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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Velez-Valar parte 3

Velez-Valar parte 3

Jul 06, 2026

—Yaaawn, msnns, buenos días —Leonidas y los demás se reunían en el centro del campamento; el enorme fósil de árbol servía su propósito y era hora de proseguir con la misión.
—Hola Jacob, buenos días. Magaska te agradece que la dejaras dormir con Lizva; Varneth y ella se están haciendo buenas amigas, oh, y Magaska también —Magaska, con una maraña de pelo, dio una pequeña reverencia a Jacob.
—Haha, está bien, Magaska; espero no se hayan desvelado. ¿Lista, Lizva? —una pequeña mota de luz violácea corrió junto a Jacob para transformarse, con un pop frente a él, en Lizva.
—¡Lista cuando tú digas, Jacob! ¡Vamos! —enérgica y alegre, Lizva ayudó a Mina a preparar un poco de comida, mientras los chicos guardaban el campamento.
—¡Listos! ¡De regreso al camino! —Inola corrió frente a ellos dando un paso, no sin antes dar una reverencia frente al camino de piedras.
—¿Oh, deberíamos hacer eso? —Leonidas titubeó antes de poner un pie en el camino.
—No te preocupes, grandote, solo da la reverencia; los nómadas y comerciantes lo hacen por respeto al camino; yo e Inola lo hacemos por respeto a la función que hace, pero puedes entrar sin problemas —Jacob dio una reverencia, así como Lizva también.
—¡Magaska prefiere dar sus respetos! —con una reverencia y un brinquito juguetón, Magaska y los demás iniciaron de nuevo el viaje.
—Listo, dentro de poco deberíamos poder ver los límites del pueblo de Aksha-Khur, que está antes del Theosis —Ithil miró un pequeño mapa hecho con tinta de sol y un rollo.
—Entonces, esperemos que esta vez el pueblo coopere —Mina, un poco fastidiada por el calor, se estiró con ambas manos al aire, tronando un poco la espalda; los chicos rieron y prosiguieron su caminata.
—Oye Ithil, creo que tendremos malas noticias muy pronto —Jacob observaba cómo sobre Velez-Valar, una gran empalizada con torres de vigía los esperaba.
—Mee, no puede ser tan pronto; ¡pensé que sería solo llegar! Qué fastidio. Muy bien, Magaska, ¿crees poder hablar con los compañeros? —un grupo de seis hombres esperaba frente a la puerta; arqueros y gente armada con rifles se posaba en las torres de vigilancia; al frente podían ver a un gran hombre portando una pesada y masiva hacha.
—¡Claro! ¡Magaska los convencerá! —dando pasos largos como un soldado, Magaska caminó al gran portón de madera; estacas y un poco de alambre de púas la hacía ver hostil y amenazante; pozos con picas y estacas se apostaban a los lados, fuera del camino de Velez-Valar.
—¡Magaska! ¡¿Por qué no fuiste tú, Ithil?! —Mina de inmediato se puso alerta; aquel enorme hombre, casi del tamaño de Leonidas, los miró con clara hostilidad, pero platicaba con Magaska con completa naturalidad.
—Mina tiene razón; Magaska no es ninguna niña indefensa, pero ¿por qué ella? —Leonidas preguntó a Ithil, genuinamente perplejo.
—Miren su hacha —en la enorme arma, una trenza de pelo negro rojizo y listones colgaban en una esquina.
—¿Un talismán? ¿Qué tiene que ver? —Inola preguntó mientras apenas veía el talismán desde donde estaban.
—El pelo en la trenza es largo, pero los listones parecen ser de juguetes… Tiene una hija —Ithil, atento y nervioso, miraba cómo platicaban ambos; la discusión no parecía subir de tono, pero tampoco avanzar.
—Ooh, ya veo, tú zorro astuto —Mina dio un par de golpecillos al hombro de Ithil.
—Miren, Magaska viene de regreso; parecen estar nerviosos —Inola, sin perder de vista a los vigías, estaba listo para auxiliar a Magaska en cuanto fuese necesario.
—Magaska no tuvo éxito, muuuh —cruzando sus brazos en una “X”, Magaska llegó con los demás.
—¿Qué te dijeron, Magaska? —Jacob se acercó llevando un poco de agua a la pequeña.
—Glug, glug… Pwaaa. Que Aksha-Khur está fuera de límites, no podemos pasar; se declararon un pueblo libre y no permitirán la entrada a ningún tipo de persona —haciendo un puchero, Magaska se quejaba amargamente.
—Mmm, ya veo. Regresemos por el momento… vayamos al claro que estaba hace no mucho, ahí había piedras; podremos sentarnos y tomar un descanso en lo que investigamos qué hacer. —Todos regresaron, menos Inola, que repentinamente volteó a ver en dirección de Aksha-Khur…
—Eeeh, qué raro… sentí como… ¡AH, esperen! —Inola retomó el paso y alcanzó a los demás unos pasos más adelante.
—¿Qué pasa, Inola? —Jacob miró de reojo hacia atrás mientras se alejaban de la empalizada.
—Humm, sentí como… —Inola no encontraba las palabras ante el sentimiento que tuvo.
—Yo también… hay algo ahí atrás, no sé si es el Theosis Tharmullis o algo más. Ithil dijo que nos reuniríamos unos 400 metros atrás, ¡vamos! —ambos chicos corrían a alcanzar a los demás; el grupo entero se retiró un poco más atrás.
—Bueno… errmmm, hahaha, hum, esto será un poco más difícil, no esperaba esto… ¿alguno de ustedes tiene un plan? —Ithil preguntó a los demás; justo terminaban de tomar un poco de alimentos; todos estaban alrededor, sentados en piedras o descansando bajo otro árbol fósil reclinado que daba sombra y refugio al lado del camino; los restos de otras fogatas se podían ver en la tierra ennegrecida.
—Mmm, ¿qué tal si decimos que Thar-Abbys nos manda, justo como lo somos, y mostramos nuestras medallas? Se supone que, con el nivel que tenemos, deberíamos tener un poco de autoridad, ¿no es así, hermano Ithil? —Leonidas dijo mientras miraba su medalla; parecía casi una pequeña moneda en su enorme mano.
—Humm, podríamos considerarlo, aunque por esta región parece que hubo o tienen algún problema con la autoridad; tal vez nuestras medallas no sean bienvenidas —Ithil miró su medalla, pensando en lo increíblemente inútil de ese cacharro.
—Pues, ¿qué tal si los asusto? Me transformo, rugo un poco frente a ellos, huyen, entramos —Mina, confiada, cruzó los brazos mientras mordía una manzana.
—Ee, podría servir, aunque me gustaría que ese fuese nuestro plan de reserva —Ithil lo puso al final de su lista por si todo fallaba.
—Hey Ithil, yo e Inola tuvimos un presentimiento en la empalizada; aún no estamos seguros, pero hay algo aparte del Theosis —Jacob, sin saber exactamente cómo confirmarlo, le informó a Ithil.
—¿Eh? ¿Podrían explicarme un poco más? —Ithil, intrigado, miró a ambos.
—Pues… no podemos explicarlo muy bien, ya que es un sentimiento muy relacionado con la evocación… pero… cuando haces un pacto con algún espíritu, sientes una compañía junto a ti, como si tu espacio y sentimientos fuesen compartidos con alguien más —Inola trataba de describir el sentimiento.
—Acompañado de ese sentimiento, hay otro, como si una película muy fina te envolviera y como si sintieras las cosas a través de un plástico; es curioso… ese tipo de sentimiento es el que percibimos yo e Inola —Jacob continuó explicando.
—Bien… si tú e Inola lo percibieron debió ser algo importante; me gustaría que me mantuviesen informado si vuelven a sentir eso —Ithil asintió y lo apuntó en su libreta.
—¡Oh, Magaska lo sabe! El hombre dijo que no dejarían pasar a nadie de otros lados, pero, ¿qué tal si nos disfrazamos como gente de por aquí?
—Humm, podría funcionar… pero, ¿vieron cómo iban vestidos? Es muy única su vestimenta; incluso en Palasquia la ropa es muy diferente —Ithil trataba de recordar las vestimentas en el pueblo anterior; pantalones de tela y camisas de algodón eran lo común, mientras que el guarda de la empalizada y los vigías portaban una hakama de tonos azules y verdes con patrones geométricos intrincados en las orillas y bandanas en la frente portando los mismos patrones.
—Creo que será difícil encontrar esas ropas… —Ithil pensaba dónde conseguir las ropas.
—¿Y si les consiguiese las ropas y les ayudara a entrar, ustedes me ayudarían? —una voz sin género les preguntó. La sorpresa fue tanta que Ithil trató de sacar su arma mientras los demás se apresuraban a luchar.
—¿Qué? —Ithil trató de sacar su klauvra, pero su mano era detenida por un abanico blanco plegado de metal.
—Vamos, vamos, ufufufufu, no creo ser tan atemorizante —una persona en un traje parecido a los de los vigías estaba frente a ellos; su hakama blanca e impoluta brillaba de manera hermosa, sencilla pero perfectamente lisa, sin arrugas ni manchas; sus pies eran visibles, iba descalzo sobre la arena y sus sandalias de madera y lazos rojos se encontraban puestos delicadamente al filo de Velez-Valar.
—¿Quién eres tú? Y, ¿qué necesitas? —Ithil, no muy convencido, miró a la persona frente a él; su pelo negro profundo y lacio le llegaba a sus hombros; portaba una máscara de madera con las facciones de un zorro, teñida con colores suaves naranjas y lacada a la perfección; sus cejas rojizas color cereza parecían emanar un aire de atracción que le fue difícil de ignorar.
—¡¿Qué quiere con nosotros?! —Inola, con un gesto de molestia, se interpuso entre Ithil y aquella persona.
—Y tú, regresa de tu tierra de ensueños; ¡estás prácticamente babeando, Ithil! —Inola reclamó molesto a Ithil con un puchero. Sacudiendo su cabeza, sintió como si rompiera un hechizo que lo dominaba.
—¡Inola! ¡Estoy contigo! —Jacob se puso atrás de aquella persona de blanco. Inola miró a Jacob y asintió con la cabeza.
—Señorito Inola, Jacob dice que esta persona no es alguien común… ¡yo tampoco lo creo, me asusta un poco! —Lizva, en forma de pequeña mota de luz, le susurró a Inola en el oído.
—Ufufu, no es cortés cuchichear de alguien en voz baja ni a sus espaldas, niña —Lizva se asustó al ser mirada; aquella persona podía ver a través de ella perfectamente.
—Y yo digo que no es cortés entrometerse en las conversaciones ajenas —Mina se paró a la izquierda de la persona de blanco.
—He, he… en eso tiene razón, jovencita; debí presentarme antes. Les pido disculpas, aventureros de Thar-Abbys, mi nombre es Ayakashi y les puedo ayudar… y de hecho requiero su ayuda… —
Leonidas miró a los demás, incluyendo a Ithil; tanto Jacob como Inola sentían un hormigueo al ver a aquella persona; Varneth advertía a Magaska y Lizva lo veía con marcado miedo.
—Varneth dice que esta persona no es de fiar —Magaska miró a Ayakashi con duda.
—Oo, ya veo, un portador de fuego gemelo, tu tipo se hace cada vez más raro. El último que vi fue hace cuatrocientos años —Ayakashi miró a Magaska; ella, incómoda, tapó su pecho.
—Uaa, esta persona es rara —Magaska se echó atrás dos pasos.
—Ambos sacerdotes son fuertes; su grupo viene preparado para contener espíritus, eso nos ayudará. Oh, ¿qué es esto? Este al que llaman Inola… no, no es nada; mejor dejaré que él lo descubra por sí mismo —Ayakashi miraba a los jóvenes, midiendo con fría aptitud sus habilidades.
—Eres una mujer poderosa, joven que llaman Mina; tu espíritu es brillante y enorme como tu corazón; estoy encantado de conocerte —mirando a Mina, pasó rápidamente a Leonidas.
—Y tú, portador del escudo, deberías hablar con tus compañeros; las profundidades a donde te diriges son peligrosas —tapando la mitad de su rostro con el abanico, Ayakashi resonó en la mente de Leonidas.
—…No me gusta esta persona; deberíamos usar el plan de la hermana Mina —Leonidas parecía estar algo molesto.
—Mira, parece ser que no eres del agrado de todos, así que debería pedirte que te retires… pero creo que podremos usar tu ayuda —Ithil miró a Ayakashi de frente; no tenía idea de cómo lidiar con Ayakashi, incluso él mismo se sorprendió de su decisión.
—Oooh, claro, señor líder; debe golpear cuando el acero está caliente, no se preocupe y confíe en el buen Ayakashi… Ufufufufu —con su dedo índice, Ayakashi delineó el perfil de Ithil, pasándolo seductoramente por su rostro mientras caminaba a colocarse sus sandalias con bella delicadeza; sus movimientos eran limpios y extrañamente atrayentes.
—Mmm, confío en ti, Ithil, pero este tipo me da desconfianza —Mina guardó su arma y se colocó junto a los demás.
—Magaska estará atenta por si hay traición; algo oculta, Varneth lo presiente también —Magaska pasó junto a Mina y se preparó a movilizarse.
—Hermano Ithil, hay que estar atentos —Leonidas dio un par de palmadillas en el hombro y se reunió con los demás.
—Yo estoy contigo, Ithil, pero vayamos con precaución —Jacob y Lizva también se prepararon.
—Mmmph, así que así te gustan, ¿eh? —Inola, enfadado, pasó junto a Ithil y se reunió con los demás.
—¡¿Qué?! ¡Ni siquiera! Ah, como sea, vamos. —Ithil, junto a los otros, se unieron a Ayakashi.
—Por aquí, por aquí, mis queridos valientes; tengan cuidado de bajar, los pastos son hirientes; ignore a la rana y al grillo que lo único que hacen es hacer estribillo; eso sí, al cardenal denle un saludo, porque es fácil hacerlo enojar. —Los chicos siguieron a Ayakashi por Velez-Valar hasta llegar a un claro del lado del bosque inmortal.
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