Narra Mariam
Los días transcurrieron con tranquilidad. Los días de escuela eran demasiado “normales”.
Aunque aún no sabía nada acerca de la prueba, lo único que supe fue que, desde ese día, Sonia fue a hablar con los líderes en una reunión. Me carcomía la duda de qué era lo que le habían dicho.
Sonia se comportaba de una manera tan cálida conmigo, y la mayor parte del tiempo estaba en casa con ella: atendiéndome, llevándome a comprar ropa.
Era una guerrera de gran liderazgo e importancia para los líderes, pero para mí... ella era simplemente alguien maternal.
César, por su lado, desde que supo que mis poderes estaban bloqueados por un trauma psicológico, no ha dejado de investigar e intentar no presionarme con el tema, aunque sé que es algo que le preocupa.
A diferencia de su madre, que parece preferir que continúe así.
Mi cabeza daba demasiadas vueltas. Algo que no le había comentado a nadie es que, en ciertas temporadas, tenía sueños... sueños con alguien que trataba de guiarme hacia él.
Desde muy pequeña eran recurrentes, pero estos días... han sido más frecuentes.
Al terminar las últimas clases, me dirigí a la biblioteca de la escuela.
Podíamos quedarnos allí el tiempo que quisiéramos, así que pensé en investigar un poco acerca de mis poderes y si era posible volver a usarlos.
Kamila me explicó aún más acerca de este mundo, pero... por alguna razón, su historia me parecía haberla escuchado antes.
Tomé varios libros y me dirigí hacia una banca hasta que lo vi. Era él, con una expresión seria y concentrada.
Alex.
¿Qué hacía aquí? Las clases habían terminado. Sus hermanos salieron corriendo, gritando que querían llegar a casa.
Alex... me parecía alguien intrigante.
Era popular, pero parecía que eso le molestaba. Era el hijo mayor del líder de más alto rango, pero parecía que incluso eso le molestaba.
Parecía el tipo de persona que encontraba algo molesto en todo. Pensé, suspirando.
Pero tampoco quería llevarme mal con él.
Desde aquel día que charlamos no hemos vuelto a hablar, aunque tampoco sentía incomodidad al estar cerca suyo. Así que me senté en una banca frente a él.
Quise saludar por cortesía, pero parecía muy absorto en su lectura. Tanto que me dio curiosidad saber qué leía.
Quizá fue mi mirada tan penetrante o quizá simplemente estaba demasiado inclinada hacia la derecha, entrecerrando los ojos e intentando leer el nombre del libro, lo que hizo que volteara a verme.
—“El Enigma de Caín” —dijo.
Eso hizo que lo mirara directamente y, sin calcular el nivel de inclinación en el que me encontraba, terminé cayendo de mi propia silla.
Alex se levantó para comprobar si estaba bien, pero fui más rápida. La vergüenza me impulsó a incorporarme enseguida.
—Oh... ah, gracias. Yo... amm... solo... amm... lo leeré después. Gracias por la recomendación.
Me senté de inmediato y enfoqué mi atención en uno de mis libros.
—¿No deberías estar ya en casa?
—¿Eh? Ah... yo... necesitaba investigar algunas dudas que aún tengo de unas materias. ¿Tú no deberías estar en casa? Vi a tus hermanos irse corriendo.
—... Necesitaba investigar algunas dudas que aún tengo de unas materias.
Claramente estaba usando mi misma mentira.
Después de eso, el silencio nos envolvió a ambos.
No era incómodo. Los dos leíamos en silencio, pero mi ansiedad crecía conforme avanzaba entre páginas sobre el pasado de este mundo y su conexión con el Árbol.
No encontraba nada acerca de mí. Nada sobre cómo recuperar mis poderes.
Frustrada, cerré los libros de golpe y dejé caer la frente sobre ellos.
Alex me observó y, por alguna razón que ni él mismo habría sabido explicar, extendió la mano y me dio un ligero toque en la cabeza con un dedo.
—¿No entendiste tu lectura?
Levanté un poco la cabeza.
—Alex... ¿alguna vez has ido o estado cerca del Gran Árbol?
—No. Solo el Clan Botánico está a cargo de cuidarlo.
—¿Tan importante es?
—Parece que sí.
¿Parece que sí?
Alex no sonaba tan devoto ni emocionado como Kamila cuando hablaba de ello. Aunque, bueno... Alex nunca era especialmente expresivo. No sé por qué me sorprendía.
Sin embargo, lo que dijo después sí logró sorprenderme.
—¿Quieres que te lleve?
—¿Eh? Pero dijiste que...
—Puedo entrar por ser un Fenrir, pero jamás me ha interesado ir. Tú, en cambio, pareces... ansiosa. Y frustrada. He escuchado que a muchas personas les ayuda visitarlo.
Mi sonrisa apareció de inmediato.
No sabía si aquello sería una solución, pero definitivamente me despertaba muchísima curiosidad. Y saber que podría tener una oportunidad de encontrar respuestas me hacía sentir emocionada.
—¡Vamos!
—Hoy no. Es muy tarde —se adelantó a responder—. ¿Ni siquiera has visto la hora?
Me quedé congelada.
Saqué el teléfono que César me había regalado y revisé la pantalla.
Entré en pánico.
Treinta llamadas perdidas de Sonia.
Y ya habían pasado las siete de la noche.
No había avisado dónde estaba.
Definitivamente iban a regañarme.
Comencé a recoger mis cosas a toda velocidad, acomodando los libros para devolverlos.
—No puede ser, tengo que irme. Me van a matar. Además, el camino son como cuarenta minutos caminando. Tendré que correr. Quizá veinte si voy rápido... o quince si sacrifico un pulmón, pero tengo que irme ya.
—Solo pide un servicio de transporte.
Lo miré con los ojos entrecerrados.
¿Crees que tengo dinero?
No dije nada, pero parece que entendió perfectamente porque suspiró.
—Yo te lo pido.
—No, gracias —respondí de inmediato—. Puedo llegar corriendo. Además, me da un poco de pena que hagas eso. ¿Y cómo te lo pagaría? Aunque, hablando de eso, estaría bien conseguir un trabajo extra. Bueno, no sé desde qué edad permiten trabajar. También está la escuela, las tareas... y tengo entendido que pronto harán equipos para enviarnos a misiones de entrenamiento. Pero ¿y si...?
Alex se frotó la frente.
—Hablas mucho... y el tiempo se te está yendo.
—¡CIERTO!
Tomé mis cosas sin dejarle oportunidad de responder, aunque tampoco parecía que fuera a hacerlo.
—¡Nos vemos mañana!
Le sonreí y salí corriendo hacia la puerta.
Pero antes de cruzarla, me giré y grité a todo pulmón, olvidando por completo que seguíamos dentro de una biblioteca.
—¡NO TE VAYAS TAN TARDE! ¡Y VE CON CUIDADO, POR FAVOR!
La bibliotecaria me lanzó una mirada asesina y me hizo una señal para que guardara silencio.
—¡Lo siento!
Me disculpé rápidamente y desaparecí por la puerta.
Alex permaneció sentado, observando la dirección por la que me había ido.
Luego levantó el libro frente a su rostro y continuó leyendo, fingiendo concentración al notar que ahora la bibliotecaria también lo estaba observando a él.
══════DARKWOLF═══════
Al día siguiente, todos los estudiantes se encontraban emocionados esperando la asignación de equipos.
Durante varios días habían llamado a los alumnos faltantes para realizarles la prueba individual de poderes y así poder asignarlos correctamente. A mí jamás me llamaron. Quizá... Sonia tenía algo que ver. Aunque tampoco me había dicho nada al respecto. Cada vez que preguntaba, su respuesta era simplemente:
“No te preocupes”.
Observé a Kamila.
Estaba nerviosa.
Por primera vez desde que la conocía, la veía nerviosa.
Y eso me hizo sonreír.
—¿Quieres que te toque en el equipo de Elliot, cierto?
Kamila dio un pequeño salto en su asiento y miró rápidamente a todos lados para comprobar que nadie me hubiera escuchado.
Era adorable.
Yo había sido lo suficientemente discreta al susurrarlo, y el resto del salón estaba haciendo demasiado ruido como para prestarnos atención.
—No sé de qué hablas —respondió, mientras un ligero sonrojo teñía sus mejillas.
Mi sonrisa se hizo aún más grande.
Apoyé ambas manos sobre mis mejillas y me recargué en ellas, disfrutando de la situación.
—Kamila, eres muy obvia.
—¿De verdad te parece eso? —preguntó con genuina preocupación.
—Para mí sí. Soy tu amiga, después de todo.
Lo dije con cierto orgullo.
Llamarla amiga me hacía sentir bien.
Jamás había tenido amistades de verdad, así que aquella palabra tenía un significado especial para mí.
Kamila se acomodó en su asiento y carraspeó.
—No importa... eso no depende de mí. Los grupos serán organizados según los niveles de habilidad.
“Ya estuvo que me quedé fuera”, pensé.
Aunque, siendo sincera, quizá era lo mejor.
Menos preguntas sobre de dónde venía.
Menos miradas juzgándome.
Nuestro tutor entró al salón comentando lo interesante que había sido observar cada una de las técnicas y habilidades presentadas durante las evaluaciones.
Varias voces emocionadas respondieron de inmediato.
Yo, en cambio, bajé la mirada hacia mi cuaderno.
Avergonzada.
El profesor activó una pantalla frente al grupo.
—Pueden acercarse a buscar su nombre y el número de equipo asignado. Después deberán reunirse en las áreas correspondientes para conocerse mejor. Recuerden que esto es esencial para que aprendan a trabajar juntos. Tienen hasta las doce para realizar esta actividad. Son dos horas, así que me retiro.
En cuanto terminó de hablar y se dirigió hacia la salida, prácticamente todo el salón corrió hacia la pantalla.
Bueno... casi todo.
Los llamados hijos prodigio permanecieron en sus lugares.
Estefanía, la chica zorro, observaba el caos junto a la chica murciélago con una expresión de absoluta tranquilidad.
Yo tampoco me levanté.
Creía saber perfectamente cuál sería mi resultado.
Sin embargo, Kamila tenía otras herramientas.
Desde su asiento, usando el zoom exagerado de su teléfono de chica rica, logró acercar la imagen de la pantalla apenas poniéndose de pie.
De pronto dio un respingo.
Aquello llamó mi atención de inmediato.
Kamila volteó hacia mí con las mejillas completamente rojas.
Movió los labios sin emitir sonido alguno.
Pero entendí perfectamente lo que decía.
“Estoy con él”.
Mis ojos se abrieron de par en par.
Me levanté emocionada por ella.
—¡Kamila, qué emoción! ¡Es tu oportunidad! Ya escucho las campa...!
Me tapó la boca antes de que pudiera terminar.
Demasiado tarde.
Ya había llamado la atención de medio salón.
—Kamila, ¿pudiste ver los equipos? —preguntó Elliot desde su asiento con una sonrisa amable.
—Enséñame, enséñame —insistió Rhys, asomándose por detrás de su hermano.
—No le tomé foto, pero hice zoom y...
Entonces ocurrió algo extraño.
Un silencio repentino cayó sobre el salón.
Los pocos que seguíamos sentados intercambiamos miradas confundidas.
Sentí que varias personas observaban hacia nuestra dirección.
Después comenzaron los murmullos.
—¿Está en su equipo?
—¿Por qué?
—Entiendo que Rhys esté ahí, pero...
—Entonces los hermanos Fenrir no estarán juntos.
Fruncí el ceño.
Ahora sí tenía curiosidad.
Me levanté y avancé lentamente hacia la pantalla.
Incluso antes de llegar, pude sentir las miradas sobre mí.
Intenté ignorarlas.
Cuando finalmente vi la lista, me quedé inmóvil.
Mi nombre aparecía justo debajo del de Rhys y Alex.
¿Por qué?
No tenía sentido.
Ni siquiera tenía una puntuación registrada.
Ellos estaban entre los más fuertes de la generación.
Alex había destruido una sala de entrenamiento entera.
¿Qué hacía yo ahí?
—¡Oh! ¡Estaremos juntos!
La voz de Rhys apareció detrás de mí antes de que pudiera procesarlo.
Un segundo después, uno de sus brazos rodeó mis hombros con total naturalidad.
—No conozco tus poderes, pero seguro serán interesantes.
Ignorando por completo las miradas de los demás y mis crecientes nervios, Rhys se volvió hacia su hermano sin soltarme.
Como si aquello fuera lo más normal del mundo.
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