Después de un rato caminando, sin que Alma se le escabulló en el camino. Llegaron al comedor donde en uno de los mesones había un plato de estofado con un pan al lado y un vaso de jugo de compañía. La señora Ingrid había preparado todo para ella, teniendo en cuenta que no había comido nada desde la mañana, Alma la miraba confusa debido que el estofado se había terminado por lo delicioso que estaba para los niños, lo que le sorprendió que haya podido guardar un poco para ella.
- Fue difícil guardarlo, es día de estofado de conejo por lo que nadie se resiste.
- Mmm…
A pesar de que fuera hoy que cocinaron este estofado muy querido para los niños del lugar, nunca le gustó la idea de estar aquí. El comedor era bastante grande, pero en segundos se llenaba por completo de niños, el orfanato cuidaba a varios que permanecían viviendo en las calles, en el caso de ella. La habitación estaba bien adornada con varios recortes y dibujos de diferentes niños, algunos de animales, paisajes, e incluso el mismo orfanato, los sueños que cada uno tenía en los dibujos.
Sin embargo, Alma no entendía la razón de los dibujos, los miraba con curiosidad todas las veces que estaba en el lugar, y no solo el comedor. Las paredes, los pasillos, incluso las habitaciones tenían esa decoración, incluso su habitación, generando un ambiente extraño para ella.
- Alma siéntate aquí. - Abriendo un poco la silla para que ella se sentara.
-Bien…- asintió con la voz baja mientras se sentaba en la silla con el estofado al frente suyo.
Mientras tomaba la cuchara para comer el estofado, se fijó que la señora Ingrid se sentó al lado suyo. Ella sabía que tenía una lista de tareas que debía hacer, no comprendía porque estaba sentada a su lado.
- Señorita Ingrid, ¿No tiene algo mejor que hacer? - Preguntando y mirándola fijamente con un tono directo.
- ¿Por qué lo preguntaste? No puedo dejarte sola comiendo. - Diciéndole de manera simpática y comprensiva.
- Usted debe atender a otros niños. No pierda el tiempo conmigo.
- Descuida, hay otras personas que se están encargando. Además, me gusta estar contigo. - Con una sonrisa dibujada en la cara.
- Mmm… - Soltando un pequeño suspiro mientras llevaba su cuchara llena a la boca.
Ingrid sabía que Alma era de esos casos especiales entre los niños, y uno muy difícil de manejar. Tenía poca empatía a los demás, indiferente con todos incluso lo que la rodeaba, mantenía esa expresión vacía desde que llegó y no hubo forma de cambiar esos ojos fríos que llevaba todo el tiempo.
También entre otras observaciones que Ingrid llevaba anotada en su mente, era la falta de cuidado en su persona. Alma llevaba un cabello oscuro lleno de caspa encima, su pelo llegaba hasta los hombros y destacaba con un mechón largo que cubría su nariz. Su piel era blanca como la nieve por la poca luz del sol que ella recibía, debido que pasaba la mayo tiempo escondida en las sombras. A pesar de su descuido, la ropa con suerte se la cambiaba, aunque usaba la que más ocultaba su piel, en esta época del año donde hacia mas calor, ella seguía usando un chaleco azul marino que la cubría por completo, sus manos las llevaba vendadas al igual que las piernas, usa una falda rosado que Ingrid le había dado, pero era bastante larga que cubría casi los pies.
- Alma, ¿Qué te parece el estofado? ¿Está rico, no?
- No lo sé…
Alma llevaba con pocas ganas la cuchara llena a la boca, ni siquiera la soplaba para enfriar un poco el estofado. El estofado de conejo era un platillo muy rico, todos del orfanato quedaban emocionados y con una alegría por sabor y el aroma que desprendía, pero ella no se mostraba alegre, seguía con la misma expresión indiferente a pesar del sabor indescriptible del estofado.
Una niña pequeña que expresa una gran melancolía en sus ojos, trata de buscar un sentido en su vida mientras pasaba por varias etapas de su mente. Hasta que uno dia conoce alguien que poco a poco va ayudandola a florecer su corazon.
Comments (0)
See all