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Mirada de Dragón Español

Señales de alarma

Señales de alarma

Aug 31, 2026

Vanesa: Cuando se trata de problemas, los dragones siempre estamos ahí… por mucho que no nos guste.
Para el imperio, nacemos para ser soldados; para muchas personas, somos monstruos y nos quieren lejos; para unos pocos, no somos nada, y quienes nos quieren se cuentan con los dedos de una mano.
Creo que todos nos damos cuenta de eso antes de lo que Carlos lo hizo, o lo admitió. Sus padres y sus hermanos mayores siempre lo protegieron de todo eso; incluso le prohibieron la entrada a su negocio a gente solo por mirar mal a su hijo pequeño.
Mis padres nunca fueron tan directos; eso sí, siempre me enseñaron a no tener rencor a esas personas ni miedo, solo a ignorarlas.
Al crecer juntos, tenemos muchos amigos en común que nunca nos tratan diferente, pese a que sí llegamos a comportarnos diferente, e ir a otra escuela donde todos se veían como nosotros, pero no se comportaban como nosotros.
Arata… Arata, a donde llegas eres un raro para todos. Nunca aceptaste ser tratado como un arma, nunca aceptaste quedarte mirando, nunca aceptaste el desprecio ni el odio.
Por momentos me parece que tampoco aceptarías mi amor, solo para luego hacer algo ridículo con tal de desmentir esa falsa creencia.
—¿Qué murmullas, mi hibisco? —me pregunta calmado.
—Parece imposible no ponerse a filosofar cuando se está uniendo el cuerpo y la energía; todos esos recuerdos buenos y malos, cielo —le comento con voz cansada.
—Si de eso se trata, no puedo hablar mucho; siempre voy a lo mismo y aburro a todos —menciona jocoso.
—En un desastre tan grande caben todas las ideas. Cuando nos recuperemos, deberíamos ir a verlos para cerciorarnos de que estén bien —le digo calmada.
—No deja de ser gracioso que hace poco no queríamos ni salir de la choza donde nos quedábamos y ahora estamos haciendo planes para salir fuera de la ciudad —habla riendo.
De su parte se entiende; nunca le ha gustado salir a ningún lado. Todo siempre ha significado entrenar, combatir y soportar miradas indeseables.
■■■
Leonardo: No solo está llegando gente buscando refugio a la ciudad, también problemas. Por suerte, las torres han vuelto a su sitio, de modo que estamos protegidos de muchos daños; ahora, eso no quita las trampas que aún quedan, además de que eliminar una a una es un lío. También están los perros que no dejan de llegar, aunque no puedan atravesar la barrera.
¿Para qué los mandan? ¿No ganan nada con esto? Es decir, están en los límites de la ciudad, así que no molestan a quienes estamos en el interior, y se concentran en la entrada principal; los refugiados llegan por las otras entradas que siguen en reparación.
—Si buscan incomodar, no lo están consiguiendo —comenta Shada, molesta.
—Cada día vienen más. Ir por el resto del grupo es algo que molestó, sin duda, a esos idiotas; solo nos usaban —señala Camilo muy serio.
—No creo que estén felices de acabar también como niños, pero no tienen el valor de pedir ayuda —menciona Jasir con seriedad.
—Entre tanto caos, al fin uno acaba recurriendo a quienes tienen poder para buscar protección, y en ese momento teníamos muy lejos cualquier lugar que pensáramos seguro. En esencia, esperábamos crear granjas para abastecernos y tratar de seguir, pero esa no era la idea de ellos; buscan cómo tomar el control de nosotros —sigue contando Camilo, molesto.
—Tienen lo que se buscaron por ingenuos. Si no se alejan de lo que está robándoles la energía, morirán pronto —añade Brayan con tono analítico.
—La otra vez que revisamos el lugar se escondieron muy bien; no merece la pena ir de nuevo… aunque puede ser necesario revisar los otros grupos cercanos, también se ven afectados —comenta Jasir serio.
Los recursos que tenemos apenas alcanzan; por suerte, con ayuda de los dragones, la idea de comerciar es una posibilidad salvadora para nuestra situación. Lo más probable, a la vez que ridículo, es la idea simple: los perros están sin control buscando proteger a los conejos, ya que esa fue la orden dada en su creación, y en realidad no buscan molestar de forma intencional.
—Y hay suficientes buscando refugiados y tratando de ayudar. Pensar que debamos hacerlo nosotros mismos es perder el tiempo —. Shada ha perdido toda su voluntad de ayudar.
—Aún hay gente buena que necesita ayuda —Camilo es algo rudo, a la vez que de buen corazón.
Brayan elimina a todos los perros sin problemas; así nos retiramos a distintos sitios. Solo debe ser lo más simple, mas no puedo dejar de pensar en cómo me criaron… si hay alguien detrás buscando obtener una ventaja, por pequeña que sea; alguien con la suficiente estabilidad para que no le importe destruir al resto y, claro, alguien que no considere nada de esto una derrota, sino un pequeño sacrificio necesario en su camino al poder. ¿Existirá?
■■■
Brayan: Carlos y Vanesa no quisieron salir aquel día, de momento. Julius salió de la ciudad para informar de nuevo al resto; con suerte, en unas horas volvería con provisiones (de cualquier tipo servían en ese momento).
Por suerte, la velocidad fue algo característico de los dragones, así como su poder innato. Ahora, a eso se debía añadir su paciencia, más que su obediencia fuera al imperio o a un líder. Su forma de ser, sin duda, ayudó a que aquello no fuera a mayores.
Por mi parte, yo sí fui a dar unas vueltas por ahí; seguía habiendo mucho que ver. Los conejos aún abundaban; día a día se capturaban más para tenerlos en pequeñas granjas, además de que así no afectaban más la fauna local.
No tenía la capacidad de volar; sin embargo, fui buen corredor en distancias largas. Resultó curioso cómo ese fue un logro de mis años en la academia que me gustaba presumir más que mis logros académicos (y no fueron pocos).
Fue de esas contradicciones en mi vida a las que no lograba darles sentido, como estar más interesado en recordar cómo mi trabajo me hizo conocer a Carlos y Vanesa, no solo a Leonardo y, por supuesto, a mi encanto.
Alguna vez lo hablé con un maestro cuya respuesta no terminé de entender, por ridículo que sonara: “Estás orgulloso de esos logros porque los hiciste por ti y para ti, no para los demás”. Vamos, fui a la academia y estudié lo que quise, elegí mi trabajo por mí… solo que todo aquello coincidió con los deseos de mis padres.
¿Qué fue ese ruido? Sonó como los perros, solo que menos grave. Esa área era solo monte, bastante denso y lejos de lo que quedaba de los caminos; igual que la ciudad, sufrieron de la ira de Gran Tempestad, por algo tan pocas personas quedaron cerca.
La luz que había fue suficiente para ver sin problemas a varios metros. Estar cubierto por una capa de color verde de lejos me daría algo de sigilo; igual debí tener cuidado mientras me acercaba.
Se suponía que faltaban varios metros antes de las granjas en las que el grupo de Camilo estaba trabajando, así que no debía haber nadie por allí. Y ahí estaban: un grupo de hechiceros usando túnicas con inscripciones prohibidas. Ninguno parecía tener más de diez años y fue penoso cómo apenas lograban pronunciar los conjuros, escritos y dichos en lenguaje antiguo que había quedado solo para quienes necesitábamos usarlo.
Si tenía cuidado, podía acercarme sin ser notado por los perros que tenían, aunque no demasiado; ellos seguían siendo más que yo. No me arriesgaría, según las recomendaciones de mi encanto en esas circunstancias.
Por el olor de lo que hervía, pude reconocer algunos ingredientes; otros los vi desde allí, puestos en platos dejados en el suelo… ¿Por qué habrían venido hasta acá? ¿Se ocultaban de nosotros? Lo cierto es que tenían afán; ese caldero era muy pequeño para lo que intentaban hacer.
Muy desesperados tienen que estar para intentar robar la energía vital de las plantas y animales de este lugar como forma de compensar la energía que les ha sido robada por quienes están detrás de eso… Por cómo refunfuñan quienes solo tienen la tarea de vigilar a los engañados, noto que quienes van por la vida de listos suelen ser, en realidad, muy tontos; demasiado.
Los alaridos de los perros son, sin duda, porque se ven afectados por el hechizo; al no estar vivos y ser solo energía, sufren. Tal vez los otros perros están por la ciudad en un intento de conservación. Tiene sentido, ya que para esos seres estos hechizos son muy efectivos; para las plantas, de momento, solo son una leve molestia.
No puedo permitir que se vuelvan a escapar; lo mejor es marcar a uno de los perros que están fuera de la vista del grupo. Así los podremos localizar después de dar aviso en la ciudad; es mejor tener vigilados y encerrados a esta calaña. Colocar una pequeña marca será suficiente.
Si bien estas personas están concentradas en lo suyo, los perros siguen vigilando pese al daño que les hace el hechizo; debo ser rápido y ligero para no llamar su atención de ninguna manera. Por suerte, han dejado a varios perros lejos de su vista entre la maleza. Desde que me uní por completo no salgo sin mi mochila bien provista, de modo que cuento con lo necesario para resolver esto con un par de pinceladas; no requiero de nada complejo. Una pizca de energía que puedo rastrear como a las líneas por medio de la esfera o mis pulseras, parece que presumo todo el tiempo mi proyecto. 
Todo está listo. Más de cien sujetos rabiosos y frustrados son, sin duda, una amenaza que debe ser neutralizada de una forma u otra; en esta ocasión, será un destino mejor que el que les espera a causa de sus propias decisiones. Los perros no pasan de treinta los otros sabrán eliminar.
■■■
 Jasir: Es de esos días donde parece que no avanza el tiempo por la razón que sea; ahora lo que parece moverse son los chismes. Vieron al consejero salir de la ciudad hace horas y parece que ya volvió. Ese tipo tiene un don para solucionar problemas; si no lo veo con mis propios ojos, no lo creería ni de chiste.
En fin, los soldados se están llamando a silbidos y pitazos; me son tan familiares como el habla normal. Son instrucciones precisas: han encontrado a los hechiceros que intentaron tomar el control de las granjas cercanas y dárselas de condes. Aunque estén en el mismo estado del resto, siguen siendo hechiceros y deben ser detenidos de inmediato.
Como paladín, esto no era parte de mis funciones; tipos de poca monta… Yo enfrento a enemigos de otras tierras, campeones, soldados de élite. En fin, no hay personal suficiente y esos revoltosos podrían dar más lata.
Gracias al consejero, encontrar a esos tipos ya dejó de ser un problema. Son bastantes y prepararon medianamente su escondite, algo lejos tanto del lugar donde los encontró al mediodía como de las granjas. Están rodeados por los perros y algunas trampas; esperaremos algo más de oscuridad mientras determinamos dónde están todos los miembros. Un grupo será elegido para neutralizar a los perros, otro para las trampas, y el resto iremos por ellos cuando estén con la guardia baja y, claro, en números reducidos de tres a cinco.
Por suerte, lo primero es asegurarnos de que nadie pueda escapar; con una malla será suficiente para este caso. Lo mejor son las barreras, solo que no se puede; en fin, esto servirá. Aprovechando el viento, los nuestros enfrían el entorno de a poco mientras se va el sol. Para nuestra suerte, contamos con suficientes joyas para mantener la temperatura dentro de lo seguro para nosotros; dentro de esas chozas, a lo mucho tienen un pequeño fuego que de poco les servirá.
—Me parece que el plan de acción es claro —comenta el consejero con seriedad.
—Sí, en unos pocos minutos más procederemos —le responde Shada algo apática.
—Como este, hay muchos grupúsculos molestos; cada vez que se pueda , es bueno eliminarlos para que dejen de causar problemas —le recuerdo con seriedad.
— Sí, no tienes que recordármelo a cada rato —me responde aburrida.
—En esta situación tampoco son una gran amenaza y es hasta lo mejor para ellos; lo que están haciendo para compensar las pérdidas de energía no es bueno —comenta el consejero de forma analítica. Supongo que quiere cambiar el ambiente.
—Bien, ya comencemos con esto. Quiero irme a dormir —habla Shada con seriedad mientras hace señas con las manos.
Cada quien en su lugar, todos hacen su parte; los perros son eliminados en un instante y, uno a uno, los hechiceros son neutralizados sin inconvenientes. Estos sujetos están muy débiles y lucen algo enfermos; puede que sea por la falta de comida o por ese hechizo extraño del que habló el consejero.
Creía que todos esos estudiados eran unos presumidos por nada, ególatras por saber cosas que a nadie le sirven, llenos de plata por tener un apellido de altas esferas; pero este consejero no, este sí merece su fama, su título de erudito y el respeto que recibe. Es hábil como hechicero, además de rápido y ágil tanto de cuerpo como de mente. Por algo una teniente imperial de fuego se fijó en él; eso sí que es inusual.
Los guerreros tendemos a mantenernos lejos de los hechiceros por muchos motivos; ahora, con este, ninguno de esos motivos vale para nada. Jamás pensé que en el frente de una batalla estaría junto a uno.
brillythpacheco1005
Lusemi100

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