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Cuentos de Khuarhya Libro 2

Apariencias parte 3

Apariencias parte 3

Jul 14, 2026

—Ejem, gracias por su confianza, señor Ayakashi… y… sí nos gustaría saber en qué podemos ayudarle, ¿no es verdad, Inola? —Ithil, con un pañuelo, cubrió la sangre que salía de su nariz.
—¿Eeh? ¿Qué? ¿Eerm? Sí… sí, sí —Inola se volteó totalmente apenado con ambas manos entre las piernas.
—Aaa… Magaska y Varneth están muy confundidas —echando humo por el cuello de la camisa, Magaska se tomó las mejillas con ambas manos.
—Ufufufufufuf, fue un gusto… ahora hablemos de lo que necesito de ustedes; no mentiré… les diré lo que necesitan saber —la habitación se tornó ligeramente más fría; la luz de esta parecía provenir totalmente de la mesa al centro de la habitación.
—Ithil… Mina… —Jacob miró a su compañero; bocanadas de aire caliente se podían ver salir del rostro de los demás. El frío seguía bajando más y más mientras Ayakashi parecía estar pensativo con el abanico en su boca; la luz débil para luchar era derrotada por las sombras avaras e insidiosas que los rodeaban. Pronto se vieron envueltos en un sentimiento de abandono que los rodeó y, sin notarlo, estaban dentro de la casa derruida.

—Estoy aquí en nombre de mi gente; el mundo está cambiando, los límites y barreras se han olvidado o borrado por descuido o negligencia… —Ayakashi respiraba profundo; sus palabras guardaban enojo y odio… la casa respiraba con él, expandiéndose y achicándose; furia contenida en el aire, enojo y ruina bailaban en los candiles solitarios que apenas podían iluminar sus alrededores.
—Los Khuarhyanos han pasado por mucho, se han olvidado de mucho; la bombilla, el neón, la geotechnia, las iluminas; quieren cubrir la noche con luces y ruidos… —Ayakashi, en una voz temible que abarcaba toda la sala, cerraba sus ojos; los aventureros miraban cómo espíritus se escurrían entre las sombras.
—Aaaa… pero la noche nos pertenece a nosotros —la mano de Ayakashi pasó por su cuello como si la situación le diera un placer macabro.
—Cada sombra… —sombras de animales deformes se agrupaban a su derecha mientras la mano de Ayakashi paseaba por su muslo derecho.
—Cada crujido en la oscuridad… —seres inmateriales los rodearon robando más de su calor; Ayakashi temblaba y ambas de sus manos acariciaron su nuca.
—Cada voz sin nombre que te dice monstruosidades en la noche… —entes gigantes se abrieron paso entre el techo y los miraron desde los cielos oscuros. Las manos de Ayakashi seguían con su pecho por dentro de su hakama.
—¡Pero cuando olvidan sus límites y nos tratan como simples animales! —las lámparas se tiñeron de rojo y las paredes comenzaron a derramar líneas de sangre; el piso perdió su forma y empezó a palpitar.
—Me obligan a ser lo que mi naturaleza me dicta… por ello pasó lo de ese día… —Mina y los demás permanecían quietos como observadores, sin atreverse siquiera a tomar sus armas.
—¿Tú fuiste el que acabó con los Reclamacionistas, cierto? —Inola, pálido y frío, casi sin aliento, encontró valor para hablar.
—Mm, no sé su nombre ni me interesa… pero si te refieres a los que están en las afueras, sí, lo hice yo… —Ayakashi recuperó su compostura; hilos de luz se entretejían con el calor reintegrándose al mundo. De repente estaban de regreso en la casa cómoda a la que llegaron.
Tragando saliva, Mina se dirigió a Ayakashi: —Entiendo que lo hiciste por tu gente; te pedimos disculpas por estas ofensas.
—Aaah, descuida, entre nosotros también hay clanes y grupos —Ayakashi dio una mirada rápida al cuadro del lobo y el zorro en la puerta.
—Su pueblo… al que deben llegar, necesita ayuda… están llevándose espíritus del bosque y queremos que esto pare… Es sencillo, estamos siendo agraviados y como tal queremos… Jus.. Ti.. Cia.. —saltando en las últimas sílabas, el abanico de Ayakashi dio pequeños golpecillos en su máscara.
—¿Qué? No deberían… ¿los tienen presos? Mmm, es muy posible que posean algún tipo de contenedor o jaula —Jacob, en un tono un poco débil, preguntó.
—No lo sabemos, pero muchos de nuestros hermanos espíritus han sido llevados sin regreso al pueblo… ellos no eran así del todo… las cosas cambiaron desde que esa sacerdotisa llegó con ellos; ¡¡esa descarada mujer!! —la máscara de Ayakashi se tornó roja nuevamente y despidió un vapor morado que los chicos notaron inmediatamente.
—Pero no vale la pena mencionar más de eso… —un pequeño suspiro seguido de una frustración palpable salió de Ayakashi.
—Entonces… ¿quieres que busquemos a tus amigos espíritus? —Leonidas preguntó; su pose con las piernas cruzadas imitando a Ithil le dio un poco más de comodidad.
—Hummm, si gustan pueden hacerlo… pero si no hay nada que hacer, quiero que remuevan el límite del pueblo, así podré entrar a ajustar cuentas con la sacerdotisa yo mismo —Ayakashi agitó su abanico; una pequeña campanilla de oro se podía escuchar en el fondo.
—Ooh, pero para poder llegar al círculo interno!! Solo las mujeres pueden. Aquella mujer echó a los hombres a las afueras a vigilar y al círculo externo del pueblo, por ello deberán usar disfraces —Ayakashi rio de manera traviesa, dejando ver que estaba disfrutando la situación.
—Bueno, Magaska y Mina pueden ir sin problemas, Jacob… mmmm, tal vez podamos hacerlo… Inola… —Ithil volteó a ver al chico.
—Nng, ¡¡te lo advierto, no me verás con falda!! —Inola tapó con el cojín su cuerpo, abrazándolo frente a él.
—Pues creo que también podría disfrazarse sin problemas —Leonidas levantó su dedo alegre, pero recibió el cojín de Inola en la cara.
—Haaa, ¡¡atrévete, calvo, quiero verlos intentarlo!! —Inola se levantó de golpe como si todos fueran sus enemigos.
—Calma, Inola, solo son ropas —Jacob trataba de calmarlo.
—Ooh, entonces traeré las ropas de mañana para preparar todo. Ufufufufu —al ver la reacción de Inola, Ayakashi se retiró dando risitas maldosas.
—Inola, calma, solo es para infiltrarnos… además tu rostro es muy bello, te quedará bien… —Mina apenas podía evitar su sonrisa.
—Magaska cree que le quedan las pestañas largas… y Varneth dice que deberías probar un estilo de listones y shorts con calcetines de olanes —Magaska imaginaba el set completo de ropa.
—Ok, alto, si Inola no quiere tal vez no deberíamos presionarlo —Mina dijo dando unas palmadas al hombro de Inola, el rojo del coraje y de la pena.
—¡¡Aunque muera no me pondré una falda!! —casi con lágrimas en los ojos, Inola refunfuñaba tapando con el dorso de su mano su boca y mirando atrás.
—Aquí estooooy, traigo sus disfraces —Ayakashi regresaba alegre y animado con un montón de hakamas; la abuela Kasa atrás traía los complementos.
—Muy bien, aquí están, ahora pueden ponérselos —con un gracias, cada uno tomó una hakama que llamó su atención.
—He, he, he, ha, ha, ha, ¿¿cómo… se pone esto?? —Ithil luchaba con la ropa sin poder diferenciar pies de cabeza.
—Mmmm, ¿creo que va así? —Jacob pudo ponerse la hakama de manera ridícula, poniendo el frente en su espalda. Lizva trataba de acomodarla con algunos ganchillos, pero fallaban en poder ponérsela.
—Creo que… Mmmm GHAAAAAA —Mina, enfadada con las mangas, las cerró como si fuesen un cinturón a la cintura, quedando una especie de faldón.
—¡¡Magaska está totalmente confundida!! —Magaska arrojó la hakama al aire en señal de frustración.
—Mmmmm, creo que se parece un poco a la ropa que traigo puesta —Inola miró la hakama que tenía un gran parecido al traje que él mismo portaba, pero la hakama poseía mangas y el suyo no.
—Oo, no, estoy disfrutando esto… ¡¡pero señoritas!! ¿¿Cómo es posible que no puedan colocarse un vestido?? —Ayakashi, aguantando las risas, miraba la situación. Justo cuando estaba a punto de intervenir, Inola se acercó a Mina.
—¡Este no va aquí, Mina! Creo que debes pasar esta parte por aquí, toma… mete el brazo aquí y aquí, debería quedar bien, no es un cinturón para gorilas. Y tú, Magaska, debes pasar las piernas por ahí y después va la camisola; si tratas de ponerla antes quedará raro —Inola ayudó a las chicas a ponerse la ropa.
—Repentinamente quiero golpearlo, ¿y tú, Magaska? —Mina le susurró a Magaska.
—Magaska cree que Inola requiere un golpe —ambas chicas, luchando con entrar a la hakama, dejaban que Inola las ayudara a regañadientes.
—Aaahhh, ¿qué te parece? ♪ ufufufu, ese jovencito Inola es realmente especial ♩ —Ayakashi, casi cantando, se deleitó con la escena, pero recordó a los otros tres chicos que los miraban tratando de ponerse la ropa.
—Bien, ahora chicos, yo los ayudaré —Ayakashi les ayudó y, con un poco de tiempo, todos quedaron.
—Ooh, muy bien chicos, seré honesto: Leonidas e Ithil son las niñas más… no, bonitas que he visto —sin ocultar su decepción, Ayakashi quedó pensativo.
—Oh, lo tengo… abuela Kasa, ¿aún tenemos esa vieja piel de buey y de caballo? —Ayakashi volteó atrás de sí, donde la abuela Kasa tomaba té plácidamente.
—Aaah, ¿esas pieles, su excelencia? —la abuela dio un golpecillo con su puño cerrado sobre su palma.
—¡Así es, abuela, esas pieles! Las dos señoritas, Jacob e Inola pueden pasar por doncellas sin problemas, ¡pero nuestros grandes amigos aquí será difícil! —Ayakashi negaba con la cabeza como si no se pudiese hacer nada.
—Repentinamente me siento inútil, hermano Ithil —Leonidas, un poco triste y con la hakama de capa, no pudo ocultar su decepción.
—No te preocupes, hermano Leo, creo que es mejor así —Ithil miró cómo la abuela Kasa traía consigo un par de pieles curtidas con pequeños talismanes de papel colgando de las orillas.
—Pónganse esto encima y giren dos veces a la derecha —Ayakashi colocó suavemente las pieles en ambos chicos.
Una piel de buey con pequeños rizos suaves y otra de caballo lustrosa, color café.
—¿Así? —Ithil agarraba la piel como si fuese una cobija sobre él; Leonidas también hizo lo mismo. Ante los ojos de los demás, los chicos desaparecieron y en su lugar un caballo y un enorme toro los reemplazaban.
—¡¡Ah!! ¡¡Ithil, Leonidas!! —Mina y Magaska exclamaron en voz alta.
—Aquí estamos, Mina; si seguimos frente a ustedes solo estamos cubiertos con las pieles —Jacob, Inola y los demás estaban asombrados.
—Ufufufuf, el gran Ayakashi al rescate; con esto podrán pasar todos por la empalizada. Si una de las chicas monta a Ithil y les damos un carro para jalar al joven Leonidas, la ilusión será completa.
—Bueno, eso lo decidiremos mañana; por el momento el día ha probado ser agotador. Pueden deambular por la casa… Oo, pero no salgan al bosque, Ufufuf, no tendría el corazón de negarles una merienda a mis niños —Ayakashi se retiraba del lugar.
—Gracias por su ayuda, señor Ayakashi —Mina dio una pequeña reverencia; Ithil y los demás la siguieron.
—Ufufuf, no se preocupen, estoy tan interesado en el pueblo como ustedes. Los futones están en este baúl, pueden usarlos a su gusto; si desean algo en la noche pueden tomarlo, todo en esta casa está a su servicio —Ayakashi se perdió en un pasillo largo por el resto de la noche.
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