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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Rumores parte 1

Rumores parte 1

Jun 15, 2026

Rumores
—Hey, hey, ¿lo han escuchado? —una aventurera con arco y un par de dagas cortas a la cintura caminaba por los jardines externos de Thar-Abbys; joven aún, el grupo conformado por otros tres integrantes se dirigía a la conocida estación de Thar-Abbys del Multicontinental.
—He escuchado que Iris no pasó su prueba de grado E de la Academia, eso es suficiente para alegrarme el día —dijo uno de los chicos sorbiendo su bebida caliente. La nieve blanca reflejaba con fuerza el sol del enorme cielo abierto sobre ellos; las características nubes borrascosas de la torre central estaban por completo ausentes, dejando ver la perlada torre de la academia brillando como vigía del mundo.
—No, no… ¿te refieres a… eso? —otra joven guerrera, vestida por completo con una armadura plateada y bronce, se llevó la mano al rostro. La situación se repetía por todos lados y la preocupación solo ponía tensos a los jóvenes aventureros inexpertos; otros grupos también caminaban junto a ellos subiendo al tren y otros regresando de sus aventuras.
—Oh, sí… ¿te refieres a los maestros poniendo misiones totalmente erróneas…, con dificultades fuera del grado de los demás estudiantes? —un chico alto, encapuchado en una capa grisácea y armado con un báculo Klauvra (este se encontraba coronado por un pedrusco gris), usándolo para apoyarse al caminar, aceleró el paso para alcanzar a su grupo.
—Será la historia de la guerrera de puños… Ella y su grupo fueron a revisar un reporte de un gran depredador a las afueras de un pequeño pueblo en los humedales de P'yi… —Indignación y rabia se reflejaron en la cara del chico, para desaparecer en tristeza. Los chicos de alrededor prestaban atención sin dejar ver su interés.
—Y… ¿qué le pasó?… ¿Están bien? —respondió la arquera. Los demás prestaron atención; inclusive algunos fuera del grupo aguzaron el oído mientras todos seguían sus actividades.
—Pues… los profesores no han dicho mucho… pero de aquel grupo de cuatro solo tres regresaron y parece que ella perdió las piernas, un corte limpio según dicen. —Los demás alrededor quedaron pensativos; algunos más solo lo desecharon como un rumor marchándose, otros lo tomaron un poco más a pecho y se aferraron a sus medallas. Las maletas descargadas se apilaban; no todas serían recogidas por sus dueños, algunas se quedarían ahí, sin ser reclamadas.
—Uhmm, bueno, ¿es por eso que solo iremos a zonas seguras, cierto? —La chica de la armadura trataba de animar al grupo. Los demás le sonrieron de regreso mientras charlaban y registraban sus pertenencias; con un sentimiento de inseguridad, los chicos subieron a la estación para iniciar su viaje.
—¡Ya basta… no hablemos de las desgracias de nuestros compañeros así nada más!… Si pasó o no, no lo sabremos. Los maestros nos apoyan con mucho… ¡Tú, Luan, no tenías ni dónde dormir y la academia nos dio una casa, ¿lo recuerdan?! —un joven vestido con armadura gris y una gran espada larga detuvo el paso y, apoyando su mano en el pomo de su espada, le reclamó al mago encapuchado.
—Sí, sí, lo recuerdo… Demonio, no pierde la oportunidad de recordármelo… Maldito Rax —el joven encapuchado enredó en sus puños la capa, su Klauvra y, asimismo, acelerando el paso, dejó a los demás atrás.
—¡Ah, espera, Luan! ¡Rax, siempre eres así! No pierdes oportunidad para ser malo con Luan —la chica con armadura plateada le recriminó al joven espadachín para ir tras el mago.
—¡Ah, espera, Rhea! —Rax corrió tras la joven de armadura mientras la arquera se quedaba atrás comprando unos panes.
—¡Epferen, no fe pfallan! —La joven arquera, con la boca mordiendo un pan, corrió tras los demás.
—¡Corre, Nesta, Luan y Rax están peleando de nuevo! —Rhea levantó su mano hacia Nesta apurándola a seguirlos. Los cuatro subieron al Multicontinental con premura, dirigiéndose a su asignación más al norte, en las granjas de verduras de Ifritia.
—Y ahora recuerden: solo debemos ahuyentar a las alimañas y animales salvajes de los campos del pueblo; todo asunto fuera de los campos está fuera de los límites. —Rax, con una libreta de instrucciones, leía cada línea como si fueran leyes absolutas; solemnemente daba el sermón al grupo mientras que los demás tenían reacciones variadas ante él.
—Je, je, je… Creo que… Rax está entusiasmado, ¿no creen? —Rhea se rascaba la mejilla, escuchando las reglas que Rax les daba.
—Bah, es lo de siempre. Los hurofalcos no serán problema, solo no debemos ir a los bosques helados ni a los pastos blancos; es fácil perderse. —Luan, aún hecho un rollo en su capa gris, estaba apoyado en una ventana, viendo perdido cómo pasaban los árboles y casas por el cristal, no muy interesado en lo que Rax les decía.
—¡De esto es de lo que hablo, Rhea! ¡He sido su líder desde hace tres semanas y no veo que Luan ni Nesta me tomen en serio! ¡Soy un grado más alto que ustedes, demonios! ¡Deberían escuchar lo que digo! —Rax, haciendo una rabieta, cerró el libro de golpe, se sentó violentamente y miró por la ventana opuesta a la de Luan.
—¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Esto de nuevo?… No puede ser, Rax, ¿estás aún peleando con Luan? ¡Deberías solo disculparte! ¡No estoy de humor para hacer esta misión con ustedes peleando como siempre! ¡Y menos en esta misión! —Nesta, sin haber prestado atención a nada de lo que dijo Rax anteriormente, se dejó caer en el sillón de la cabina del Multicontinental; las enormes cabinas, con todos los lujos que una casa privada podría tener, eran las favoritas de los aventureros en todo Khuarhya.
—¡Rax! ¡Luan! ¡Presten atención! Solo hemos hecho misiones de cargar cosas, escoltar mercantes pequeños de pueblo a pueblo y patrullar los caminos en las tardes; esta es mi primera misión de lucha real, no lo arruinen, ¿quieren? —Nesta reprochó a los dos chicos; ambos solo se miraron y voltearon a sus respectivos lados, ligeramente enfadados entre sí.
—Je, je, je, je… Nesta, los chicos harán su mejor esfuerzo y se comportarán bien, ¿cierto? —La mirada cálida y amorosa de Rhea les llegó de golpe, eliminando instantáneamente la tensión entre los jóvenes, pero dejando aún un poco de asperezas.
—Ermh… no prometo nada, pero trataré de comportarme —Luan relajó la tensión que se reflejaba en el rollo que hacía con su capa a su alrededor, cediendo ante Rhea y sonrojándose un poco al evitar mirar a la joven.
—Muy bien, mientras que estén atentos y apoyen al grupo, no tendré problemas —Rax guardó su preciada copia de "Reglamentos de inicio para grados madera y principiantes".
—¡Y entonces! ¿Qué haremos en la misión? —Nesta preguntó, completamente ignorante de lo que irían a hacer. Rax la miró con enojo y preocupación; Luan volvió a apretar su capa, mientras que Rhea rascaba nuevamente su mejilla, como siempre que se ponía nerviosa.
—¿No escuchaste nada de lo que dije? Iremos a un pueblo al oeste de Ifritia, a Maghllar; sus animales están desapareciendo en las tardes y en las mañanas —Rax le respondió, cansado por repetir lo mismo una vez más.
—¡Ah, disculpa, disculpa! Es que aún no me acababa los panes de queso que compramos en la estación. ¿Los has probado? Son realmente buenos, ¡y los martes venden unos rellenos de carne y especias!… Humm, cierto, la misión, je, je, je, je —Nesta sacó la punta de la lengua traviesamente y simplemente cambió el tema—. Pero descuida, ¡encontraremos al canalla que se está robando o comiendo a los pobres animales! —Nesta hablaba increíblemente rápido, confundiendo a Rax, que apenas le siguió el paso.
—Bien… solo presta atención; tú eres la vigía del grupo y te necesito atenta, ¿correcto? —Rax la miró a los ojos; en ellos solo pudo ver pensamientos de comida y bebida. —… Rhea, por favor, ayúdame —Rax, descorazonado, volteó a ver a Rhea. Ella le sonrió.
—Je, je, je, así es la forma de ser de Nesta, Rax, pero ella es una excelente vigía; descuida, ya verás que haremos esta misión rápido y regresaremos para mañana en la tarde —Rhea sonrió como siempre, aportando su usual positivismo al grupo. Todos se fueron a dormir; el Multicontinental llegaría a la estación muy temprano por la mañana.
Múltiples aves revoloteaban en bandada; sus graznidos estridentes se elevaban al cielo junto a sus enormes números que, desde el piso, eran abrumadores. Altos pastizales se perdían en una extensión vasta; pequeños lagos poco profundos reflejaban la luz del amanecer aquí y allá.
—Oye, Rax —Rhea preguntó con voz suave, como era su costumbre. —¿Mh? ¿Qué pasa, Rhea? —con la respuesta lenta y cálida de siempre. —Pues estoy preocupada… esos rumores… Siempre me dices que no tema, que los profesores y sinodales de Thar-Abbys son excelentes… y… también lo creo, pero… ¿y si esto que está pasando estuviese fuera de sus manos?… ¿No crees que sería mejor regresar a Rondalla? La vieja señora Ralz podría aceptarnos y… y… —Rhea se quedó callada pensando en varias cosas; finalmente, le dio su mejor sonrisa—. Mmmh… no, nada, no me hagas caso… Sé cuánto significa esto para ti, je, je, je —Rhea dijo nuevamente, rascando su mejilla. Rax la escuchaba atento.
—Gracias por entenderlo… Me aseguraré de que podamos hacernos de una vida decente; solo lleguemos a grado bronce. Escuché que eso es suficiente para ganar una manutención como guardia de tu región, y si nos vamos como guardias a nuestro pueblo, podremos tener una buena vida… —Rax aferró el puño a su gran espada. La carreta que los llevaría a su destino se retrasaba ya por un par de horas. Luan y Nesta estaban en una banca al lado; Luan escuchaba la plática, fingiendo estar dormido.
—¿Eh? Aún no llega; deberíamos irnos a pie, Rax, no es muy lejos y hay un camino decente de piedra para el pueblo. —Luan se frotó los ojos pretendiendo despertar y se levantó, dejando caer en la banca de madera a la pobre Nesta, que dio un golpe seco con su cabeza. —¡Bonk! ¡Auuuu, ataque a traición! —Nesta se agarró la cabeza y se agitó por el dolor.
—Muy bien, vamos, tomen sus cosas. —Rax ayudó a levantarse a Rhea y emprendieron el viaje por el camino empedrado. Los pastos que llegaban a la cadera se bamboleaban despreocupados; un suave aire frío les llevaba olores del campo: agua, piedra y musgo. Ratoncillos alados daban largos brincos con patitas delanteras de gorrión y alas moteadas, prestando miradas curiosas mientras mordían tallos de espigas altas repletos de semillas.
—Oigan, ¿no se les hace raro? Está muy callado repentinamente —Rhea miró al cielo y de nuevo a sus compañeros. —¡Rhea tiene razón, las bandadas se fueron! Iré un poco adelante para ver mejor desde aquel árbol. —Nesta sintió una rara inconformidad; corrió a toda velocidad dejando caer su saco de equipaje. Su ligero cuerpo le permitió llegar rápidamente a un nudoso árbol retorcido, el único en el camino.
—Rax, tal vez deberías ver esto —Luan apuntó con su Klauvra a un claro al lado del camino: una carreta destruida, sangre y pelo marcaban una escena de lucha y derrota. Rhea miró con miedo; su corazón se aceleró e instintivamente se llevó la mano al vientre ante el vacío. —¿E… eso es o era alguien? —Asustada y pálida, Rhea se aferró al brazo de Rax.
—No, es pelo y sangre de caballo… es la diligencia que debía recogernos… —Rax miró a la derecha: la carreta estaba cortada limpiamente a la mitad; muescas de garras y dientes se marcaban en la dura madera de Gluco, conocida como "palo fierro" por los lugareños.
—¿Eso… es una pluma? ¡Creí que era una espada! —Luan miró no muy lejos: una enorme pluma rojiza, como sangre fresca, de no más de un metro, yacía atorada en medio de un pedrusco. —Ra… x… ¿qué es eso? —El miedo aún aferrado de Rhea era notable; ella tomó su enorme escudo y se puso en guardia.
—¡Todos atentos! Nesta, ¿qué ves? —gritó Rax con la espada desenfundada. —¡RAX! ¡RAX, ARRIBA! ¡ARRIBA DE USTEDES! —Nesta, aterrorizada, corría de regreso apuntando su arco arriba de los chicos.
Una sombra rápida como un rayo, silenciosa y sin piedad. Los ojos del enorme ser se posaron sobre Nesta… Sintiendo la mirada, Rhea corrió para defenderla, plantándose frente a él, aterrada pero con una valentía contrastante. —Rhea… ¡RHEA! —Rax, desesperado, corrió con su espada en alto; momentos largos, desesperados, pasos que nunca terminaban.
—¡Es un Ferruginoso! ¡RHEA, QUÍTATE DE AHÍ! —Tomó su espada, arrancándola de su cadera; su cuerpo giró del lado contrario a donde se encontraba y, gritando de miedo, miraba la sombra acercarse más y más a Rhea, pero solo su voz era lo suficientemente rápida para alcanzarla.
A los ojos de Luan, Rhea era hermosa como ninguna; su suave voz y tierno candor le eran todo. En ese momento, frente a él se posó una efigie dorada, negra y roja: rayas sobre músculos descomunales, alas rojas como la sangre, pico y garras como acero bruñido. El gran depredador se abalanzó sobre la joven Rhea, dando mortales golpes con sus garras. Luan gritó en desesperación lo único que sabía: —¡STELLA SECARE! —Luan recitó a todo pulmón, poniendo toda su fuerza y poder, dejando que el encantamiento bebiera toda su energía y envenenara su cuerpo; nada importaba más que evitar que aquel enorme tigre alado lastimara a Rhea. El maná se acumuló en su cuerpo intoxicándolo; sintió cómo partes de su cuerpo se dormían con la acumulación. El pago de esta habilidad sería alto, pero no importaba.
Pero Luan aún era inexperto: la potencia no equivale a velocidad, y para un Ferruginoso la velocidad lo es todo. Dando un giro de alas, estas partieron ambas piernas de Rax tirándolo a un lado del camino. La expresión en su rostro lo dejaba ver todo: "rápido… muy rápido"; y así como dio el paso, cayó sin siquiera entender por qué sus piernas no respondían. Un golpe de frente contra el empedrado; el seco golpe rompió la nariz de Rax e, ignorando por completo el dolor, se levantó mirando a sus alrededores: ni el Ferruginoso ni Rhea estaban frente a él.
—Ah… no puede ser… —La cara de Nesta se iluminó ante el brillo de la esfera rabiosa y descontrolada, golpeando su pecho, hundiéndose en su carne. El Stella Secare perdido, que no encontró al Ferruginoso, dio de frente con la descuidada arquera, que voló por los aires girando y chocando contra el árbol.
—¡Nesta! —Luan disparó con furia y, en menos tiempo de lo que le tomó arrojar el hechizo, Rhea y el gigantesco Ferruginoso se desvanecieron, pero sí vio cómo el brazo izquierdo de Nesta se desprendía. —¡THUD! —El golpe seco de una armadura que cayó del cielo con su usuario dentro, ahogándose en el pasto con su propia sangre. Rhea tendía la mano al aire y con la otra se aferraba a su abdomen; el cielo se abría infinito frente a ella. Su vida la abandonaba por el enorme picotazo en su cuello, el cual sangraba profusamente; con ojos vacíos, su boca pronunciaba en silencio el nombre de Rax.  
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