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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Velez-Valar parte 2

Velez-Valar parte 2

Jul 06, 2026

—Oh, ¿qué te parece? —Mina miró el paisaje que se desplegaba frente a ellos.
—¡Sí, llegamos! —Jacob dio un último esfuerzo para subir la colina.
—Woaaa, el lugar es espectacular —Inola se dejó llevar por lo grandioso del bosque inmortal.
Inmensos árboles se difuminaban como columnas de humo en el aire; el cielo al que pertenecían estos árboles no se podía ver desde afuera del bosque. Las enredaderas y el follaje sangraban de entre la realidad de Khuarhya y el etéreo verdor del bosque, casi como si fuese una herida. Animales corrían como fantasmas errantes entre los árboles y plantas; el mismo bosque los ocultaba. Cada sombra se movía con agilidad no natural; pequeñas figuras humanoides se asomaban y reían desde la luz ajena y reconfortante que engañosa los llamaba a entrar. Inola y Jacob, con sus ojos de evocador, podían ver los espíritus y energías de incontables animales y seres fantásticos.
—Vaya, es ciertamente impresionante; el bosque parece casi un espejismo, y esos colores al margen de todo, es como si fueran un cuadro de acuarelas —Leonidas miró el bosque tan impresionado como los demás.
—Ciertamente no parece que tengamos permiso o derecho de entrar ahí —Ithil, con su mano en la rodilla e inclinado, recuperaba el aliento del camino que justo recorrieron.
—¿Eh? Chicos, ¿ya vieron? —Inola apuntó con su mano a un montón de fierros quemados; llantas y placas de armadura corroída por el clima dejaban ver la silueta de un vehículo quemado en las arenas, no muy lejos de donde estaban.
—Mmmmh, y ahí hay algo que parecía ser una torre o un pequeño fortín —Leonidas miraba la silueta quemada circular.
—Ooo, Ithil, Ithil, Mina, Mina, Jaccooob, miren —Magaska apuntaba con su mano a un vehículo abandonado a un lado del camino; líneas de marcas por calor intenso podían ser trazadas desde el espacio donde el fortín estuvo alguna vez.
—Estas líneas parecen ser de un arma de sistema de energía, hermano Ithil —Leonidas se arrodilló ante las marcas, mirando al fortín mientras revisaban la escena.
—Ithil, esto fue un campo de guerra, ¿qué salvajes pudieron hacer esto? —Inola miraba los huecos donde en algunos aún estaban minas antitanque desactivadas.
Mina, Ithil, Jacob y Magaska miraban la escena sin decir nada.
—Sí, qué curioso, ¿no? —Mina rascaba la parte posterior de su cabeza.
—Ah, sí, es realmente extraño —Ithil afirmó, fingiendo no saber nada.
—Ahahahaha, pues sí, creo que fuimos nosotros, ahahha —Jacob rió un poco recordando el evento de Velez-Valar del año anterior.
—Mina y yo destruimos todo eso —Magaska apuntó con la mano al vehículo militar destruido.
—¿Destruyeron un rhino de Thar-Vali ustedes solos? ¿Tenían armamento? —Inola, sorprendido, miró a los chicos y al vehículo nuevamente.
—Hahaha, no, pero estábamos luchando por nuestras vidas —Ithil rió mientras reanudaban el camino. Inola veía el vehículo en asombro.
—¡Debes contarme cómo lo hicieron! —con un salto frente a Ithil, Inola lo miró con ojos maravillados, como descubriendo un nuevo héroe.
—Hahaha, mira, eso es nuevo —Mina caminó a un lado de Ithil, dando un golpe al hombro.
—Haa, está bien, fue más un milagro que un plan: Jacob y yo fuimos detectados inmediatamente por los ópticos del vehículo, así que los distrajimos, mientras Mina se destransformaba y Magaska la impulsaba al flanco del vehículo —Ithil seguía el camino mientras los demás caminaban de cerca.
—Y una vez distraídos con nosotros, Magaska nos protegió con un escudo y se acercó al vehículo dañándolo; después de eso nos turnamos para atacarlo continuamente hasta que Jacob tuvo la idea de usar placas de crakelita para el pico de Quellis y abrir el vehículo como una lata. —Ithil contaba la aventura que tuvieron hace algún tiempo en esta misma zona. Por donde pasaban, finalmente llegaron más allá de la curva donde inició la batalla.
—Oye Ithil… ahora que lo pienso, nunca supimos qué eran esas canastas —Jacob le dijo a Ithil mientras miraba el bosque a su derecha.
—Oh, tienes razón; eran varias canastas. La verdad, me causaban repudio; algo no estaba bien en esas cajas, preferí no tocarlas —Ithil recordaba las canastas que encontraron en las carrozas de los reclamacionistas.
—A Magaska también le causaron mucho desagrado —Magaska daba pequeños brincos frente a ellos.
—¿A ustedes también les pasó? Antes de venir con ustedes, Leo y yo derrotamos a un grupo de malvivientes en Eophoc; ahí tenían unas cajas que me daban la misma repulsión —Inola les platicaba mientras el camino ondulaba frente a ellos.
La fría humedad del bosque a su lado derecho les ayudaba con el calor del desierto de Nageshia que se extendía por siempre a su izquierda, contrastando con hermosos tonos ámbar, naranja y rojo, de los voraces verdes, pardos y azules del bosque inmortal, solo separados por la línea empedrada y musgosa de Velez-Valar. Mariposas se arremolinaban en los pequeños charquillos en el camino y lagartijas tomaban sol en sus baldosas más grandes; el petricor y el aire áspero del desierto.
—Oh, sí, hermano Inola, lo recuerdo; yo cargué las cajas porque no quisiste acercarte a ellas —Leonidas con su usual sonrisa.
—Oye Ithil, chicos, ¡miren eso! —Mina apuntó al frente del camino; un área del bosque que estaba frente a ellos estaba diezmada con enormes maquinarias plateadas.
—Ooooh, Magaska no lo puede creer, ¡el bosque fue cortado! —subida en una estatua, Magaska miró con tristeza la escena.
—Son máquinas de tala, pero… —Jacob se acercó a la orilla del lugar, justo dentro de Velez-Valar aún.
—Cuidado, hermano Jacob, no rebases la línea —Leo le dijo mientras miró las estatuas ovaladas que delimitaban el camino en la que Magaska se paraba.
—¿Hierro blanco, Jacob? —preguntó Mina.
—Parece que tanto las maquinarias, cabinas y sierras… todo es hierro blanco; lo usaron y lo dejaron ahí… Hay un andador elevado por donde caminaban los que hicieron esto, pero está destruido; el pasto de Al-Darius está por todos lados; el hierro blanco atascó los motores, es muy pesado…
—Santa Enrya y Triariz… Miren eso —Ithil apuntó con un gesto de su cara a unas carpas colapsadas y algunos vehículos.
—¿Esos son? ¿Reclamacionistas? —un gran número de esqueletos portando armaduras y con sus armas a un lado aún; portaban la medalla de Fuego y Circuito y parecía que protegían enormes jaulas abiertas desde afuera por una fuerza enorme.
—Y esos son sus atacantes —esqueletos de animales desconocidos yacían junto a los otros cuerpos, algunos insectoides, otros más parecidos a enormes mamíferos.
—Pobres tipos… si mueres dentro del bosque… —Jacob titubeó para terminar la frase. Lizva, dando un paso al frente, lo miró de reojo con tristeza y dijo:
—Si mueres dentro del bosque te quedas aquí; el doro se interrumpe y pasas a ser parte del bosque inmortal por siempre, junto a los demás animales que han muerto aquí… el ser espíritu no te disculpa del dolor ni de la cadena alimenticia del bosque.
Ithil miraba la escena de la batalla; casi podía escuchar los sonidos de esta que se quedaron en el aire. Los jóvenes aventureros reanudaron la marcha dejando la batalla detrás.
—Bueno, ahora sabemos por qué tenían tanta prisa —Ithil exclamó con cierto tono de resignación mientras andaban por el empedrado.
—Sí… noté cierta urgencia en ellos; definitivamente huían —Mina replicó, tomando un poco de su botella de agua.
—Entonces… ¿están capturando espíritus? ¿Hay reglas contra eso, Jacob, Inola?
—Mmmhh, en realidad hay un tratado sobre el uso ético de espíritus; varias prácticas están prohibidas por Evookia y están penadas para el evocador a nivel mundial, incluyendo la posible situación de encontrarse en otros mundos —Jacob, pensativo, hacía una recapitulación de sus conocimientos en la materia.
—Cosas como los pilares de sumisión, el uso de espíritus para actos ilícitos, crear Campanas de Resonancia de Bruno Giordanno, las Maquinarias de Pecado de Saint Germain, inclusive las puertas espirituales, son tema de extenso debate y son usualmente tratados con cuidado —Inola, junto a Jacob, mostraban una vez más lo extenso de sus conocimientos.
—Uwaaa, todo eso suena muy ominoso —los temas pronto dieron vueltas en la cabeza de Ithil, imaginándose lo extenso del mundo espiritual.
—¡Ithil! ¡Mina! —Magaska saltó detrás de un arbusto seco.
—¿Qué pasa, Magaska? —Jacob y los demás la miraron.
—Magaska encontró la roca, ¡vamos por aquí! —los chicos aceleraron el paso llegando a la formación; paredes de piedra los rodearon, solo accesible por unos cuantos lados. Un enorme tronco fósil los rodeaba; con su hueco centro ofreció un buen lugar para descansar por el día.
—Pongamos aquí las tiendas, y una lona en medio del tronco servirá para detener la arena y el sol o el frío; Leonidas, coloca un regulador climático en medio del campamento; yo y Jacob haremos la comida —Ithil dio instrucciones rápidas mientras caminaban.
Los sonidos del desierto acompañados por los del bosque daban un extraño resultado; el unísono de las voces de ambos lados competían para sonar más fuerte; ni un lado daba tregua, resultando en una serenata espectacular ante los jóvenes que campaban.
—Ah, por cierto, la carta… Levanon nos dio la misión de Samael, pero la misión decía que teníamos que leer esta carta al llegar aquí; al parecer Levanon no la abrió, le respetó eso; el sello está intacto —Ithil jugueteaba con una carta escrita en un pergamino; el sello grabado a presión en ambas hojas dejaba un relieve sobre el papel que se partiría si fuese abierto.
—Hmmp, ¿dices que trae algo de Coleopterus para mí y Leo? —Inola, a medio puchero, cruzó las piernas y los brazos en un claro signo de protesta.
—Haha, hermano Ithil, ¿qué dice? —Leo miró a Inola; su actitud al mencionar a Coleopterus no cambió mucho, como era de costumbre.
—Hmm, bien, primero está la carta de Samael; es prudente que leamos esa primero.
“Estimados alumnos: En este momento me es imposible asignarles esta tarea personalmente como es debido; me encuentro con el Director Uras en una asignación de rutina”.
—¿De rutina? Haha, ese Samael es increíble, ¿cómo puede mentir con esa cara? —Inola rió un poco y los demás le siguieron.
“Quise asignarles esta misión antes de que partieran a Nivoria con Shalona, evento que fue totalmente orquestado por ella; ahora me doy cuenta de que eso hubiese sido un error, y que su crecimiento como grupo y personal se incrementó en esa misión; el enviarlos a Velez-Valar hubiese dañado más allá de lo necesario al grupo y a ustedes”.
—Hahah, la cabeza de Jacob es muy dura; dudo que la hubiesen siquiera quebrado —Mina rió, dando una palmada en la espalda de Jacob; sus ojos casi huían de las órbitas.
—Jacob… ¿tu cabeza es dura? —Lizva miró a Jacob con genuina ingenuidad.
—No, no, es un chiste, Lizva; Mina se refiere a mi resistencia —Jacob dio una palmada en su pecho. Ithil prosiguió con la lectura de la carta:
“Confío en ustedes, chicos; siento mucho el ponerlos en peligro una vez más, esta vez en el pueblo de Nichiren, en Aksha-Khur. La región es famosa por tener un alto grado de presencia espiritual y fantasmas sin clasificar; más aún, hace 25 años un Theosis Tharmullis fue sellado ahí por el Triángulo Dorado; partirán con la asunción de que está abierto nuevamente. Poseen las habilidades y la inteligencia para sellarlo nuevamente; esta vez les añadiré las instrucciones de los poderes, características y comportamientos del Theosis; estarán adjuntos en una carta extra en la segunda página. Y, por cierto, Jacob e Inola, Shalona les manda un par de… en palabras de Shalona, ‘súper ofudas’, ellas las llamó ‘Fulu’; esas las llevarán en dos rollos de barro que deberían estar en su poder ya. Finalmente, buena suerte, chicos; regresaremos pronto”.
Att: Samael Telantes
—Y bien, eso es todo; Jacob, Inola, ¿tienen esas cosas? ¿Fudu? —Ithil los miró. Tanto Jacob como Inola tomaron de su mochila un contenedor de barro sellado en cera roja de Jassubiana tintada.
—Y aquí están los datos sobre el Theosis-Tharmullis; Samael incluyó una copia para cada uno —Ithil les pasó a todos sus respectivas copias. Todos leían en silencio mientras los acompañaba el cantar de Lizva.
Con tonos metálicos imposibles para una garganta humana, ella cantaba con sus ojos cerrados para todos; su tarareo vocal, mezclado con campanas y sonidos de hilos metálicos que murmuraban en conjunto y ritmos entremezclados…
—Este Theosis… suena a que es una especie de ser carnívoro; no suena muy fuerte, pero su habilidad para cruzar objetos sólidos será un problema —Jacob se levantó y bostezó; el cansancio comenzaba a sentirse en el ambiente.
—Sí, no es tan peligroso como el que encontramos en Theos —Mina respondió, también arreglándose para dormir.
—¿Lucharon contra un Theosis? ¡¿Qué otra hazaña han hecho de lo que no me he enterado?! —Inola preguntó, ocultándose tras una cortina de la tienda en la que se cambiaba de ropa; apresurándose a salir, corrió ante los otros portando una camisola blanca de algodón para dormir. Ithil lo recibió de frente y le dio en la mano una carta en papel naranja.
—Aquí, y toma también la tuya, Leonidas —Ithil les dio en la mano a ambos una carta de Coleopterus; aun selladas, estaban incluidas dentro del sobre de Samael.
—¿Eh? Espera, ¿no las leeremos como la de Samael? —Inola le preguntó a Ithil; Leonidas le dio la vuelta al sobre y la miró de nuevo sin abrirla.
—Mmm, creo que esa carta es muy personal; deberían leerlas ustedes primero y, después, si lo deciden, con gusto te escucharemos. —Inola asintió solo con la cabeza; jugando con las puntas de su cabello, se sonrojó y regresó a su tienda de campaña lentamente.
—Muy bien, a dormir… ¡Lizva! ¿Dónde crees que vas? —Mina miró a Lizva que entraba junto a Jacob en la tienda de campaña.
—¿Eh? ¡A dormir! ¿Por qué? —Lizva, totalmente desconcertada, llevó sus manos a su cara.
—¡No, tú irás a dormir con Magaska!; no sé las mañas espirituales de ese evocador pervertido —Mina apuntó con su cuchara a Jacob.
—¡Jacob! —Lizva exclamó mirando a Jacob.
—¡Qué! ¡No, no te haría nada de eso! —Jacob, asustado, manoteó en el aire.
—¿Me puedo ir a dormir con Magaska? —con una emoción increíble y brillo en los ojos, Lizva miró a Jacob.
—Haa, muy bien, solo duerman, no se queden despiertas mucho tiempo, estamos en operación. —Jacob vio cómo huían dentro de la tienda de Magaska emocionadas.
—Mmm, no soy un evocador pervertido —Jacob se metió a su tienda de campaña.
—Leo, tú y yo nos quedaremos en la primera guardia —Ithil les dijo antes de que entrara a sus tiendas de campaña.
—Después Inola y Mina; finalmente Jacob y Magaska —Ithil terminó su trozo de carne frita.
—Nos movilizamos mañana, chicos; descansen lo que puedan. —Leonidas asintió y se quedó mirando la carta de Coleopterus sin abrirla; volteó el sobre para guardarla finalmente en su bolsa trasera e iniciar la patrulla.
La noche pasó sin ningún problema; la naturaleza los miraba como si fuesen parte del ambiente y, sin ninguna contrariedad, amaneció.

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