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The Heavens Beasts: Kings of Ootoki [ESP]

Suzuki

Suzuki

Aug 18, 2026

El joven estaba en lo alto de una escalera, acomodando con cuidado algunos libros en el enorme estante que cubría la pared de la sala. El silencio de la mansión era casi absoluto, así que el ligero ruido proveniente del vestíbulo lo hizo detenerse de inmediato. Frunció el ceño y giró la cabeza. Desde su posición pudo ver a un desconocido dentro de la casa.

—¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste?

La voz del joven era fria, pero no grosera. Dante se quedó quieto por un instante, observándolo. El joven tenía el cabello negro, perfectamente peinado, y vestía ropa sobria de estilo occidental: camisa, pantalón de vestir y una corbata impecable. Llevaba lentes, lo que le daba un aire estudioso… pero esa imagen contrastaba brutalmente con la enorme cicatriz que cruzaba su mejilla derecha.

Dante levantó ligeramente las manos, intentando no parecer amenazante.

—¡Lo siento, no quise asustarte!. Un viejo me dijo que me daría dinero si traía sus cajas hasta aquí.

—¿Ah? ¿Como que un viejo…? 

Bajó con agilidad de la escalera y se acercó a Dante con pasos firmes. Antes de decir nada más, se asomó al vestíbulo. Allí estaba el anciano, completamente tranquilo, examinando unas macetas nuevas como si nada hubiera pasado. El joven suspiró. 

—¡Abuelo! ¿A qué hora te saliste?

El anciano levantó la mirada con una sonrisa despreocupada, respondiendole a su nieto con la misma naturalidad que alguien que acababa de caminar hasta la tienda de la esquina.—

—¡Ah! Harumi. Lo siento, me aburrí y fui a dar un paseo. Traje muchas cosas. Este joven me ayudó, págale, por favor.

Dante levantó una ceja.

—¿Abuelo? Entonces… ¿Este viejo es tu abuelo?

El joven asintió con una expresión algo avergonzada.

—Sí. Lo siento mucho. Mi abuelo no puede salir solo o termina perdiéndose. Se supone que debo vigilarlo, pero siempre encuentra la forma de escaparse. 

Mientras hablaba, Harumi tanteó el bolsillo de su pantalón y sacó una cartera.

—Me alegra que esta vez al menos haya recordado cómo volver.

Dante cruzó los brazos, alzando una ceja

—Menos mal… si no, ¿quién me iba a pagar?

—Eres bastante insolente, ¿lo sabías?


Aun así, Harumi sacó varios billetes y se los entregó. Dante los aceptó sin dudar y los guardó en su bolsillo.

—No es mi intención ser grosero. La verdad es que necesito dinero. De hecho, estaba buscando trabajo cuando me encontré con tu abuelo. Mi nombre es… 

Hizo una pequeña pausa. ¿Debía decir su verdadero nombre? 

—…puedes llamarme Dante.

El joven inclinó la cabeza en una breve reverencia.

—Mucho gusto, Dante. Mi nombre es Harumi Suzuki. Probablemente mi abuelo no se presentó, así que lo haré por él. Su nombre es Yujiro Suzuki.

Dante se quedó congelado.

—¿Eh? ¿S-Suzuki?

Harumi pareció sorprendido por la reacción, pero antes de que pudiera preguntar algo, el anciano volvió a intervenir con entusiasmo.

—Me agrada este chico. ¿Por qué no le das trabajo? No creo que sea difícil encontrar algo que pueda hacer aquí. Anda, Haru.

Harumi dudó, pero no podia negarle nada a su abuelo. Suspiró con resignación y por un momento sonrió levemente, pero pronto volvio a su expresion neutral

—Está bien, abuelo. Lo que digas. Si quieres, puedes trabajar aquí vigilando al abuelo, Dante. Se escapa muy seguido, y soy el único que lo cuida.

Dante se frotó la nuca, pensativo. 

–- Ah… bueno. No creo que sea muy difícil cuidar de un viejito. Cuenta conmigo para eso.

Dante sonrió con amabilidad despues de saber en que consistirá su nuevo empleo. Harumi no insistió en la extraña reacción de Dante al escuchar el apellido Suzuki. En cierto modo le parecía normal. Después de todo, los Suzuki eran la única familia verdaderamente adinerada de Ootoki y a diferencia de muchos otros, no tenían ningún vínculo con la yakuza.

Dante, en cambio, apenas podía creer lo que estaba pasando: La persona que Oni le había ordenado encontrar con urgencia era un anciano senil que se escapaba a pasear por la ciudad.

¿Tal vez Oni había olvidado cuántos años habían pasado desde que su pandilla gobernaba Ootoki.? ¿Pues qué tan viejo podía ser Oni?


Unas horas más tarde, Dante volvió a casa. Fabrizio estaba echado en el sofá, leyendo una revista con muchas chicas en la portada.

—¡Hey, al fin llegas! Dejé algo de comida para ti. Cuando termines podremos ir a la casa del señor Suzuki.

—Pues de allá vengo 

Dante se rascó la nuca y sonrió, sacando de su bolsillo unos billetes arrugados que puso en la mesa del centro

—Y creo que me dio trabajo.

—¿Me quedo dormido y tú consigues trabajo? ¡Maldita sea, necesito esa suerte! 

Fabrizio arrojó la revista y se sentó, interesado

—A ver, ¿qué fue lo que pasó?

Dante le contó todo lo que había pasado en su ausencia, dejando a Fabrizio un poco confundido y con la misma duda que su amigo. ¿Por qué ir a la casa de un viejito?

—¿Cuántos años dices que tiene ese tal Oni?

—¡No sé! Pero no era un viejito, se veía como de nuestra edad.

Fabrizio se quitó los lentes un momento. No podía sacar conclusiones apresuradas, pero lo primero que le vino a la cabeza fue que ese señor era el papá de Oni. Sin embargo, la teoría no coincidía: no tenían el mismo apellido. De todas maneras, tenían que averiguar qué era lo que ese señor sabía.

—Ve a trabajar y cuando estés solo con el viejo le preguntas directo. No creo que esté tan senil, debe saber algo.

—Supongo que sí. Haré eso entonces.

La noche pasó sin peleas. Le venía bien a Dante para recuperarse del moretón del otro día, pero igualmente le inquietaba el ruido de las sirenas. Cuando el sueño finalmente lo venció, el ruido dejó de ser un problema.

A la mañana siguiente Dante ya estaba temprano en la puerta de la casa de los Suzuki, listo para trabajar. Harumi abrió la puerta vestido con otro traje formal, aunque ahora llevaba un chaleco encima, como si fuera de salida.


—Llegas temprano, qué bueno 

Harumi escribía en una pequeña libreta, con prisa

—El abuelo está en la sala, pero se pone inquieto. ¿Podrías entretenerlo un rato en lo que voy a entregar unos libros?

Arrancó el papel y se lo extendió a Dante, que apenas intentaba decir algo cuando Harumi lo interrumpió con premura.

—Dale de comer estos alimentos si se pone insoportable. Gracias.

—Oye, pero…

Dante miró el papel que Harumi le había dado, luego al chico alejarse a pie, apresurado. Volvió a mirar el papel.

—Yo no sé leer esto…

El mensaje estaba hecho con kanjis que Dante no sabía leer. Obvio que Kris le había enseñado a leer, también a descifrar palabras o frases cortas en ruso, pero Kris era ruso. Solo les había enseñado lo poco que sabía del japonés, o sea, menos de cien palabras funcionales.

Bueno, tocaba improvisar. Después de todo, cuidar a un viejito no podría ser tan difícil.

Dante entró a la casa y pasó a la sala, al mismo lugar del día anterior. El viejo estaba despierto, mirando hacia afuera mientras estaba sentado en un sillón individual. Dante, como si fuera un niño pequeño, se sentó en el piso frente a él.


—Muy bien, abuelito. ¿Qué te gustaría hacer primero?

—Pues no sé tú, ¡pero yo me voy a dar un paseo!

El viejo parecía otro. De pronto se levantó como un resorte, se estiró y caminó hacia la salida.

—¿Es en serio?

Dante apenas pudo reaccionar cuando Yujiro ya estaba camino a la salida, entre los rosales. ¿Cómo llegó ahí en un segundo?

—¡OIGA, ESPERE! ¿A DÓNDE CREE QUE VA?


Lejos de lo que podía haber imaginado, cuidar a ese anciano parecía una misión imposible. El viejo parecía ir a paso tranquilo, pero cuando Dante estaba por alcanzarlo, se movía a una velocidad impresionante, como si se esfumara. Luego aparecía unos metros más lejos. Parecía que algo alargaba la distancia cada vez que Dante intentaba tocarlo.

—¿Qué carajos?

Finalmente el aliento empezaba a abandonarlo cuando llegaron al parque. Dante se detuvo y se sentó de cuclillas en el camino, respirando con fuerza. Tanteó en su bolsillo su medicina y sacó una pastilla.

—¿Cómo es que es tan rápido?

Yujiro, que estaba de pie frente a él esperando a que continuara la persecución, se cruzó de brazos y respondió con una sonrisa tranquila.

—Yo no soy rápido. Tú eres muy lento.

Dante levantó la mirada. El sol hacía contraluz, así que entrecerró los ojos; le costaba mirar al anciano.

—Hace varios años llegué en uno de mis viajes a este pueblo y me dieron la valiosa misión de protegerlo. ¡Tengo que vigilar que todo esté bien! Mi sucesor desapareció…

 El anciano, más que estar hablando con Dante, parecía estar hablando solo.

—...No le quiero dar esta responsabilidad a Haru. Él es inexperto y además…

De pronto, Dante unió los puntos de ese relato errático cuando logró recuperar el aliento y se puso de pie, extendiendo ambas manos al frente del anciano.

—A ver, ¡párese ahí! ¿Cómo que sucesor? ¡A mí me dieron la misión de cuidar de este pueblo! ¿De qué rayos habla?

El viejo guardó silencio y miró al cielo, como si intentara recordar con más claridad.

—Kurokawa. Mi sucesor es Oni Kurokawa.

—¿Qué?

—Le di la misión de cuidar Ootoki la semana pasada y el muy bastardo desapareció. ¿Lo conoces? Es un chico como de esta altura, chiquito, malhumorado y con un medallon grande colgado  

Dante ladeó el rostro, confundido. Luego se frotó el entrecejo. De plano el viejo estaba bien senil.

—No, abuelo. Eso pasó hace como veinte años. Al parecer yo soy el siguiente sucesor, porque Oni me encomendó a mí la tarea de cuidar el pueblo hace como una semana.

El anciano abrió los ojos con sorpresa al escuchar eso.

—¿Cómo que veinte años? ¿Dónde está Kurokawa entonces?

—Si viene de vuelta a la mansión conmigo, le contaré todo.

Dante sonrió de lado y se cruzo de brazos, con un tono medio cínico que el anciano captó de inmediato.

—¡Chiquillo mañoso, eso es trampa!

—¡Lo sé!


Una vez de vuelta en la mansión, ambos estaban sentados en la sala, como al inicio del día. Yujiro en el sillón y Dante en el piso, sonriendo triunfalmente al lograr mantener a Yujiro dentro de la casa.

—Muy bien, niño. Ya hicimos lo que querías. Ahora cuéntame todo lo que sabes.

—¡Claro, abuelito!. Como le mencioné, conocí a Kurokawa hace como una semana o dos. Vive a las afueras de Ootoki. Me salvó la vida y me contó sobre lo que pasó aquí y cómo protegió esta ciudad. Pero me dijo que por ciertos motivos, no podía pisar Ootoki, así que me envió como sucesor.

—Ya veo. Eso explica por qué Ootoki se ha puesto más violento que de costumbre.

—Acepté ayudarlo y cuando llegué decidí junto con mi amigo Fabrizio hacer un equipo para cubrir más terreno.

—Entonces, ¿esto del trabajo es porque no tienes casa?

Dante apoyó las manos en el suelo, acomodándose mejor.

—Más o menos. Necesito dinero para tener un sitio donde esconderme junto a mi equipo. Pero lo que no entiendo es por qué Kurokawa me pidió buscarlo a usted.

Yujiro guardó silencio, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar. Apenas podía creer que había perdido más de veinte años de su vida sin darse cuenta.

—Esto es lo que vamos a hacer. Tú y tu equipo tendrán un lugar donde esconderse. Yo se los daré. Como eres mi segundo sucesor, es mi deber ayudarte.

—¡YAY! ¡MUCHAS GRACIAS, ABUELO! 

—PERO.

—Ah…

La emoción no le duró mucho. Se quedó en la misma postura, pero con expresión de decepción.

—A cambio, quiero que mi nieto Haru entre a su equipo.

—¿Haru? Bueno, no tengo ningún problema, entre más, mejor. Cuente con eso.


Dante y Yujiro se quedaron conversando un rato más. Ahora Dante entendía por qué el anciano era tan veloz: había sido un protector de la ciudad. Era un hombre fuerte, y la velocidad era su técnica. Solo que la edad lo había alcanzado y ya no se consideraba tan rápido como antes.

Por lo menos ahora sabía un poco más sobre el Ootoki de hace treinta años.

Horas después Harumi llegó a casa, más relajado y con una bolsa de víveres. Al entrar vio a Dante y a su abuelo conversando alegremente, algo que hacía mucho tiempo no veía.

—¡Hey! ¡Lograste dejarlo dentro de casa!

—¡Bienvenido, Marko! 

Dante sonrió y le hizo una seña con la mano

— Tu abuelo y yo estábamos negociando tu nuevo ingreso como rey celestial.

Harumi arqueó una ceja.

—¿Eh? ¿Cómo que “Marko”? ¿Qué está pasando aquí?

—Pues así como lo oyes —interrumpió el abuelo—. Resulta que Dante es otro sucesor de la línea defensiva de Ootoki. ¿Recuerdas que te conté sobre eso y te hablé de Oni Kurokawa?

—Bueno, sí. Tienes años diciéndome que tu sucesor te traicionó y se fue de aquí. ¡Pero creí que te lo estabas inventando todo!

—¡Oye! Está bien que sea un anciano, pero no estoy senil. ¿Cómo que inventado?

Dante intervino:

—Como nuestro equipo usa nombres occidentales para identificarnos, ¡ambos te hemos rebautizado como “Marko”.!

—¿Qué te parece, Haru… digo, Marko? 

El anciano juntó las manos en forma de súplica, hablando en un tono lastimero teatral 

— ¿Verdad que vas a cumplir la última voluntad de este pobre viejito?

Harumi frunció el ceño y miró la sonrisa suplicante de los dos. En tantos años cuidando a su abuelo, nunca había encontrado a alguien que se le pareciera tanto.

—¿¡Sí les han dicho que son un par de manipuladores?!

Harumi suspiró y guardó silencio. Para empezar, no sentía ser de mucha utilidad. No sabía nada sobre combate. Lo único que conocía eran las cosas que leía en libros y novelas. Sin embargo, ver lo entusiasmado y feliz que lucía su abuelo lo hizo ceder. Después de todo, su abuelo siempre quiso seguir cuidando de Ootoki. Tal vez por eso se escapaba tan seguido: para echarle un ojo al asunto.

—Bien. Ustedes ganan. Entonces, mi nombre clave será Marko.

—¡Me alegra que te gustara el nombre que elegí! —respondió el abuelo felizmente.

—¡Bienvenido al equipo, nuevo rey celestial! — Dante pasó un brazo por los hombros de Marko en un abrazo amistoso— ¡Te voy a presentar a mi amigo Fabrizio!

Marko suspiró, ¿ahora en qué lío lo ha metido su abuelo?

—Cielos, ustedes sí que se tomaron en serio eso de los nombres ridículos.


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#bromance #fighting #gang #yankii #drama #light_novel #spanish #Yakuza #magic_items

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Version Novela del comic The Heaven's Beasts (este es el canon definitivo)
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