En la familia Wisnewski siempre se dice que cuando el universo no quiere que salgas de casa, te lo demuestra a pisotones.
Esa tarde, el universo parecia estar gritandole.
Era un día más frío de lo normal, el viento golpeaba las ventanas con fuerza, el cielo se nublaba a una velocidad que obligaba a los rayos del sol a ocultarse, se avecinaba una tormenta.
Y adentro de aquella casa se encontraba Wins, un adolecente de 16 años, con un cuerpo de quien ha crecido demasiado rápido, su rasgo mas distintivo siempre fue su cabello castaño cortado al ras, estilo militar, un estilo muy rígido y muy corto que dejaba al descubierto sus ojeras prominentes y acentuaba la forma de su cabeza.
Su rostro palido esta salpicado por una fina constelación de lunares en las mejillas y cuello, tenia los ojos castaños grados expresivos que cuando la luz le apuntaba parecian brillar con vida propia. Sus ojos a la vez estaban enmarcados por unas cejas pobladas que se arqueaban constantemente con esceptisismo o confusión, su mandíbula era afilada, pero sus facciones aún conservaban la suavidad de la infancia, cuidando de cualquier rastro de barba o madurez física.
Llevaba la mochila medio abierta cargada con un par de mudas de ropa y provisiones de comida que había estado reuniendo en secreto. Tenia prisa, se ajusto la caqueta y se echó a correr por el pasillo, pero la suela de su zapatilla se engancho con la esquina de la alfombra, trabo la pierna y trastobillo violentamente y por poco acaba de cara contra el suelo.
—Maldita sea…— refunfuñó recuperando el equilibrio.
Al llegar al recibidor, intente tomar las llaves del perchero con torpeza. Los dedos le temblaron, la argolla de metal se le resbaló rebotando ruidosamente contra la pequeña mesa auxiliar. El golpe desequilibro un adorno que rodó hasta el borde y cayó sobre la silla de madera de al lado de la puerta, haciendo que esta tambaleara y se volcara con un estruendo seco que retumbo por toda la casa vacía.
Gana se congeló. Caídas, llaves al suelo, muebles derribados. Tres señales seguidas
Iba a agacharse para recoger las llaves cuando un golpe sordo amortiguado desde la parte trasera de la vivienda lo detuvo en seco. No fue en la entrada principal, si no en la puerta de la cocina. Luego, un gemido desgarrador rasgo el aire.
Wins se giro sobre sus talones. Olvidó las llaves, olvidó su mochila y camino a paso rapido hacia la cocina.
Allí estaba.
La puerta trasera traslucida tenia una mancha de sangre fresca arrastrada contra el cristal, no se veia a nadie tras la puerta. Al abrirla, Sammy — su vecino— se desplomo por la hacia adelante cayendo como pesa contra el pecho de Wins. El estado en el que venia era aterrador, su cabello corto ligeramente rizado, pelirrojo, de un color cobre rojizo que caía apenas hasta el cuello. Su cabello, siempre bien cuidado ahora estaba desgreñado y lleno de suciedad. Sus ojos Ambar siempre brillante y timidos parecian haber sido marcados por la oscuridad y el mustio, pero aun con un pequeño brilo, un brillo de esperanza, su cuerpo delgado, un poco delicado que consantemente se movia elegante entre los pasillos del instituto ahora estaba dañado por el odio, su rostro lastimado cubierto de raspones como si hubiera estado huyendo entre el fllaje pero lo peor era el agujero en su muslo.
— ¡Wins! ¡Por favor, ayudame! ¡WINS! — El grito de Sammy se quebró en un sollozo ahogado contra el pecho de Wins.
Wins reaccino saliendo del shock metio a Sammy como pudo, sosteniendolo para que no callera, el pelirrojo lo miraba con los ojos desorbitados por el panico, buscando desesperadamente la mirada del mas alto, el olor a hierro llenaba el hogar, la sangre probeniente de la herida del pelirrojo caía al suelo manchandolo y dejando marcas de arrastre cuando el de ojos castaños trataba de moverlo.
—Tranquilo,te tengo. Entra, entra ya— murmúro Wins
Apreto los dientes y tiro de el hacia el interior de la cocinas. Mientras lo arrastraba la luz del techo ilumino el rostro del mas alto ahora marcado por el shock y la angustia.
— ¡AAAHG! ¡Mierda, mi pierna! ¡Me quema! Por favor , Por favor ayudame… ¡Saca eso de mi pierna! — su voz se rompia a medida que decia las palabras, mientras sus manos trataban de aferrarse a la chaqueta del mas alto. La sangre no paraba de brotar de la herida, y el olor ahora se habia vuelto insoportable para Wins teniendo que apretar la mandibula para no dejarse llevar por sus instintos.
— ¡Quedate quieto, Maldita sea!
Wins empujo a sammy contra la isla presionandolo para mantener quieto. bajo su mano libre al nivel de muslo Izquierdo de sammy, metió los dedos en la herida del pelirrojo tratando de palapar el metal para sacarlo pero solo lograba que el más bajo se estremeciera, mientras el ruido “¡Plaj, Plaj!” de la sangre saliendo contra el movimiento de los dedos de Wins pero el dolor hizo que sammy soltara un alarido tan agudo que los cristales de ls gabinetas teblaron, y aquel alarido se covirtido en un grito desgarrador insoportable que hizo que el vaso de vidrio sobre la encimera se agrietara.
—No, no, no… — a Wins le temblaban las manos, manchadas por completo de rojo, como pudo saco sus dedos de la herida y se quito el cinturon a tirones, colocandolo alrededor del muslo de Sammy, cerrandolo con fuerza para evitar que siguiera saliendo sangre, improvisando un torniquete. La presión hizo que el sangrado frenara un poco, pero Sammy dejo caer su cabeza hacia atrás, con la espiración volviendose lenta y los ojos cerrandose en un trance prfundo, como si estuviera hechizado.
Con la respiracion agitada y el rostro mas palido de lo normal, Wins saco su telefono con los dedos ensangrentados y marco al numero de su amigo.
—Necesito que vengas ya— dijo en cuanto le contestaron, con la voz temblando — Logan trae todo lo que tengas de primeros axuilios, Sammy esta sangrando y parece que acaba de desmayarse…

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