El sol entraba por las ventanas como cada mañana, iluminando los rostros cansados del grupo. Alana jugueteaba con su cuchara mientras Yadiel bostezaba sobre su desayuno. Daiki comía tranquilamente su gran plato con calma.
Caín entró tranquilamente tras volver de dar su reporte y se sentó junto a ellos. Su armadura ya no tenía ese olor a cloaca, y de todos ellos parecía el menos cansado.
Yadiel: Oye, ¿y dónde está Eleanor? Ayer no la volví a ver desde que llegamos.
Alana: Estaba cansada. Usar tanta magia la agotó. Seguro sigue durmiendo.
Caín (mirando a Daiki y Yadiel): Me sorprende que aguantara tanto tiempo. Vosotros dos deberíais haberla parado.
Daiki: Yo no sé de magias. No me mires así.
Yadiel: Lo intentamos, pero no quiso escuchar.
Wilbur se acercó tan serio como siempre y con una carta en mano.
Wilbur: Oye, niña. Cuando se despierte tu compañera, dale esto.
Le entregó a Alana un sobre sencillo, sellado con una fina cuerda en lugar de cera. Esta revisó el sobre con curiosidad. No tenía remitente, solo unas manchas de barro seco en una esquina.
Alana: ¿Quién la trajo?
Wilbur: Un mocoso del campo. Dijo que era urgente.
Daiki arqueó una ceja.
Daiki: Nada bueno viene en sobres urgentes.
Por las escaleras bajaba justo a tiempo Eleanor con un rostro cansado, aún no se había repuesto de usar tanta magia el día anterior, lo que le hacía tener unas ojeras algo visibles.
Alana: Vaya, justo a tiempo. Tenemos algo para ti. Dicen que es urgente.
Esta se sentó con paso cansado en la barra donde estaban sus compañeros y abrió la carta con dificultad. Al romper la cuerdita, una hoja arrugada cayó sobre la barra. La letra era temblorosa, como escrita con prisa:
"Eleanor, mi amor, si puedes ven a casa. Algo raro pasa en el pueblo. Varios están empezando a enfermar y no sabemos por qué. Tu hermana está empezando a mostrar síntomas. No ha dormido en tres días. Tenemos miedo. —Con amor, Mamá"
Los ojos de Eleanor se abrieron y todo rastro de sueño se desvaneció.
Alana: ¿Estás bien? ¿Qué ponía la carta?
Eleanor: Tengo que irme ahora. Lo lamento, chicos, pero yo...
Parecía que se estaba poniendo cada vez más nerviosa, a punto de levantarse corriendo, pero Alana le puso la mano en la espalda para calmarla.
Alana: Espera un momento y explícanos.
Eleanor, con un leve suspiro, se preparó para hablar:
Eleanor: Desde hace semanas se escuchaban rumores de desapariciones alrededor de Kimas, y contacté a mis padres para saber si se encontraban bien y si habían visto algo raro.
Daiki: ¿En tu pueblo también desapareció gente?
Eleanor: No, hasta donde me contaron, por suerte no desapareció nadie, pero parece que varios están cayendo enfermos. No puedo ignorar a mi propia familia. Por eso tengo que irme cuanto antes a ver si puedo ayudarlos.
Caín: Aún no hemos hablado de lo que descubrimos ayer. Sería bueno hablar primero.
Alana: Eso podríamos hablarlo de camino a su pueblo. Si ha habido problemas, sería bueno revisar ese lugar también. Quién sabe, igual vemos algo más.
Yadiel: No veo problema. Igual podríamos viajar un poco para descansar.
Daiki: Si, descansar un par de días tampoco nos vendrá mal.
Wilbur, que escuchó gran parte de la conversación, les propuso algo:
Wilbur: Si mal no recuerdo, tu aldea tenía muy buenas botellas de vino.
Eleanor: Sí, tengo entendido que los nobles las compran mucho.
Wilbur: Si vais a estar ahí, conseguidme un par de botellas. Os pagaré bien.
Alana: Claro, Pero porque tanta insistencia lo podríamos intentar. Muy bien, entonces, ¿todos a favor de ir?
Todos asintieron, menos Caín.
Caín: Yo aún tendría que hablar con la iglesia. No puedo dejar mis labores como si nada. Y menos tras en el enfado del padre
Wilbur, que vio al muchacho dubitativo respondió con calma: Diles que vas a hacer un trabajo para mí. Si preguntan yo les diré que pedí tu ayuda directamente. Esas botellas son bastante caras así que esa puede ser parte de vuestro pago. Para que no sospechen, os daré el carro. Solo no os tardéis mucho en volver. Lo máximo que podéis tardaros son dos días.
Yadiel: Vaya, no desperdicias una oportunidad enano.
Wilbur (con una sonrisa): Así van los negocios, muchacho.
Alana: Bien, entonces saldremos ahora para volver lo antes posible.
Caín: Gracias, Wilbur.
Wilbur: No pasa nada. Solo volved pronto.
Tras esas palabras, el grupo se preparó dejando cada uno sus cosas en orden, y partieron hacia la aldea de Eleanor.

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