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DarkWolf

Ecos en las ramas

Ecos en las ramas

Aug 23, 2026

Los días transcurrieron entre clases y proyectos. Sinceramente, no eran tan pesados.

Mi preocupación seguía siendo la misma.

Mi bloqueo con los poderes.

Pronto nos asignarían una excursión y, aunque intentaba no pensar demasiado en ello, estaba nerviosa.

Aquel día salí temprano de la academia.

No tenía tareas pendientes ni entrenamientos con César, así que decidí pasear un poco por la ciudad.

Era algo que jamás había hecho en toda mi vida.

Sin embargo, lejos de sentir miedo, todo me parecía fascinante.

Había escuchado hablar de la sección orgánica de la ciudad, una zona donde se extendía un pequeño bosque rodeado de colinas. No era un lugar especialmente popular, pero llamó mi atención.

Así que pregunté por el camino y terminé dirigiéndome hacia allí.

Caminé durante un buen rato.

Disfruté del paisaje.

Del viento.

Del silencio.

Hasta que divisé una colina más alta que las demás.

La curiosidad pudo conmigo.

Subí casi corriendo.

Y cuando llegué a la cima, me detuve.

Había un árbol hermoso.

No era gigantesco, pero sí lo suficientemente grande como para destacar entre los demás.

Su tronco era grueso y sus ramas proyectaban una sombra agradable.

Desde aquel punto podía verse buena parte de la ciudad.

La observé maravillada.

Luego rodeé el árbol lentamente.

Y entonces...

Me quedé congelada.

Alex.

Estaba allí.

Sentado bajo el árbol.

Y me estaba observando.

Ya empezaba a darme un poco de vergüenza encontrarlo en lugares tan aleatorios.

No quería que pensara que lo estaba siguiendo.

—H-hola... qué casualidad verte aquí.

Su expresión permaneció tranquila.

—Nos volvemos a encontrar. Empieza a parecer que...

—¡No te estaba siguiendo, lo juro! — Me apresure

Las palabras salieron disparadas antes de que pudiera detenerlas.

—Es solo que estaba recorriendo la ciudad. Nunca había caminado tanto y como no tenía nada que hacer, terminé llegando aquí. Vi este lugar y me dio curiosidad. Además, hoy no tuve entrenamiento con César y tampoco nos dejaron tarea. Bueno, espero que no nos hayan dejado tarea porque ahora que lo pienso quizá olvidé anotar algo y...

—No dejaron tarea.

Alex me interrumpió antes de que continuara.

—Ah — Silencio —Gracias.

Se levantó del suelo.

—Puedes quedarte aquí. Yo me iré.

—No tienes que irte, ¿sabes? — Alex se detuvo. —No quería molestarte. Parecías estar disfrutando del lugar.

Y era verdad.

Antes de que me descubriera, su expresión se veía mucho más relajada de lo habitual.

Tomé asiento bajo el árbol y di unas palmaditas en el espacio libre a mi lado.

—Prometo no hablar mucho. -Sonreí

Alex me observó durante unos segundos.

Parecía estar evaluando qué tan creíble era aquella promesa.

Y, siendo sincera...

No lo era.

Finalmente se sentó nuevamente.

Apoyó la espalda contra el tronco y guardó silencio.

Sonreí satisfecha.

Rodeé mis rodillas con los brazos y observé el cielo despejado.

El viento agitaba suavemente las hojas sobre nuestras cabezas.

Era agradable.

Muy agradable.

Y, aunque Alex estaba allí conmigo, el silencio no se sentía incómodo.

De hecho...

Se sentía extrañamente tranquilo.

Alex observó el paisaje durante varios minutos.

El viento movía suavemente las ramas del árbol sobre nosotros.

Pensé que la conversación había terminado.

Entonces habló.

—Rhys sigue convencido de que le mostrarás tus poderes durante la excursión.

Casi me atraganté con mi propia saliva.

—¿Eh?

—Lo menciona todos los días.

Me cubrí el rostro.

—Por favor, no me recuerdes eso.

—Entonces sí te arrepientes de haberlo dicho.

—Me arrepiento aproximadamente cada tres horas.

Una pequeña sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

Pequeña.

Pero ahí estaba.


—Eso suena agotador.

—Lo es.

Solté un suspiro dramático.

—Mi peor enemiga es mi propia boca.

—Eso ya lo había notado.

—Oye.

—¿Qué? Fue una observación.

—¡AUN ASI!

Alex ignoró mi protesta.

Como siempre.

El silencio regresó durante unos segundos.

—¿Por qué te preocupa tanto?

Parpadeé.

—¿Qué cosa?

—Tus poderes.

La pregunta llegó tan tranquila que no me preparé para ella.

Miré hacia el horizonte.

La ciudad se extendía bajo nosotros.

—Porque todos parecen tener algo.

Alex no respondió.

Esperó.

—Kamila tiene el fuego. Rhys la electricidad. Tú...

Hice un gesto con la mano.

—Tú destruiste una sala de entrenamiento.

—Fue un accidente.

—Eso no ayuda a tu defensa.

Por primera vez pareció considerar responder.

Luego decidió que no valía la pena.

—El punto es que todos tienen algo.

Bajé la mirada.

—Y yo no.

Alex permaneció en silencio unos instantes.

—No creo que sea eso.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces qué?

—Creo que tienes miedo.

La respuesta me tomó por sorpresa.

—¿Miedo?

—Si realmente pensaras que no tienes poderes, ya habrías dejado de buscarlos.

No supe qué responder.

Porque una parte de mí sabía que tenía razón.

Alex apoyó nuevamente la cabeza contra el tronco.

—Sigues intentándolo.

El viento volvió a soplar.

—Eso significa que todavía crees que están ahí.

Mis dedos se cerraron alrededor de mis rodillas.

Kamila había dicho algo parecido.

César también.

Pero escucharlo de Alex se sentía diferente.

Porque no sonaba a ánimo.

No sonaba a consuelo.

Sonaba a una conclusión.

Como si simplemente estuviera diciendo un hecho.

Y por alguna razón...

Eso me hizo sentir un poco mejor. Como si pusiera en orden mi mente en una sola frase.

—No sé qué debería hacer, yo...

Por primera vez me animé a confesar cómo me sentía. No sabía si era por el ambiente o por el viento que parecía llevarse mis pensamientos junto con él.

—Hace mucho tiempo herí a alguien... gravemente.

Mi voz se volvió más baja.

—Me da miedo volver a sentir eso. Esa imagen todavía me persigue. Me da miedo no saber usar mis poderes y... lastimar a alguien más.

Alex se quedó en silencio.

Parecía comprenderme.

Y, por un impulso que ni él mismo habría sabido explicar, levantó ligeramente una mano, como si quisiera apoyarla sobre mi espalda para consolarme. Sin embargo, se detuvo en cuanto volví a levantar el rostro.

—Pero Kamila dijo que es una parte de mí, entonces...

Me giré para verlo.

—¿Es como si tuviera miedo de mí misma?

Alex abrió los ojos en sorpresa, entendía ese sentimiento.

Su mirada permaneció fija en mí.

No había juicio en ella.

Solo comprensión.

Y, por alguna razón, eso hizo que hablar no se sintiera incómodo.

—Lo siento, no te conozco completamente, pero... he convivido lo suficiente contigo y con Kamila para saber que no eres una mala persona.

Alex permaneció unos segundos en silencio.

—No creo que una mala persona tenga tanto miedo de hacer daño.

Parpadeé.

—¿Eh?

—Las personas que quieren lastimar a otros, rara vez se preocupan por hacerlo.

El viento volvió a mover las ramas sobre nosotros.

—Tú llevas semanas preocupándote por algo que ocurrió hace tiempo.

Bajé la mirada.

—Porque pasó.

—Sí.

Su respuesta fue inmediata.

Sin suavizarla.

Sin intentar negarla.

—Y no puedes cambiarlo.

Mis dedos se cerraron sobre la tela de mi uniforme.

—Pero sí puedes decidir qué hacer después.

Eso me hizo levantar la cabeza.

Alex seguía mirando hacia el horizonte.

—Si de verdad fueras tan peligrosa como crees, ya habrías dejado de intentarlo.

Guardé silencio.

—La gente peligrosa suele buscar excusas. Tú buscas soluciones.

Hubo un silencio entre ambos.

Alex volvió su atención al horizonte.

Yo escondí parte del rostro entre los brazos que rodeaban mis rodillas.

—¿Sigues queriendo ir?

—¿A dónde?

—Al Gran Árbol.

La pregunta me tomó por sorpresa.

—Pensé que lo habías olvidado.

—No lo hice. -Su tono era amable pero directo

Lo miré confundida.

Alex era el tipo de persona que parecía no darle importancia a los detalles.

—Dijiste que querías ir.

—Sí, pero...

—Entonces vamos.

—¿Así de simple?

—Sí.

—¿Y si no funciona?

Alex se encogió de hombros.

—Entonces no funciona.

—Vaya optimismo.

—No es optimismo.

—¿Entonces?

—Es una prueba.

No pude evitar reírme. Alex continuó:

—Llevas semanas intentando encontrar respuestas. Ir es más útil que seguir imaginando escenarios.

—Eso sonó muy lógico. - Dije avergonzada —¿Y si vuelvo a perder el control?

El viento agitó las ramas sobre nuestras cabezas.

Alex tardó unos segundos en responder.

—Entonces aprenderás a controlarlo.

—¿Y si fallo?

—Volverás a intentarlo.

—¿Y si vuelvo a fallar?

—Entonces volverás a intentarlo otra vez.

Lo miré entre confundida y exasperada.

—Tus respuestas son desesperantemente simples.

—Porque el problema también lo es.

—No lo es.

—Lo es. — Alex se recargó contra el árbol. —Tienes miedo de fallar antes siquiera de intentarlo.

Tenía razón. Y yo lo sabia

—Tienes razón. ¡Vamos, Alex!

Me levanté de golpe, motivada, cerrando las manos en puños a mis costados.

—¡Yo te sigo!

—Pero hoy no.

Alex ni siquiera se movió.

—¿No has visto la hora?

—Oh...

La emoción se evaporó tan rápido como había llegado.

Avergonzada, volví a sentarme.

Alex me observó durante unos segundos.

—Mañana.

Parpadeé.

—¿Eh?

—Es fin de semana. No hay clases y tampoco dejaron tareas.

Lo miré.

—Te veré por la mañana. Así tendremos tiempo suficiente.

Una sonrisa apareció en mi rostro.

—C-claro. ¿Dónde nos vemos?

Alex se quedó pensativo unos momentos.

—¿Aquí te queda muy lejos?

—Realmente no. Puedo venir hasta aquí. Solo dime la hora.

Su expresión permaneció tranquila.

—A las nueve.

—Llegaré antes.

—Lo imaginé.

—¿Eso qué significa?

—Que eres impaciente.

—¡No soy impaciente!

Alex arqueó una ceja.

—Llegaste a la cima de esta colina corriendo.

Abrí la boca para defenderme.

Luego la cerré.

Porque tenía razón.

—Eso no cuenta.

—Claro.

Su tono dejaba claro que sí contaba.

No pude evitar reír.

Por primera vez, Alex tampoco pareció incómodo con la conversación.

Ambos acordamos el horario y, poco después, emprendí el camino de regreso a casa.

Me sentía extrañamente ligera.

Tranquila.

Esperanzada.

Y, sobre todo, curiosa por lo que podría encontrar en aquel árbol.



© [Mstaad], 2026. Todos los derechos reservados. Esta obra se encuentra publicada únicamente en Wattpad, Inkitt, Tapas, bajo la autoría de [Mstaad]. Queda estrictamente prohibida su copia, reproducción, distribución o adaptación sin la autorización expresa del autor.


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