió. Sabía que no era verdad. El chico seguía durmiendo mal. Apenas hablaba. A veces se quedaba mirando la nada durante horas. Pero también sabía que no podía retenerlo.

—¿A dónde piensas ir? —preguntó finalmente.

—A cualquier lugar.

—Eres muy joven para vivir solo.

—No importa. Si me quedo, ellos podrían volver.

Toshi no necesitó preguntar quiénes eran ellos. La habitación volvió a quedarse en silencio.

—No quiero que te pase lo mismo que a Kris, Toshi.

Toshi bajó la mirada unos segundos. Entendia el miedo de Sousuke, pero tambien tenia miedo de perder a su hijo. Ya lo era, despues de todo

—Kris no murió por tu culpa, ni tampoco va a volver si decides castigarte de esta forma.

—- no me estoy castigando. Yo… déjame estar solo

Toshi lo miró fijamente. Había demasiada determinación en ese chico para alguien de catorce años. Finalmente caminó hasta él y sacó de su bolsillo un pequeño frasco de medicinas, entregandoselo. 

—Escúchame bien, Sousuke, el mundo allá afuera no es amable con los niños que están solos, tu lo sabes mas que nadie.

No quería dejarlo ir, era su niño, lo unico que le quedaba de Kris. Pero amar a su pequeño tambien era dejarlo libre, aunque le doliera, debia hacerlo. 

—Tendrás que venir por más medicinas cuando se te acaben.

—Volveré.

Toshi lo observó unos segundos más, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. En lugar de eso, levantó una mano y revolvió ligeramente el cabello del muchacho.

—Cuídate.

—Tú también.

Sousuke se dio la vuelta y saltó por la ventana de la habitación. Sus pasos se perdían en la nieve. Cuando se alejó lo suficiente se detuvo un momento y sin mirar atrás dijo:

—Gracias por todo.

Luego desapareció entre los árboles, avanzando solo por el camino. Toshi se cruzó de brazos y miró al cielo, suspirando

—- Nuestro niño es más fuerte de lo que parece, Kris

Y así, a los catorce años, Sousuke Kusanagi se fue de la casa.

Fue entonces cuando empezó su vida como pandillero. Al principio sobrevivía robando pequeñas cosas o entreteniendo a la gente en las calles con trucos de magia muy parecidos a los que Kris solía hacer.


—¡Vengan a conocer al Lobo Fantasma, el mago más rápido del pueblo! —anunciaba con voz teatral para atraer a los curiosos.

Sousuke sabía que no era particularmente bueno para muchas cosas aparte de lo que Kris le había enseñado, pero sí tenía una habilidad especial para tallar máscaras. Con el tiempo fabricó una muy parecida a la que Kris había usado alguna vez, aunque la suya era completamente negra. Sentía que llevar una máscara lo protegía de los yakuza y, al mismo tiempo, lo mantenía cerca de su mentor. Era una forma silenciosa de recordarlo siempre.

Los años comenzaron a pasar y su vida se volvió cada vez más solitaria. De ser un pequeño escuálido y tímido, se convirtió en un hombre atlético que tenía una apariencia ruda e imponente, una cicatriz en el puente de la nariz y en la barbilla que se había hecho en sus huidas de pueblo en pueblo, entre peleas o simples descuidos al dormir en cualquier lugar adornaban su rostro. Su mente había convertido en cosas difusas la mayor parte de su infancia, sólo podía recordar pedazos y el incendio. Pero aún así, no perdía esa mirada que reflejaba ingenuidad y bondad por los demás, era algo que no podía ocultar a menos que usara una máscara.  Amable y tranquilo con la mayoría de los civiles, pero  le resultaba imposible quedarse demasiado tiempo en un mismo lugar o crear lazos con otras personas. El miedo lo perseguía constantemente: temía que cualquiera que se acercara a él terminara muerto a manos de los yakuza, tal como había ocurrido con su familia. Por eso viajaba de pueblo en pueblo, durmiendo en edificios abandonados y evitando involucrarse con la gente. Ese mismo miedo fue también lo que lo llevó a alejarse de Toshi y aprender a sobrevivir completamente solo.

Una noche bastante fría caminaba sin rumbo fijo, exhausto. Había recorrido demasiados kilómetros y el cansancio comenzaba a vencerlo. El viento helado atravesaba su ropa y cada paso se volvía más pesado que el anterior. Fue entonces cuando vio algo bajo un árbol: un pequeño pájaro temblaba sobre la nieve. Al acercarse notó que no era un ave común; parecía una pequeña ninfa. Más que un animal salvaje, daba la impresión de haber sido abandonada.

Sin pensarlo demasiado, Sousuke la tomó entre sus manos para darle calor. Se quitó el chaleco y envolvió al ave con cuidado antes de continuar caminando.

Unos metros más adelante, cuando ya sentía que no podía soportar más el frío, divisó una casa solitaria. Era pequeña y estaba rodeada de varios coches viejos. No había plantas alrededor ni señales claras de que alguien viviera allí, pero aun así decidió intentar refugiarse.

Empujó la puerta con cautela y esta se abrió de golpe.

—¿Quién carajo eres tú? —gruñó una voz desde el interior.

La sorpresa fue suficiente para que Sousuke perdiera el equilibrio. El cansancio, el frío y el hambre terminaron por vencerlo, y todo se volvió negro.


Cuando volvió a abrir los ojos estaba recostado en una cama demasiado pequeña para su estatura; sus pies sobresalían por el borde. Parpadeó varias veces antes de notar que el mismo hombre que lo había confrontado estaba sentado cerca, sosteniendo al pequeño pájaro entre las manos. Durante un instante Sousuke se alarmó al ver cómo el sujeto cerraba los dedos alrededor del animal, pero segundos después el ave comenzó a moverse y a cantar con energía, totalmente recuperada.

—¿Ah? ¿Cómo hiciste eso? —preguntó Sousuke, sorprendido.

El hombre lo observó con una expresión seca, parecía que no había hablado con nadie en mucho tiempo.

—Ya despertaste. Pensé que estabas muerto. Intentabas entrar a mi casa y te desmayaste. Ahora que estás bien, puedes irte. 

—¿Eh? ¡Pero hace frío! ¡Si me voy ahora mi amiga se va a enfermar otra vez!

—¿Amiga? 

En ese momento el pequeño animal alzó el vuelo y fue a posarse directamente sobre la cabeza de Sousuke, acomodándose entre su cabello como si ese fuera su lugar favorito.

—¿Es tu mascota?

—¡No! Es mi amiga. Yo quería salvarla del frío, tú nos ayudaste.

—Es la primera cosa que se cura en mis manos 

Sousuke lo observó con más atención. Era un hombre bajo de estatura, con cabello negro y las puntas rubias. Llevaba una camiseta azul sin mangas a pesar del frío y un enorme medallón colgaba de su cuello. Su ojo derecho estaba marcado por una cicatriz profunda que endurecía su mirada. Parecía alguien que llevaba demasiado tiempo viviendo solo.


—Lo que no entiendo es cómo llegaste aquí sin morir.

—¿Eh?

—Nada. Solo pienso en voz alta.

El silencio ahí era amenazador, el hombre frente a Sousuke solo lo veia sin decir nada, pero mas que nada, era como si no tuviera ganas de tener una conversación, como si ya hubiera olvidado como seguirla. Sousuke decidió preguntar mas cosas

—¿Cómo te llamas?

—¿Por qué te interesa?

—Porque quiero saber el nombre de la persona que nos salvó.

El hombre suspiró, aquella simple conversación le resultaba agotadora.

—Oni… Oni Kurokawa.

—Yo soy Sousuke Kusanagi. Muchas gracias por ayudarnos.

Extendió la mano con una sonrisa amistosa. Oni dudó unos segundos antes de estrecharla, pero cuando lo hizo algo llamó inmediatamente su atención: el collar que colgaba del cuello del muchacho.

—¿De dónde sacaste ese collar?

—Es de mi padre. Me lo dio antes de morir.

Sousuke toco instintivamente el collar, la nostalgia en su voz era imposible de fingir. Aun así, Oni caminó hacia un mueble cercano y tomó una vieja fotografía. Veinte años atrás él mismo había enterrado un collar idéntico en un lugar remoto. Había intentado destruirlo, pero parecía imposible hacerlo desaparecer.

Verlo ahora, colgando del cuello de aquel chico que no parecía saber nada sobre su verdadero poder, era algo que lo desconcertaba profundamente.

—Esto es muy inusual…

—¿Ocurre algo?. Si de verdad quieres que me vaya, puedo hacerlo.

—No es eso. Solo sigo preguntándome cómo llegaste aquí. Digamos que este lugar está embrujado. Nadie, ni siquiera un insecto puede acercarse sin morir. No entiendo cómo tú y tu mascota siguen vivos.

—Tal vez tenemos buena suerte.

—Puede ser.

Era evidente que el muchacho no tenía idea de lo que llevaba puesto ni de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Por eso decidió hacer algo que llevaba veinte años evitando: pedir ayuda.

Oni encendió un cigarrillo antes de hablar.

— Mira, yo te salvé la vida así que necesito que hagas algo por mi

—¿Eh? ¿De qué se trata?

Mientras el humo del cigarro se elevaba lentamente, Oni Kurokawa comenzó a contar su historia  

—Hace años yo era el líder de una pandilla en Ootoki, una ciudad que está a unos kilómetros de aquí. Tenía un montón de mocosos a mi cargo. Incluso personas más grandes que yo. Sin embargo, mi hermana empezó a causar disturbios y nadie en ningún sitio podía con ella. Todos en lugar de enfrentarla, comenzaron a unirse. Entonces empezaron a invadir tantos sitios que solo quedamos nosotros. Ella era inhumanamente fuerte pero no me interesó. La enfrente para proteger mi territorio, la derroté a duras penas

Oni se detiene un momento y señala su ojo derecho. Ademas de la evidente cicatriz en el ojo, se podia notar que no habia brillo. El ojo era artificial, un ojo de vidrio o de plastico tal vez 

—perdí esto en la pelea. Después empecé a perder a todos mis amigos. Actualmente ese lugar no tiene a nadie que lo proteja, y no puedo acercarme. En veinte años eres la primera persona que llega aquí sin morir.

Exhalo el humo mientras hablaba. Le costaba demasiado decir lo siguiente, porque esa pelea no era del chico, pero de alguna manera ya se habia involucrado al traer esa joya en el cuello

—Necesito que me ayudes a mantener ese territorio libre de pandillas y de yakuza.


Sousuke no entendía en un inicio a que se refería, pero parecía que en serio estaba desesperado por ayuda. Parecía un hombre duro y orgulloso, así que no pediría algo así abiertamente a cualquier persona. Supuso que había algo especial en él y por eso lo había elegido.

Cuando Sousuke escuchó la palabra “yakuza”, ya no dudó. Aquello era una oportunidad para vengar a su familia y ser útil antes de que su enfermedad lo alcanzara. 

—De acuerdo, te ayudaré.

 —Entonces es un trato. 

Esta vez fue Oni quien extendió la mano y Sousuke la estrechó sin dudar. 

—Cuando llegues a Ootoki busca a Yujiro Suzuki. No hables con nadie más y dile que yo te envié. Él sabrá qué hacer. 

Días después, Sousuke estaba listo para partir hacia el oeste. No tenía la menor idea de cómo cumpliría su misión, pero pensó que mientras usara su máscara y se limitara a ahuyentar criminales, no sería demasiado difícil. Decidió dejar a la pequeña ave con Oni para que el hombre no estuviera completamente solo. 

—Sousuke. 

—¿Sí? 

—Gracias. 

El mayor inclinó ligeramente la cabeza en señal de agradecimiento, con los brazos cruzados. Sousuke sonrió ampliamente, se despidió con la mano y partió hacia Ootoki

La noche cayó mientras caminaba y aún le faltaba una ciudad antes de llegar a su destino. Estaba demasiado cansado para seguir avanzando, así que decidió buscar un lugar donde dormir. Encontró un edificio grande y abandonado. Le sorprendió no ver a ningún pandillero o vagabundo en un sitio así, pero supuso que podría compartir el espacio; al fin y al cabo, solo dormiría cerca de la azotea y se marcharía al amanecer. 

El silencio del lugar era inquietante, hasta que escuchó un ruido proveniente del techo.

Sousuke reaccionó de inmediato y corrió hacia las escaleras que llevaban a la azotea. Cuando llegó arriba vio una silueta de pie en el borde del edificio, mirando hacia el vacío. La persona estaba a punto de saltar.

—¡NO LO HAGAS! 


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#drama #light_novel #spanish #magic_items #Yakuza #youth #spanish_novel #hurt_comfort

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Version Novela del comic The Heaven's Beasts (este es el canon definitivo)
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