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DarkWolf

La chica sin poderes

La chica sin poderes

Aug 14, 2026


—¡Hey, Alex! ¡Estaremos juntos, hermano! Y ella también.

Sentí cómo los ojos de los demás seguían clavados en nosotros, pero parecía que a Rhys no le importaba. O quizá ni siquiera se daba cuenta.

Antes de que pudiera reaccionar, me arrastró directamente hacia su hermano, sujetándolo del brazo mientras Alex se quejaba.

—Ustedes serán mis nuevos amigos. Lo siento, Elliot, nada personal.

Elliot soltó una pequeña risa y, a diferencia de Rhys, sí pareció notar mi nerviosismo.

—Rhys... intenta no presionar a la pobre chica. No todos soportan tu velocidad e intensidad.

Los hermanos comenzaron a bromear entre ellos mientras mi mente seguía sumida en el pánico.

Momentos después, nos encontrábamos en la Zona B de la escuela, reunidos alrededor de una mesa cerca de las cascadas.

Y, para mi sorpresa, mi pánico desapareció apenas llegamos.

Era un lugar hermoso.

Desde la superficie podían verse los achack acuáticos desplazándose bajo el agua cristalina. Seguía pareciéndome fascinante cómo algunos podían vivir en ambos ambientes, entrando y saliendo del agua con tanta naturalidad.

El sonido constante de las cascadas tenía algo relajante.

Quería acercarme y tocar el agua, pero sentía que podría ensuciarla.

Como si fuera un pecado poner mis manos sobre algo tan limpio.

—Entonces... Mariam, ¿cierto?

La voz de Rhys me sacó de mis pensamientos.

Volteé hacia él.

—¿Qué poderes tienes? Por culpa de Alex ya no pude averiguar los de nadie.

—Solo querías presumir —comentó Alex.

Rhys se rio sin molestarse siquiera en negarlo.

—También.

Luego volvió a mirarme.

—¿Entonces?

Se veía genuinamente emocionado.

¿De verdad quería saber cuáles eran mis poderes?

—Te veo muy entusiasmado. Se nota que llevabas mucho tiempo queriendo usar tus habilidades con libertad. Qué lástima que no pudieras mostrarlas.

Desvié la conversación con éxito.

Rhys se levantó de inmediato.

—¿Quieres verlas? La verdad es que sí. Por fin puedo usarlas sin tener que pedir permisos especiales. Mi especialidad es convertir mi esencia en potencia eléctrica.

—¿E-es como energía pura?

Recordé las explicaciones de César.

Aunque...

¿Me pareció ver a Alex tensar ligeramente los hombros?

—Eeeeh... no exactamente. Es un nivel inferior. La energía pura es mucho más difícil de dominar.

Sonrió con confianza.

—Pero algún día lo lograré.

Quise decirle que me lo imaginaba como Thor invocando rayos con un martillo.

Sin embargo, durante el tiempo que había vivido aquí descubrí algo importante.

En este mundo no existían los superhéroes.

Una tragedia cultural, si me preguntaban.

—¿Y tú? —insistió Rhys.

Maldita sea.

—En nuestra primera misión te los mostraré.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

—Así podré sorprenderte.

Sonreí con una confianza tan convincente que hasta yo misma estuve a punto de creerme la mentira.

Rhys abrió los ojos con emoción.

Luego sonrió de lado.

Como si acabara de aceptar un desafío.

Ay no.

Pensé aquello sin perder mi sonrisa.

Alex pareció notar la mentira de inmediato.

Pero no dijo nada.

—Vaya, ahora estoy todavía más intrigado. De por sí quería preguntarte de dónde vienes.

—Rhys... —advirtió Alex.

—¿Qué? Ah... lo siento. ¿Te molesta hablar de eso?

—No...

Sonreí con amabilidad mientras observaba mis manos apoyadas sobre mis piernas.

—Solo que me temo que tampoco conozco mucho de ese mundo. Viví aislada prácticamente toda mi vida.

Quizá mi voz sonó más apagada de lo que pretendía.

Cuando levanté la vista, encontré una expresión distinta en el rostro de Rhys.

Compasión.

Lástima.

No era su culpa.

Pero odié verla.

Mi mandíbula se tensó detrás de una sonrisa.

—¡Peeero ya estoy aquí! —continué rápidamente—. ¿Para qué hablar del pasado? Mejor cuéntenme algo más interesante. ¿Qué saben de las misiones?

La atención de Rhys cambió de inmediato.

Y agradecí profundamente que fuera tan fácil distraerlo.

A continuación me explicó cómo funcionaban las misiones.

Por ahora eran simples entrenamientos y ejercicios de preparación para futuros encargos, especialmente en casos de crisis o posibles conflictos entre ciudades.

Aunque Ciudad (Nombre de Ciudad) era la más grande de todas, muchos clanes seguían manteniendo diferencias entre sí.

A veces incluso conflictos abiertos.

Sin embargo, gracias a la autoridad de los líderes, las guerras habían disminuido considerablemente.

Hablar con Rhys era increíblemente sencillo.

Nunca se quedaba sin temas de conversación.

Era extrovertido, energético y espontáneo.

Todo lo contrario a Alex.

Pero había un problema mucho más urgente.

Yo acababa de prometer que mostraría mis poderes durante nuestra primera misión.

Mis poderes.

Los mismos poderes que no podía usar.

YO Y MI ENORME BOCOTA.

Tenía que hacer algo.

Medidas drásticas.

════════════DARKWOLF══════════════

Giré hacia Kamila.

—Kamila... ayúdame a encontrar mis poderes.

Mi voz salió en un chillido desesperado.

—¿Eh? Ya no me habías dicho nada sobre eso. Creí que...

Me acerqué rápidamente a ella, sujetando la banca mientras susurraba.

—No. Sigo igual de inútil. Por eso necesito tu ayuda. No entiendo cómo ustedes hacen que parezca tan fácil. Estoy en pánico y acabo de cometer el error de retar a Rhys.

—¿Quién reta a un Fenrir sin saber usar sus propios poderes?

—Alguien con la percepción de la realidad completamente alterada.

O sea, yo.

Kamila soltó una elegante risita mientras se cubría la boca.

—Definitivamente eres un caso interesante.

Luego sonrió.

—Iremos a mi casa después de clases. ¿Puedes?

Asentí de inmediato.

Le avisaría a Sonia y a César antes.

Pero lo que más llamó mi atención fue otra cosa.

Kamila parecía tan emocionada por ayudarme como yo por recibir esa ayuda.

════════DARKWOLF════════

Las clases terminaron y acompañé a Kamila a entregar unos documentos.

Cosas de delegada.

Pasamos por distintos sectores de la escuela y, como siempre, no pude evitar admirar todo a mi alrededor. Cada salón, cada área y cada achack que me cruzaba parecían únicos.

Todavía había momentos en los que me costaba creer que realmente vivía allí.

Al pasar frente a la biblioteca, hice algo sin pensarlo.

Busqué a Alex con la mirada.

No lo encontré.

Quizá aquel día no estaba tan antipático como para esconderse de las personas.

O quizá simplemente había llegado temprano a casa.

No sabía por qué me había molestado en buscarlo.

Seguí caminando.

Kamila y yo conversábamos sobre cosas cotidianas mientras abandonábamos la escuela. Ella me contaba acerca de una película que había visto durante el fin de semana.

Entonces dijo algo que me hizo parpadear.

—Sabes... es la primera vez que llevo a una amiga a mi casa.

—¿En serio? Pero... ¿cómo que por qué?

—¿Tanta es tu sorpresa?

—Bueno, es que... pareces alguien muy admirada por los demás. Te llevas bien con todo el mundo. Eres como la chica popular de las películas.

Kamila soltó una pequeña risa.

—Es el apellido lo que provoca gran parte de eso.

Su voz disminuyó un poco.

—Pero no. Nunca había tenido la confianza suficiente para invitar a alguien a mi casa como cualquier estudiante normal.

Mis ojos comenzaron a brillar.

Ella lo notó de inmediato.

—¿SOY ESPECIAL?

Pregunté intentando contener las lágrimas.

Kamila sonrió.

Y siguió caminando.

—¡KAMILAAAAA! ¡RESPONDEEEE!

Corrí tras ella mientras ocultaba la cara para que no viera lo feliz que me había puesto.

Sus risas continuaron durante buena parte del trayecto.

Sin embargo, poco a poco el paisaje comenzó a cambiar.

Las casas eran cada vez más grandes.

Más elegantes.

Más separadas unas de otras.

Todo se veía... caro.

Muy caro.

¿Elitista?

Sí.

Esa era la palabra.

Aun así, el paisaje era hermoso.

Mientras caminábamos, comencé a imaginar la clase de casa que tendría Kamila.

Una residencia moderna.

Blanca.

Con un enorme portón.

Quizá con un jardín exageradamente grande.

Tal vez incluso una fuente.

Me equivoqué.

Me quedé sin palabras.

Y con los ojos completamente abiertos.

La realidad había superado por mucho mi imaginación.

—Pasemos.

Kamila sonó ligeramente nerviosa.

Yo simplemente la seguí.

Fuimos recibidas por varios sirvientes.

Varios.

Eso ya era una experiencia completamente nueva para mí.

Kamila dejó su mochila en su habitación.

O mejor dicho...

En una habitación del tamaño de mi casa.

Aquello comenzó a preocuparme un poco.

Invitarla algún día a mi hogar iba a ser una experiencia interesante.

Bueno.

Ya me preocuparía por eso después.

No iba a darle importancia.

Tras recuperarme parcialmente del impacto, salimos al jardín y nos sentamos sobre el césped.

—Bien... primero hablemos de algo importante.

Asentí.

—Es extraño que un achack no sienta conexión con su propia esencia.

—Yo... bueno...

Bajé la mirada.

—Me lastimé cuando era pequeña.

Mentí.

¿Qué se suponía que debía decir?

¿Que maté accidentalmente a la persona que me crió?

¿Que también murieron otras personas durante aquel incidente?

No.

No.

No.

Me mordí el interior del labio.

—Entiendo. Quizá se trate de un trauma que desarrollaste entonces. En ese caso, no solo debemos trabajar tu condición física. También debemos atender la parte psicológica. Aunque, siendo sincera, eso probablemente sería mejor tratarlo con terapia.

—El problema es que no tengo tiempo para algo así. Eso podría tomar días... meses... años.

—Tampoco creo que debas forzarlo, ¿sabes?

Kamila se puso de pie.

Una llama apareció sobre el dorso de su mano.

Ardía con intensidad.

Y, aun así, no parecía quemarla.

—Si sigues viéndolo como una obligación, en lugar de una parte de ti misma, será más difícil.

Me quedé observando el fuego. Totalmente hipnotizada.

—Quiero eso.

—¿Eh?

Kamila me miró confundida.

—Siento envidia.

Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.

—Cuando te veo a ti o a los demás hablar de sus poderes... cuando los usan... todos parecen tan felices. Tan completos.

Bajé la mirada.

—Y yo me enojo conmigo misma por no poder sentir eso. Por no poder disfrutarlo.

Durante unos segundos, el jardín quedó en silencio.

Luego Kamila volvió a sentarse a mi lado.

Cruzó las piernas en posición de loto.

—Me dijiste que estás entrenando con la persona que te cuida, ¿cierto?

Asentí.

—Entonces reunámonos aquí cada tres días para meditar.

La miré confundida.

—¿Meditar?

—Cuando era niña me encantaba hacerlo. Sentía que podía conectar con algo más profundo dentro de mí.

Sonrió.

Y, por alguna razón, aquella sonrisa me conmovió.

—Quizá te ayude a tranquilizar todas esas emociones negativas. Podemos avanzar poco a poco desde ahí.

Su mirada se suavizó.

—Tampoco seas tan dura contigo misma, Mariam. Debes aprender a estar de tu propio lado.

Sonreí.

Y ambas comenzamos a meditar.

Seguí cada una de sus indicaciones.

Poco a poco fui comprendiendo algo.

Kamila tenía razón.

Estaba pensando demasiado.

Analizando demasiado.

Presionándome demasiado.

Y cuanto más lo hacía, más me bloqueaba.

Así que intenté relajarme.

Respirar.

Vaciar mi mente.

Necesitaba calmarme.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía hacerlo.

Pasé una tarde maravillosa con Kamila.

Cuando llegué a casa me sentía ligera.

Relajada.

Cómoda.

Me dejé caer sobre la cama con una sonrisa satisfecha.

Por fin.

Paz.

Tranquilidad.

Silencio.

—¡LLEGASTE! ¡Perfecto, todavía tenemos tiempo!

Levanté lentamente la cabeza de la almohada.

César acababa de levantarse del sillón.

—Cámbiate rápido. Aún nos quedan dos horas de entrenamiento.

Lo dijo cruzándose de brazos.

Volví a dejar caer la cara sobre la cama.

Adiós tranquilidad.



© [Mstaad], 2026. Todos los derechos reservados. Esta obra se encuentra publicada únicamente en Wattpad, Inkitt, Tapas, bajo la autoría de [Mstaad]. Queda estrictamente prohibida su copia, reproducción, distribución o adaptación sin la autorización expresa del autor.

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