La claridad se filtra entre las nubes junto con cantos suaves y melódicos de los pájaros anunciando la clama de la mañana. El viento acaricia las flores, elevando unos pétalos con una calma apacible hasta chocar con los muros de piedras del castillo.
Desde uno de los balcones, una sombra observaba en silencio, apoyado en la barandilla contemplaba el paisaje, con una duda en su mente — ¿Cómo es qué terminó todo así? —
Las palabras de Nico habían impactado tanto el corazón de Sasha que dormir no había sido opción. Descubrir que tenía magia ya de por si era algo para celebrar pero saber que esa magia era más una maldición lo desanimaba — Sabía que mis encantos no eran normales pero ¿Qué se enamoren de mi con solo verme? Es demasiado— la mirada iba al casco, el maldito casco que finalmente pudo deshacerse de el como para volver a usarlo de nuevo. Aunque no estaba conforme con esa solución, Nico estaba muy obsesionado con que lo usará día y noche en especial con personas cerca.
—¿En serio es muy peligroso que me amen? Tal vez así podré tener una pareja normal con quien pasar mis días en paz antes que vuelvan a reiniciar todo...— Esa idea la descartaba con un suspiro pesado, ya no quería repetir todo desde cero —Está vida es la mejor que he tenido hasta ahora…
—¿Hasta ahora? — La voz a su espalda cayó de golpe en medio de sus pensamientos. Dio un respingo, por unos segundos el aire y alma se le había salido del cuerpo. Al darse la vuelta, se encontró con Nico, parado justo detrás de él, observándolo en silencio.
—¿Desde cuando estás ahí?
—Hace unos minutos. No cambies el tema— A paso firme se acercaba hasta quedar a su lado, la mirada permanecía en el paisaje que antes contemplaba Sasha— ¿Qué otros secretos estás ocultando?
De nuevo sentía que el alma se le salía del cuerpo. En ninguna de sus vidas anteriores había conocido alguien tan perspicaz como Nico. Tal vez sea porque antes no habían tenido la oportunidad de hablar, pero al estar ahí, los dos solo, comprendió que sería imposible esconderle algo. Aquella intuición era tanto de admirar como de temer; bajar la guardia sería peligroso. Y, al mismo tiempo, muy dentro de su corazón, podía verlo como un escape, una mínima esperanza en que quizás Nico podía convertirse en su mejor refugio
¿Y si le dijera la verdad? ¿me creería?
Las palabras se atoraban en la garganta de Sasha, eran tantas cosas, tantos momentos, tanta información que no sabía como expresarlo con palabras. —¿Cómo puedo decirle todo esto? — Pensó con frustración— ¿Crees en las segundas oportunidades?, no espera, ¿veintitantas oportunidades?, no, espera, ¿Crees que una persona puede repetir lo mismo unas veinte veces? — Empezaba con esa pregunta caótica y aparentemente, sin sentido. Entre ambos se generaba un silencio, uno tranquilo para Nico que buscaba como responder y uno caótico para Sasha que esperaba impaciente la respuesta
—Sí y no. ¿Quién podría regresar tantas veces? Es ridículo— La respuesta no era lo que esperaba, no era una afirmación, pero tampoco un rechazo, más bien, era una posibilidad.
— Pero, si eso pasará, sería muy solitario. —Una simple frase que atravesaba el corazón de Sasha. La presión en su pecho oprimía con fuerza. Nico apartó la vista del paisaje y volvió su mirada hacía él. En sus ojos no había burla, no había enojo, solo compasión y tristeza. No se necesitaban palabras, con solo esa mirada silenciosa se entendió la verdad que tanto le costaba decir
—Si… Es totalmente ridículo…—Lagrimas silenciosas empezaban a caer de las mejillas de Sasha, finalmente esa presión se había liberado, aunque no de una forma calmada.
— Tan ridículo como verte llorar— Palabras frías e incluso indiferentes que no tenían nada que ver con sus acciones. Con un pañuelo limpiaba las lagrimas de Sasha— y aún así lo estas haciendo y de una forma muy molesta. Es… adorable.
Sasha Soltó una risa escandalosa.
— Jajaja… lo siento, soy adorable, está mi alma—Las risas se mesclaron con sollozos hasta que se volvía en calma entre los dos. Nico acariciaba suavemente las mejillas de Sasha. Por un momento, el mundo parecía detenerse y solo estaban ellos dos.
— De nuevo lo haces…—Sin previo aviso, Nico cubre los ojos de Sasha y con eso la magia se rompió, pero la calidez aún seguía — Tal vez eso pueda explicar por que es tan fuerte esa aura romántica a tu alrededor. ¿Te había pasado antes?
— No… en realidad es la primera vez que pasa…—Con la yema de los dedos, Sasha rozó la mano que cubría sus ojos. Quizá fuera simple curiosidad, o quizá buscaba prolongar aquel contacto un poco más. No estaba seguro. Lo único que sabía era que, en ese momento, la oscuridad no le incomodaba.
— Es mucho más cálido de lo pensaba…
Una pequeña sonrisa tranquila y sincera se dibujo en sus labios. Aunque Sasha no podía ver, Nico veía fijamente a este, su forma de actuar, de hablar no coincidía con su aspecto, incluso en varias ocasiones pensaba que Sasha en realidad era una chica disfrazada
—Llora muy fácil, es muy delicado con las palabras. Si fuera una mujer, sería hermosa— La distancia entre ellos se iba acortando—Incluso ahora…lo es…—Ese pensamiento se volvía fuerte. Poco a poco la distancia se recudía al punto de casi rozar sus labios.
—Señor Nicolas, ¿dónde está? — El cuerpo de Nico se paralizaba, por ese grito se daba cuenta lo que estaba por hacer. De forma brusca empujaba a Sasha, este daba unos pasos antes de caer de sentón.
—¡¿Qué te pasa?!
—¡Calla! Es tú culpa— Nico señalaba a Sasha, el rostro enrojecido sorprendía a este. Algo había pasado y Sasha ni se había enterado que, pero su instinto le gritaba que había tratado de hacer algo. Antes de poder preguntar, la voz de antes se asoma de entre las cortinas. Una joven sirvienta que venía sin aliento y con una expresión preocupada
—¿Qué ocurre?
— ¡Señor, vino el señor Isak y vino con un ejército!
—¿Qué? — Ambos se asomaban por el balcón, lo que antes era una vista calmada y tranquila, ahora estaba adornada de un manto plateado. —¿Cómo se atreve con este insulto?
—Nico, tenemos que ir por la señorita
—Tú ve, yo iré a preguntar por esta ofensa
Con el plan hecho, ambos se dividían. Sasha corría a los aposentos de la joven dama y Nico iba a paso firme con el ceño fruncido dispuesto a sacar una respuesta.

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