A medida de que mi entorno cambiaba, me encontraba aún más perdida en la oscuridad. Más allá de lo que podía apreciar, solo había nada, un vacío del cual nunca escaparía.
- Oye… ¿Estás despierta?- Una voz se escuchaba al frente mío, tratando de comunicarse conmigo. Abrió los ojos para ver a aquella persona, que resultaba ser otro niño…
- Disculpa, es que he notado que estaba aquí sola. Queríamos saber si querías jugar con nosotros a la pelota. Apuntaba con la mirada a un grupo de niños esperando que se les uniera para jugar. Con confianza le hablaba, pero simplemente seguía mirando fijamente con una mirada vacía.
- Entonces, ¿Qué dices? ¿Te animas… eh?
Apenas se da cuenta que ella tiene unos ojos grises sin brillo y sin mostrar algún interés hacia su juego. El niño comenzó a alejarse poco a poco, con una expresión de miedo por la mirada fría que transmitía la niña.
- Está bien, te dejo tranquila… que miedo *susurrando*.
Sin tener éxito, se alejó y se dirigió nuevamente al grupo que lo estaba esperando.
Sentada en la sombra, con la espalda pegada en la pared, miraba como jugaban con aquella pelota de porcelana que les habían regalado. Desde sus ojos sin brillo y una expresión melancólica, como era que jugaba con esa pelota, y la sonrisa dibujaba en sus rostros al hacerlo.
- Alma, ¿Qué estás haciendo aquí tan sola?
Sin darse cuenta, llego una mujer joven, con ojos de zafiro y pelo largo de color Amarillo pálido. Siempre cuando ella se perdía o se mantenía demasiado oculta, ella iba a buscarla sin cesar, y por una extraña razón la lograba encontrar a pesar de ocultarse a la vista.
- Señorita Ingrid… - Con voz baja.
- Que bueno encontrarte, no apareciste en el comedor esta mañana. Me imagino que te ruge el estómago.
No tengo hambre, señorita Ingrid…- Con voz baja aun.
- Mm… lo dices sí como si nada, pero su estómago no está de acuerdo.
Ella ignoraba el hambre, aunque diga que no tenía hambre, su cuerpo decía lo contrario. Se notaba que no había comido nada por el sonido atroz que generaba su estómago, hasta el punto que la Señor Ingrid la escucha bastante bien.
- Mm… - Con un tono serio. - Alma, levántate y acompáñame. Te había dicho muchas veces que no debes de desaparecer de esa manera.
- Mmm…
Simplemente asentía con la cabeza lo que la señora Ingrid mientras caminaban juntas al comedor. Conocía bien su forma de hablar y la manera de perder la paciencia, para todos era una persona dulce y cariñosa. Alma no entendía la razón del porque se preocupaba mucho por ella, aunque con sus defectos y ser diferente al resto de los niños.
- Te pido por favor que no te escondas. Se me hace difícil poder encontrar, además de también atender a los otros.
- No tenía muchas ganas de comer, Señorita Ingrid.- Con la voz baja.
- Aunque no tengas ganas o no, el cuerpo necesita de nutrientes para seguir funcionando. De una u otra forma, nuestro cuerpo necesita de energía, no es un hábito que podemos ignorar.
- Mi cuerpo no funciona así…
-No digas eso, ¿vale?
A pesar de los defectos que presentaba Alma, no dudaba en corregir en la manera que veía en su entorno, no fue fácil para ella, y siguen siendo un reto para Ingrid. Sin embargo, conocía su desconexión con todos, algo que ella sabía con certeza.
Una niña pequeña que expresa una gran melancolía en sus ojos, trata de buscar un sentido en su vida mientras pasaba por varias etapas de su mente. Hasta que uno dia conoce alguien que poco a poco va ayudandola a florecer su corazon.
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