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Mirada de Dragón

Angustia por el pasado

Angustia por el pasado

May 24, 2026

Brayan: Hoy los dos fuimos a desayunar con nuestros amigos, los dragones y dos parejas de amigos más. La carne de seis conejos, el café también tienen algo de fruta entre ellas granadillas; no hablamos más que del clima, el cual fue igual que ayer de modo que no fue una conversación larga. Al terminar mi encanto y yo volvimos a la biblioteca, la mansión donde se encuentra tiene cinco pisos hecha de bloques de piedra; el diseño de esta propiedad desentona del resto luciendo casi como un templo tribal; que adentro tiene algunos muebles y decoraciones en madera... el diseño el príncipe lo vio en un lugar apartado del imperio y decidió hacerlo igual. Como notaran este territorio es vasto y tenemos una gran diversidad cultural.
Tras un rato de limpiar volví a mi lectura nada concentrado, es de esos días donde solo puedo pensar en el pasado como en la incertidumbre del presente.
—El tema de las líneas. Pensar que todo es tan simple y complejo. Era mi trabajo soñado. Desarrollar esta magia fue el trabajo de años de estudio, práctica y preparación —lo mencioné con una expresión serena, voz decepcionada y mirando al suelo.
De uno de los bolsillos de mi pantalón tomé con mi mano izquierda, pues soy zurdo, un collar con un prisma el cual activó, mi ojo visible brilla de celeste, este cristal hace que en las palmas de nuestras manos derechas aparezcan unos símbolos hechos con líneas, las mías son azules y parecen un copo de nieve cual miré fijamente. Yo mismo elegí tanto el color como la forma, las de mi encanto son rojas y parecen una llama.
Trato de seguir limpiando ya que no logro interesarme en mis libros, pero no puedo y mi encanto lo nota, veo preocupación en sus ojos, ahora en su situación o nuestra situación, no es capaz de decirme algo.
—Pensar que solo se logró marcar a menos de mil personas… pero sin poder alejarnos de la barrera sin saber qué podría pasar, no hay más que hacer —la tranquilidad de mi voz es falsa, es más decepción, frustración ya inocultable. Ahora la barrera que debía protegernos es también el límite de a dónde podemos ir.
En todo eso tuve el collar en las manos activó, me tomo unos minutos dejar de usarlo y guardarlo. Tras un rato la preocupación de mi encanto solo fue en aumento y me arrastró a los jardines, en el lugar se encontraban varios conocidos ocupándose del lugar de acuerdo a precisas especificaciones.
El jardín es regado por una fuente de agua, impulsada por molinos, que viene de lo más alto de la propia mansión —otro capricho de la esposa de mi príncipe —; cayendo como una pequeña cascada que se convierte en un riachuelo serpenteante.
Los hombres usan camisetas y pantalones de tela, las mujeres usan blusas y faldas largas a los tobillos. Esta situación nos tiene sin poder preocuparnos de moda alguna. No muy lejos hay unas cinco colmenas de abejas, en unos árboles a las que un apicultor está revisando al menos dijo que sabe del cuidado de esos animales.
—Qué bueno es ver como por fin estamos entendiendo como hacer esto. Supongo que es un logro —nuevamente intento sonreír infructuosamente mientras habló, debo verme lamentable. Supongo que pensó mi encanto que necesitaba aire fresco.
Todos me dan la razón con risitas curiosas menos mi encanto proyecta un aire distante, supongo que no desea que los demás noten su preocupación; todos siguen con su trabajo en los jardines en total normalidad.
■■■
Carlos: Algo que me ayuda a distraerme es ir a nadar, vengo a este lago artificial el Pozo Claro desde, según mis abuelos, mi concepción; mis padres lo niegan siempre. Aunque como notarán por el patrón que sigo y mi alta exigencia este no es un nado recreativo aunque podría serlo o de cierta forma lo es. Me gusta estar en forma y como dragón es una obligación, en este momento nadie vendrá a evaluarme, pero no soporto sentirme flácido. Al cansarme y volver a la orilla, además de tener el cabello suelto me encuentro desnudo, no hay nadie alrededor y qué importa. Estoy cómodo así, la ropa estorba al nadar.
Mirando mi reflejo en el agua puedo ver el arete de oro del que cuelga la perla en mi oreja izquierda, en el reflejo también veo a mi izquierda un anciano dragón albino, claro, de cabello corto a los lados de la cabeza, la parte superior está vacía hace mucho, ojos rojos de pupila rayada sin novedad, tez morena; de un metro ochenta centímetros, usando lo que yo tendría que llevar puesto un samue azul oscuro; es decir una camisa y un pantalón tipo kimono, tiene un bastón de un metro de largo de madera castaño claro en cuya empuñadura esta incrustada una piedra esférica amarilla, firme sujeta por medio de una dragonera roja, que es la cinta que sale de cabo de la empuñadura.
—Es duro ser un dragón sin importar donde naces —el anciano habla con una voz que demuestra tanto serenidad como sabiduría, está mirando al agua en vez de a mí. —No crecemos como los otros en ningún sentido. Tardamos un poco más que el resto en madurar mentalmente y nuestro proceso de maduración física es compleja —el anciano movió sus ojos para mirarme, si es un hábito de todos solo mover los ojos. —Tu cuerpo crecerá cada vez más rápido, sentirás y desearas muchas cosas para las cuales no estarás listo en años —quedó en silencio como esperando respuesta un momento.
—¿Por eso no entiendo a mis padres, maestro Didier? —le pregunté serio mirando fijamente el reflejo del agua.
—La verdad es que los padres no suelen entenderse ni ellos mismos… Experiencia —mi maestro Didier me respondió con la misma serenidad, cruzando sus brazos.
Respiro profundamente recuperándome del esfuerzo físico, la imagen de mi maestro permaneció un rato en el agua.
■■■
Brayan: En la zona urbana en un restaurante o quizá un bar, no lo tengo claro, estamos ayudamos con el fuego en un horno de metal mientras los demás prepararon los ingredientes de lo que será una sopa, de pie en una gran y larga mesa. De apoco llegan otras personas para un total de veintitrés, “jóvenes” y “niños”. De apoco nos estamos animando a reunirnos en grupos más grandes.
—Este almuerzo sí que se está demorando. Y vamos a acabar hartos de comer conejo en menos de una semana —con voz tranquila le hablé a todos; tras un momento de silencio pregunté al aire fastidiado —¿Cómo se pudieron descuidar tanto con esas sabandijas?
Todos siguieron preparando el lugar para comer, los dragones fueron los últimos en llegar ella se ha amarrado el cabello dejando ver sus orejas las cuales son largas terminando en punta, y él usa su camisón café oscuro y su bermuda negra holgadas, hoy traen una mirada distante. El almuerzo entre todos es muy tranquilo, hoy no hubo conversación, hasta que alguien murmuro sobre lo que ocurrirá fuera de la barrera y el resto lo mandan a hacer silencio. Luego se habla de la realización de diversas tareas durante el día, como no es raro ni extraño todos respetan a Carlos y Vanesa, no los miran fijamente y se refieren a ellos como《don》y《doña》
Tras comer Carlos fue a uno de los parques dos niveles abajo de donde nos encontramos caminando por un buen rato hasta una pequeña torre de doce metros castaño oscuro con una gran gema o cristal translúcida en su cima, yo muy serio estuve detrás de él durante todo el camino. Sin hacer preguntas o ruido alguno, me limité a seguirlo, después de todo él no me pidió acompañarlo.
—¿Por qué has venido aquí? —algo curioso le pregunté, manteniendo los brazos detrás de la espalda, los tuve así todo el camino.
—Este es nuestro límite debajo de la montaña; solo un par de metros —Carlos me respondió con un tono más suave a lo usual, mirando fijamente la torre.
—Si salimos de este límite seremos presa de los otros. Para nuestra desgracia esta ciudad es también nuestra prisión ahora —le respondí con un tono algo más serio, tocándome la frente con la mano izquierda.
—¿No deseas buscar lo tuyo que está del otro lado? —Carlos me preguntó, bajando la cabeza.
—Sin duda siento un vacío molesto en mí, sin embargo si muero sin obtenerlo no voy a conseguir nada. Aun así ese deseo comprensible e insaciable está presente a cada momento de mi día —alzando la cabeza como si estuviera frustrado le respondí con ese tono apenas serio, mientras terminó de hablar cruzo los brazos.
—Solo queremos recuperar lo que es nuestro, solo que ahora ya no tenemos cómo —Carlos me habló alzando la cabeza mirando fijamente la torre.
—Lo perdimos todo, es tan simple como eso —respirando profundo añadí. —Solo podemos esperar la muerte —tras decir la última palabra volteé la cara a mi lado derecho para no mirarlo.
—¿Será lo mismo para los demás? —Carlos me preguntó volteándome a ver, con cierta seriedad.
—No sabemos qué pasa afuera y puede que peor de lo imaginado —aterrado expuse.
En ese momento Carlos estiró su brazo derecho lo que hizo reaccionar a la torre que se levantó del suelo y cuando este movió los dedos hacia adelante la estructura avanzó lentamente alejándose de nosotros unos centímetros. Esto me preocupa mirando todo atentamente, mientras delante de la estructura va la barrera que incomoda a los conejos y mueve la yerba hasta que algo bajo la tierra se activó generando varias explosiones las que provocaron humo. Asustado y por puro instinto me abalance sobre Carlos tirándonos al suelo, hasta que estas explosiones se detuvieron. Los dos nos levantamos para revisar con cuidado viendo los agujeros que se crearon en unos lugares y como hay clavos y demás cosas enterradas en el suelo como en los conejos muertos o heridos.
Con respecto a las torres estas se encuentran por toda la ciudad, ahora están casi todas en esta área cuando deberían rodear todo Monte Alto uniformemente, la barrera que crean nos protege de una serie de hechizos capaces de afectar la mente de las personas.
—Tengo el corazón helado por la guerra y aun así temo por nosotros —hablé mirando a Carlos, apenas más serio y algo agitado por lo sucedido.
—Así es la realidad. Esto es el resultado de nuestros propios actos —Carlos caminando hacia las escaleras, para volver arriba, dijo más para sí que para mí.
—Incuestionable —le hablé intentando calmarme, mientras lo seguí a solo dos pasos. —Volvamos con el resto al centro —nuevamente coloque mis brazos tras la espalda.
—Será así por el momento —Carlos susurro bajando algo la voz. —No vamos a morir tan pronto y me negaré a ver caer al imperio después de derrotar mi propio terror.
Supongo que no esperaba que yo lo escuchara, un susurro muy leve quizá para darse aliento a si mismo, esto ya me altero y tratar de hacer algo como esto de nuevo, no lo permitiré con facilidad.
El resto de la tarde fue completamente tranquilo, casi en la noche mi encanto ayudo a encender algunas farolas, usando un rubí que tiene incrustada en una pulsera de oro en su muñeca derecha, al activar la joya le brillan los ojos de rojo. No es la mejor hechicera, pero con tanto conocimiento mágico en el imperio el estándar es muy alto. Espero que llegue de pie en la entrada de la casa, me niego a considerar este sitio un hogar, nos saludamos con un beso en la boca y entramos.
■■■
Carlos: En la noche estábamos listos para dormir en nuestras hamacas, todo el día estuve inquieto y en ese momento no era diferente.
—Dime mi hibisco ¿Extrañas a quienes están fuera de la barrera? —la miré con cierta intriga, ahora girando no solo los ojos, la cabeza y el cuerpo.
—Claro que sí —ella me respondió abriendo los ojos y quedándose mirando al techo.
—¿Quieres ir por ellos? —le pregunté como si no quisiera la respuesta que ella me dio.
—Sí, pero tengo miedo de alejarme y no volver. Somos dragones —me dijo tras un breve suspiro, estas palabras la hicieron colocar un rostro de preocupación.
—Yo también temo por nosotros —le dije mientras cerré los ojos. Sospecho que metí la pata al tocar el tema.
Esa noche dormí profundamente, una calma que siento rara vez desde hace semanas. Sin embargo uno de los encargados de la vigilancia esa noche, Ana Luz nos contó al día siguiente algo interesante.
Por si preguntan quién es, bueno, van a identificar a Ana Luz fácilmente usa su cabello castaño en cola de caballo desde que esto empezó, ya no usa trenzas. Maneja arco y todas sus flechas tienen veneno, también se le dan las armas de fuego, pero sabrán que no tenemos pólvora. También podría tener más musculatura, pero se limita a estar en forma.
Contó Ana Luz: Vigilaba bajo la luna llena mientras soplaba la brisa con fuerza, por la torre que Gra... Carlos había movido, vi a una pequeña niña asustada o eso parece al arrastrar una muñeca, estaba sucia y desaliñada. Esta tomó algunos cuerpos de los conejos muertos y se los llevó uno por uno, hasta tres niveles bajo, a una casa de dos pisos donde otros niños apenas más grandes hacían un fuego y los cocinaron de manera bastante rudimentaria. Los cuales comieron desesperadamente, por su aspecto no sería extraño que tuvieran días sin comer. Toda una escena lamentable, por precaución me abstuve de bajar del techo desde donde los miraba.
Tras un rato se escucharon a unos perros, esto los puso en alerta levantándose de donde estaban; estos animales son negros de ojos azules, cuyo pelaje tiene ligeros brillos plateados. Supe en el acto lo que eran esas aberraciones y me indigne al notar la total falta de respeto por las leyes. Esas cosas gomosas que dejan manchas raras a su paso, cuyo brillo molesta la vista.
Al verlos los menores soltaron todo y salieron corriendo, los perros se detuvieron un momento a oler los restos de los conejos, asumo que les ordenaron controlar quienes lo comen, y después siguieron a los ocho infantes quienes corrieron instintivamente hacia la torre teniendo cuidado donde pisan, algunos lugares parecen casi hacerlos tropezar, y solo dejaron de correr cuando estuvieron junto a dicha estructura. Los perros que los siguieron caminado todo el trayecto no cruzaron la barrera, y solo dieron vueltas en círculos hasta que uno activó otra trampa que creo varias explosiones que《mataron》a ese perro, si es que se puede decir de esa manera pues no tiene sangre ni corazón que lata, son pura magia, y los otros huyeron.
Entre la luz del astro de la noche y la luz tenue de la torre vi que estos ocho niños, espero que en verdad no lo sean, pasan por un terrible momento, sentados alrededor de la estructura al aparecer sin saber qué hacer, lo que sus harapientas prendas viejas demuestran es que no tiene poco de esa manera, la preocupación como la angustia era visible en sus rostros; extrañamente todos tienen el cabello muy corto. ¿Qué mentalidad lleva a cortar tan drásticamente una muestra de identidad?
—No esperábamos esto, pero esto es lo que tenemos. Al fin llegamos casi al centro, con suerte nos tendrán piedad —habló uno de los varones, de cabello negro, ojos negros y tez blanca.
Comprendí su situación como sus lamentos, escucharon una voz engañosa llena de verdades a medias e ilusiones pasajeras.
brillythpacheco1005
Lusemi100

Creator

Por si les gusta la ilustración es mía y pueden ver más de mis dibujos en Instagram @lusemi100
Brayan: Cabello azul largo, algo de barba en el mentón, cubre con un parche su ojo derecho, el izquierdo es azul oscuro, tez morena, 1: 62 altura
Ana Luz: cabello castaño en cola de caballo, ojos grises, tez blanca, 1:74 de altura

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