El caos de la tarde era finalmente opacado por la calma de la noche. Una noche calmada y tibia pese a las lluvias en dónde la mayoría esta cómodamente dormido en sus camas incluido a Sasha que, a pesar de su día tan agotador, dormía como un ángel ruidoso en su nueva habitación. La vista de este ángel solo la veían dos figuras, una silueta elegante y delgada, pero con un aire de soberbia y la otra era solo un poco mas robusta y estilizada. Ambos veían como Sasha dormía sin pena y sin miedo, después de un rato salían del cuarto en silencio— Tenias razón — poco a poco la silueta elegante mostraba a su dueño. La señorita Lucinda se giraba a verlo — No tiene sentido del peligro. Es demasiado ingenuo y débil
—Yo no dije débil —Murmuraba la otra silueta con su usual tono de fastidio. Nicolas acompañaba a su joven dama en una aventura de lo más peculiar — Solo le dije que suele dormir profundo y queda vulnerable
—No preguntaré por qué lo sabes— Con una mueca de celos giraba su rostro, ya sabía que había varios que estaban detrás de Sasha Pero no podía saber si Nicolas lo estaba también. Lo veía tan calmado y estoico que le resultaba difícil notar otra emoción que no sea enojo hacia Sasha
— Y ya que también notaste que varios insolentes están tras nuestro Sasha…
— ¿Nuestro? Señorita, no me incluya en ese enredo— Con el ceño fruncido mostraba su enojo o al menos eso parecía— No estoy seguro aún, pero parece que tiene una magia muy peculiar
— Con más razón hay que protegerlo— Con la obscuridad de los pasillos no se veía por completo la sonrisa de Lucinda, solo por la tenue luz de la luna que se asomaba es que Nicolas se daba cuenta de aquella sonrisa inquietante— Le gustan los hombres, no puedo hacerlo cambiar, pero eso no significa que dejaré que cualquiera lo tenga.
Nicolas empezaba preocuparse por la actitud de la joven— Señorita, si el príncipe lo ordena, no tendremos más opciones que entregarlo…
—¿Qué? — Con una mirada fría que parecía perforar el alma al punto de hacer dudar a Nicolas volvía a hablar— No me importa si es el príncipe o ese apestoso escudero— La bella cara de la señorita se iba desarmando en una de enojo — ¿Cómo se e ocurre decir eso? — La ira aumentaba, la verdadera personalidad de Lucinda florecía en el peor momento — ¿Acaso el príncipe te pidió eso? — sumergida en La ira tomaba un florero que lanzaba a Nicolas.
Una tras otra, Lucinda lanzaba floreros, libros, lo que encontraba y Nicolas solo se quedaba quieto, inmóvil, recibiendo todo lo que le lanzaba hasta que Lucinda se cansaba— Señorita… — después de ese berrinche, Nicolas se acercaba a ayudarla, a pesar de la sangre en su rostro, de los golpes y de ese desprecio, él seguía en su trabajo— Me exprese mal, yo tampoco quiero que Sasha se lo lleven, pero hay que ser prudente.
—¿Prudente…— esa palabra le daba una idea— ¿Si se casa, no tendrá más remedio que dejarlo no? — Con la idea sonreía, una amplia y enloquecida— Nicolas, eres bastante útil a veces. Bien, vigílalo, estoy segura que no sientes nada por él, ¿Verdad?
La mirada de duda que ponía hacía que Nicolas tragara saliva, de todos, él era quien más estaba con la joven, sabía que en esos momentos lo mejor era no contradecirla y quitar cualquier duda de su corazón— Señorita, bien sabe que mi corazón solo gira en servirla, si a usted le gusta, yo no me atrevería a verlo de otra manera— La mirada la mantenía en el piso con la esperanza de que sus palabras la calmaran lo suficiente.
—jaja, ese es mi Nicolas, tan leal— La ira y la duda se desvanecían temporalmente— Más te vale cuidarlo bien. Si algo le pasa, será tu cabeza la que ruede. ¿Quedó claro? — Al alzar la mirada, Nicolas sentía escalofríos, no podía creer que una joven con una sonrisa tan dulce podía lucir tan aterradora.
—Si, tenga por seguro que lo cuidare pase lo que pase. Vaya a su cuarto a descansar— Finalmente logro convencer a la joven a qué fuera al cuarto a descansar. Con la puerta cerrada y la obscuridad que lo engullía, finalmente podía respirar — Ese tipo… ¿Qué clase de magia usa?
Con la duda en el aire no le queda más remedio que descansar hasta la mañana siguiente.
El cago de las aves anuncian con una calma alegre el nuevo día. La luz cálida que entra por la ventana se posa con delicadeza en el rostro de Sasha delineando suaves sombras y molestando en los ojos con el brillo causando un quejido de molestia — Creí haber cerrado la ventana…— El antebrazo no era suficiente para cubrir la luz que lo animaba a levantarse, la respuesta fue clara y sencilla. Una almohada sobre la cabeza pudo resolver el problema por un momento, sin embargo, no contaba con el despertador no solicitado que la noche anterior le impusieron
—¿Vas a seguir dormido? Si no te levantas te levantó— La voz profunda e impaciente que sonaba desde la puerta ya indicaba a donde iba ir la situación. Nico solo espero un minuto, al solo tener como respuesta un quejido le despertó la ira— Señor Sasha…no tiene idea de cómo voy a disfrutar esto— Finalmente podría tener una pequeña venganza por todo lo que ha pasado hasta ahora. Paso a paso se acercaba, primero se apoyaba en la cama, suavemente le quitaba la almohada del rostro.

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