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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Thar-abbys una ciudad Diferente parte 2

Thar-abbys una ciudad Diferente parte 2

Jun 22, 2026

—Pero... ¿entonces qué pasó? —Leonidas preguntó intrigado.
—Bueno... si la joven Rhea decide proseguir con su embarazo, puede hacerlo; la intervención de Mina le dio esa oportunidad. Sin embargo, aún está delicada y cualquier cosa puede pasar. Por el momento está estable; necesitará del apoyo de su equipo y familia para decidir —Emilia acomodó sus lentes mientras tomaba el tercer expediente—. Esto nos lleva al joven Rax... —Emilia suspiró una vez más.
—... Erm... —Ithil titubeó; cierta parte de él temía los resultados de Rax.
—¿Cómo... cómo le fue? —Inola preguntó por Ithil, que se quedó mudo, sin valor para preguntar.
—Fue muy difícil... Rax sufrió una cortada desgarrante con una pluma de ferruginoso, famosas por tener filos aserrados —Mina miró sus manos, cabizbaja
—. Las heridas fueron difíciles; mucho material que pudiese causar infección se incrustó en la herida, huesos y médula. Retiramos parte del hueso en su totalidad y tejido; el corte fue en diagonal por debajo de las rodillas. Le tomará tiempo, pero deberá reaprender a usar sus piernas; su aventura está por comenzar, si se puede decir —Cerrando el expediente de Rax, Emilia miró a Ithil de reojo, reconociendo los rasgos de un colapso en él, y agregó
— De ninguna manera estas heridas son el final. Su valía no está solo en eso, está en muchas cosas y en cómo afronta el futuro. Estoy segura de que el joven Rax encontrará en Rhea y sus amigos el coraje para seguir adelante y triunfar. De todos modos, siempre hay alguien con quien hablar, ¿cierto, joven Ithil? —Emilia sonrió un poco y abrió el siguiente expediente.
—¡Luan! El joven Luan es el menos dañado físicamente... pero el que más me preocupa. El joven Luan llegó hace no mucho con una carta de motivos de “portador de merced de plata”, la cual le fue rechazada. El chico es de una familia de mucha capacidad económica, posiblemente de Brodovya o de alguna familia de Llyntia o Iphenor. El chico está envuelto por la culpa, no he podido llegar a él —Emilia les contó, mientras que Jacob pensó un poco y, justo como una corazonada, dijo:
—Luan Rosewood. Por supuesto, los últimos Rosewood aún deben tener bastante fuerza en los alrededores de Puerto Blanco —Jacob buscó en su libreta de piel de conejo.
—¿Rosewood? —preguntó Ithil, como si el nombre le fuera conocido también.
—«Importaciones y Cargamentos Rosewood», aquí está. Son una familia dedicada al transporte y movimiento de carga por todo el mundo, entonces el chico es de dinero —Jacob miró de regreso a Emilia.
—El chico Luan está altamente traumatizado; de hecho, aún no le he dado de alta aunque está saludable. Debe de estar por las capillas. El chico se ofreció a pagar por los tratamientos de Rax, Rhea y Nesta. En este momento estamos haciendo lo necesario para transferir a los chicos a un hospital privado aquí mismo en Thar-Abbys —Emilia miró los papeles de logística de su piso, donde tenía anotadas las altas y las entradas. La renta de los equipos especializados con los cuales trataron a Nesta estaba a cargo del aventurero Luan Rosewood, rentados por los siguientes dos años en beneficio de cualquier aventurero que los necesitase.
—¿Woaa, dos años? Eso es un montón de dinero —Mina miró los recibos de consumibles, servicios de mantenimiento mensuales cubiertos y entrenamiento de uso técnico con certificación.
—¡Es casi un ala completa! No tenían este equipo hace una semana —Inola miraba los recibos aún más sorprendido que los otros; era la primera vez que veía tanto dinero de golpe, aun cuando fuera solo reportado.
—Maestra Emilia, ¿dónde está Luan? —Ithil preguntó sorprendido.
—Está en las capillas. Por el momento no tiene programada cita conmigo, pero mañana sí. Si hablan con él, me gustaría saber un poco de lo que logren platicar —Emilia arregló su pequeña maletilla y dejó los expedientes en un librero en la sala de espera.
—¿Maestra Emilia, está aquí? —una chica de pelo rojo y piel morena tocó en la entrada; su expresión parecía ser de urgencia.
—¡Sí, en un momento! ¿Qué pasa, doctora Valeria? —Emilia se dirigió cortésmente a la joven.
—Hubo un accidente en un horno de cocina del sector de comercio, ¡hay dos quemados, necesitamos su ayuda! —Valeria dio un saludo cortés pero corto a los demás chicos.
—¿Qué? Rápido, llevemos a los heridos al área de urgencias —Emilia salió a toda prisa con Valeria, dejando a los chicos atrás sin decir nada más.
—¿Irás a ver a Luan? —preguntó Mina, sentada en el sillón. Horas de trabajo salvando las piernas de Rax cobraban su cuota en ella.
—Mhh, pero no sé, creo que no soy el indicado —Ithil dijo mientras se rascaba la cabeza. Los demás se veían uno al otro; finalmente miraron a Jacob.
—Eermh... siento que estoy siendo elegido por alguna misteriosa razón —Jacob los miró a todos no muy convencido. Dando un paso atrás, intentó retirarse: —¡¿Qué podría decirle?! —Jacob replicó nervioso, mientras Lizva imitaba su preocupación tratando de defenderlo.
—Humm, tienes un punto, pero de todos nosotros aquí creo que tú eres el indicado. Primero porque eres evocador, y segundo, porque eres del mismo nivel social que él. Ninguno de nosotros podría saber las presiones y obligaciones de un chico como él —Inola le respondió, mientras que Mina se añadió a la conversación:
—Inola e Ithil tienen razón, Jacob. Ninguno de aquí puede saber qué siente un chico como él. Además, el que irá a platicar con Rax será Ithil, él ya casi despierta, y yo hablaré con Rhea —Mina robó una mirada rápida a través de las cortinas del cuarto, subiendo poco a poco las luces.
—Aaawww, muy bien... pero no sé qué decirle... —Con lágrimas en los ojos, Jacob se encaminó a las capillas mientras Lizva lo animaba lo más que podía.
Jacob caminó de regreso por los estériles pasillos adornados con caliza barnizada, llegando al amonite gigante donde algunos ya estaban colgando cintillas de papel. Uno de ellos portaba el nombre de Lucernia, la chica que hace una semana lograron rescatar junto a los dos integrantes de su equipo, Moltan y Varian; y otro más para el descanso eterno de Shigure, la arquera.
—¿Qué podría decirle yo?... Haaa, vamos, Lizva.
Las palabras silenciosas de los rezos se asomaban por las orillas de los pasillos; deseos nacientes se elevaban mientras mares de lágrimas y promesas eran ofrecidas a cambio de milagros de salud. Jacob caminaba por las capillas que representaban las religiones más importantes en Khuarhya.
Los Bimetistas, con sus altares pintados en rojo y azul rey, colores contrastantes, y velas blancas. Sus símbolos sagrados: la flecha y la cuchilla, ambos para matar el mal y los excesos, ambos para regular y emitir juicio, ambos para honrar la palabra de las diosas hermanas Enrya y Triariz. Compostura y recato. Como era costumbre, un espejo en el piso de la entrada de sus templos estaba presente para dejar atrás el yo egoísta. Jacob miró cortésmente dentro de este lugar repleto de imágenes gemelas y opuestos encontrados, sin encontrar a Luan.
Más adelante, un biombo tallado en concha de nácar, brillando con un resplandor multicolor, resguardaba la entrada al templo de las Efigies Matronas. Espejos metalizados y vitrales de cristal teñido reflejaban y proyectaban el hermoso e iridiscente arcoíris de la Madre Cromática, cuidadora de los drakoorias y sus familias. Mirando entre los orificios del biombo tallado, Jacob no logró ver a Luan tampoco. Eso solo dejaba dos lugares: las salas de las Diez Leyes Verdaderas o la Capilla de Reflexión General.
—Muy bien, no creo que Luan esté en la sala de las Leyes Verdaderas; probablemente esté en la Sala de Reflexión General —Jacob se dirigió a la sala al fondo de las capillas.
Al final del pasillo había un cuarto pintado en un blanco puro y velas. El lugar, limpio y carente de iconos religiosos, se presentaba como un reconfortante espacio de descanso lejos incluso de los propios dogmas. Las Iluminas titilaban de un cálido color ámbar y el olor a piedra húmeda acariciaba la piel. Agazapado al fondo, como escondido del mundo, estaba Luan, sentado en la esquina más alejada de la entrada. Su Klauvra, apoyada en la pared, portaba su usual capa gris. Esta vez Luan no se aferraba a ella como siempre, como si dejase a un lado su profesión de Magicer envuelta en la armadura de la capa; meditaba en silencio, como si viese su propio futuro como aventurero desde afuera.
—... ¿Cómo... cómo están Nesta y Rhea, maestro Jacob? —Jacob se detuvo un momento; el desconcierto le fue grande ante la palabra "Maestro". Con sus dedos tocó su propia medalla, que reposaba sobre su corazón en el pecho; el frío metal le recordó su grado actual. No queriendo desperdiciar la ventaja que se le presentó, caminó junto al chico.
—¿Me puedo sentar? —Jacob dejó afuera su equipo, inclusive a Lizva, que no muy contenta se dedicó a hacer pucheros afuera.
—Sí, sí, claro, maestro Jacob —Luan se levantó lo más rápido posible, dejando ver a un lado de sus pies una botella de licor de Rebril que cayó de lado.
—¡Oh! Tonto de mí, disculpe, no quise... haa, arriba... arriba... arriba... ghaaa —Luan, claramente estresado, se inclinó varias veces para tomar la botella. Fallando por unos milímetros, la pudo levantar al cuarto intento.
—Solo... ja... solo quiero salir de aquí —Luan miró la botella en su mano. El frío del líquido condensaba lágrimas de agua en la superficie; mirando fijamente el tinte rojizo del envase, las gotas le parecían ser de sangre. El pánico lo tomó de regreso y rápidamente usó su manga para quitarlas de la botella. Un espíritu efímero de culpa se escurría por detrás de Luan. Jacob eligió pretender que no podía ver al espíritu, el cual solo lo miraba tímido mientras susurraba junto a los oídos de Luan.
—Sí... Nesta y Rhea, mm, pues hay buenas noticias para las dos —Jacob sonrió y se acercó al joven Magicer, quien se dejó caer sobre el sillón donde reposaba una cobija de fina hechura, suspirando de alivio. Jacob en ese momento actuó: moviendo la mano de manera furtiva, pretendió quitar un par de pelusas del hombro de Luan y, al quitarlas, desprendió un brazo del espíritu efímero. El espíritu se sorprendió tanto que, enfadado, trató de arremeter contra Jacob. Lizva interrumpió, haciendo sonar un bello adorno de viento que descansaba en medio del cuarto.
—Ja, ja, ja, ¿al menos funcionó de algo lo que hice? —Luan, triste pero aliviado, le preguntó a Jacob. Fastidiado, el espíritu efímero intentaba reclamar su territorio, pero Jacob en silencio usaba todo su poder para echarlo atrás con cada palabra que mediaba con Luan.
—Sí, sí sirvió, no solo a ellas, a otros también les servirá... Sabes, cuando llegué a la academia también era un portador de merced — Jacob sonrió un poco apenado.
—¿Eh? ¿En serio? ¿De dónde es, maestro Jacob? Por cómo habla parece ser de Brodovia —Luan se relajó un poco; el espíritu perdía más y más su agarre en el joven Magicer.
—Ja, ja, pues soy de Ghillin —Jacob mostró el rollo de su vieja carta de grado. Junto a esta, los hilos discretos del Rosario de la Dominación se extendieron por el cuarto.
—¡Ma... MAHOGANY! —Luan, sorprendido, se echó para atrás. Por un momento olvidó los pesares de su situación, permitiéndole a Jacob tomar lo que parecía ser el pecho del espíritu efímero. Lizva tomó los hilos y comenzó a tirar de ellos, separando al joven Magicer de aquel espíritu atiborrado de las penas y el miedo de Luan.
—Shhh, aún hay pacientes —Jacob puso un dedo sobre su boca bajando la voz, mientras guardaba el rollo con el emblema Mahogany.
—Luan Rosewood a su servicio, señor Mahogany —Luan se puso en posición firme y dio una profunda reverencia. Jacob, nervioso, se paralizó por un instante.
—¡Arriba, arriba, Luan, en este momento somos aventureros! —Jacob lo instó a levantarse; su brusco movimiento separó aún más al espíritu efímero, que con enojo y desesperación trataba de aferrarse al joven.
—Eso es lo hermoso de este lugar, Luan... Aquí en Thar-Abbys no somos Rosewoods o Mahogany, simplemente somos aventureros... y compañeros. Me enorgullece que no hayas huido; si solo hubieses pagado y escapado probablemente tendrías más problemas, y con tu familia... Sé cómo es cargar con todo eso: los nombres, los trajes, los modales —Jacob hablaba desde su propia experiencia, recordando fiestas y reuniones familiares hostiles.
—¡Los horribles invitados! Las mocosas y malcriadas hijas de papá... —Luan siguió con la lista.
—¡Los modales en la mesa! —Jacob respondió. Aquel espíritu efímero se ahogaba en luz y daba bocanadas desesperadas, desperdigándose en polvo.
—Quién necesita seis tenedores. —Quién necesita cuatro cuchillos —dijeron ambos al mismo tiempo.
—Si solo... —Jacob miró al hermoso candelabro de tubos metálicos e Iluminas. —Solo necesito saber que al final del día... —Luan prosiguió. —Tu familia te apoyará y... que entre todos ellos, ¡aunque sea a uno... solo a uno! Solo a uno de ellos le importas porque eres tú y no tu apellido... —Luan tomó la botella de licor y vació el contenido en una pileta de agua vacía tallada en mármol.
—Luan, el enemigo era fuerte y, a pesar de que fueron derrotados, pueden seguir adelante si lo desean —Jacob se levantó y arregló su ropa, dándole unas palmadas en la espalda.
—Gracias, maestro Jacob, me siento mejor. Y creo que continuaré aquí en la academia... Ja, ja, ja, pensaba renunciar, ¿sabe?... Me haré cargo de mis errores... ¡Gracias! —Luan cayó dormido después de decir eso.
—Je, je, parece que no habías dormido nada, chico. Descansa —Jacob tomó la capa gris de Luan y notó que la estaba usando al revés, así que la sacudió y la puso sobre el joven. Una capa de rojo vino y el emblema en hilo de oro de los Rosewood en el botón se podía ver. Jacob tomó sus cosas y regresó con los chicos.
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