Eleanor se quedó atrás y continuó atendiendo a los heridos que se le iban acercando, mientras que Daiki y Yadiel se quedarían atrás acompañando a Eleanor. Alana y Caín seguirían a la ratona, no sin antes recibir una afilada mirada de advertencia por parte de Daiki.
Daiki (susurrando): Si no salís en media hora, quemamos el lugar.
Risha giró las orejas al oír la amenaza, pero fingió no haberla escuchado y continuó caminando hacia el fondo del refugio. Mientras Alana y Caín se alejaban, Yadiel intentó entablar conversación con algunos de los refugiados, aunque muchos apenas eran capaces de articular alguna palabra sus gestos eran amables. Daiki por otro lado, se mantuvo en silencio observando con desconfianza cada rincón. Eleanor seguía centrada en aliviar el dolor de los más heridos que se le acercaban, aplicando con cuidado su magia curativa.
Mientras caminaban tras Risha, Alana y Caín observaron el lugar con detenimiento. Caín avanzaba en silencio, atento a cada detalle. Las paredes de piedra húmeda y musgo estaban reforzadas con tablones viejos y placas de metal oxidado, formando así un laberinto. A medida que se adentraban más, el sonido del goteo del agua se desvanecía reemplazándose así por el eco de sus pasos y el murmullo lejano de la comunidad oculta.
Alana no podía evitar preguntarse cuántas personas vivirían allí abajo, escondidas del mundo exterior. Risha por su parte, mantenía un paso firme, sin molestarse en mirar atrás.
Risha: Antes de que hablemos… quiero saber algo.
Se detuvo de pronto, girándose para encarar a ambos con la mirada seria.
Risha: ¿Por qué os interesa tanto el símbolo? ¿Qué ganáis con esto?
Alana cruzó los brazos, pensando su respuesta. Hasta ese momento, nunca se había hecho esa pregunta de forma consciente. Solo sabía que estaba ayudando a la gente, tal y como su maestra le había enseñado. Aquellos niños con la mirada perdida, aquellas desapariciones… todo eso le había recordado de alguna manera como ella empezó su camino.
Alana: Buscamos ayudar. Ya sea por bondad o por los valores que cada uno de nosotros, cada miembro del grupo tiene sus motivos. Pero todo se resume en lo mismo: queremos hacer lo correcto. Y para eso necesitamos entender qué significa ese símbolo, y él porque está conectado con tantas cosas extrañas.
Caín asintió levemente.
Caín: Ella tiene razón. Desde hace tiempo se reportan casos extraños en la ciudad. Siempre me llamaron la atención, pero nunca pude hacer nada. Ahora tengo la oportunidad de proteger mi hogar y cualquier pista que pueda ayudar será completamente bienvenida.
Risha entrecerró los ojos, estudiándolos con cautela. Tras unos segundos más, suspiró y retomó el paso.
Risha: Si lo que decís es verdad… os estáis metiendo en algo muy peligroso.
Finalmente, llegaron a una pequeña cámara iluminada por velas. En el centro había un par de mesas de madera vieja y deteriorada. Sobre una de ellas descansaba lo que parecía ser un mapa completo del sistema de alcantarillado de la ciudad.
Risha se giró hacia ellos y apoyando ambas manos sobre la mesa.
Risha: Os contaré lo poco que sé… pero lo que se diga aquí, se queda aquí. No quiero a gente de arriba husmeando.
El silencio cayó sobre la habitación. Alana y Caín se quedaron quietos, atentos, con los ojos fijos en el mapa. Risha tomó aire… y comenzó a hablar.
Risha: Toda la gente que visteis ahí afuera... somos víctimas como os comenté antes. Fuimos sacados de nuestras casas, de nuestras aldeas y ciudades, despojados y alejados de nuestras familias. Todo para convertirnos en los experimentos de un loco alquimista. Un hombre despiadado que solo nos veía como un número más en sus experimentos.
Ese símbolo no es solo una marca. Es una firma que él y su equipo usan para guiarse, para señalar lo que les pertenece. Aquello que lleva esa marca puede ser reclamado por ellos en cualquier momento. Tengo entendido que la marca no es únicamente visible... también es mágica. Yo no poseo habilidades mágicas, pero algunos de los que lograron escapar pueden sentirla. Por eso huimos. Por ese mismo motivo nos escondemos aquí. La ciudad es lo suficientemente ruidosa y grande para que sea difícil que nos encuentren aparte de que parece ser el único lugar donde por ahora parecemos estar a salvo de aquellos monstruos.
Caín la miró con sorpresa, y habló con calma.
Caín: ¿Entonces vosotros tachasteis los símbolos que hay en el túnel?
Risha lo miró, y por un instante, un destello de miedo cruzó sus ojos.
Risha: No… nosotros no lo hicimos. Como pudiste ver aún nos buscan, pero esta vez, no es para devolvernos allí…
Somos muchas las víctimas de ese lugar, pero antes de nosotros, nadie había logrado escapar. Pudimos salir gracias a que uno de sus experimentos se salió de control. Rompió varias celdas y parte del laboratorio. Fue un caos... y nuestra única oportunidad.
Caín la interrumpió, algo exaltado.
Caín: ¡Pero si llegasteis a la ciudad, por qué no le contasteis esto a la guardia! ¡Podríamos haberos protegido! ¡Podríamos haberos salvado!
Risha le gritó, con rabia:
Risha: ¿Quiénes crees que fueron los primeros en abandonarnos? Tú deberías entenderlo... la mayoría de nosotros somos semihumanos Crees que le importamos a alguien, si ellos pudieran nos dejarían morir. Algunos de los que lograron escapar con nosotros eran humanos solo que quedaron deformes por los experimentos ¿piensas que les harán caso? ¿Crees que se preocuparían por monstruos como nosotros?
Caín bajó la mirada. Las palabras de Risha parecían haber tocado una fibra sensible en él.
Alana: Bueno... tenéis razón. Pero al norte hay una ciudad que acepta más a los semihumanos porque no ir allí puede que os protejan más.
Risha: Si te refieres a NewHeaven. Lo sabemos algunos vienen de allí y ya lo habíamos considerado… pero hay muchas razones por las que no podemos ir.
Caín: Podemos intentar ayudaros a llegar. Son unos días de viaje, pero...
Risha soltó un suspiro, interrumpiéndolo.
Risha: Pero... ¿qué? La condición de algunos no aguantaría el trayecto. Además, como dije, algunos refugiados vienen de los alrededores de esa ciudad… y ya nos atacaron una vez allí. Eso la convierte en un lugar inseguro.
Alana: Espera un momento. Antes dijiste que no habíais tachado las marcas de estas cloacas y que aún os perseguían. ¿Eso no significa que, tarde o temprano, os encontrarán aquí también?
Risha: Sí. Por eso modificamos las cloacas. Eso nos da tiempo a recuperarnos y pensar a donde podemos escapar. Pero como dije antes… ir a esa ciudad sería volver a ponernos en peligro. Fueron algunos guardias de la iglesia quienes nos vendieron a ese loco. Si no hemos pedido ayuda, ni la queremos, es por los hilos que se mueven desde ahí. Decidme si no… ¿por qué esos chicos de los que me hablasteis antes murieron tan repentinamente?
Caín permaneció en silencio. Parecía no querer creer del todo las palabras de Risha, porque aceptarlas significaría empezar a dudar de todo lo que había creído a lo largo de su vida.
Risha: Veo que ya empezáis a daros cuenta de la situación. Nosotros aguantaremos lo que podamos. Igual, si de verdad queréis ayudarnos, estaría bien que la curandera viniera de vez en cuando. Antes pareció aliviar mucho el dolor de aquel muchacho.
Alana: Podríamos hablarlo con ella creo que puede ser lo mejor por el momento…
Caín interrumpió a Alana con una voz suave pero firme.
Caín: Solo tenemos que encontrar a aquellos que corrompen la iglesia, ¿no es así? Si la limpiamos podemos ayudaros.
Miró fijamente a Risha, pero ella soltó una carcajada amarga.
Risha: Ja. Lo dices como si fuera tan simple. Admítelo, chico: al final, eres como nosotros. Sabes que nuestra voz no es valorada y mucho menos como para que se abra una investigación por nuestra causa. La gente que mueve los hilos está por encima de ti, y pongo en duda que la iglesia siquiera permita que alguien como tú empiece a buscar. Solo cuídate de no acabar como nosotros.
Caín: La iglesia no tiene por qué enterarse de que os queremos proteger. El grupo que me acompaña está formado, en su mayoría, por personas ajenas a la iglesia. Dejadnos ayudar.
Dijo Caín con determinación. Risha lo miró a los ojos. En su mirada vio sinceridad, y una voluntad difícil de romper. Finalmente, asintió.
Risha: Muy bien. Intentadlo. Veamos quién gana primero… ¿ustedes o el tiempo?
Con esas palabras, se levantó, dando por terminada la conversación, y comenzó a caminar de regreso hacia la comunidad. Alana le dio unas palmaditas en la espalda a Caín. Sabía que acababa tomar una gran responsabilidad en sus hombros, y ese pequeño gesto fue su forma de recordarle que no estaba solo.
A medida que se acercaban el murmullo de la comunidad se volvía cada vez más fuerte. Pero no eran gritos ni alboroto... eran risas, voces alegres. Risha frunció el ceño, aceleró el paso y, al llegar, se encontró con una escena que no esperaba.
Yadiel había organizado un pequeño juego en el que los adultos apostaban huesos en forma de fichas, mientras Daiki en un rincón había creado juguetes improvisados con trozos de metal y madera para los más pequeños. La hostilidad inicial de aquella comunidad pareció desaparecer, y cambio a una efímera, pero sincera alegría. Muchos ya sin sus capas mostraban sus deformidades y cicatrices al aire sin miedo.
Risha se detuvo, y una pequeña pero suave sonrisa, apareció en su rostro.
Alana: Gracias por confiar en nosotros. Aremos todo lo posible para ayudaros.
Dijo Alana, apoyando una mano en el hombro de la ratona. Risha no respondió, pero su expresión era más que suficiente.
De repente, unos niños corrieron hacia Caín, visiblemente curiosos. Uno de ellos, con un muñeco de madera en la mano, preguntó con inocencia:
Niño 1: ¿Tus orejas pinchan?
Caín algo sorprendido, miró a Alana, luego a los niños, y sonrió. Se agachó, inclinando la cabeza.
Caín: Puedes tocarlas si quieres.
El niño emocionado, lo hizo con una mezcla de temor y entusiasmo. Un segundo niño, más tímido solo miraba la espada de Caín con los ojos brillando de admiración. Caín notó su atención y sin decir nada, desenvainó con cuidado la hoja y se la mostró, manteniéndola lejos de los niños, pero lo suficiente para que pudieran admirarla.
Pronto más personas se acercaron a hablar con Caín y Alana. Mientras Yadiel continuaba con sus apuestas, otros seguían pidiendo a Eleanor que les revisara, y algunos simplemente observaban a los forasteros con una mezcla de esperanza y respeto. Risha mientras tanto observo en silencio cómo, por primera vez en mucho tiempo, aquel rincón olvidado bajo tierra parecía respirar algo de esperanza.
El tiempo pasó rápido. Alana incluso les regaló uno de sus espectáculos, impresionando a niños y adultos por igual con su música y cuentos. Y cuando menos se lo esperaron llegó el momento de volver a la superficie. Cargaron a Eleanor quien había quedado agotada debido a usar tanta magia quedándose dormida en el lugar, así que Caín la llevó de vuelta cargándola en brazos.
Cuando subieron, se dieron cuenta de que el sol ya se había puesto, decidiendo así ir directamente a la taberna, donde descansarían y al día siguiente, hablarían con calma de todo lo ocurrido y sus nuevos descubrimientos.

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