Todo comenzó con un acuerdo.
Tres reglas claras: solo contacto físico en público, nada de sentimientos y no hablarse fuera de la mentira.
Si alguna se rompía, todo terminaba inmediatamente.
Para él, fingir una relación era más fácil que enfrentarse a su pasado. Después de una historia marcada por manipulación y violencia, confiar ya no era una opción.
Pero cuando las sospechas sobre su mentira los obligan a convivir más de lo previsto, las reglas comienzan a tambalear.
Entre miradas que duran demasiado y caricias que ya no parecen actuación, la línea entre protección y amor empieza a desdibujarse.
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