Las sirenas de la policía se escuchaban cada vez más lejos mientras los dos chicos caminaban con prisa por las calles oscuras de Ootoki. Dante fue el primero en romper el silencio. Se quitó la máscara de lobo, levantándola sobre su cabeza mientras soltaba un largo suspiro, todavía recuperando el aliento.
Aquella noche había sido intensa.
—Esto… Fue increíble. Nunca pensé que podría funcionar.
Dante tenia una sonrisa que no podia ocultar, a pesar de la respiracion agitada. Fabrizio lo observó con atención. La sonrisa de su amigo lo tranquilizó un poco, pero aun así no podía ignorar las reacciones extrañas que había notado durante la pelea. Había algo que no terminaba de cuadrar.
Le lanzó una mirada curiosa.
—¿De dónde salió eso de los Reyes Celestiales?
Dante se encogió de hombros con naturalidad.
—No lo sé. Fue lo primero que se me ocurrió, pero funcionó bastante bien. ¿Cierto?
Después de caminar unos pasos más, Dante se detuvo y se sentó sobre una piedra al borde de la calle. Su respiración todavía estaba algo agitada. Metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño frasco de pastillas. Sin decir nada, tomó una y la tragó rápidamente.
Fabrizio había observado todo en silencio, pero finalmente no pudo contenerse. Levantó una ceja.
—Lo siento, pero tengo que preguntar… ¿qué son esas?
Dante soltó una pequeña risa y luego guardó el frasco
—No son drogas, si eso es lo que estás pensando. Son medicinas. Tengo que tomarlas de por vida.
La expresión de Fabrizio cambió ligeramente. Aquella respuesta solo había despertado más preguntas. Dante notó su curiosidad y suspiró.
—En realidad no sé mucho más que tú. Solo recuerdo que cuando era niño tuve un ataque. Me quedé sin aire y mi padre me llevó al hospital. Desde entonces tengo que tomar estas cosas. El doctor dijo que no debería hacer mucho esfuerzo físico.
Fabrizio cruzó los brazos, pensativo.
—Entiendo. pero entonces ¿no pensaste en ese detalle antes de lanzarte a pelear con esos tipos sin decirme nada?
—La verdad… no. Hago esto seguido. Moverme demasiado, pelear, sobrepasar mi propio límite físico. No me gusta la idea de ser diferente al resto. ¿Entiendes?
Dante le sonrió, despreocupado. Fabrizio podía comprender ese sentimiento, pero eso no hacía que la situación fuera menos problemática.
—Tal vez tengas razón, pero tendremos que organizar mejor nuestros próximos combates. No quiero que te esfuerces más de lo que tu cuerpo puede soportar.
Mientras reanudaron la caminata, Fabrizio se quedó pensando. Sabía organizar peleas vistosas. Sabía cómo hacer que un combate pareciera un espectáculo. Todo gracias al monton de peliculas que se la pasaba viendo, pero nunca había tenido que diseñar una estrategia para ocultar las limitaciones físicas de su propio líder.
¿Cómo podía hacer que Dante se viera intimidante ante los demás si éste no se podía lucir? No era algo sencillo de resolver. Fabrizio estaba a punto de rendirse con sus ideas cuando Dante volvió a hablar.
—Fabrizio… ¿conoces a un hombre llamado Yujiro Suzuki?
—Claro que sí. Es el tipo más rico de Ootoki. Todo el mundo sabe quién es.
—¡Perfecto! Entonces vamos a buscarlo.
Fabrizio parpadeó, confundido.
—¿Y qué traes tú con el señor Suzuki?
Dante se encogió de hombros.
—No lo sé exactamente. Solo sé que tengo que encontrarlo. Era lo primero que pensaba hacer cuando llegué a Ootoki, justo antes de conocerte.
Fabrizio se quitó los lentes y se frotó el entrecejo con cansancio. A veces sentía que Dante vivía en un mundo completamente distinto. Era tan directo y despreocupado que parecía alguien que no entendía cómo funcionaba realmente la vida. O alguien que había olvidado muchas cosas. Pero bueno, era su amigo, le debía su vida. Solo era cuestión de acostumbrarse un poco a su forma de pensar
—Está bien. Fue mi culpa por empezar a planear cosas sin preguntarte antes. Buscaremos al señor Suzuki mañana temprano.
Dante sonrió.
—¿Entonces la diversión se terminó por hoy?
—Sí, no quiero que te desmayes en medio de otro combate. Vamos a casa.
Un par de horas más tarde, los dos celebraban su primera victoria en el pequeño hogar de Seiya. Habían comprado algo de comida en el camino. Dante no reconocía la mitad de los platillos, pero eso no le impidió comer con bastante entusiasmo hasta quedar satisfecho.
Por primera vez en mucho tiempo, los dos se sentían en paz, la compañía del otro era un alivio, algo que necesitaban. Todavía había muchas cosas que no sabían el uno del otro, pero el tiempo para descubrirlas estaba por delante. Después de todo, así empiezan las amistades.
Mientras tanto, en la descuidada jefatura de policía de Ootoki, cinco pandilleros estaban siendo procesados por causar disturbios en una gasolinera.
Era el primer arresto en meses. La policía llevaba demasiado tiempo sin poder atrapar a nadie, ya que los criminales siempre lograban escapar antes de que llegaran. Tres de los detenidos estaban siendo atendidos en el hospital mientras el resto declaraban en la comisaría. Uno de los hombres, tenia sangre en una de las cejas y le faltaba un diente, pero no era nada de gravedad. El otro, mas joven, se veía aterrado, ademas de moretones y el labio partido, sus manos temblaban por el panico
—¡LE DIGO QUE ERAN UNOS MALDITOS MONSTRUOS!
El oficial frente a ellos bebió un sorbo de café, claramente fastidiado y poco impresionado.
—Cálmate, empieza desde el principio.
El maleante golpeó la mesa con frustración.
—¡Eran dos! ¡Solo dos! ¡Llevaban máscaras de animales muy siniestras!. Y no se movían como personas normales.
El segundo detenido intervino con voz temblorosa.
—Es cierto, la forma en que peleaban, oficial, ¡no parecían personas!
El policía suspiró.
—¿Me están diciendo que dos personas les dieron una paliza a cinco de ustedes?
El segundo policía de la sala soltó una pequeña risa. Había estado escuchando en silencio mientras revisaba los papeles del informe. Quiso jugar con ellos un poco
—Tal vez solo enviaron a dos a dejar el mensaje y el resto va a venir a masacrarlos!
Los pandilleros se pusieron pálidos.
—¡MEJOR ARRÉSTENNOS! —gritaron al mismo tiempo—. ¡AL MENOS AQUÍ ESTAREMOS A SALVO!
El oficial se empezo a carcajear mientras el otro policia chasqueaba la lengua con irritación y ordeno llevarse a ese par de locos a la prision. Cuando fueron retirados de la sala, el policía miró a su compañero, juzgando su actitud
—¿Qué te parece tan gracioso?
Su compañero apoyó los papeles sobre la mesa.
—Nada en particular. Solo estaba pensando en algo curioso. Pasamos meses intentando atrapar a cualquier pandillero y de repente tenemos a unos tipos suplicando que los metamos en la cárcel. Eso es gracioso para mí.
El hombre miró hacia el viejo techo de la sala de interrogatorios, recargandose en una de las sillas donde los tipos locos estaban hacia unos momentos. Su compañero se veia un poco mas tenso con el tema
—¿Crees que esos “monstruos” son buenas personas?
—No exactamente, pero me da la impresión de que buscan ser los dominantes en Ootoki, así que, me trae viejos recuerdos.
Hubo un breve silencio antes de que el policia continuara
— Hace años había una pandilla dominante en esta ciudad, pero desaparecieron de la nada y todo se fue al demonio.
—Supongo que esta ciudad siempre encuentra una nueva forma de hundirse.
—Por mí que todas se maten entre sí, es menos esfuerzo para nosotros
A la mañana siguiente, Dante despertó temprano. Dormía en el sofá cuando una ligera molestia en el costado lo hizo levantarse. Se acercó al espejo y levantó la camiseta para revisarse: Un moretón. No era grave, pero algo molesto. Suspiró, si evitaba pelear ese día, seguramente se le pasaría pronto. Fabrizio todavía dormía, así que Dante decidió salir a dar un paseo. Tenía curiosidad por ver cómo era la ciudad durante el día.
Para su sorpresa, Ootoki parecía completamente distinta. Había ancianos comprando verduras, trabajadores caminando con prisa y tiendas abiertas. Era como si la ciudad se transformara cuando salía el sol.
Dante pensó que tal vez él también debería formar parte de ese mundo durante el día como una persona normal.
Sus pasos lo llevaron hasta el mercado del centro. Era un lugar amplio, lleno de puestos y gente vendiendo todo tipo de cosas. El ambiente le resultaba extrañamente familiar, aunque no recordaba por qué.
Se quedó mirando a su alrededor.
—Tal vez podría buscar un trabajo aquí, ¿no?
La idea no era mala, podía trabajar durante el día y salir a combatir pandillas por la noche. Robar dinero sería más fácil, claro. Pero no quería perjudicar a la ciudad más de lo necesario. Tal vez robarles a otros pandilleros sería distinto, pero primero necesitaba entender mejor cómo funcionaba Ootoki.
Mientras caminaba por el mercado, vio a una anciana que llevaba varias bolsas de víveres. Dante se acercó con amabilidad y se ofreció a ayudarla pero la mujer se asustó tanto que salió corriendo.
Dante se quedó parado, confundido. Después de eso siguió preguntando hasta encontrar a un anciano que apenas podía caminar y cargaba varias cajas.
—¡Oiga, señor! ¿Quiere que le eche una mano?
—Ah, mira, justo necesito una ayudita aquí
el anciano se veía amigable, muy viejo y con aspecto de que apenas se podía mover. De cabello cano y expresión sonriente
—acompáñame a llevar mis cosas a casa, no queda lejos de aquí
—Claro, con mucho gusto. ¿Me va a pagar?
la pregunta no fue con mala intención. Dante era así, directo y sin tacto. Tenía una sonrisa sincera mientras tomaba las cajas
Por fortuna el anciano no se había ofendido
—¡Claro que te voy a pagar! Pero hasta llegar a mi casa, acompáñame
Dante asintió y siguió al viejo. Para ser tan anciano, caminaba rápido, o tal vez era porque él estaba cargando más peso. En poco tiempo empezó a notar que el barrio por el que caminaban era un poco más ordenado y elegante que el resto de las calles. Miró sorprendido a su alrededor. Las casas eran más grandes, las calles más limpias.
Dante casi tira las cajas cuando vio el hogar del viejo. Era una mansión enorme, no parecía japonesa. Más bien, tenía un extraño toque europeo con una fuente en el centro y un montón de rosales. Muy elegante.
Siguió al anciano hasta la entrada, que era enorme y con un estilo tan fino que hasta le daba vergüenza estar ahí parado
—¿Aquí vive usted?
—Así es.
—¿En dónde quiere que ponga las cajas?
—En la sala, por favor
Entraron a la casa. La sala era tan impresionante como el exterior. Había muebles elegantes y un enorme librero que llegaba hasta el techo, de esos que necesitan una escalera para tomar libros de estantes altos. Justo al bajar las cajas al piso, se dio cuenta de que no estaban solos. En lo alto del librero, alguien estaba leyendo. Un joven cerró el libro y lo miró con curiosidad.
—¿Quién eres tú?

Comments (0)
See all