El trazo de rosa vibrante del levitador de Ithil seguía cortando la lluvia y el frío de Thar-Abbys más allá de los caminos centrales; al llegar a las puertas exteriores fue detenido por los guardias de la puerta. Ithil bajó la velocidad y preparó su medalla.
—Buenas noches, joven, ¿me permite sus documentos? —El guardia, portando uniforme de Policrakelita y un arma de fuego, se acercó y amablemente le solicitó su identificación.
—Muy bien, Ithil, aventurero, levitador rosa, concuerda con tu licencia, todo en orden amigo, con cuidado; ahí afuera hay rumores de animales salvajes acercándose a las murallas; supongo que estarás bien teniendo en cuenta tu grado, pero es mi responsabilidad avisarte. —El guardia agitó su mano a la torre más arriba, desde ahí activaron la puerta que se abrió frente a Ithil.
—Espero todo vaya tranquilo esta noche, los veré de regreso. —Ithil bajó el visor de su casco e inició su vehículo; el pesado repicar de la lluvia caía sobre la carretera como blanco sobre negro, el sonido de la lluvia ahogaba mucho de sus ideas. Apartando el ruido poco a poco, la usual poblada mente de Ithil se focalizaba en algo que hace mucho no escuchaba, a él mismo.
—Demonios, el frío está intenso, debí esperar a mañana…. Espero los demás ya estén en casa, solo quiero bañarme y acostarme un rato, ese Inola no llevó algo para cubrirse, mi chaqueta de cuero no lo cubrirá por mucho, espero regrese a casa rápido; y ahora, cuánto era… tercera salida… no, cuarta es esta que sigue…. —Ithil llevó su vehículo a la desviación próxima llegando a una estación de comercio.
—Aquí, justo aquí… 5 monedas de plata por una hora!!, ¡el mes pasado estaba a 2!! —Ithil pasó por la caseta de cobro y acercó su bastón de rutilo; los números encriptados en la pequeña varilla de piedra le servían a los aventureros y a la gente como tarjeta de pago; la caseta emitió un click satisfactorio y elevó el brazo de entrada al estacionamiento.
—Dejaré esto aquí… hummm, creo que le di mi chaqueta sucia a Inola, demonios, espero no esté tan olorosa; eee, la lluvia no está dando tregua, está aún más fuerte que hace un rato, qué bueno que solo traigo unas cuantas cosas. —Ithil se encaminó al centro comercial; al llegar a la puerta sacudió su ropa y dejó su casco en un estante en la entrada.
—Haaa, qué molestia, estas estaciones deberían estar más cerca de la academia, una hora de camino para hacer un depósito internacional es de locos… —Llegando a un negocio con brillantes y limpios acabados, un Drakooria armado hacía guardia, saludando a Ithil como un conocido regular.
—Señor Ithil, un gusto tenerlo de vuelta, adelante, casi no hay gente; uups, ¿algo de lluvia, eh? —El enorme Drakooria lo recibió y abrió la puerta para él.
—Jeremías, buena noche, ¿ya casi acabas tu turno? —Ithil saludó al Drakooria al pasar y sacó de su bolsa trasera un puñado de lingotes; 35 lingotes de oro en total envueltos en tela de terciopelo. Llegó a una ventanilla en la que una chica de pelo negro y corto lo saludó.
—Buenas tardes, señor Ithil, ¿será el depósito a la cuenta usual en Dremoria? —La joven parecía conocerlo también.
—Sí, por favor, treinta lingotes a esa cuenta y cinco a esta. —Ithil dio una cadena de números nueva a la joven chica.
—Muy bien, aquí está, y listo, el depósito debería estar para mañana a las nueve de la mañana, horario de Dremoria. —La joven, con una sonrisa profesional, dio un ticket de la transacción a Ithil.
—Y finalmente aquí la cuenta en Ilentia, el depósito debería estar para el lunes. —La joven afirmó nuevamente.
—Muy bien, gracias, los veré… espero, el siguiente mes. —Ithil miró ambos tickets y guardó el de Dremoria en su bolsa, el de Ilentia lo arrugó en una esfera en su mano y con el dedo pulgar lo arrojó al bote de basura; caminó un poco más fuera del banco y se dirigió a unas casetas telefónicas en la plaza central.
—Hola, ¿qué tal, Khan? Sí… estoy muy bien, ¿cómo están en Dremoria?, ¿qué? ¿En serio? ¿Ya están en su último examen de prueba para ser graduados? Oh, oo, sí entiendo, están en examen, está bien, no te preocupes, Khan, llamaré la siguiente semana; dales a Rein, Zein y Dein mis felicitaciones y si no pasan los golpearé muy fuerte, hasta luego. —Ithil colgó alegre y con un puño al aire vitoreó en silencio, pero su semblante cambió un poco al siguiente momento.
—Hola… sí, soy yo, Ithil… Varafax, ¿cómo está mamá? ¿Más huevos? Se supone… ¡¡NO!! Sí se supone, ustedes deberían estar atentos. —Ithil levantó la voz por un momento para bajarla poco a poco en un tono más tranquilo.
—Saben que mamá acepta huevos huérfanos si la desatienden… no, Varafax, no puede controlarse, ¡para eso es que ustedes se quedaron y yo estoy acá! Sé que es difícil pero deben atenderla… incubar huevos es cansado, ella… ella es la única mujer en casa, el esfuerzo de incubación es mucho y solo la flama de las madres puede incubarlos… —Como repasando los puntos de una lista, Ithil repasó sus pensamientos.
—No, tú y Llivelier deberían buscar matronas de ayuda, ya están trabajando, ese gasto pueden cubrirlo ustedes; con lo que mando, una familia de 15 personas puede estar por un mes sin problemas, y ustedes son ocho… ¡Doce!! ¿Desde cuándo? ¿Everin?!! Sí, Everin ya está con una familia, él debería salir de la casa, no quedarse… mira, se supone tú eres el mayor, deberías tener más, ¿cómo que no te hace caso? … —Ithil escuchó por unos momentos más, el enfado le titilaba en la mente pero el recuerdo de los tres chicos y la imagen de los jóvenes graduados le regresó el humor, así que decidió dejarlo por el momento. —Varafax… eres un buen hermano, eres listo, sabes lo que debes hacer mejor que yo y puedes arreglar esto; por el momento debo irme. —
Tomando sus pertenencias Ithil miró el cielo nocturno, la lluvia sin menguar hacía que todos huyeran a sus casas y refugios; Ithil tomó su casco y salió nuevamente; dando con fuerza al pedal, la moto ronroneó mientras las luces y levitadores prendían; dos arcos eléctricos afianzaron la moto al piso y la elevaron unos centímetros arriba.
—Y ahora, a casa. —Ithil nuevamente dejó que la lluvia cubriera sus pensamientos, esta vez decidió cuáles dejar bajo el sonoro repique de las aguas y cuáles mantener en su mente; acelerando por la carretera el camino esta vez lucía con los colores de Thar-Abbys.
—Haaa, esto fue muy largo. —Ithil llegó a la casa del grupo, abriendo la puerta se encontró con Jacob bajando por las escaleras y los demás ya en casa.
—Ithil, solo te estábamos esperando. —Mina lo vio y por fin sacó los panes en la mesa.
—Hahah, ya están todos, hubieran empezado, le dije a Inola que iba a tardar. —Ithil dejó todo a un lado, su chaqueta, su casco y sus armas.
—Hahah, les dije pero son testarudos. —Inola ya estaba ahí junto con Leónidas.
—Ho… hola, soy Varneth… escoge un pan, Magaska y yo los elegimos para ustedes. —Magaska, con pelo perlado, se acercó a Ithil.
—Oh, ya veo, entonces este de higo y dátiles. —Ithil tomó el pan, Magaska sonrió alegre y juntos se sentaron en aquel lugar prestado, juntos, en una ciudad llamada Thar-Abbys.
A raíz del devastador incidente de Nivoria, la prestigiosa Academia Thar-Abbys se está fracturando desde adentro. Mientras facciones internas y despiadadas como los Grandes Zelators toman el control de los pasillos con agresividad, poderosas corporaciones globales y ricas casas nobles conspiran para desmantelar la autoridad de la academia. Para estos imperios externos, los rangos de aventurero son moneda de cambio política—y el rumbo cambiante del mundo acaba de arruinar sus planes financieros
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