Please note that Tapas no longer supports Internet Explorer.
We recommend upgrading to the latest Microsoft Edge, Google Chrome, or Firefox.
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
Publish
Home
Comics
Novels
Community
Mature
More
Help Discord Forums Newsfeed Contact Merch Shop
__anonymous__
__anonymous__
0
  • Publish
  • Ink shop
  • Redeem code
  • Settings
  • Log out

Cuentos de Khuarhya Libro 2

Intercambios parte 1

Intercambios parte 1

Jul 21, 2026

Una luz atravesaba las finas ventanas de papel; la línea de luz dividía el cuarto mientras avanzaba. Lo que antes eran ruinas y telarañas recuperaba el calor y los colores a medida que el sol entraba por la ventana. Magaska, aún medio dormida, abrió sus ojos; un pequeño gorrión la miraba desde la misma ventana por donde el sol pasaba.
—¿Hmm… owaaa, buenos días… señor Jokuto? —Magaska bostezó y miró de reojo al gorrión, que portaba un pañuelo en la cabeza.
—¡Buenos días, buenos días! Oh, no, señorita, mi nombre es Fukurou. Jokuto es mi jefe; él está organizando los clanes que vendrán a comerciar. He, he, he, es un gusto. —Magaska notó el color en su pequeño pañuelo: a diferencia del sobrio pañuelo blanco de Jokuto, este llevaba uno rojo con bellas espigas de arroz doradas.
—¡Mis señores, buenos días a todos! —Con trinos alegres, el hermoso y redondo pajarillo cantó en un pequeño tronco labrado con detallados adornos de altares y perchas para pájaros. Este estaba cerca de la ventana, como si fuese un lugar de audiencia.
—¡Mmh, hhh! Es muy temprano, no deseo ser grosera o comerme a alguien, así que dormiré. Jacob, estás a cargo, zzzzzz. —Mina miró de reojo al gorrioncillo, que, intrigado, la miró de regreso. Mina, refunfuñando, se envolvió en su cobija y se retiró como una gran pelota de tela al fondo del cuarto, donde roncó de nuevo.
—Haha, esa Mina. Deberíamos tomarla en serio, yo me encargo. Es un gusto conocerte, señor Fukurou; con gusto nos uniremos a ustedes. —Jacob, con una sonrisa formal, dio una pequeña reverencia. Fukurou, apurado, dio una aún más profunda.
—Señor Jacob, muchas gracias, perdone la molestia. No habré ofendido a la señorita Mina, ¿cierto?… —Con gotas gordas de sudor, Fukurou se preocupó ante la reacción de Mina. Ithil miró al pajarillo.
—¿Fukurou, cierto? Descuida, nuestra amiga ama el sueño y el despertar es incómodo para ella; es como un tejón o un oso. —Ithil sonrió mientras se colocaba la camisa. Los demás ya estaban despertando y asintiendo también.
—Despreocúpate, amigo gorrión, la hermana Mina así es. —Leónidas sintió pena por la apuración del gorrioncillo.
—¡Ooohh, entiendo, señor Leónidas! Entiendo, señor Ithil. Este humilde gorrión estaba preocupado de haber ofendido a alguno de los invitados de su excelencia. —El pequeño gorrioncillo dio dos brincos para tomar vuelo.
—Ya vienen las caravanas, mis señores. Iré a avisar al señor Jokuto de que están listos. —Dando un último aleteo, Fukurou tomó vuelo y se fue entre las ramas del bosque.
—Lindo aquel pequeño… —Inola miraba de lejos cómo se perdía entre las ramas. Un pequeño impulso de tenerlo entre sus manos llegó de repente; tomando sus mejillas con ambas manos, sacudió su cabeza como deshaciéndose del pensamiento. De pronto, los aventureros escucharon campanillas provenir del bosque.
Campanillas seguidas de los tonos fuertes y golpeteos de un hyoshigi. La madera tratada a la perfección resonó nítidamente; el sonido era rico, casi metálico, penetrante pero agradable. Anunciando con una voz atronadora, un tanuki con un cinto de fibras teñido en púrpura, cargando en su espalda un brote de bambú y caminando en sus patas traseras, llegó de entre las ramas contoneándose con gran orgullo.
—¡El grupo de los tanukis del río Sho! Excelencia e invitados, ¡los tanukis del río Sho han llegado! Alegres aceptamos su invitación, y con gran expectativa traemos nuestros productos.
—¡Aquí están los tanukis del río Sho! Aquí van, aquí van, traemos alegrías y camaradería. ¡Los tanukis del río Sho! —Un baúl decorado con finos herrajes de cobre era cargado por seis tanukis más pequeños; ellos cargaban y cantaban rítmicamente mientras traían el enorme baúl frente a la casona. Solo ataviados con una cuerda de algodón, los tanukis parecían disfrutar como si fuese un festival.
—Vaya, cuánta energía tienen estos chicos. —Leónidas miró desde atrás cómo los tanukis traían el enorme baúl. Los herrajes de cobre teñidos de verde esmeralda hacían juego con los musgos frondosos que crecían en la madera negrusca del baúl. Con un satisfactorio golpe, el baúl se asentó en el jardín, donde tres codornices miraban desde la cerca; cada una traía un pequeño pincel hecho con sus propias plumas y, con habilidosas manos, dibujaban el evento para recordarlo por los siglos venideros.
—¡Los tanukis del río Sho se enorgullecen en traer finos relieves y deliciosas comidas para los grandes invitados de su excelencia Ayakashi! —El grupo de seis tanukis se arrodilló ante los aventureros.
—Ah, es un gran honor tener al clan del río Sho frente a nosotros el día de hoy. —Jacob hizo una reverencia; los demás lo imitaron.
—¡Es un honor para nosotros también! ¡Abran el baúl! —el tanuki más grande ordenó a los demás. Dentro del baúl, triángulos de hojas de bambú rebosaban de rebriles cristalizados, pelotillas de semillas con miel, pescados salados que lucían tentadores, hermosos cuchillos hechos de hueso y maderas rojas tersas, rollos de piel de animales que se asemejaban a terciopelo fino, y tapices que ilustraban batallas y eventos desconocidos para los chicos.
—¡Magaska quiere más frutillas dulces! —Los ojos de Magaska brillaron ávidamente.
—Hmm, esas pieles se ven increíblemente finas. ¿Espera, pieles? ¿No es eso un poco macabro? ¿No son animales del bosque después de todo? —Jacob titubeo antes de tocar las pieles. Lizva, a un lado de Jacob, miraba los tapices, pero sus ojos brillaban con expectativa al ver un grupo de flautas pequeñas hechas de hueso.
—Mm, ¿qué dices, Lizva? ¿Quieres estas? —Jacob tomó un par de flautas, pensando algo parecido con las pieles que vio.
—Descuide, señor Jacob, estos productos están hechos de las exitosas cacerías del clan; cuando algún depredador nos quiere atacar, es totalmente normal —el gran tanuki dijo dando un golpe en su pecho. Aquellos productos parecían ser aceptables.
—Disculpe, señor tanuki, mi grupo y yo traemos productos y bienes con nosotros, aunque limitados. No sabemos si gustarán aceptar dinero de nuestro pueblo —Ithil se dirigió al líder tanuki vestido de púrpura.
—¡Claro, señor Ithil, yo, Daichi, del clan Sho, acepto su moneda como objetos de valor y conciliación entre nuestra gente!
—Muy bien, entonces déjenme entregarles estas seis hojas de metal. Nuestro amigo Jacob es nuestro herrero artesano, es excelente en su trabajo; yo mismo usé estas hojas abatiendo a un enemigo poderoso que me costó esta mano. —Ithil sacó sus navajas con las que luchó contra Herrakan y reveló un poco de su puño metálico. Jacob lo miró, dando su consentimiento con un pulgar arriba.
—¡Cuchillas que derrotaron a un enorme demonio! Puedo sentirlo, el espíritu que poseen es único… ¡Señor Ithil, es un honor que nos deje a cargo! ¡Estas navajas serán guardadas en un templo en el corazón del bosque como un tesoro, serán conocidas como las seis "Devoradoras" y serán usadas por nuestra tribu para exorcizar demonios y matar bestias malignas! —Daichi brillaba de expectación; él mismo parecía ser un guerrero, y los otros tanukis miraban con emoción la mano mecánica de Ithil.
—¡Maestro Jacob! No tenía idea de que era un herrero, ¡qué trabajos tan finos crea usted! —Daichi, emocionado, miraba las cosas que el grupo puso frente a ellos.
—Claro, es un gran honor que mi trabajo tenga tan asombroso destino, estoy honrado. —Jacob, lleno de orgullo, sacó una espada corta justo de su tamaño y se la ofreció al tanuki líder.
—Señor tanuki, veo que usted es un guerrero también, le dejo en sus manos esta espada llamada "Amanecer". —La espada ancha portaba una efigie de sol en la empuñadura; el hermoso patrón ondulado de la navaja iridiscente, con tonos rojos y ámbar, brillaba como si fueran rayos de sol. Era un experimento con metales que Jacob realizó hace no mucho; la espada era espectacular, aunque nadie del grupo empuñaba espadas.
—¡Owaaa, es espectacular! ¡Sin duda es usted un gran maestro! —El tanuki miraba la espada; para él era una gran cuchilla masiva. Al sentir la empuñadura, un enorme orgullo brotó en él.
—¡Akebono! ¡La nombro Akebono! —El tanuki y los demás estaban emocionados y alegres, intercambiando comida y materiales con Jacob y los demás.
—Bien hecho, Ithil —pensó Jacob, mientras Mina terminaba perezosa de despertar y unirse a ellos.
—Aah, ¿qué tenemos aquí? —Mina miraba los productos del baúl que estaban frente al grupo.
Un par de minutos después, el grupo escuchó el resonar de tambores de madera con el singular acompañamiento del güiro. Parecía alzarse como un coro de ranas y lluvia; profundos croacs de ranas cantaban mantras religiosos, mientras los pequeños silbidos de ranas acompañaban a modo de coro. Una línea de ranas vestidas en atavíos religiosos de puro carmín se apoyaba en cetros adornados por cáscaras de semillas vacías llenas de piedrecillas; todas las ranas en la procesión parecían portar al menos un instrumento de percusión.
—¿Mm, quiénes son ellos? —Magaska miraba la procesión. Hermosos peces dorados de finas y largas aletas bailaban como delicadas doncellas acompañando a las ranas.
—¡Esa, señorita Magaska, es la corte de las Ranas del Oeste! ¡Son las encargadas de darnos agua limpia a todo este lado del bosque, al igual que de ser sacerdotes y ranas de palabra; a veces son jueces, otras son ayudantes de los clanes de comercio! —Daichi le respondió a Magaska. Ella lo miró fijamente, y por su mente pasaron inmensas ganas de abrazar al enorme Tanuki.
—¡El gran señor de rojo, Hikigaeru, está aquí! —Un portavoz dio un paso al frente mientras renacuajos negros flotantes corrían a su alrededor.
—¡Es un gusto estar frente a gente de palabra! Señores Inola y Jacob, es un gusto conocer a exorcistas del mundo exterior. —Hikigaeru dio unos pasos al frente fumando una pipa hecha con una pequeña rama de olmo; los nudos en la madera y un forro hecho de musgo en el mango dejaban ver que era muy usada por su dueño.
—Es un honor, señor Hikigaeru, estamos agradecidos. —Inola dio una sonrisa que impactó al líder de rojo.
—¡Qué gran carisma! Puedo ver por su espíritu acompañante que ambos son fuertes. ¡Que el corazón del bosque los proteja de la maldad y la perdición! Mis acompañantes también traen productos y objetos para ustedes. He escuchado por las ranas del estanque que usted, señor Ithil, es el líder, ¿cierto? —Un grupo de sapos cargaba cestas llenas de gemas y pepitas de metales preciosos, así como conchas y pequeños paquetes de algas saladas.
—¿He? Sí, se puede decir eso, he, he. —Ithil, un poco apenado, se rascó la nuca.
—Señor Hikigaeru, también traemos objetos de regalo para ustedes. —Inola se desató el rosario de su cabello, perfumado con el aceite de manzana que usaba regularmente. El rosario, previamente inbuido con la energía de Inola, titilaba con poder.
—Ooooh, esto es sin duda un gran regalo, un objeto de poder infundido con la energía vital del exorcista Inola… Esto es, en este mundo, un arma poderosa. El recibir este objeto es para mí una manda de compromiso, le agradezco este regalo. —Mina miró con atencion la procesión de Hikigaeru y pudo detectar en las doncellas que lo acompañaban y en el mismo monje pequeños puntos blancos, casi como algodón.
—¿Es… ? Señor Hikigaeru, es un placer, soy Mina, la encargada de cuidar la salud del grupo. Veo con urgencia pequeños puntos blancos en sus cuerpos, ¿son estos naturales? — Hikigaeru miró su brazo y soltó un suspiro, después dio un rápido vistazo a su gente que estaba en el lugar.
—Le pido una disculpa por esta horrible visión, señorita Mina. Mi gente es presa de un mal que no hemos podido exterminar desde que el pueblo de Nichiren dirigió sus drenajes al pozo seco. Hemos querido expresar nuestro descontento, pero es difícil existir fuera del bosque, más aún ser escuchados fuera de él; nuestras quejas caen en oídos sordos. —La figura de rojo se lamentaba mientras frotaba una mancha blanca como algodón bajo sus ropajes.
—Eso no está bien… Jacob, ¿los espíritus pueden enfermar? —Mina preguntó mientras Jacob e Inola tomaban paquetes de frutillas de rebril y algunos productos del baúl de los tanukis y de las canastas de las ranas.
—¿Eh? Enfermar como tal, solo si es una aflicción… como maldición, pero biológicamente no podrían… ¿Tú qué piensas, Inola? —Jacob se cruzó de piernas y brazos, dándole una buena mirada a los afectados.
—Sí, estoy de acuerdo contigo, Jacob. Solo si se usan maldiciones; inclusive los entes de la perdición de Magicers Purpuras podrían afectarlos. —Inola tomó unas pieles y pasaba su mano por ellas como si acariciase al animal.
—Mira, sus puntos parecen ser una enfermedad, ¿no crees? — Mina le preguntó a Jacob mientras ambos miraban a Hikigaeru. 
—Mmmm, esto es un poco vergonzoso, señores… — Pronto, algunas doncellas peces y renacuajillos negros se unieron junto a su señor, también mostrando los puntillos blancos como algodón.
—Aaa, parece ser una especie de hongo… Mmmm. Inola, ¿tenemos sal de Jassubiana clara? —Los tanukis y las ranas del río estaban inmersos en la plática; muchas palabras eran nuevas para ellos, casi como escuchar magia y ritos prohibidos. Algunos tanukis y una que otra rana se taparon los oídos por miedo a escuchar secretos mágicos, mientras que las codornices, eufóricas ante tal encuentro, ilustraban y documentaban en sus preciosos códices lo que pasaba. Era claramente histórico.
—Aa, señores, no es necesario, no queremos ser una molestia para ustedes. —Hikigaerou, preocupado, se dirigió a los aventureros. Mina volteó a verlo sonriendo.
—La salud es sagrada, señor Hikigaerou, más si es la de tu gente. —Mina asintió con toda confianza.
—Hmm, sí, aquí tengo sal clara de Jassubiana. —Inola tomó de su bolso un saco de sal usada para purificar.
—Según tengo entendido, esto puede ayudar. Lizva, ¿podrías pasarme el tinte de malaquita? —Jacob indicó su mochila y Lizva respondió:
—¡Sí, aquí está el tinte! ¿Es este que usamos para el cuero? —Lizva tomó un frasco mediano de vidrio con gotero. Dentro de la mochila de Jacob notó un saco de fieltro en el que las nuevas armas de los chicos descansaban.
—Sí, ese, gracias, Lizva. —Jacob entregó ambos productos a Mina, que inmediatamente los usó mezclando alcohol con el contenido del frasco.
—Perfecto, Jacob. Tome, señor Hikigaerou, he hecho un remedio para ustedes. Deberán bañarse en una solución de diez gotas de este frasco por diez litros de agua; la sal ayudará a su gente a reducir las molestias. Ah, pero esta solución afectará a los caracoles, moluscos y cangrejos: su carne se volverá tóxica, así que tengan cuidado al usarla.
—Ah, ya veo, la señorita Mina debe ser una sacerdotisa purificadora —Daichi le dijo a Hikigaerou.
—Señor Daichi, creo que tiene razón. —Hikigaerou pareció aceptar el gesto de buena voluntad.
—¡Sí! ¡Algo así, aunque nuestra Mina es una graaaan guerrera! Cuando se enfada y se transforma en dragón, tierra y cielo tiemblan. Magaska quisiera ser como ella. —Magaska se inclino y dijo alegre a ambos animalillos.

heavytanksama
Tank Le Black

Creator

Comments (0)

See all
Add a comment

Recommendation for you

  • Silence | book 2

    Recommendation

    Silence | book 2

    LGBTQ+ 33.2k likes

  • The Last Story

    Recommendation

    The Last Story

    GL 88 likes

  • Silence | book 1

    Recommendation

    Silence | book 1

    LGBTQ+ 28.5k likes

  • Arna (GL)

    Recommendation

    Arna (GL)

    Fantasy 5.6k likes

  • Spirits and Crowns

    Recommendation

    Spirits and Crowns

    LGBTQ+ 8.8k likes

  • Secunda

    Recommendation

    Secunda

    Romance Fantasy 43.7k likes

  • feeling lucky

    Feeling lucky

    Random series you may like

Cuentos de Khuarhya Libro 2
Cuentos de Khuarhya Libro 2

424 views0 subscribers

A raíz del devastador incidente de Nivoria, la prestigiosa Academia Thar-Abbys se está fracturando desde adentro. Mientras facciones internas y despiadadas como los Grandes Zelators toman el control de los pasillos con agresividad, poderosas corporaciones globales y ricas casas nobles conspiran para desmantelar la autoridad de la academia. Para estos imperios externos, los rangos de aventurero son moneda de cambio política—y el rumbo cambiante del mundo acaba de arruinar sus planes financieros
Subscribe

19 episodes

Intercambios parte 1

Intercambios parte 1

9 views 0 likes 0 comments


Style
More
Like
List
Comment

Prev
Next

Full
Exit
0
0
Prev
Next