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String Woods - ESP - Por Blackcatsays

Capítulo X: Hilos y Astillas

Capítulo X: Hilos y Astillas

Apr 11, 2026

I

Vi la hora: las 6:12 a. m. Llevábamos demasiado tiempo allí y las demás debían de estar a punto de levantarse. Me apoyé en la pared intentando ponerme en pie, pero me resultó imposible; Ruby se había aferrado a mí, haciéndome perder el equilibrio una y otra vez. Sin otra opción, nos empujé escalón por escalón hasta que logramos salir por la puerta. Allí, todavía con ella a cuestas, conseguí enderezarme poco a poco, sintiendo una punzada aguda en el abdomen por tal esfuerzo.

—No te soporto —dije con voz clara.

El pánico me recorrió al notar que la puerta de Rose estaba abierta. Ya estaba despierta.

—¡Ruby! ¡Ruby! —le di un par de manotazos sin soltar el marco de la puerta—. ¡Ayúdame!

—Todos full… energía… —balbuceó ella, perdida en su propio mundo.

Puse a prueba la resistencia de mis rodillas y logré arrastrarla hasta su cuarto. La solté sobre la cama echándole una manta encima. Justo cuando iba a apagar la luz, abrió los ojos.

—Mia… ¿Qué haces tan tarde en mi habitación?

—Ya es de día.

—¿Te perdiste? ¿No te gusta dormir sola? —preguntó adormecida.

—¿Qué hacías tú en mi escalera?

—No inventes cosas. Acabas de verme despertar aquí.

—Esto es ridículo —murmuré.

—Ven acá —pidió ella, dando palmaditas en la sábana—. Siéntate.

Me daba igual que mi molestia fuera evidente para ella. Iba a irme pero, ahora que la conozco más, sé que si quería terminar con esto, sólo tenía que hacerle caso y sentarme al borde del colchón, rápido.

—¿Cuál te gusta más? —preguntó con los ojos entreabiertos.

—¿Qué? —La pregunta me puso incómoda de inmediato.

—¿No sabes todavía? ¿Es una decisión muy difícil? —Rió entre dientes.

—¿Cuál me gusta más de qué, Ruby?

—De ellas —dijo, señalando sus guitarras—. De las historias que te conté hoy, ¿cuál fue la que más te gustó?

—La de tu maestro fue la más interesante —respondí, intentando disimular mi desconcierto.

—¿Verdad que sí? —Ruby sonrió y saltó de la cama de un golpe para tomarla—. Ten, te la voy a prestar.

Observé el instrumento con duda, pero ella se adelantó:

—No, no. Nunca se rechaza un instrumento que un amigo músico te ofrece. Mi primera lección para ti es que toques las cuerdas para irlas conociendo. —Comenzó a acomodarse de nuevo bajo las cobijas—. La textura, el sonido, la vibración… todo lo que logres percibir de ella, me lo cuentas después.

Terminé aceptándola. Las marcas del paso del tiempo sobre la madera captaron mi atención.

—Si no te vas a quedar aquí conmigo, puedes irte —agregó, arropándose hasta la nariz.

Ya estaba por cerrar la puerta cuando gritó:

—¡MIA! ¡Por cierto! Recuerda ponerla siempre en vertical. Es muy delicada y odia estar horizontal.

Al cerrar su puerta, revisé una vez más la puerta de Rose y estaba exactamente igual. No había entrado o salido. Por hoy estaba a salvo, y podía huir al ático.

Esta vez, los escalones hacia mi cama se me hicieron menos largos. Me senté adoptando una postura como si supiera lo que estaba haciendo, y dejé que mis uñas acariciaran las cuerdas.

—Tiene un sonido agradable —susurré, mientras mis dedos jugueteaban con la vibración de los hilos metálicos, cortando cada nota.

En la calma de mi espacio, el sueño me golpeó de forma incontrolable. Coloqué la guitarra en el soporte plástico junto a mi cama y, como cada día desde que llegué a la residencia, me derrumbé. Tuve un sueño profundo y pesado, de esos que prometen dejarte renovada. O al menos pudo ser así, hasta que un sonido hueco y estruendoso me hizo caer de la cama.

—No puede ser… — Me helé al entender que el ruido fue un choque de madera. 

Corrí hacia el instrumento, y entonces se cortó mi respiración. El mástil estaba separado del cuerpo y la base se veía astillada. Lo más extraño era que el soporte estaba intacto; lo que había pasado no tenía ninguna lógica.

—¿Cómo pasó esto? ¿La puse mal? ¿Qué voy a hacer? —Me desplomé en la cama, cubriéndome la boca con las manos.

Traté de controlar mi respiración, pero el aire me quemaba la garganta y el pulso me retumbaba en los oídos.

—¡Alan! ¡Él toca la guitarra! —Le marqué desesperada. Escribí al grupo donde él estaba, envié fotos, mensajes de voz, de texto ¡de todo!. Solté el teléfono, mareada por el estrés, e intenté unir los pedazos astillados que se me resbalaban por el temblor de mis manos.

—No sé qué hacer…

La alarma para mi clase empezó a sonar y, a los pocos segundos, llamaron a la puerta. Escuché el chirrido de la bisagra al abrirse.

—Mia, ¿estás lista? —Era Luna.

II

Luna era rápida y silenciosa como un espectro; sus pasos nunca se escuchaban. De pronto la veías en un lugar y, al segundo siguiente, ya la tenías respirándote en la nuca. Por eso, cuando entró, colapsé. Para cuando iba a responderle el saludo, ya casi la tenía a mi lado.

—Creí que no estarías despierta. ¿Puedo subir? —preguntó cuando ya iba por la mitad de la escalera—. ¿Lograste dormir algo?

—¡Sí! —respondí, terminando de esconder la guitarra bajo la cama con los pies—. Espera… un segundo…

Empujé los restos con una última patada y extendí el edredón para tapar el escondite. Luna no me descubrió solo porque se enfocó de inmediato en los libros que tenía en una repisa en la pared opuesta.

—Acogedor —dijo ella, enderezando uno de los cuadros que estaba inclinado—. ¿Esta es tu selección de… —se detuvo frente a mis mangas eróticos— …literatura?

Me interpuse entre ella y la repisa, ocultando los títulos con mi espalda.

—¡Los libros están en otra parte! —exclamé, pero Luna ni me escuchó. Ella seguía analizando cada lomo de mis mangas con una sonrisa inexpresiva.

—Ah... entonces tienes muchos más... —respondió sin dejar de sonreír—. ¿Quieres que vayamos a mi estudio o prefieres quedarte aquí?

—No... sé…

—Muy bien —dijo tomando uno de los tomos y sentándose en mi cama—. Tienes un gusto curioso —comentó viendo el reverso—. El azote de la verdad —leyó en un tono serio.

La pena le ganó al miedo por la guitarra. Capaz creería que era una depravada, o que era infantil, o que estaba necesitada; quién sabe qué pasaría ese día por esa mente tan rota. Solo recuerdo que, tras un pestañeo, me miró sin parpadear más. Se quedó en silencio, ladeando un poco la cabeza mientras sus suaves y finos cabellos negros caían por su hombro. Fue un instante eterno; inhalé hondo e involuntariamente contuve la respiración hasta que ella, como si nada, continuó con lo que decía:

—Voy a empezar de una vez para que podamos terminar temprano —dijo, tendiéndome un cuaderno—. Estas son mis notas de la academia, échales un vistazo.

Dejando el tomo a un lado, cruzó las piernas, apoyando las manos sobre su rodilla.

—Mia, algo que tienes que cuidar es tu transparencia. Tus debilidades se notan mucho y, para el público, no puede haber un flanco débil.

—Si puedes verlas tan fácil, nombra una.

—Retas cuando estás asustada. Lo acabas de hacer ahora mismo, y lo que intento saber sin que me digas es qué te pasa hoy. Es como un juego, ¿ves?

Un juego...

Abrí sus notas para desviarla del tema. No eran ordenadas como imaginé; había dos tipos de letra, muchos espacios en blanco y dibujos pequeños. Ni siquiera estaba lleno.

—¿Qué tengo que leer de aquí?

—Anoté lo que me importaba en su momento; léelo todo, es poco —se paró para inspeccionar los libros sobre el escritorio—. Enfócate conmigo en la práctica, la teoría no sirve de mucho en el escenario.

Con la madrugada que tuve, olvidé por completo que ella vendría. No acomodé mis cosas y encontró mis discos originales de Nappoky con todas las postales y los álbumes de fotos. Los tomó y empezó a verlos uno a uno con meticulosidad.

—Quiero que te repitas esto todos los días —no dejaba de mirar las fotos—. En esta industria no gana la que tiene más aguante, o el peor carácter, sino la menos vulnerable. Apenas huelen el miedo, te vuelves carnada para otras.

Le estaba prestando atención, aunque estaba distraída tratando de arrimar con el pie el mástil que todavía sobresalía un poco debajo de la cama.

—La actuación es como cualquier otra manipulación —continuó ella—; le muestras a personas que no conoces a alguien que no existe, y ellos no saben que lo necesitaban hasta que te ven. Si lo mezclas con la música, mueves los hilos de sus sentimientos, haciéndolos viajar en el tiempo. Al futuro, al pasado, al presente... Nadie está ahí realmente cuando oyen nuestra música.

—Hm... —No había pensado nunca en eso.

—El concierto comienza, nos toman fotos, nos miran un rato y, a las pocas canciones, si no hacemos algo, se les pierde la mirada —siguió ella—. Los hilos de la música los llevan a otro momento de sus vidas: recuerdos, ilusiones, tristezas. Los que se quedan por completo son una minoría muy exigente y, para ambos grupos, no podemos fallar. Para que esta "magia" funcione, tienes que mantenerlos a todos contigo al mismo tiempo y eso… —entrelazó los dedos, respirando grueso— eso no es solamente pararte a tocar bien.

—¿Debo anotar eso?

—Está escrito por ahí —respondió, agitando los dedos despectivamente hacia el cuaderno.

—Los conciertos son para mí un purgatorio del talento —continuó—. Una sola nota mal tocada arruina tu trabajo y el de tu grupo hasta por años; es difícil recuperarte socialmente de eso. Es tan fatídico como volverte viral por caerte en una pasarela.

—Si te preguntabas qué me tenía tan asustada, puedo repetirte lo que me acabas de decir varias veces hasta que me entiendas.

La hice soltar una carcajada. Se sentó a mi lado, rompiendo la distancia segura entre nosotras.

—No va a pasarte nada —dijo con un tono más suave—. Se supone que estoy aquí para que nadie se aproveche de ti.

Sentí su mano abrir la mía y poner en ella mi teléfono.

—Quiero que guardes y detalles después los videos que te voy a mostrar.

Asentí, muda.

—La regla número uno es que no te imagines fallando.

—No lo había hecho hasta que me lo dijiste —bromeé para aliviar la tensión que ella, cada vez que podía, alimentaba.

—Busca el canal de EOS.

—¿No prefieres hacerlo tú? —pregunté, acercándole el teléfono.

—Minimizamos el uso de dispositivos para cuidar nuestros ligamentos.

—¿Andas con Ruby, que tiene fundida la mano al teléfono?

—Eso... es demasiado complicado para que yo te lo explique ahora. Tendrás que verlo tú misma —rió, viendo cómo desbloqueaba la pantalla—. ¿Qué es eso? —preguntó curiosa, señalando mi desorden de iconos.

—Ah... son juegos... —inhalé fuerzas.

—No te conformas con solo leerlos, también tienes que jugarlos —comentó, intentando leer los títulos de mis novelas visuales—. Castigo Nocturno... Vecinos con Derechos... Mándame una Foto... El diván roto…

Abrí el navegador a toda prisa para que dejara de leer.

—Busca el solo de Alice en nuestro último concierto —me ordenó.

Empezamos a verlo y, a poco de comenzar, me pidió que lo detuviera.

—Detenlo ahí, mira su cara. Acércalo a los ojos.

Hice zoom. Sus cejas se arquearon desviando la mirada un milisegundo.

—¿Sabes por qué hizo eso? El viento pasó la página y tuvo que tocar el resto de memoria porque el atril estaba demasiado lejos de ella. No prensó bien la partitura y Marlene la reprendió enfrente de todas nosotras.

—¿Quién es Marlene?

—La supervisora de la segunda división en CDC. Si ella dice que no servimos, nos reevalúan. Y si tenemos mala suerte… nos desechan —dijo con total seriedad—. Causarle una mala impresión a ella es lo peor que le puede pasar a cualquiera de nosotras, pero ese no será tu caso.

—¿Cómo estás tan segura de eso?

—Yo te respaldo.

Usualmente me miraba como una femme fatale cada vez que lanzaba uno de esos comentarios; con ese no lo hizo. Probablemente fue de las pocas cosas genuinas que me dijo alguna vez.

—Pon el siguiente —pidió, dándome un toquecito impaciente con el dedo en el dorso de la mano para que me apurara.

Era un video de Ruby. Se veía imponente, con una energía explosiva; ahí entendí toda la virtuosidad de la que se jactaba y por qué tenía tantos cuadros de sí misma. No tenía ni un solo mal ángulo. Nada que ver con la borracha de mis escaleras.

De la nada, una caja gigantesca cayó disparada desde arriba directamente hacia ella, casi dándole en la cara. Ruby dejó de tocar bruscamente para atajarla sin soltar su viola. El estadio quedó en silencio mientras ella, con los ojos muy abiertos, miraba muy lento de un lado a otro.

—Esa cara quedó grabada como un chiste para el resto de su vida; hasta nosotras usamos sus stickers y no me quedan dudas de que tú también los vas a usar, no lo vas a poder evitar —rió con un dejo de pena ajena—. Ruby lo arregló después: agradeció, paró todo y convirtió nuestro gran cierre de fin de año en el unboxing de un cuadro de ella misma. Era un lienzo tan grande que no tuvo que actuar la lágrima que se le salió al verlo.

—Eso... ¿no es una pérdida de dinero en producción? —pregunté, tratando de entender la lógica de lo que hizo.

—Sí y no, porque tuvo tantas visualizaciones que repuso cualquier daño... su caso es especial en todo —volvió a reír.

Luna sonrió con los ojos brillantes. ¿Qué significaba esa expresión? Ni idea. El lazo entre ellas dos siempre fue algo tan profundo como el de dos almas gemelas en conflicto; algo irracionalmente tóxico y, a la vez, hermoso. Y sorprendentemente, no era el único vínculo con esa terrible intensidad dentro de esa casa.

—¿Dónde está seguridad en esos casos?

—Nunca dan abasto, como aquí... ¡detenlo!

Al intentar presionar la pantalla, golpeó accidentalmente el celular y lo hizo caer.

—¡Oh! ¡Disculpa!

Se arrodilló apenada para recogerlo y fue entonces cuando se topó de frente con una de las clavijas de la guitarra. Yo ya estaba cansada de reaccionar; solo apreté la boca y dejé que pasara lo que fuera. Luna sacó el instrumento con curiosidad; sujetó el cuerpo que colgaba tristemente de las cuerdas y pasó los dedos por la madera astillada.

—Ah… era esto —comentó enojada.

blackiexsilky
DreamsLab Atelier

Creator

Nunca se debe rechazar un instrumento que un amigo te ofrece... pero Ruby olvidó mencionar que algunos regalos vienen con una maldición incluida. 🎸💔 ¿Creen que Luna será tan comprensiva como parece o Mia acaba de cavar su propia tumba?

P.D. Si Mia juega "Castigo Nocturno", ya sabemos por qué está tan nerviosa con Luna en su habitación. 👀

#gl #yuri #Girlslove #lgbtq #NovelaRomantica #lesbian #music

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Regu
Regu

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¿Una maldición? ¿Será por eso que tenía muchas grietas? ¿Qué ya se le había caído antes a Rubí ? 😅

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