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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Thar-abbys una ciudad Diferente parte 3

Thar-abbys una ciudad Diferente parte 3

Jun 22, 2026

—¿Luces?... ¡Ah, mi mano! —Nesta despertó asustada y, recordando el horror de su encuentro, puso su mano en su hombro. Al encontrar su brazo, respiró profundo y aliviada. Su cuarto era iluminado por las cálidas Iluminas que venían desde afuera, del cuarto de espera donde gente desconocida aguardaba.
—¿Qui... quiénes son ellos? ¡Rhea! ¡RAX! ¡LUAN! ¿Dónde están?... Rhea... ¿dónde estás?... —Las lágrimas comenzaron a acumularse. Repentinamente sintió una punzada dolorosa, como un cuchillo caliente, cuando trató de quitarse la cobija con su mano.
—Aaaaa, ¿qué es?... Gaaaaaaa, duele mi brazo... duele mucho... sniff... ayuda... alguien... —Nesta se tomó su brazo; este no respondía y su color era extraño para ella.
—¡Nesta despertó! Iré a hablar con ella, es mi turno —Mina se levantó. Las ojeras eran más que evidentes; las sesiones continuas en la sala de curaciones eran largas y cobraban su precio en cansancio.
—Ánimo, hermana Mina. Si gustas, puedo hablar yo con el joven Rax —Leonidas tapó con una manta a cuadros a Magaska, que estaba completamente exhausta por la misión.
—No, Leo, yo hablaré con él. Tú nos ayudaste muchísimo conduciendo sin descansar por esas semanas, te ganaste un buen descanso —Ithil dio un par de palmadas a Leonidas; él respondió un poco con la cabeza y cayó dormido junto a Magaska.
—Hola, buenas tardes, Nesta. Soy Mina, yo te atendí en el campo y sigo tu tratamiento aquí —Mina entró con una sonrisa, vistiendo una bata blanca de laboratorio por encima de su equipo habitual. Su medalla de oro relucía entre sus ropas.
—M...ina, tú eres la chica que vi sobre mí en el... ¡uh!... ¡BLEEEEERGH! —Nesta trató de recordar lo que sucedió, reviviendo aquel camino de piedra. Un mareo acompañado de vómito llegó de golpe; tratando de mover su brazo, Nesta cayó de lado, casi resbalando hasta el piso, pero Mina la detuvo.
—¡RHEA! ¿DÓNDE ESTÁ RHEA? Haaa, mi brazo, ¿por qué duele tanto?... ¿Por qué no responde? —Nesta era un mar de ideas; su mente estaba en varios lados al mismo tiempo, recordando, doliendo, cambiando de aquí para allá con un caos no esperado por Mina.
—Nesta, calma, estás segura. Tú y Rhea, todo tu equipo, todos lo lograron. No hay nada que temer —Mina abrazó a Nesta. Ella solo miraba su brazo, casi al borde del enfado; Nesta echó a un lado a Mina.
—Maestra Mina... este... este no es mi brazo... ¡es de alguien más! —Nesta, apretando su brazo reinjertado, lo repetía una y otra vez hecha un ovillo en la orilla más lejana de la cama, enterrando sus uñas en él y pegándole con su mano.
—Nesta, estás lastimando tu brazo... Nesta, escúchame... Nesta, tu brazo fue desmembrado; luchamos por salvarlo y tuvimos éxito, pero debes dejarlo curar —Mina calmadamente se acercó.
—Y... y... Rhea... sniff, ¿está bien?... Me lo jura... sniff —Nesta se detuvo, solo apretaba su brazo dejando una marca blanca en su piel.
—Sí, está bien, lo juro. Está de hecho en el cuarto de al lado, mira —Mina corrió las cortinas de ambos cuartos, dejando ver a la joven Rhea durmiendo plácidamente.
—Qué bueno... Qué bueno... Rhea... —Lágrimas salieron por unos minutos de Nesta. Mina se sentó junto a la chica y miró su medalla, suspirando; las palabras de Nesta como "Maestra" le resonaron un par de veces.
—Por cierto, hoy es martes. Escuché que en la cafetería hay panes de carne extradeliciosos... ¿Te gustaría que te apartara unos? —Mina, sonriéndole a la chica, dijo con toda honestidad.
—Sí, maestra, por favor... ¿Mi brazo estará bien? —Nesta acarició la palma de la mano; aquel sentimiento de caricia no llegó, era como si el brazo no estuviera ahi.
—Te ayudaremos, pero la única que podrá lograr eso serás tú —Mina salió del cuarto y se dirigió con Rhea.
—Gracias por salvarnos, maestra Mina —Nesta dio una sonrisa limpia, abrazándose a sí misma. Mina le respondió con una sonrisa llena de alivio y alegría.
—Mmmhh... Mhhh... la, la... Mmmh... —Rhea tarareaba una canción suave y tranquila. El tono durazno de su piel estaba casi ausente; la palidez en su lugar la cubría por completo. Uñas azules y ojos sin brillo descansaban en la cama.
—Oh... adelante, pasa... —Rhea apenas podía hablar, pero se esforzaba por recibir a Mina de igual manera.
—Hola, Rhea... Soy Mina, te atendí en el camino empedrado... ¿Cómo te sientes? —Mina trató de hacer una pregunta simple.
—... Tengo frío... y... sed, mucha sed... ¿Podría pedir... algo caliente... maestra Mina? ¿Cierto?... —Rhea rasco su mejilla preguntando con una voz suave y delgada.
—Pues de cierta manera sí soy Maestra, mi medalla me da autoridad, aunque... ja, ja, ja, ja, empiezo a dudarlo. Claro, ¿gustas un chocolate caliente? Podemos prepararlo en la sala de espera y te lo traigo —Mina abrió la puerta para preparar la bebida cuando Inola llegó rápidamente con dos tazas preparadas.
—¡Oh, gracias, Inola! —Mina recibió la bandeja y regresó al cuarto.
—La, la... mmhhh, mh, mh... —Rhea temblaba de manera incontrolable mientras cantaba; la sonrisa en su rostro era traicionada por las lágrimas que caían por sus mejillas. Sus manos recorrieron su cuello vestido en vendas y medicina para ir al cuerpo y recorrerlo, como confirmando que todo estaba ahí.
—Mmmhhh... ta... sniff... hic... hic... la... sniff... la, la... —Tarareando una hermosa canción, Rhea lloraba. Mina, congelada en su lugar, apenas podía pensar en qué decir o hacer.
—¿Có... cómo está Rax? ¿Está bien? —Rhea no paraba de tocar su cuerpo, frotándolo como si tratara de recuperar el calor perdido en aquel camino.
—Sí, pero también está herido. Mi compañero Ithil está atendiéndolo —Rhea rio dos veces en secreto, tragando sus lágrimas.
—Nesta... ¿cómo está?... —Su voz se rompía junto a sus quebradizos labios.
—Ella también está herida. Son muy amigas, ¿cierto? Lo primero que hizo fue preguntar por ti —Mina hilaba con dificultad qué decir; las señales que recibía de Rhea eran confusas y la asustaban un poco.
—Ja, ja... sí... je... ella es muy alegre... es un sol... —Rhea se rascó la mejilla continuamente; su uña pronto fue acompañada por otros dos dedos de su mano hasta que rasgó su piel.
—¡Rhea...! —Mina corrió a detenerla, sujetando su mano.
—¿Eh?... ¿De nuevo?... Oh, no... lo siento... lo hice de nuevo... —Rhea miró su mano; como si repentinamente un poco de brillo regresara a sus ojos, detuvo su mano.
—Sabe... antes... me solía hacer daño... solía rascar mis mejillas hasta sangrarlas... —Mina pudo notar viejas cicatrices en la cara de Rhea ocultas por el maquillaje. Usó una gaza y retiró dos pequeñas almohadillas de goma suave; debajo de ellas, cicatrices profundas en su rostro, como surcos, iban de arriba a abajo.
—Ya veo... Las lavaré y te las pondré al lado de tu cama —Mina, impresionada por lo que vio, tomó los suaves rellenos y los lavó con jabón médico.
—Gracias... ¿Maestra? Soy horrible... ¿cierto?... En nuestro pueblo solían golpearme mucho los demás chicos, no tenía a nadie y... Rax me ayudó... su... calor... me ayuda a alegrarme. Y después llegué a la academia junto a él... y conocí a Nesta... y a Luan... de repente... tuve tantas razones por las cuales sonreír... sniff —Rhea miró al piso apenada, pero muy cansada para llorar.
—Todos los dias... era tan hermoso... era tan amada... y después... pasó aquella noche... entre Rax y yo... y eso me dio aún más fuerzas —Rhea se apenó un poco; como un capullo en flor, sus sentimientos hablaban solos.
—Entonces... ¿ya lo sabes? —Mina preguntó, sentada frente a ella.
—... Mhm, tenía el presentimiento... como una pequeña perla en el vientre... aún lo siento... creo que se lo debo a ustedes —Rhea lentamente se recostó, asintiendo con su cabeza.
—Muy bien, Rhea. Estás en tus inicios de embarazo, salvaste la situación lo mejor que pudiste y la maestra Emilia nos ayudó a estabilizarte... Pero tenemos dos puntos importantes: el primero es que tu embarazo es aún muy inicial, y el segundo es que estarás en etapas críticas y con anemia en los siguientes meses... —Mina se detuvo un poco; el verdadero golpe venia.
—Puede decírmelo, maestra Mina, seré fuerte —Rhea, recostada, puso su mano en su rostro cubriendo sus ojos.
—Eres una verdadera doncella de escudo, Rhea... Como guerrera te respeto. Ley Verdadera número Dos —Mina tomó la mano de Rhea; ella sonrió con sus escasas fuerzas y ambas dijeron en voz alta:
—La decisión para luchar, la fortaleza para vivir, el vivir es luchar, decisiones con fortaleza. El guerrero no pelea para sacrificarse, el guerrero lucha para sobrevivir y ayudar a otros a hacerlo de igual manera —Mina, alegre de la respuesta de Rhea, soltó su mano.
—Los siguientes meses serán decisivos. Aún no llevas un bebé, es muy pronto para llamarlo así; si la situación lo dicta, deberemos decidir entre ti o seguir tu embarazo. ¿Qué decides? —Rhea puso su mano en su vientre y después en sus mejillas.
—Sí, doctora Mina... si el momento llega... elijo vivir... pero lucharé antes de decidir... Rax... es un testarudo... pero es un chico gentil... y cálido... díganle al maestro Ithil que no sea duro con él... —Rhea poco a poco cayó dormida. Mina tomó las tazas y bajó las luces. Nesta salió de su cuarto con esfuerzo y caminó con cautela frente a Mina.
—¿Rhea está embarazada? —Conteniendo lágrimas y alegría, Nesta preguntó en voz baja parada en la orilla de su cuarto.

—¿Qué te parece si le preguntas a ella? Por el momento está cansada... —Nesta, con ojos llorosos y enormes, miró profundamente a Mina.
—Ah... sí. Sí, puedes dormir con ella; solo no la incomodes y déjala descansar. Si las enfermeras ven que la incomodas, ¿te regreso a tu... cuarto?... — Nesta no espero mas y acomodada junto a su amiga, se hizo un ovillo como un gato y tomó la mano de Rhea.

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