- ¡Ya terminé! Ves… ahora si se ve decente tu habitación.- Con un tono alegre y enérgico.
- Whoa…- Diciéndolo de manera sarcástica, pero igual tratando de mostrarse asombrada.
- No fue fácil, así que trata de mantener todo en su lugar, ¿vale?
- Mm… ahora veo porqué la llaman: “La reina de la Limpieza”.
- ¿La reina del que…?
- No, nada. Olvídelo.- Con una expresión sin sentido, dejando pensando a Ingrid por el nombre que la llamó.
- Muy bien…- Caminando hacia Alma.- Ahora podemos hablar, ¿De acuerdo?
- De acuerdo…
Ahora con la habitación ordenada y limpia. Ingrid estiró sus brazos, tomando a Alma de la cintura y levantándola con ambos brazos. Mientras que Alma estaba tratando de asimilar su acción sosteniendo su taza vacía con ambas manos, mientras la llevaba hacia su cama.
- ¿Pudiste saborear el chocolate caliente?
- Yo…- Titubeando de nuevo.
- Solo dilo, no me enojare.
- No… no pude…
- Entiendo.
Llevándola como si fuera una pequeña niña, la deja sentada en la cama, mientras que Ingrid se sentaba al lado suyo, manteniendo una distancia corta con ella.
- Si que creciste bastante. Últimamente estás pesando más que la última vez.
- ¿Estoy gorda?
- No, para nada. Es bueno que estés así.
- ¿Gordita?
- No… bueno, sí un poquito.
- Mm…
Alma no sabía qué decirle ahora que estaba al lado suyo, mantenía su mirada abajo sin que la viera a los ojos. Ingrid sabía que estaba pasando con ella, era el momento donde debía aprovecharlo, sobre todo ese sueño que la dejó así.
- Las píldoras… ¿Te hacen bien?
- No…
- ¿Desde cuándo dejaron de…?
- Hace poco… pero tampoco…
- ¿Tampoco que?
- Mm…
- Bien… Por cierto, Alma, ¿Cómo me ves?
- ¿Cómo la veo?
- Si… ¿Cómo me ves, Alma?
- Mm… yo…
Tratando de mirarla a los ojos, pero en su mirada se mostraba miedo, un miedo ante la respuesta evidente que daría debido a la condición que llevaba encima. Ingrid vio como apartaba más la cabeza para que no la viera a los ojos.
- Alma… - Tomando su mejilla con su mano suavemente, tomando su rostro mirando hacia ella.- Quiero que me mires, por favor.
- Señorita Ingrid…- Mirándola fijamente, pero tratando de evadirla.
Se notaba que su vista no había mejorado a pesar del tratamiento que ella llevaba desde que estuvo en el orfanato. Aunque la intente animar para que la vea, no serviría de nada. Sin embargo, la idea que Alma tenía en la mente, no era a lo que Ingrid se refería exactamente.
- ¿Quieres saber lo que veo?
- Eh…- Sin comprender lo que tenía que ver.
- Veo una niña pequeña, muy pequeña, con unas mejillas suaves.- Frotando suavemente con ambas manos en sus mejillas.
- ¿Pequeña niña?
- Si, una pequeña niña. Tímida y callada. Alguien que no le gusta ver a los demás.
- Mm…
- Pero por dentro tiene miedo. Miedo a decir lo que tiene en el corazón.
Señorita Ingrid…
Al instante, Alma comenzó a subir la cabeza, mirándola fijamente mientras la describe. Cada palabra que decía eran mentiras sobre ella, pero por igual razón no la quiso contradecir. Ingrid noto como poco a poco la comenzaba a prestarle atención, lo que le alegraba saber que estaba funcionando.
- Ahora tu.
- ¿Yo?- Sorprendida ante ella.
- Si, haz lo mismo que hice yo, no es tan difícil. Hazlo, puedes hacerlo.
- Mm… yo veo…
Tratando de buscar las palabras adecuadas, mientras ella la miraba con una sonrisa en su rostro, disfrutando como trataba de buscar la manera de decirlo. Alma quería decirle lo que tenía, pero le costaba buscar alguna descripción de ella, y también forma tan directa de decirlo.
Una niña pequeña que expresa una gran melancolía en sus ojos, trata de buscar un sentido en su vida mientras pasaba por varias etapas de su mente. Hasta que uno dia conoce alguien que poco a poco va ayudandola a florecer su corazon.
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