“Es la última persona que quería toparme después de lo de ayer, debería irme.”
Pensó mientras sostenía una sonrisa nerviosa y tensa frente a Alex, quien solo la observaba mientras sostenía su teléfono.
—Perdón, me equivoqué.
Fue lo único que pudo pronunciar y darse la vuelta dispuesta a retirarse. Alex solo suspiró y bajó la mirada hacia la pantalla de su celular.
Mariam se detuvo antes de marcharse.
“Espera... aún puedo arreglar lo de ayer... aún puedo disculparme y así... sería un problema menos a César.”
La imagen de César sonriendo apareció en su mente, así que se propuso a darse la vuelta... pero, por alguna razón, no podía voltear por los nervios, por más decidida que estaba.
Alex al ver que Mariam no se movía de su lugar decidío hablar
—¿Necesitas algo más?
La asustó e hizo voltear.
—Eee... yo... quería pedir disculpas por lo de ayer
Su sonrisa era sincera, pero aún se podían observar los nervios
—No debí comportarme así, me sobrepasé, lo siento.
—Está bien, no te preocupes
La voz de Alex era fría, a pesar de las palabras que pronunció, la tensión aún se sentía entre ambos.
Mariam decidió acercarse, aunque sus movimientos eran bastante tiesos por el nerviosismo, y se sentó a lado de Alex en silencio mientras él la observaba curioso y confundido.
Mariam comenzó a buscar en su bolsa de almuerzo en silencio hasta que al fin, en su mano, le acercó a Alex unos chocolates en su envoltorio, lo cual lo confundió aún más.
—Una oferta de paz.
Mariam, aún nerviosa y tensa, se los ofreció.
—¿Segura que quieres dármelos? Tu cara dice que te estás forzando.
—No es verdad
Si lo era, ese chocolate era su postre que cesar le compro un dia antes por capricho de ella.
—Te gusta el chocolate, ¿no es así?
—¿A quién no le gustaría?
Alex por fin tomó de la mano de Mariam los chocolates y, gracias a su comentario, Mariam, como buena persona de memoria a corto plazo o quizá demasiado ingenua, no dudó en volver a hablar, pero esta vez más animada.
—¿Verdad? El chocolate es de mis dulces favoritos, aunque bueno, no me gusta el chocolate amargo, ah, pero no es que no me gusten las cosas amargas, el limón me gusta bastante.
—Pero... el limón es ácido... no amargo.
—Bueno, después de dos días abierto sabe amargo.
—¿Por qué comerías un limón de dos días abierto?
Mariam se sonrojó ante la pregunta de Alex, tenía razón, una persona normal no lo haría, así que solo intentó componer las cosas.
—¡T-... tenía 5 años!—
Alex comió los chocolates mientras ella quería justificarse y, después de eso, Alex volvió a mirar hacia las hojas del árbol, pero esta vez su mirada era relajada. Mariam, al observarlo, sonrió, la tensión se había ido al fin.
—¿Por qué no estás con tus hermanos?
—No suelo comer con ellos, siempre están rodeados de muchas personas... es molesto.
—Oh, entonces quizá hubiera sido bueno que estuvieras con Kamila.
—Está en el comité de estudiantes, ¿verdad? No me gustan esas cosas.
—No debería, pero... me pareces esa clase de personas a las que no les gusta estar en esas actividades.
—Así es, pero me obligaron a serlo, bueno, ni modo
En su última frase Alex se inclinó a recargarse más en la pared, tomando una pose relajada.
Mariam observó las hojas de los árboles y su mirada se perdió unos momentos en ellas.
—Estás preocupada
Hizo notar Alex, que la miraba de reojo.
—Sí... es por la prueba de poderes.
Alex se enderezó para poder verla mejor.
—Yo no viví gran parte de mi vida aquí, no sé usar... mis poderes... o más bien controlarlos.
Un leve destello de un recuerdo oscuro apareció en la memoria de Mariam: sangre esparcida, una figura femenina gritando detrás de esa gran mancha de sangre.
La mirada de Alex se sorprendió ante la expresión de Mariam, quien no terminó de explicar, una mirada de terror y pánico.
—No... nada, haha... lo siento, creo que olvidé de qué hablábamos.
Alex sintió empatía con esa mirada y parecía haber compartido ese recuerdo de ella, algo le decía que no era un buen recuerdo.
—Igual, aunque quisiera, no sé hacerlo. Ayer entrené y lo intenté, no logré nada.
Mariam se rascó la mejilla, apenada, mientras seguía sonriendo
—No quiero dejar la escuela, prometí esforzarme, además...
Su mirada se volvió más dura, aunque la había desviado hacia un lado
—No quiero darles gusto a los que me quieren fuera.
“Un momento, ¿por qué le estoy contando todo? Ya me arrepentí, hablé de más, solo hablé por hablar, ya debería de haberme callado”
Pensó Mariam por unos momentos. Mientras se iba sonrojado y enojando consigo misma.
“Quiero regresar el tiempo, qué vergüenza, me está observando en silencio, qué incómodo silencio.”
Sonó la alarma, sus orejas de lobo de ambos se sacudieron al escucharla.
Alex se levantó primero y le tendió la mano a Mariam. Ella lo observó y, a pesar de no haber una sonrisa en la cara de Alex, sus ojos eran amables y Mariam no pudo evitar sonreír. Tomó la mano de Alex y, después de levantarse, ambos siguieron charlando lado a lado.
—¿Quieres más chocolate?
—Parece que has traído bastante.
—Quería compartir con Kamila.
—A Kamila no le gusta el chocolate.
—¿EEEH?!
—No te preocupes. Me llevaré su parte, así no se te quedarán.
—Wow, gracias, Alex.
—Pero a mí sí me gusta el chocolate
Kamila miraba a Mariam confundida, encontrándose detrás de ellos mientras entraban al aula.
Alex solo continuó con su camino tranquilamente, mientras Mariam lo miraba con la boca abierta, incrédula, y Kamila solo reía
—Parece que te engañó, qué bueno que se lleven mejor.
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