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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Apariencias parte 1

Apariencias parte 1

Jul 14, 2026

Apariencias
—¡Alto, alto, alto! No vamos a entrar ahí —Jacob detuvo al grupo entero.
—Lo imaginé. Este tipo quiere embaucarnos para robarnos —Magaska se unió a Jacob; ambos sacaron sus armas.
—Ufufuf, aaah, qué problema… —Ayakashi reía suavemente mientras los chicos se detenían al filo de Velez-Valar.
—La idea de Mina nos debería ayudar, Ithil. Esto fue una pérdida de tiempo, vamos —Inola tomó de la mano a Ithil y tiró de ella, pero él no se movió ni un centímetro. Miró a los chicos y dijo:
—Creo que deberíamos tomar la ayuda de Ayakashi… después de todo, parece ser confiable —Ithil le respondió a los demás mientras Ayakashi susurraba en su oído. Ithil recitaba sus palabras como si fuese un mantra:
—Ayakashi es confiable. No se preocupen, ¿no han escuchado que el animal más confiable es un zorro? —Ayakashi decía en voz baja, e Ithil repetía en voz alta lo que le decían al oído.
—…… —Mina y los demás no quitaban la mirada de Ayakashi.
—PUEDO OÍRTE, ZORRO DEGENERADO —Inola gritó a todo pulmón.
—¿Cuáles son tus intenciones? Ayakashi, es obvio que no son tan desinteresadas —Mina separó a Ithil de Ayakashi cargándolo; con un tono firme preguntó sin rodeos:
—Aaw, estaba divirtiéndome, muy bien, muy bien, les diré lo que necesitan saber —Ayakashi agitó su abanico. Casi como si fuese una orden, el temible pasto de Al-Darius empequeñeció y se retiró entre las piedras sin dejar rastro, creando un camino para los chicos.
—¿Hermanos, vieron eso? —Leonidas no pudo ocultar la sorpresa ante la maniobra de Ayakashi.
—Mmmm, mi cabeza… aah, estoy mareado —Ithil repentinamente se sentó poniendo su cabeza entre sus rodillas, mareado por la influencia de Ayakashi.
—Una vez más antes de ponerme violenta… ¿Quién eres? ¿Siquiera Ayakashi es tu nombre real? —Mina levantó a Ithil.
—Oooh, dar un nombre es algo muy íntimo entre espíritus, señorita Mina; no es recomendable o prudente —Ayakashi se dio la vuelta agitando su abanico y los miró por el hombro.
—Ufufufuf, pasen, pasen, no teman la curiosidad. Señor Líder, traiga a su equipo por aquí; estarán seguros con Ayakashi. Siempre que no pasen de estas cuerdas, el bosque los respetará… además, el bosque también requiere su ayuda.
Gruesas cuerdas blancas de seda se extendían por el empedrado; listones de colores teñidos colgaban entre las cuerdas a cada tanto. El camino ante ellos se extendía en penumbra; ruidos desconocidos de respiración y seres masticando se escuchaban de vez en cuando. Los jóvenes aventureros se miraron entre ellos, en total desconfianza. Mina tomó a Ithil, decidiendo no poner un solo pie en el bosque.
—Creo que buscaremos otra opción, señor Ayakashi, muchas gracias —Mina le respondió con una corta reverencia. Ithil, aun mareado, tenía dificultad para ponerse en pie.
—Espe… esperen —Ithil juntó fuerzas para hablar.
—Ithil, no sabemos ni siquiera quién es esta persona; tu juicio está comprometido y, como tal, yo respondo por el grupo ahora —Mina, firme y autoritaria, cargó y arrojó a Ithil en los brazos de Leonidas; el fortachón lo recibió sin dificultad.
—Eso, además eres insoportable; por alguna razón, ¡no puedo contener las ganas de golpearte! —Inola volteó a ver a Ayakashi.
—Ufufufuf, ya veo, ya veo, señor Líder, su grupo es bastante unido; ¡¡eso me hace quererlos aún más!! —La voz de Ayakashi, a media frase, repentinamente cambió a un marcado y fuerte tono masculino sin explicar cómo ni por qué. Su máscara de zorro cambió por una bella máscara roja con colmillos; una mueca fría se reflejó en esta.
—Me imagino que van al pueblo de Nichiren… creo que es de su interés evitar que termine como el pueblo de Nivoria… ¿No es así… Varneth? —Ayakashi repentinamente parecía un ser temible; cuernos crecieron en su máscara con un crujido de madera y laca. Los jóvenes inmediatamente se pusieron en guardia nuevamente.
—Aaaawww, ¡¡les ofrezco una disculpa!! Me hacen perder la paciencia, no me gusta cuando me pongo así —Ayakashi tapó su rostro con su abanico. La máscara roja desapareció y, en su lugar, una de mono sonriente apareció. Delicadamente, se puso de rodillas e hizo una profunda reverencia poniendo su abanico al frente, junto a la punta de sus dedos en el abanico, sin despegarlos.
—Aventureros que libraron a Nivoria, requiero su ayuda para evitar una tragedia pertinente tanto a su gente como a la mía. Mi nombre es Ayakashi Hososhi, y pido humildemente por su colaboración —esta vez la voz de Ayakashi se tornó casi infantil; su tono exudaba confianza y humildad. Por primera vez veían a Ayakashi pidiendo ayuda directamente; al levantar su mirada, la tranquila máscara de zorro regresó.
—Eso… fue por demás inquietante… —Mina, con el puño levantado y a punto de golpear a Ayakashi, bajó un poco la guardia.
—Nnngg, Magaska no quiere que pase otro Nivoria… tampoco Varneth… ¿Mina? Queremos evitarlo a toda costa —Magaska y Varneth suplicaron con ojos grandes a Mina.
—Ni yo, chicas, las entiendo… AYAKASHI, cooperaremos, pero no queremos que interfieras con nuestras decisiones —Mina guardó sus armas. Ithil, aun mareado, procesaba poco a poco lo que ocurrió; su mente, aun nublada por la interferencia de Ayakashi, ordenaba trabajosamente sus ideas. Miró a Mina y, desde el hombro de Leonidas, dijo:
—Te lo encargo, Mina —para cerrar los ojos nuevamente.
—Oooh, me siento honrado de tener su confianza, ufufuf —Ayakashi rio suavemente.
—Hermana Mina, estamos listos —Leonidas cargó nuevamente su enorme mochila con varios objetos y consumibles, e Ithil en el otro hombro.
—Oh, oh, oh, ¿qué es lo que traen ahí?… huuum —Ayakashi puso su abanico cerrado en su boca; la máscara de zorro cambió por una de hombre anciano.
—El bosque inmortal es especialmente celoso de los objetos hechos y procurados fuera de él. Puedo aconsejar que guardemos los objetos en mi humilde casa, que por cierto son bienvenidos a visitar —Ayakashi dijo dando una pequeña reverencia.
—Con gusto aceptamos tu oferta y discúlpanos si cometemos errores; aún no sabemos cómo comportarnos en tu casa —Jacob dio una pequeña reverencia; Ayakashi respondió de la misma manera.
—Oooh, con gusto, sean bienvenidos —Ayakashi parecía estar más alegre; sus máscaras, teñidas de un suave color durazno, relucían con un alegre tono rosa suave.
—Vamos, vamos… hum, sí… sí, tengo bocadillos en casa… oh, pero no tengo té… ¡¡qué problema!!… ¡Kawazu! ¡Sanshouo! —Ayakashi, en un tono alegre y apurado, gritó al aire. De entre las ramas, con rocío y musgos, salieron una rana y una salamandra.
—¡Sí! Su excelencia —ambas criaturas respondieron a Ayakashi y miraron al grupo.
—¿Son estas personas invitadas de usted, su gran excelencia? —preguntó la salamandra, que portaba un cinto de tallos de trébol.
—Ooh, sí, sí, lo son, Sanshouo —Ayakashi le respondió a la pequeña salamandra.
—Oh, qué felicidad, señor Ayakashi, no sabe qué tanta alegría nos da que su excelencia tenga invitados… buhuhuhu, es un día tan alegre que nos hace llorar.
La pequeña rana se frotaba sus enormes ojos ante Ayakashi; esta portaba un pequeño chaleco hecho con pasto seco y teñido con frutos.
—¡Sí! ¡Sí! Ejem, ufufufu, necesito que vayan con Jakuto y le pidan que me lleve té a mi casa; pueden tomar semillas de ajonjolí de mi casa… quiero un buen té para mí y mis invitados. Aaa, sí, y si pueden, lleven unas frutas de Rebril —Ayakashi aclaró su garganta y con su abanico echó a andar a ambas criaturas de regreso al bosque.
Inola y Jacob se miraron mutuamente y después a los demás, que miraban cómo los animalillos hablaban con Ayakashi. Inola trató de hablar, pero Jacob lo detuvo.
—¿Rebril? ¿Como el licor caro? —Inola preguntó en voz alta.
—El Rebril es un fruto extremadamente caro y raro… solo se da en ciertas regiones y con muy poco éxito; de cada cien arbustos solo uno da frutos y solo es cada diez años… el licor que toma la gente es una infusión en alcohol… nunca he probado un Rebril real, solo macerados de subproducto —Jacob rio y se rascó la nariz, respondiéndole en voz baja.
—Por aquí… ¡¡por aquí!! Queridos invitados, el bosque los recibe con gusto —Ayakashi seguía su camino; uno que otro animalillo salía por debajo de las cuerdas para saludar al grupo.
—Magaska siente mucho movimiento alrededor de nosotros —Magaska dirigió su mano a una cuerda para levantar y ver debajo, pero fue detenida por Inola.
—No seamos imprudentes, Magaska… esas cuerdas están para protegernos a nosotros, es mejor que siga así —Inola, sin ver debajo, prosiguió con los demás.
—Está bien —Magaska se alejó mientras un enorme ojo con tres pupilas en forma de flor de cerezo la miraba desde debajo de la cuerda.
Pronto llegaron al final del camino; una pequeña flama flotaba en el jardín de una casona hecha totalmente de madera y techo de cobre. Seis jinzos de piedra descansaban en un altar techado a un lado de la entrada de la casa; dos pequeños ratoncillos de piedra con lanzas resguardaban el altar. Piedra y mortero fundaban la construcción, mientras que enormes troncos sin corteza servían de pilares tallados con relieves de animales y plantas; un jardín con lámparas de piedra y arcos rojos descansaba en la parte trasera.
—¡¡Y aquí estamos!! Es mi humilde casa. Pasen, pasen… oo, cierto, ¡¡pantuflas para los invitados!! Esperen un momento en la puerta, regreso —Ayakashi corrió a la puerta de la casa que estaba frente a ellos.
—Oigan, ¿ya notaron? ¡No se siente exactamente como la misma persona! —Leonidas miró a Ayakashi que corría a toda prisa a conseguir sandalias para el grupo, apenas pudiendo cargarlas todas en ambas manos; se desparramaban por los lados mientras corría a la puerta.
—Déjeme ayudarle —Leonidas instintivamente se acercó a Ayakashi y tomó algunas pantuflas.
—Oh, cielos, gracias chico, eres muy amable —Ayakashi se tapó el rostro con su abanico y una máscara de doncella apareció tras de este; Leonidas tomó las pantuflas y se sonrojó un poco.
—Eerm, sí, gracias, solo me gusta ayudar —Leonidas llevó las pantuflas al portón principal donde Ayakashi, una vez más, portaba su usual máscara de zorro.
—Mmm, deberías ver tu cara de tonto —Inola le arrojó una bola de papel en la cabeza a Leonidas. Ayakashi regresó de la puerta y los invitó a seguir.
—Listo, pasen, pasen —el grupo entró dejando atrás sus zapatos y colocándose las pantuflas; animalillos y pequeñas esferillas de luz se acercaron a husmear con curiosidad al grupo y la casa.
—Por aquí… tomen un lugar, ya mismo vengo… Abuela Kasa… ¿podría prepararnos té? —Ayakashi dirigió su atención al fondo de un pasillo que los chicos no podían ver; ellos tomaron asientos en cojines en el suelo alrededor y colocaron a Ithil recostado a un lado. Una gran mesa hecha a partir de una rodaja de árbol estaba al centro del lugar, barnizada con un brillo suave y perfecto como espejo; en ella se reflejaba una casona grisácea y vieja, casi derruida, llena de polvo y en penumbras, mientras que ellos estaban en una pomposa mansión con bellos acabados y pinturas hechas en rollos de papel en las paredes; al notarlo, un escalofrío pasó por los jóvenes aventureros.
—Claro, claro, su excelencia, lo llevaré en un momento. Justo Jokuto trajo el té, me parece que quería verlo también, hu hu hu hu… —una voz muy mayor de edad respondió; los chicos podían sentir el aire sobrenatural del lugar.
—Te ayudaré a traer el té, abuela Kasa… espera un momento… Jokuto, qué gusto —antes de adentrarse al pasillo, un gorrión con un pañuelo pequeño en la cabeza trinó en la ventana.
—¡Excelencia! Siempre es un honor; le traje el mejor té que poseo y una generosa porción de frutas de Rebril. Por cierto, si no es mucho atrevimiento, las ranas del lado oeste están deseosas de venir a hablar con los invitados; es raro ver foráneos en el bosque. Igual lo quieren los tanukis del río Sho; también desean saber si los invitados de su excelencia pueden comerciar.
—Hummm, creo que no sería del todo oportuno… oo, qué problema. Señorita Líder, ¿qué opina usted? —Mina, al escuchar la plática en la ventana, miró al gorrión que alegre y con grandes expectativas la miraba de regreso.
—Mmm, está bien, aunque no tenemos mucho que comerciar —Mina dio una suave sonrisa y Jacob le dijo:
—¿Señor Jokuto, cierto? Será un gusto intercambiar objetos con ustedes, aunque al no venir con intenciones comerciales no traemos mucho; tal vez un poco de comida y algunas herramientas —Jacob dio una pequeña reverencia; Jokuto, alegre, dio un par de trinos felices y se volteó al bosque desde la ventana.
—¡¡Lo logramos!! Eeeeeeh —un alegre vitorear se escuchó de entre los arbustos fuera de la cerca de la casona; un par de tanukis portando pañuelos blancos en la cabeza se escurrieron entre los arbustos; las ranas brincaron al pequeño riachuelo a dar también las noticias.
—¡Pero! Tal vez mañana. Diles a los tanukis blancos y a las ranas del clan Loto que pueden venir mañana; hoy mis invitados deberán descansar; después de todo, ¡vienen en una misión! —Ayakashi miró de reojo a los aventureros; la parda máscara de mono alegre se pudo ver en Ayakashi.
—Permítanme un momento, aventureros, iré por el té para que discutamos lo que viene —Ayakashi dio una delicada vuelta y, como deslizándose por el pasillo, se perdió al fondo de este.

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