Cuando todos los niños estaban en sus clases hasta la hora de salida. En el orfanato “Hogar Familiar”, que se encontraba no muy lejos de la escuela. En un salón especial que el establecimiento tenía en su interior, se organizaba un evento en donde varios niños eran adoptados por las personas que entraban en la puerta, con el fin de que alguno estuviera interesado en adoptar unos de los niños presentes del orfanato.
El lugar estaba bien decorado con varios juegos infantiles posicionados en diferentes lugares. Los niños aprovechan de disfrutar mientras que varios adultos comenzaban a llegar, también presentes los cuidadores para evitar que los niños más pequeños no se salieran de control.
- ¡Oye! ¡No se vuelvan loquitos! ¡Deben permanecer tranquilos! ¡Oigan!
Tratando de manejar la actitud de los niños al ver todo lo que se estaba festejando en el evento, mostrándose un poco agotada y sin fuerzas para seguir. Desde la mañana que se estaba organizando todo sin descanso, aún más con la noticia que llegó rápidamente a los niños, causando que esta mañana no fuera la mejor de todos.
- Veo que la tienes difícil, Ingrid.- Con un tono sarcástico.- Incluso diría que estás llena de vida.
No me digas…- Con los párpados casi cerrados con ojeras presentes y el cabello desordenado, tratando de ver bien a Matilda.- No he podido dormir… Desde la mañana que he estado manteniendo a raya a los niños.- Con la voz pesada y sin energías.
- Si… lo he notado.- Desviando su vista hacia ella.- Pero no eres la única con los ánimos hasta los suelos.- Con una risa suave incomoda.
- ¿Mm..?
Tratando de abrir más los párpados para ver a qué se refería, y cuando la vio, se quedó un poco impactada al ver a Matilda peor que ella en casi todos los sentidos, pero para ella le causaba gracia verla.
- Oye… ¿Qué te pasó en la cara?- Preguntando conteniendo una risita pequeña a pesar de lo cansada que estaba.
- Pues… es lo que pasa si no manejas bien la salsa picante con buena mano.- Mostrando una sonrisa molesta a duras penas.
Ingrid miraba fijamente como su rostro estaba completamente roja debido a un accidente con salsa picante que estaba haciendo en la cocina para el almuerzo, junto con sus manos y antebrazos teñidos del mismo color de llevaba su cara, además de presentar los mismos signos de fatiga al igual que ella debido que también estaba bien despierta desde muy temprano. Sin embargo, Ingrid disfrutaba verla así después de varias cosas que sucedieron esta mañana, sobre todo con un inconveniente hace poco con algo esencial.
- Creo que te ves muy bien teñida en picante, incluso puede pasar por un tomate gigante si lo deseas.- Con una expresión burlona y con una risita suave al final.
- Sigue riéndote, ya te quiero ver como van saltando tus “frutas” por ahi.- Cruzando los brazos, mostrando una sonrisa maliciosa.
- ¿Como? No entendí.- Abriendo enormemente sus ojos con duda.
Después te darás cuenta, tarde o temprano.- Riendo con manía, mientras que Ingrid trataba de mantenerse en pie.
Mientras Matilda dejaba pensando con lo que dijo. Ambas notaron la llegada de varios adultos al salón , y varios niños que andaban corriendo a su alrededor comenzaban a esconderse de ellos. Aunque era un día especial, para ellos sería un momento donde conocerán a las personas que los iban a adoptar, causando un revoltijo en sus estómagos por los nervios.
Para Ingrid y Matilda era normal de ver, era de esperarse después de despertarse emocionados y andar por todas partes como si hubieran ingerido un kilo de azúcar, cambien completamente al ver a todas esas personas con la esperanza de que alguno lo acoge en su familia.
Una niña pequeña que expresa una gran melancolía en sus ojos, trata de buscar un sentido en su vida mientras pasaba por varias etapas de su mente. Hasta que uno dia conoce alguien que poco a poco va ayudandola a florecer su corazon.
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