Después de aquella clase, el día en la escuela transcurrió muy rápido.
Hubo diversas reacciones: entre los que temían ahora acercarse a Alex, y quienes se acercaban por curiosidad, aunque en su minoría.
Y, por su expresión, a Alex parecía agradarle que lo evitaran
Lo decía su expresión sin necesidad de palabras: “¿Por qué no hice esto antes?“.
Rhys se la pasó berrincheando al no poder estar todavía autorizado a usar sus poderes. Mariam, por su parte, se sentía tranquila de haber ganado tiempo; era un golpe de suerte.
Llegó al departamento de César.
Era un departamento pequeño, así que al abrir la puerta de la entrada tenía vista directa al comedor, donde César se encontraba sentado, recargado en la mesa con sus codos, su rostro hundido entre sus brazos. Algo le dio una mala espina a la pequeña loba.
—¿Has interactuado con los Fenrir y Edvane?
De pronto habló de manera tan seria, refiriéndose a Kamila y a los tres hermanos lobos, que Mariam se quedó congelada.
—Ah, sí, nos llevamos bien, somos amigos —dijo sin voltear a verlo.
Una de las habilidades de los lobos es poder percibir la esencia de los demás.
La esencia habla por sí sola: puede decirte quién miente, quién está nervioso o asustado.
No es algo que se use con frecuencia, pero César lo hace siempre con Mariam, así que ha aprendido a medio mentir.
Y lo que dijo... en parte no era mentira; consideraba a Kamila una amiga.
César se quedó en silencio unos momentos.
Mariam simplemente se alejó a la sala, ocultando sus nervios y cómo sentía la mirada sobre ella, fingiendo que no se daba cuenta.
César pronto suspiró, relajando el ambiente.
—Lo siento, me tomó por sorpresa lo de ellos. No recordaba, o más bien no tomé en cuenta, que estuvieran en tu misma clase.
—¿Tiene algo de malo?
César dudó en hablar unos momentos, pero al final solo sonrió y miró a Mariam.
—Si dices que son tus amigos, ahora supongo que no. Me alegra que haya sido así.
—Sí, fue pura casualidad
Con Kamila al menos, pensó para sí misma.
Aunque con Alex parecía ir mejorando las cosas desde el receso.
—Bueno, por ahora la familia está incompleta por ahora, así que intenta no llevarte mal con ellos ni destacar de todas maneras.
—¿Incompleta?
—De la familia Edvane, uno de sus miembros, es decir, el hijo menor, ha sido enviado fuera de la ciudad.
Kamila Edvane es a quien conociste apenas.
No sabía que Kamila tenía un hermano; no lo había mencionado durante todo este tiempo.
Aunque... no es como que lleváramos tanto tiempo de conocernos, es normal que no me lo cuente todo.
—En fin, vamos a la parte más importante
César se había levantado y se sentó en la sala mirando a Mariam
—Me enteré de que te salvaste de la prueba a consecuencia de que Alex... hizo un caos. Pero... ¿qué te ha parecido?
— Todos parecen disfrutarlo... igual que tú. Son demasiado variados los poderes: algunos elementales, pero adaptados a su personalidad, pero uno...
Mariam recordó los poderes de Alexander y César en su demostración: esos rayos oscuros con rojo invadiendo todo el lugar en una explosión, y la energía azul de César que parecía tan pura
—Era distinto... como energía, pero no exactamente un elemento.
César intuyó que se refería a Alex, debido a todo lo que se observó en la sala de entrenamientos.
—Eso es posible, pero suele ser un nivel avanzado. Verás, los poderes elementales es lo que toda quimera tiene, pero el poder controlar la energía de la esencia propia es totalmente diferente. Tienes que tener un control total sobre tu elemento para poder ejercer energía pura. En el caso de Alex... bueno, se dice que nació con ese poder. Es especial.
—Tú también la usas... —dijo Mariam, mirando curiosa a César
—Sí, pero yo lo logré a base de entrenamiento, no es un don como el de Alex
Sacudió el cabello de la chica, molestándola, mientras ella trataba de alejarlo juguetonamente.
Pero esas pequeñas interacciones la hacían sentir bien, feliz, emocionada.
Una vez terminaron de jugar, César se levantó y estiró el cuerpo.
—Bueno, iré a tomar una ducha. Hoy fue un día pesado en la escuela
Se cruzó de brazos, mirando hacia un lado pensativo
—Aún no podemos cantar victoria; sigo necesitando ver de qué forma puedes exentar esa prueba... tarde o temprano te la harán. Bueno...
Cesar levantó ambos hombros restando importancia
—Primero el baño.
César se fue, pero Mariam quedó con un sentimiento agrio en su estómago.
El pensar que tenía razón: se había salvado hoy, pero no sabría si mañana sería distinto. No tenía a dónde ir.
¿Qué haría?
¿A dónde la llevarían?
¿No podría volver a ver a César?
¿Qué puede hacer?
¿Debía preguntarle a Kamila?
O... ¿eso la expondría?
Miles de pensamientos abordaron su cabeza.
Quería moverse, salir, investigar, leer si en algún lado había información, correr, algo... necesitaba hacer algo. No se había dado cuenta de que ya estaba dando vueltas en la sala como perro enjaulado mientras seguía pensando.
El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos. Se dio la vuelta para observar a la persona que había entrado. Lo primero que visualizó... una cabellera negra con matices azules, larga y brillante.
Aquella mujer tenía un rostro hermoso, con un lunar en la esquina izquierda del labio inferior.
Llevaba ropas blancas; parecía un atuendo de combate. Mariam se quedó congelada.
No conocía a esta persona que había entrado y no sabía cómo actuar, pero sobre todo la mujer tenía una expresión desconcertada, con una mezcla de sorpresa.
Sus ojos clavados en Mariam.
—Oye, mejor antes de bañarme te llevaré a entrenar un ra...
César salía cambiado, con un pants y camisa holgada, César se detuvo en seco al ver a la mujer frente a Mariam.
Encontrándose en medio de ambas y llamando su atención.
Mariam y César estaban sentados en el sillón de la sala, mientras que la mujer estaba sentada frente a ambos en una silla, con las piernas y brazos cruzados.
—Bien... César. Explica —comentó con autoridad.
—Antes de que pienses mal, los líderes de los clanes ya están avisados. Y han aceptado que se quede y yo quede como tutor... temporalmente.
—Obviamente aún no tienes edad de poder ejercer algo así... ¿Por qué nadie me avisó nada?
—Por mi parte esperaba tu regreso. Sabía que si te avisaba antes, ibas a querer abandonar tu misión.
Mariam miraba a ambos sin saber qué decir, totalmente confundida, rígida.
Pronto ambos notaron cómo la chica empezó a mover las piernas ansiosamente.
—Disculpa... soy...
La mujer parecía dudar de lo que mencionaría a continuación, y sobre todo parecía generarle dolor verla; no podía sostener su mirada.
—Es mi madre. Sonia
Dijo César, llamando la atención de Mariam y continuó
—Estaba en una misión, así que estuvo fuera por varios meses. Por eso no la habías conocido y... bueno... sí, debí mencionarlo
Sonrió al ver la expresión de Mariam que decía:
“¿Y me lo dices ahora?“.
Sonia se sujetó la cabeza, expresando dolor y frustración, para enseguida hablar:
—Iré a hablar yo con los líderes, pero antes necesito que me cuenten qué ha pasado.
Pasaron los siguientes minutos contándole a Sonia lo que había pasado estos últimos meses, aunque... es mejor decir que César era quien explicaba.
Ponía las cosas en orden incluso para Mariam, incluso explicando la parte de cómo es que llegó al mundo humano.
“Tuve una misión en la que terminé por equivocación traspasando el portal y fue donde la encontré“.
Frase que, por alguna razón, Mariam intuyó que era mentira. No fue necesario ver sus esencias; sus expresiones parecían decirlo todo.
A pesar de estar platicando y dando información, aún estaba esa sensación de que no lo hacían del todo transparente.
Aunque, a decir verdad... a Mariam no le interesaba mucho mientras las cosas estuvieran bien. No quería romper esa tranquilidad.
Transcurrió la plática hasta llegar al tema de la prueba. Sonia suspiró mientras ambos quedaron pensando en una solución.
—Yo iré a hablar con los líderes —dijo por fin Sonia.
—Sí... creo que tendremos más un voto de confianza si tú lo haces...
Sonia miró a César como si aún tuviera algo pendiente de decir, pero no salió nada de sus labios.
Ambos tenían una conexión tan buena que con la mirada todo quedó comunicado entre ellos.
Mariam sintió envidia de repente de esa conexión de madre e hijo, así que solo bajó la mirada.
Sonia, de pronto, suavizó su tono, haciéndose más amable y cálido.
—Mariam... me encargaré de que estés bien, no te preocupes. Saldrá todo bien
Ese tono cálido hizo que el pecho de la pequeña loba se sintiera cómodo y tranquilo, sobre todo al ver la mirada de ambos pelinegros
—Solo... quisiera saber... qué pasó con la persona que cuidaba de ti en el mundo humano.
El tema que intentó evitar incluso con César. Todo sentimiento de tranquilidad se esfumó de golpe. Era el momento de revelarlo...
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