En una base de investigación oscura y con el metal frío resplandeciendo por una puerta entreabierta que dejaba entrar apenas un hilo de luz, se escuchaba una voz, detrás de esta puerta, una doctora con anteojos grandes sujetaba una tabla con resultados ambiguos, llenos de gráficas.
—Tus resultados siguen siendo variables; parece que tu nivel de dolor avanza por encima del anterior. Cada vez que hacemos una nueva prueba.
La científica suspiró, retirándose los anteojos.
—Hace 10 años, Blade te trajo aquí; cuando naciste, se alteraron los sensores contra las “quimeras “pero vaya sorpresa fue que los resultados dieron que eras una humana.
La mujer sostenía un tono frio y firme, analizando cada palabra que decía como si fuera un resumen del caso para ella misma.
—La madre murió a causa del desborde de energía que generaste, y a pesar de tantos años, no tenemos avances para entender el poder de las quimeras que dejaron este mundo.
La mujer hizo una pausa larga hasta que al fin habló de nuevo con este tono frío y cortante.
—¿Por qué me miras así? Ya te estás acostumbrando al dolor.
Al fondo de una pequeña celda oscura con puertas de cristal, con solo una cama en ella, se encontraba una pequeña niña delgada y cabello largo, un cabello inusual, color turquesa, y unos ojos de un rosa intenso.
Miraban con rabia detrás del fleco que los cubría a la científica. Recordando los gritos
—No, por favor, no.
—Duele, duele demasiado.
—Basta, por favor.
Recordando los brazaletes fríos que consumían su energía, aquel collarín de metal tan grueso para el pequeño cuello, las fuertes corrientes eléctricas que ingresaban los investigadores a su pequeño cuerpo. Tenía razón la mujer. Tenía que estar acostumbrada.
—Wow, así que eres tú lo que mi padre investiga.
Una voz pequeña sonó fuera de su celda, de un infante, quizá de la misma edad que ella.
—Tus ojos parecen los de un gato.
Él miraba detrás del cristal, pero esta vez, a diferencia de la mujer que iba diario, él la miraba y hablaba con emoción y quizá admiración.
—Quería conocerte, pero no les digas que vine; la verdad es que me pareces sorprendente.
El niño de cabello rubio claro, tan claro y pálido que podía jurarse que parecía brillar a la luz en un tono plateado, sonreía a la chica.
—Te ayudaré a salir algún día de aquí, juntos saldremos a jugar, ya verás.
Esas palabras resonaban siempre en la cabeza; todos esos recuerdos se habían convertido en un sueño diario, un recordatorio constante de su origen.
—Querida Bastet. —¿Ya ha despertado? —entró un hombre elegante de cabello largo y azul con un tatuaje en el ojo, sonriente y amable. Aquella habitación se iluminó por la luz de la puerta siendo abierta. Bastet se levantó. —¿Estaba teniendo un buen sueño?
—¿Sueños? Por favor, yo no tengo sueños, solo recordaba el pasado. —La chica volteó con una sonrisa tenebrosa y ojos vacíos. - Me ayuda a no olvidar a quienes le otorgo el honor de mi odio.
═════════════════════DARKWOLF════════════════════
La ceremonia de bienvenida había comenzado, en un auditorio circular grande con techo de cristal, banderas rojas colgadas alrededor, paredes de un color blanco con matices amarillentos; el suelo era de un azulejo café, similar al de la madera joven.
-Es grato de mi parte darles la bienvenida a nuestros queridos estudiantes.
El rector de la escuela hablaba con formalidad y una calidez en sus palabras a los nuevos estudiantes, alumnos con diferentes formas y colores. Donde Mariam no destacaba, ya que todos eran tan exóticos que lo único simple que portaban eran los uniformes.
—¿Es ella verdad?
—¿Qué hace aquí?
—Es la que estaba en el mundo humano
—Qué miedo.
—¿Es bueno que esté entre nosotros?
Los susurros de los alumnos sonaban claros gracias al oído de lobezno que poseía; podía escuchar cómo era señalada todo el tiempo.
—Ya me quiero ir.
Intento forzar una sonrisa, pero realmente era incómodo; toda la emoción del inicio se había ido. En cuanto la invadieron las miradas, quizá estuvo mal pensar que no destacaba.
—No debo ser fuerte, César dijo que no resaltara, pero... fue inevitable.
Mariam llegó a su salón de clases después de la ceremonia. Estaba confundida, hundida en una sensación de amargura; en su antiguo hogar era normal ver a los demás de lejos, oculta, no se le permitía salir. Sostuvo sus orejas, tratando de hacer menor el ruido.
—Estas personas no dejan de hablar de lo horrible que es que yo esté aquí. Ni siquiera disimulan para que no los escuche
—Ígnoralos.
Una voz femenina y dulce sonó frente a ella, obligándola a abrir los ojos que había forzado a cerrar.
—Esta escuela es muy buena como para que no la aproveches por culpa de ellos. Una chica rubia de cabello corto y ojos verde esmeralda la miraba, Estaba sentada frente a ella y, a pesar de su posición firme, sus palabras eran muy suaves y dulces. Observando sus rasgos, era de la familia de felinos.
—Qué tontos, hablar sin tener la decencia de averiguar primero. Por cierto... Kamila Edevane, un gusto.
Era bastante linda, ¡una amiga!, pensó Mariam. Lo que le hizo mover de emoción su cola canina.
—Yo soy Mariam, amm.. Solo Mariam. - Había olvidado que, al ser encontrada por César, no poseía registros de apellido aún. Hasta donde sabía, se sentía vacía esa presentación; no quería que a Kamila le pareciera grosero. Pero a la chica no pareció importarle; ella seguía sonriendo.
—¡KAMILA!
Un grito emocionado resonó en el salón; cuando las chicas voltearon a la dirección de aquel grito, observaron a tres chicos entrar que del rostro eran idénticos entre ellos; si no fuera por su cabello, podría ser la misma persona clonada.
—Un año más juntos.
—Hola, chicos, qué placer verlos.
Kamila saludó y comenzaron a mantener una charla entre ellos; Mariam solo observó.
Los tres eran igual que ella, con rasgos lobeznos; era la primera vez que se cruzaba con alguien como ella. Que no fuera César.
El chico de cabello negro dirigió sus ojos rojos hacia Mariam; por un momento sostuvieron la mirada, pero se rompió esa tensión gracias al hermano, que interfirió en el contacto visual.
—Tú eres la chica nueva, ¿no es así? La que vivió en el mundo humano.
El chico de cabello azul pálido con pequeños degradados más intensos en las puntas, sin previo aviso, se acercó con emoción, invadiendo el espacio personal al grado que Mariam tuvo que colocar sus manos en la mesa y alejarse rápido debido a la sorpresa.
—Dime, dime, dime, ¿Cómo es ese lugar? ¿Es cierto que está lleno de monstruos?
— ¿M-...monstruos?
—Ah, sorry, soy Rhys Fenrir. —
—Y-... yo soy...
—¿Cómo son las personas de ahí?
—Rhys, estás espantando a la nueva, no la abordes así.
Por fin una voz a lado de ellos interrumpió el interrogatorio de Rhys tan eufórico. La dueña de la voz con tonalidad seductora, una chica de cabello largo y ondulado, de un color café cobrizo. La chica de aspecto tan elegante tenía rasgos de zorro, una cola esponjada y bien cuidada, al igual que el cabello.
—No es digno de un caballero, ¿cierto, Alexander? Parece que también estás curioso.
—Nah.
Alex simplemente continuó su camino. Dejando atrás a sus hermanos y a las chicas.
La profesora, una mujer de raza Elfa llegó a interrumpir toda aquella conversación, silenciando al grupo y poniendo orden; comenzó a mencionar el recorrido de la escuela. Y así mismo comenzandolo.
Pasaron por lugares que parecían ser sacados de libros de fantasía. Mariam estaba impresionada, desde salas de estar grandes donde se encontraban con jardines y estructuras de mármol, hasta lugares elegantes construidos para los talleres. Pasaron por la cafetería, un lugar enorme, digno de albergar a demasiados alumnos, aunque parecía estar con divisiones de grados; sin embargo, no dejaba de impresionar el lugar a Mariam.
La emoción creció cuando pasaron por las áreas de entrenamiento para desarrollo de habilidades elementales, cada una adaptada a diferentes esquemas, desde temáticas acuáticas hasta temas que ardían en fuego. Con una seguridad digna.
—Ah, sí, tenemos nuevos integrantes, ¿cierto? Señorita... Señorita... ¡Señorita!
La profesora sacó de sus pensamientos a Mariam, quien aún no creía el lugar en el que estaba, pero cuando volteó a ver el grupo, solo reía, a excepción de Kamila y los tres chicos que había recién conocido, y uno que otro estudiante que solo observaba.
—Espero que esté observando tan fijamente su alrededor para aprender, y no para solo vagar; su calificación fue la más baja del examen de ingreso; ponga más atención.
Las palabras de la maestra eran duras, pero no por profesionalismo; parecía tener algún tipo de problema personal. Y en un susurro que muchos lograron escuchar, se hizo notar más ese problema.
—¿Cómo es que aceptaron que ella estuviera aquí?
— Oigan... ¿Sabrá que sí podemos escucharla?
Susurro Rhys, notándose incómodo a la situación.
—Sigamos con el recorrido.
Mariam estaba avergonzada, seguía observando las salas tan hermosas, pero ya no sentía la misma emoción. Le gustaba, pero aun asi sentía que no pertenecía ahí. Los comentarios de la profesora continuaron, por más que intentara no resaltar, seguia evidenciándola cada que podía.
—Vaya, definitivamente no le agradaste, al menos no será nuestra tutora, asi que no la verás mucho
Mencionó Kamila acercándose a Mariam y tratando de consolarla.
—Esto será difícil
Pensó Mariam para si misma; ya estaba demasiado desanimada. Kamila lo notó y tomó su mano, jalándola con ella, tratando de hacer que olvidara el amargo momento.
—Ven, sigamos viendo por aquí; este lugar está diseñado para las personas que pueden volar, pero aun así tiene lugares que podemos pasar los terrenales.
Agradecía la amabilidad de Kamila, y el tiempo que se dio para pasarlo con ella durante el transcurso del recorrido.
Durante el descanso, Mariam se sentó a lado de un pequeño río, colocando su mano dentro del agua, definitivamente quería fluir con el rio, y olvidar la incomodidad inmensa de este día. Pero sus pensamientos seguían con Cesar, no quería decepcionarlo, más con el esfuerzo que él hizo para que ella pudiera entrar a esa escuela.
El apoyo que él le dio, y la sensación de no estar sola, el saber que había más como ella, la hacían feliz en el pasado, pero ahora... quería volver a encerrarse.
Mariam miró su mano mojada y sonrió. El lugar seguía siendo hermoso, y además conoció a Kamila, quizá habría personas así. Debía darle una oportunidad.
Alex, estaba a unos metros de Mariam mirando el lugar cuando observó a Mariam quien ya estaba tan metida en sus pensamientos y no se había percatado de la posición que había tomado en el suelo, acostada con tanta confianza y relajada.
—Oye, Kamila
Pero Kamila ya no estaba ahi, por lo que Mariam se levantó de prisa, sorprendida y soltando un grito pequeño. Alex solo se limitó a suspirar.
—¿A dónde se fueron todos? ¿En qué momento fue? ¿Qué camino debo seguir? Ay no, ay no, ay no. Me van a regañar. ¿Será por aquí? O quizá... AAAAAAAAAH NO SÉ POR DÓNDE ES.
—Se fueron a la sala de la derecha, hace poco. - Alex hablo con tranquilidad mientras Mariam volteaba con ojos llorosos.
—Ah, no te vi, perdón.
—Si caminas por todo el pasillo derecho, sin duda los encontrarás.Mariam miró hacia el pasillo, agradecida, dispuesta a caminar, pero luego volteó a Alex.
—¿Te quedarás aquí o quie-...?
Alex se limitó a verla, sin expresión alguna, esperando por terminar la frase, pero Mariam ya estaba de nuevo perdida en sus memorias: “Sería bueno que hicieras muchos amigos en la escuela, me sentiría más tranquilo”. Recordando las palabras de César en una conversación pasada.
Alex se sorprendió ante la expresión de Mariam parecía estar formulando alguna frase mientras sus mejillas se sonrojaban; le costaba decir algo. De pronto solo levantó su mano y con una sonrisa se acercó hacia él, dispuesta a romper con ese ciclo de introvertida y comenzar a hacer más amistades, por César lo haría. Un paso a la vez.
—Mariam, un gusto. Por cierto.
© [Mstaad], 2026. Todos los derechos reservados. Esta obra se encuentra publicada únicamente en Wattpad, Inkitt, Tapas, bajo la autoría de [Mstaad]. Queda estrictamente prohibida su copia, reproducción, distribución o adaptación sin la autorización expresa del autor.

Comments (0)
See all