Mientras que Alma se quedaba en la habitación sola y viendo por la ventana el cielo nocturno. Al otro lado de la puerta, Ingrid se quedó apoyada en la pared, con una expresión pensativa y de amargura, tratando de solucionar en el rato que pasó con ella, pensando sobre sus palabras y en la manera de ir más a fondo con ella. Sin embargo, lo dijo Alma la dejó con una idea incómoda, volviendo a un pensamiento crítico y lógico, porque para ella era solamente una persona más, una cuidadora del orfanato.
El trabajo era lo primero, y el objetivo en ello era solo cuidar a los niños hasta que llegara el día de su partida. Pero viendo como es ella y los meses que la estaba conociendo, estaba claro una cosa, Alma tenía pocas posibilidades de que una familia la adoptara, y es algo que para Ingrid le causaba lástima.
Todos los niños que ha atendido y haber compartido un momento lindo con ellos, a pesar de que la mayoría fueron bebés no deseados por los padres, siendo abandonados apenas recién entendiendo lo que ocurría a su alrededor. En cada uno con suerte se podía ver un brillo de luz que se mostraba en sus ojos y un sentimiento de esperanza ciega de que un día de estos fueran adoptados por una familia que los quisiera de verdad.
Pero había casos especiales, además de Alma, que no fueron fáciles de manejar. Niños que a pesar de darles todo lo que cualquier niño deseaba, con el fin de que cambiaran su actitud o su forma de percibir el mundo, nunca se lograba encender esa luz proveniente de sus ojos, ni tampoco poder generar ese sentimiento de esperanza que todos tenían.
Hubo algunos que sí pudo lograrse, donde el niño podía cobrar el sentido y poder salir adelante. Sin embargo, en otros casos de esa situación no daba el mismo resultado, hasta el punto que ninguna estrategia servía en ellos, incluso llegando a cometer cierto acto de auto lastimarse o también la posibilidad de causarse en un futuro un pecado del cual no poder salir de allí.
- ¿Por qué me preocupo tanto…?
La luz de sus ojos se mantenía distante y sin querer soltó una pregunta que ella no sabía responder. Pero dentro de sí misma, existía un miedo sobre esos casos que no podía ignorar, era como una marca, una cicatriz en el fondo de su alma que no la dejaba tranquila. No sabía si era un dolor, una tristeza… o un simple recordatorio de un pasado no muy lejano.
- Cálmate Ingrid… no pienses en eso. - Sus ojos se endurecieron por un instante. Tratando de olvidar esa idea, se despegó de la pared y se llevó la bandeja con la taza nuevamente a la cocina, con una expresión de tristeza al no lograr entablar una conversación con finalidad. Llevándose consigo una amargura que le costará sacárselo encima.
Sin embargo, su mente no dejaba de repetir las palabras que dijo Alma hacia ella, aunque no fueran personales esas palabras un recuerdo trataba de visualizar en sus ojos, uno trató una infinidad de veces dejarlo en el pasado.
A medida que el cielo nocturno pasaba en un parpadeo, y nuevamente la luz del Sol volvía resplandecer en el cielo. Durante la mañana, caminando tranquilamente en la vereda de la calle, un niño con su uniforme de escuela, cargando su mochila donde llevaba varios cuadernos y libros adentro, con una expresión fatigada por la caminata que tuvo que hacer desde su casa para llegar a su colegio que se encontraba a unas cuadras más adelante.
Una niña pequeña que expresa una gran melancolía en sus ojos, trata de buscar un sentido en su vida mientras pasaba por varias etapas de su mente. Hasta que uno dia conoce alguien que poco a poco va ayudandola a florecer su corazon.
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