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Mirada de Dragón Español

Luz de luna

Luz de luna

Sep 06, 2026

Vanesa: Ya por fin podemos salir sin problemas. Nada es tan agradable como estar juntos en el lago de noche, solos los dos… como es costumbre desde, creo, los trece de mi cielo. Podríamos haber hecho a los niños aquí sin problemas. Técnicamente, los “otros dos” somos “nosotros" en la otra orilla.
—Deja de pensar y solo disfruta la vista, mi hibisco —dice Carlos muy tranquilo.
—Eso hago, cielo. El viento en el cabello, miro los hibiscos que nos regalaron, dejo que el agua se lleve los problemas.
—Nadar es bueno para quitar el estrés. Es una bonita noche de luna llena y lo único malo es la falta de bocadillos —comenta Carlos jocoso.
—De esos solías llevar muchos en los bolsillos, cielo.
—Soy un niño consentido ante todo —responde tranquilo.
—Más que nadar para relajarte, has estado entrenando, cielo.
—Se te ha olvidado que para mí entrenar es relajante. Ahora no es tan cómodo verme tan fuera de forma y no poder entrenar con mayor rigurosidad por la falta de comida —dice irritado.
—En eso no has cambiado.
—No. Mejor pensemos en algo lindo. Por lo que sabemos, los niños están con nuestros padres a salvo, lo cual es un gran alivio —concluye feliz.
Estar flotando en el agua es muy relajante; mi cielo prefiere nadar aunque sea despacio, no se puede quedar quieto. De jóvenes eso me molestaba porque sentía que no me estaba prestando atención, aunque era solo una falsa percepción de mi parte.
Ahora que la absorción de energía terminó él parece de dieciséis años y por ende yo de diecisiete años, para dragones que tendemos a ser más altos y corpulentos que las demás personas.
—Debería obligar a Leo y a Zaina a salir estos días; otra vez están como locos trabajando para tener todo en orden —dice Carlos frustrado.
—Necesitan relajarse.
—Ambos, a su manera, se sienten culpables; la realidad es que iba a pasar de una forma o de otra. Aunque no deja de sorprender la cantidad de intentos fallidos para cambiar las cosas y cómo se basaban en casi lo mismo —comenta serio y confuso.
—¿Lo mismo? Sí, el no querer trabajar o hacerlo muy poco como sueño último, solo para ellos mismos mientras soñaban con tener en esclavitud a los demás.
—Egoísmo en su máxima expresión —añade él, frustrado.
—Creo que de alguna manera es divertido saber cómo pasaron de un enemigo al otro. ¿Dónde crees que habría terminado?
—Comenzaron con odio al Imperio y, por ende, a la familia imperial; pasaron a las familias nobles, pese a los nobles que los apoyaban con financiamiento y no solo de forma discursiva. Además, por lo que nos han contado, los líderes más básicos, como los palabreros o curas, estaban empezando a unirse a la lista de enemigos… solo se me ocurre que digan que los padres hemos de ser odiados —elucubra Carlos con seriedad.
—El punto es odiar a alguien.
—Lo único bueno de todo este desastre es que han sido solo unos pocos años y ya comienzan a ser eliminados esos sujetos. Quedaron como charlatanes por distintos motivos y nadie les perdonará a esas ideas el habernos llevado a la pobreza —dice decidido y firme—. ¡Vamos! Nademos hasta el fondo.
Nunca dejará de fastidiarme que me tome del brazo y me lleve bajo el agua de un jalón, sobre todo porque nada mucho más rápido que yo y que la mayoría; es un campeón. Al final, siempre acabo con los brazos alrededor de su cuello y dejo que me lleve a donde quiera, lo cual no es malo; el paisaje es muy bonito… cuando tienes mejor visión en la oscuridad que quienes no son dragones.
Tengo mucho tiempo sin pensar en las competiciones en las que participábamos de jóvenes; eran divertidas aunque no se ganara. ¿En qué momento me empezó a importar los resultados? Yo los veía como juegos entre amigos.
Ya le tengo que avisar que necesito aire; nunca ha tenido eso muy en cuenta, ni con él mismo. Lo bueno es que el lago no es tan profundo, no es algo que sea un lío… ahora, en otros lagos o en el mar, sí que es otra historia.
—Una buena inmersión —comenta feliz al salir a la superficie.
—Es difícil que una no lo sea para ti, cielo; casi te tienes que ahogar para pensar lo contrario.
—Soy consciente de cómo me puedo llevar a mis límites, aunque no siempre lo haga por gusto… En aquellos momentos donde me ha ganado la ira, no he tenido nada que celebrar, sin importar que no tenga arrepentimientos —responde serio, muy serio.
—Ya deberíamos irnos; dentro de poco saldrá el sol. Vamos a cambiarnos.
—De acuerdo. Podemos volver en la noche, mi hibisco —asiente tranquilo.
Otra vez me jala por el brazo; al menos esta vez no es para ir al fondo, sino a la orilla. Dejamos un pequeño fuego cerca de nuestras cosas, así que no me preocupo por el frío mientras me seco. A él le da bastante igual; si se seca, es para no mojar la ropa.
La tela de la ropa que resiste nuestra energía es algo complicada de cuidar, aunque hoy me traje algo lindo: un vestido morado. Esta tela es muy ligera, además de cómoda; el inconveniente es que, si tuviera que usar mis poderes, se quemaría en un momento. Carlos tiene una marca personal en ropa dañada por no querer usar la que nos corresponde; odia que lo obliguen a hacer las cosas.
Desde aquí veo también como nuestras partes también se alistan para irse; pensamos en lo mismo pese a no estar unidos.
—Siempre te dije que esa ropa te quedaría estupendamente, mi hibisco —me dice picarón.
—No quiero hablar de eso ahora, cielo… en especial cuando no creo que sea un tema que pueda tener fin.
—Tendrá fin cuando dejes de prestarle atención a lo que dice todo el mundo y te enfoques en los comentarios importantes —responde calmado, como pensativo.
—Asumiré que no pensamos en lo mismo con esas palabras. Ahora solo pienso cómo, entre tantas cosas, la idea era superar las expectativas de la familia, la academia, el ejército; se supone un fin último colectivo en vez de individual en la teoría, mientras en la práctica pasaba lo opuesto.
—De varias maneras esas ideas calaron en todos… igual no entiendo cómo terminaste yendo a realizar entrenamientos y participando en torneos que nunca te importaron —dice él, muy incrédulo.
Yo tampoco lo entiendo. Ya tenemos todo y apago el fuego, así que no habrá accidentes. De jóvenes nos hubiéramos ido volando para llegar rápido a casa, además de que era mucho más seguro que caminar; la ciudad podía ser peligrosa. Estos días caminamos sin temor; otra cosa es que, aunque la unión terminó, seguimos débiles y requeriremos tiempo para normalizarnos.
El poder es parte de nosotros desde el nacimiento y nuestro aspecto lo prueba; entre lo que se va la infancia y llega la juventud, se desata y se controla. Pareciera que solo hay ventajas, pero hay más desventajas, sobre todo si no se tiene la suerte de nacer en familias como las nuestras o en nuestro Imperio. A muchos los venden como esclavos, a otros para sacrificios… no puede ser delito querer cambiar eso; solo no tomamos el mejor camino.
—Mañana vamos a hablar con Leo y lo arrastramos al lago; tú cargas a Zaina, no creo que Brayan o Dayana nos causen problemas —habla Carlos a carcajadas—. Ha pasado mucho desde la última vez que los enterramos de cabeza en el agua —ríe de manera maliciosa.
—Y siempre todo eso de noche para evitar vigilantes y tutores… aunque no creo que Zaina haya cambiado su punto de vista de esos juegos.
—Suerte que los niños no le dan importancia a sus críticas —responde él con tono aburrido
El viento está soplando muy fuerte, al punto de levantarnos el cabello. No hay nadie, y aun así le molesta que le descubra las orejas; no quiere que nadie note que se las cortaron. En su forma de niño no las tenía, y ahora la unión aceleró la regeneración del cartílago; le falta para que terminen de estar completas.
¿Me iban a cortar las mías de haber tenido tiempo? ¿Pretendían amputarnos algo más que las orejas? Al despertar, noté que tenia algunas heridas en las manos. ¿Intentarían arrancarme las uñas?
—Es de esas noches especialmente bonitas, con el cielo bien despejado para ver las estrellas y la luna; ya no tanto por la hora, pues se nota que no falta mucho para amanecer —Carlos sonríe al decirlo. Ha estado silbando todo el camino, como siempre.
—Las vistas de la ciudad siguen siendo hermosas pese a todo, cielo.
—La gente se acostumbra a verlas todos los días y se le olvida apreciarlas. En el momento en que sabes que tendrás la comida caliente a la hora, se olvidan del valor del esfuerzo para llegar a ese resultado… Supongo que todo este desastre ya se lo recordó a muchos —dice serio y molesto.
—Una lástima llegar a estos extremos para apreciar las cosas buenas.
—Nunca reconocerán los errores; solo deben estar lamentando lo perdido y lo que jamás se va a recuperar —dice Carlos reflexivo.
Ha sido una linda noche, tranquila y algo nostálgica, al menos para mí. Me gustaría recordar ya toda mi vida, más tendremos que esperar a recuperarnos por completo para hablar de unirnos a nuestras otras partes.
Espero pronto ir a ayudar a los amigos y velar por la familia, como es necesario por la situación. Pienso que, en otras circunstancias, estaría trabajando en donde me asignaran mientras los niños están con sus abuelos, como tendría que ser. ¿Cómo será a partir de ahora?
Tengo algunos recuerdos de mis hijos jugando en la plaza Cuarzo, comiendo las paletas de su abuelo, yendo a cenar donde mis padres, acompañándolos algunas veces a la escuela cuando podíamos… cuando lográbamos ignorar el desastre para tratar de vivir. Al final, a todos nos alcanza el caos, la desgracia producto de los errores, hasta de lo que no sabíamos que eran errores.
—Llegamos antes de que saliera el sol, y no creo que quienes vigilan notaran que salíamos o que acabamos de entrar. Voy a preparar el café —dice Carlos calmado.
—Tratemos de dormir unos minutos para evitar que se nos note el trasnocho, cielo.
—Espero que dejen pronto de tratarnos como si estuviéramos heridos —comenta él, incómodo.
Un poco de café para calmarnos; puede ayudar a dormir, aunque suene contradictorio para muchos. Ya podemos acostarnos en la hamaca en vez de estar flotando entre nuestras energías.
Fue una vista interesante que nuestras energías se rodeen de esa forma; luego me dicen que mi forma dragonea estaba rodeando la de Carlos como si durmiera. Lisa hizo un par de dibujos para ilustrar lo que vieron; Carlos no recuerda todos los detalles, seguro por el proceso de unión. No sabía que Lisa tuviera mano para la pintura; no sé mucho de nadie, en realidad.
En la forma de niños estamos durmiendo en hamacas diferentes sin ninguna razón que recuerde; no hablamos de eso tampoco, solo es de esa manera. Ahora volvemos a dormir como la pareja de esposos que somos, aunque estos días hemos estado cansados más de lo habitual; la unión me hace sentir peor que cualquier entrenamiento que haya realizado… aunque sin provocar dolor muscular.
Será mejor dormir un rato para que no descubran que hemos estado saliendo por la noche; es casi lo mismo que cuando éramos jóvenes.
—Ya está el café —dice Carlos calmado.
—Un poco para calmarnos y tomar un sueño.
—Con media hora que descansemos, nadie notará nada, sobre todo cuando para los demás hemos estado días muy débiles y somnolientos —comenta pensativo mientras me pasa mi taza de café.
—Acuéstate —le digo mientras tomo un sorbo.
La hamaca me parece más cómoda que las camas; no sabría decir el motivo. Tampoco me siento cómoda durmiendo sobre otros muebles como durmientes, sillas o sofás… he despertado quisquillosa tras la unión.
—Al menos ahora mi espalda tiene donde apoyarse; flotar así es medio incómodo —dice Carlos jocoso.
—¿Es una indirecta?
—No. Tú eres la razón por la que no fue más incómodo todavía —añade pícaro.
—Sí era una indirecta.
—Si quieres, tómalo de esa manera; no es algo que vaya a considerar malo —insiste con picardía.
—Luego hablamos con los otros a ver si conseguimos algo de café de las montañas del sur —comento antojada.
—Y algunas golosinas; por suerte, el dinero que teníamos escondido seguía ahí.
—Lo importante es que aún tiene valor, aunque un poco menos que cuando este desastre comenzó; pero tiene valor. La emisión de dinero fue detenida por unos meses y no me sorprende escuchar que intentaron robar los bancos donde se produce —dice él, serio.
—El robo como medio, no de vida, sino de caos.
—Mientras más caos y miedo, más poder tienen quienes comenzaron todo esto. El caos deja a las personas confundidas y el miedo, indefensas ante los tiranos. Ahora, sobre todo, es la diversión de quienes aman ver arder el mundo —reflexiona Carlos.
Desde hace años, está convencido de la no necesidad de motivos complejos ni grandes ambiciones para buscar todo este desastre. Sin duda los hubo, pero ahora no se puede evitar pensar que así también estuvieron quienes aman hacerle el mal a los otros, quienes lo odian todo, hasta sus propias almas, y por eso su único fin es el caos.
Mejor ya dejo de reflexionar sobre eso, termino mi café y me voy a dormir. Por suerte, desde que empezó a unirse, Carlos no ha vuelto a tener pesadillas.
brillythpacheco1005
Lusemi100

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Por si acaso vuelvo a explicar, cuando termino el proceso de unión tenían el aspecto de catorce años, trás semanas de recuperación ahora tienen un aspecto de diesiseis años

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