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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Rumores parte 2

Rumores parte 2

Jun 15, 2026


Y repentinamente, entre el caos que produjo el Ferruginoso, se escuchó una ecocuarcita titilando al ritmo de la voz que salía de ella: —¡Inola, dame un límite de protección! —gritó un chico mayor, portando un traje militar azul con bordados blancos; en su brazo izquierdo relucía un puño metálico.
—¡Ithil, hay muchos heridos! Trataré primero a las jóvenes. Leonidas, ve por los dos chicos más adelante. ¡Cúbranme! —Mina, una enorme joven de casi dos metros y pelo rubio, con toda presteza sacó pequeños goteros con agujas e inyectó en Nesta y Rhea un líquido transparente. Levantando a las chicas, las llevó a un lado donde extendió una tela plástica en el piso, acostando a ambas; atendiendo a Nesta, Mina aplicó torniquetes y vendó rápidamente la herida. La joven, inconsciente por el shock del golpe, miraba la nada, perdida en su mente con pupilas vacías y grises.
—¡Aquí está tu defensa, Ithil! —Jacob e Inola, en coordinación, crearon al instante una cúpula de cuerdas y sellos que fue impenetrable para el Ferruginoso. Tenaz y feroz, el enorme tigre alado siguió su ataque, impactando con insistencia; a cada golpe el domo retumbaba como campana. Mina trabajaba a toda prisa dentro del domo; siendo el Stella Secare una de las habilidades de Ithil, Mina sabía muy bien que la herida estaría estéril y no tendría mucho que desinfectar, así que se enfocó en cerrarla lo más rápido posible usando pequeñas vendas elásticas con garras afiladas.
—¡Magaska, necesito que presiones el cuello de la chica de la armadura justo aquí, no sueltes! ¡Con tu cabello, mantén la presión en la arquera! —¡Magaska a la orden! —La joven de pelo blanco puso sus pequeñas manos sobre el cuello de Rhea; su cabello cobró vida y rodeó el torso de la arquera, que inconsciente estaba al lado de su brazo desmembrado.
—¿Qué… quiénes son ustedes? ¿Son de la academia? —Rax miró a un enorme joven rapado; acentos azules tatuados en su cabeza brillaban con el sol. —¡Jaja, compañero, somos el apoyo! —Leonidas cargó a Rax y a Luan en ambos hombros, los dos heridos de gravedad. Mina savage trabajando rápidamente; el tiempo estaba contra ella. Introduciendo pastillas de algodón expandible, detuvo el sangrado profuso de Rhea.
—¿Dónde… dónde está Rhea? —Rax, herido, se aferraba apenas a estar consciente. —Tranquilo, líder amigo, vamos con ella —Leonidas respondió, cargándolo al hombro como si el chico y su armadura fueran de plumas. —¡Y Nesta! ¿Cómo está? —Luan recordó asustado a la joven arquera; en su cabeza ella era golpeada una y otra vez por su Stella Secare. —Descuida, joven magicer, ellas están siendo atendidas por la hermana Mina. Ella está luchando por salvarlas, se los aseguro. —Leonidas, dando pasos grandes, se desplazaba rápido al claro donde el escudo se encontraba.
—El Ferruginoso aún está afuera, es muy grande y está enojado; ya ha hecho mucho daño… Mina, ¿lo dormimos? —Ithil le preguntó mientras caminaba apurado a encontrarse con los demás. Mina revisaba atenta a las dos chicas; el sangrado menguaba, pero sus estados la preocupaban—. Déjame verte, mi niña, debo revisar bajo tu armadura. —Mina tomó un cuchillo y con cuidado retiró los cintos que afirmaban la armadura a su dueña; miró rápidamente sus brazos, uno se encontraba roto a la altura del hombro por el golpe, ambas piernas estaban bien.
Un murmullo casi callado salía de los labios de Rhea; Mina se acercó a escucharlo, prestó atención palpando su pecho y abdomen. —¿Qué me quieres decir? —Mina no pudo entender el silbido, apenas podía salir de la boca de Rhea, probablemente por la herida. Mina se detuvo abruptamente y, apresurada, tomó una piedra preciosa ovalada de jade y la puso en el abdomen de Rhea; la piedra se tornó de un rosa brillante. —No… es un macho, seguramente está juntando comida para las nidadas; la temporada de cría está iniciando en pocos días… Ithil, tenemos que hablar. —Tomando a Ithil por el hombro, Mina lo retiró de donde estaban Rhea y Nesta, ya estabilizadas por el momento.
—La guerrera del escudo… —Ithil miró a la chica; la sangre cubría su rostro, su armadura abollada por el golpe y, con los ojos casi en blanco, repetía… sus labios se movían en silencio. —Ah, demonios, ¿cómo está? ¿Llegamos muy tarde? —Ithil, preocupado, miró a Mina y a las jovencitas.
—Debemos llegar rápido a la academia… Ithil… la chica del escudo… ella está embarazada. Apliqué relajantes musculares suaves y antiespasmódicos; está en su primer mes. Se salvará, pero… solo conozco a un médico capaz de salvar a ambos: Emilia debe verla. —Ithil se sorprendió inmediatamente, mientras Leonidas llegaba con los dos jóvenes en sus hombros. —¿Qué? ¡Embarazada! Rhea… ¿por qué no dijiste nada? Si me hubieras dicho, yo… —Rax recordó la plática de la mañana y se quedó callado ante lo que Rhea se guardó en secreto. Desgarrando su garganta, gritó con todo su dolor al aire, jalando el pelo de ambos lados de su cabeza.
—¡Magaska, atrapa a ese Ferruginoso junto con Jacob e Inola! —Ithil tomó un comunicador; las ecocuarcitas vibraron nuevamente. —E… eres médica, ¿cierto?… Por favor, te lo suplico, sálvala… Salva a Rhea y a mi hijo, te daré todo lo que tengo, incluso seré tu esclavo, puedo darte mucho dinero… por favor, sálvala… —Rax, pálido y en shock, tomó la mano de Mina con fuerza mientras ella vendaba sus piernas y detenía el sangrado. Repentinamente, le gritó con desesperación—. ¡¿Es que no me escuchaste?! ¡SÁLVA A RHEA! —Rax, con ojos perdidos en confusión y enojo, detuvo a Mina. —Descuida, estamos en eso… ¡pero no garantizo nada, ¿me escuchaste?! —Mina usó su fuerza para quitar la mano de Rax de su brazo; él le impedía con su mano atenderlo. Mina estuvo a punto de reclamar la presencia de la jovencita embarazada en la misión, pero decidió no decir más, al no tener una idea más profunda de lo que pasaba.
—Mátenlo… —una voz murmuró atrás de Rax. Mina notó el enojo en las palabras; estas llegaron, pero ella ignoró el peso que llevaban. Usando una lumaria de emergencia, retiró el maná que envenenaba a Luan. Ithil y Leonidas, por su parte, callaron, entendiendo el odio que la criatura generó en el grupo. —… ¡MÁTEN A ESE MALDITO, ACÁBENLO! ¿QUÉ, NO VIENEN A ESO TAMBIEN? —Luan, poseído por la rabia, comenzó a agitarse y a sacudir su Klauvra, exigiendo a los otros chicos un pago en sangre de la criatura. —Mátenlo… acábenlo, por favor… —Luan, enrollado en su capa, lloraba impotente.
—Mina… tengo paquetes refrigerantes en el vehículo, le diré a Leonidas que los traiga lo más rápido posible para conservar el brazo de la chica arquera. —Ithil arrojó las llaves a Leonidas; él entendió rápidamente—. A la orden, hermanos, iré por el vehículo. —Dando palmadas en los hombros de ambos chicos, se movilizó rápidamente hacia el vehículo. Ellos lo miraron, cada uno perdido en su propio dolor.
—Bien, eres un salvador, Ithil; si reducimos la temperatura de la chica embarazada podremos ganar más tiempo, ¡así tendremos más oportunidad de salvarla a ella y al brazo de la arquera! Magaska, gracias por la ayuda, ve a ayudar a los chicos. —Mina atendió a ambas chicas, preparándose para moverlas. —¡Claro! ¡Magaska irá por el Ferruginoso! —Dando un saludo militar a la frente, Magaska salió disparada con sus alas abiertas.
—¡Jacob, te encargo el lado derecho! —Inola arrojó un montón de hilos al aire; agitando su rosario, creó una red flotante que se abalanzó sobre el Ferruginoso. —¡Graaaa! —Con un rugido, el enorme animal dio un giro imposible en el aire, usando sus alas para girar al lado opuesto del que inició el brinco. —¡Magaska lo tiene, haaa! —También alada, Magaska lo interceptó usando sus cabellos como un espejo de la red de Inola; ambos lo rodearon. Solo faltaba Jacob.
—¡Wraaa! —El enorme y musculoso bólido vio la oportunidad y se escurrió ágilmente entre los tres chicos; sus alas le daban una maniobrabilidad sobrenatural en el aire para un animal de ese tamaño. Escapando entre los tres jóvenes, el animal huyó y se perdió entre los pastos altos. —¿Qué…? ¿Dónde está Jacob? ¿Lo ves? —Inola se agachó también, tratando de esconderse al no ver al Ferruginoso, mirando a todos lados nervioso; el animal simplemente desapareció. —Está aún aquí, es un animal de emboscada. Dejen de hablar y presten… atención. —Jacob se agachó y, poco a poco, bajó el volumen de su voz, usando su mano para indicar que se agacharan.
Silencio nuevamente; el aire y los pastizales cantaban uno sobre otro con pequeñas voces rasposas y agudas. Las olas ondulaban en un patrón continuo y monótono. Fuera del límite puesto por Jacob e Inola, donde se encontraban los heridos, la tensión incrementaba poco a poco. Dos pajarillos Luphos de pecho amarillo miraban el campo uno junto al otro, atentos testigos del duelo de paciencia que sucedía abajo en los pastizales. Ojos brillantes y un pico de acero negro y bruñido se asomaron entre los pastos; la paciencia falló para el Ferruginoso.
—¡HiAAAAAA! —Mina despegó del suelo de un golpe; sus puños firmes portaban su característico bastón de augusto blanco que Jacob había hecho hace ya un tiempo. Dirigiendo el golpe directo al costado del Ferruginoso, Mina buscaba tirar sobre su costado al gigante rayado. —¡Graaa! —Esquivando el bastón y rompiéndolo de un poderoso zarpazo, el Ferruginoso se elevó por el aire envuelto en un capullo de alas.
—¡Es tuyo, Leonidas! —Ithil gritó desde su escondite. Leonidas giró un par de veces unas boleadoras de acero para capturar al animal; el tiro estaba a punto de atraparlo, pero las alas guardadas del Ferruginoso se extendieron violentamente, deteniéndolo apenas a unos centímetros de su captura. Dando un giro contorsionado, se abalanzó sobre Leonidas, ahora expuesto. —¡Heiii! Leonidas no teme a tus garras ni a tus alas. —Usando sus rondallas, Leonidas se mantuvo firme, listo a recibir al enorme animal, aún más grande, de frente.
—¡Kan-ja! ¡Cuerdas de dominación! —Inola, entre los pastos, rezaba en voz alta con su arma favorita. Cuerdas y nudos sostuvieron al gigante rayado; Inola sintió de golpe la fuerza pura del animal—. ¡Leo! Torpe, ¡apenas te recuperaste de lo de Nivoria, te tomó ocho meses! ¡Y estás aquí de nuevo regalando heridas! —Inola, enfadado, sudaba por montones; el peso espiritual del amarre era enorme. Animales como este, al no cometer pecados y ser puros en su naturaleza, eran notablemente difíciles de dominar con el rosario.
—¡JACOB, YA! ¡YA! ¡YA! —Mina saltó por detrás del animal fragmentando un nuevo bastón hecho en secciones; las puntas poseían garras metálicas de acero que, al fragmentarse, se abrieron y capturaron ambas alas del Ferruginoso. —¡Aquí estoy! ¡Haa! —Jacob, con su pequeño cuerpo, literalmente voló por el aire usando alas de tubos metálicos en los que Lizva resonaba con fuerza. Jacob se estrelló de cara contra el Ferruginoso, aferrándose al pelo del animal; Jacob evitó tocar las plumas filosas como espadas.
—¡PWAAA, bleeeeehhh, pfft, pfft, tengo pelos en la boca! —Jacob cerró los ojos; el pelo duro del Ferruginoso picaba e irritaba su cara. Trepando a ciegas por el lomo, subió al tope del animal; ahí, con un pequeño aparato, desplegó una jeringuilla que inoculó el contenido rojo brillante en el potente animal. —¡Está hecho! ¡Ithil, Magaska, su turno! —Jacob se soltó del animal, que aún tenía vigor; agitándose incluso medio atrapado, arrojó a Jacob con su artilugio a estrellarse de cara contra el pastizal, en el cual se arrastró varios metros. La pobre Lizva salió preocupada a un lado del aturdido Jacob.
—¡Magaska contendrá al animal en lo que la droga hace efecto! —El cabello de Magaska se enredó por completo en el animal, apenas sosteniéndolo; las garras luchaban por no caer dormidas. —Hasta aquí llegaste, chico —Ithil se acercó al enorme Ferruginoso; el animal lo miró con furia. Piando y gritando como un aguililla, el enojo era visible. —¡Pshii, pshii! —disparos suaves se escucharon mientras que una pistola de dardos humeaba en la mano metálica de Ithil. El reflejo de su cara en las pupilas del Ferruginoso se nubló, cayendo en un pesado sueño; el Ferruginoso fue doblegado.
—Leo, trae el vehículo, hay que subir a los novatos y comunicarnos con Samael y Emilia —Ithil refunfuñó entre dientes, como era su costumbre. El límite que protegía a los novatos se disipó, dejando descansar a Jacob e Inola. —Esos chicos… su primera misión… —Ithil no podía quitar su vista de los cuatro jóvenes, apenas unos cinco años más jóvenes que ellos.
—¡Ithil! Ya terminamos de ajustar los pernos de sujeción, el Ferruginoso está bien afianzado. —Jacob se acercó al grupo; notando la situación, miró de reojo al grupo rescatado. —Muy bien, Jacob. Llamaremos al grupo de guardabosques, solo levanten la tienda para que el Ferruginoso no quede al aire libre; no queremos más accidentes. —Jacob asintió y miró de nuevo a los chicos jóvenes. —Estarán bien, Mina es una excelente médica, lo sabes de primera mano —Ithil sonrió cansado a Jacob; él lo miró de regreso y asintió. —Claro que sí. Y por cierto, Mina, Leonidas encontró las piernas del espadachín… pero el Ferruginoso las mascó un poco —Jacob se encogió de hombros.
—Oh, ya veo… Humm, creo que es muy tarde, Jacob. Podemos llevarlas, pero no podremos salvarlas; date prisa en ponerlas en el compartimento frío del vehículo, ya nos vamos. —Mina terminaba de asegurar las últimas cosas en el vehículo; Inola ya estaba arriba y Leonidas manejaba. El largo carro poseía dos compartimentos: una cabina frontal armada para cinco ocupantes; la cabina trasera tenía compartimentos y asientos para equipo médico en los cuales viajaban Nesta y Rhea. Rax y Luan aún luchaban por procesar lo que sucedió.
—¡Listo, vámonos! Dejen al Ferruginoso, ya viene el equipo de guardabosques, lo llevarán a la reserva sur. —Mina animó a Ithil a subir; ya todos estaban arriba. Magaska, trepada arriba, se agarraba con su cabello al toldo. Ithil subió al vehículo y tomo el lugar del copiloto; enormes escudos basálticos laterales que se doblaban hacia abajo de la plataforma se iluminaron de color naranja. Los levitadores cargaron el peso del vehículo, dándole agilidad y velocidad.
—¿Cuánto es de aquí a la academia? —preguntó Mina, calculando la medicina para administrarla a través del viaje. —En Multicontinental son aproximadamente 16 horas; en el Guisarme serán como cuatro. Solo evitemos atropellar animales, el desastre sería mayor —Jacob sonrió amargamente mientras daba palmadas en el vehículo. —Descuida, hermano Jacob, Leonidas será extracuidadozo —dando su pulgar arriba, Leonidas aceleró, dejando ver una maestría no esperada en el volante.

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