Hace un par de días que he cumplido los dieciocho años, por fin soy mayor de edad de acuerdo con las leyes de este país. Puedo votar, beber sin control, sacar una licencia de conducir y entre otras actividades que se pueden hacer cuando se alcanza la mayoría de edad. Mi prioridad principal es entrar a una universidad y estudiar alguna carrera que me guste, lo malo es que todavía sigo pensando en qué carrera escoger. Y lo otro peor es que la universidad a la que quiero entrar, está casi en la otra punta del país.
Para que se pueda entrar en contexto, vivo en Nueva Galicia, que está en el sur de Jeervalya, pero no demasiado como lo estaría Villa Sagrada Familia; y la universidad está en Estorné, la capital del país que se encuentra en el norte, aunque no tanto como Villa Última o la ciudad universitaria de Dorwyn, llena de buenas universidades, algunas incluso con prestigio internacional.
Se supone que tengo familia regada por toda Jeervalya e incluso fuera del país, pero no pienso depender de ellos y dudo mucho que me tiendan una mano. Tan siquiera se acordaron de darme un saludo en mis cumpleaños o venir a mi graduación de la secundaria.
—Este maldito calor me está matando —me quité unas gotas de sudor de la frente, cuando revisé mi bolsillo no encontré una sola corona erebrina disponible. De uno de los bolsillos traseros de mi pantalón saqué mi teléfono celular, los que tengo adelante son tan pequeños que apenas entran unas chucherías o pañuelos desechables doblados, es el precio por usar mi pantalón favorito.
Marqué el número telefónico de una de las pocas personas en las que en verdad confío.
— ¿Hola? —preguntó como siempre.
— ¡Eh! Soy yo, tu hermana —le dije sin rodeos.
—Una de las que tengo —respondió con una voz que podría calificar de sobria.
— ¿Dónde andas, chaval?
—Estoy cerca de una plaza con el viejo y sus amigos.
—Bueno, apresúrate y manda el nombre de la calle.
—Lo lamento pero no me la sé, espera un rato que pregunto y te la envío por mensaje. Prometo tardar poco.
La llamada dejó de sonar, cerré el teléfono y lo puse de vuelta en el bolsillo. A pesar de que Estorné sea una ciudad de robos escasos, siempre hay que andarse con cuidado porque los ladrones andan a la orden del día. Como no soy de aquellas personas capaces de esperar eternidades para recibir una respuesta, comencé a moverme por cuenta propia, prefiero perderme que estar quieta en un sitio, siempre he sido así.
En la primaria me metí en algunos apuros por no cumplir con lo que otros me pedían, ni qué decir de la secundaria, los profesores siempre esquivaban su vista de mí, si tenían la oportunidad de mandarme atrás, lo hacían.
Me detuve en una calle estrecha con tráfico de autos, agarré mi teléfono y me lo llevé a la mano para evitarme una escena incómoda, ya saben, esa clase de escenas. Sería injusto si es que solo se criticara a un lado, tuve un pensamiento que podría decir que es random pero que tendría sentido en otro contexto.
Se le ocurrió sonar en el preciso y precioso instante en el que podía cruzar la calle, ya en la otra acera lo desplegué, era justo lo que esperaba: un mensaje de él dándome la dirección de la calle.
—Así que, la calle Airen al frente de la Plaza de los Ritos —hice un comentario. Vaya nombres que tienen en el norte, en el sur no nos complicamos tanto con eso, nuestros nombres son más fáciles.
Cuando le pregunté a un transeúnte por la calle, él me dijo que estaba a un montón de calles lejos. Luego se fue, aunque parecía un estudiante universitario o por lo mínimo de bachillerato.
Se suponía que Estorné era una ciudad pequeña, ¿cómo llegaré si estoy tan lejos? Me puse a caminar en línea recta, sin cambiar de acera. Si hay algo que detesto es quedarme de brazos cruzados, no señor, esa no soy yo. De vez en cuando preguntaba por el nombre de las calles y direcciones.
—A sí, cruza por la derecha, baja un par de cuadras y dobla por la izquierda. Aunque la calle a la que quieres está un poco lejos —me indicó el último chico con el que hablé, era tan majo.
~Sayo the Peixes, [21/3/2022 00:46]
Seguí sus indicaciones como pude, aún estaba tan lejos. Si tan solo hubiera traído un par de monedas, mi billetera y una cartera. Por si fuera suficiente, en mi celular tampoco es que tuviese crédito suficiente para llamadas. En momentos así lo único que queda es aferrarse a... Que suerte ni que suerte, tengo para darle un timbrazo a
—Hola, escuché una voz que podría jurar me es familiar.
— ¿Belareis? —sentí un cosquilleo por adentro.
—Soy yo, tu querido primo Belareis. Qué haces tan perdida por aquí —lo dijo de una manera que me pareció tan suave y relajada. Luego habló un par de palabras más.
Le conté la horrible situación por la que estaba pasando. Sacó su billetera y me entregó un par de billetes.
—Bela, es más que suficiente.
—Tus padres debieron de pensarlo bien antes de mandarte sin unos pesos a esta ciudad, haría lo mismo por otro de mis primos. Salúdame a los tíos —o sea tus padres— si es que puedes
—Lo haré si los veo y no me acompañes, puedo hacerlo sola.
—Está bien, recuerda que estoy disponible si quieres, rompí con mi novio; pero no sé hasta cuándo estaré, no quiero parecer un maldito arrastrado —me lo dijo en la oreja. Su oferta desde luego que es para considerar, sin embargo, conociéndolo, no creo que dure en una relación, después de todo, no le gusta humillarse o él mismo admite que tiene asuntos más importantes que el amor. Típico de acuario.
Tomé un coche con la dirección que tenía, Bela me dio lo justo para pagarle al conductor, aunque me sobró unas cuantas monedas.
Después de salir del coche, caminé otro par de cuadras encontrándome por fin con quien debía de encontrarme.
—Silas.
—Hermana, a la hora que se te ocurre llegar. Te he estado esperando una eternidad.
—No exageres tanto, ahora dime dónde está el viejo.
—Con sus amigos en la plaza.
—Acompáñame.
Silas y yo somos los últimos de seis hermanos, por mucho que sea la menor, varios han dicho que soy más bien la que parece ser mayor, incluso los hermanos de mi madre. Él se pasa por detrás los comentarios que le hagan, sigue siendo como es y nadie le cambiará.
Con respecto de mamá, sus hijos, dígase mis hermanos y yo llevamos su apellido por delante, esto porque mamá quería conservarlo como dé lugar, las leyes lo permiten y además nuestro padre es un migrante de España, y aquí en Jeervalya, los migrantes de ese país no son tan bienvenidos, como también los que vienen de Inglaterra, no así los de cualquiera de las dos Irlandas o Escocia.
El que lleve el apellido materno por delante aunque tenga un padre, no es algo que agrade a todo el mundo, comenzando por mi abuelo paterno.
—Viejo, ya estamos, qué quiere de nosotros —intercedió Silas, el viejo estaba con sus amigos, conversando en la misma banca.
—Pero es que no has visto el semejante pedazo de tetas que tiene la Miss Jeervalya.
—Oh pues está más bonita que las misses de España e Isorka.
—Abuelo, por favor, préstanos atención, somos tus nietos. Hace rato que querías vernos a los dos, mi hermana por fin ha llegado.
—Enhorabuena que llegan, quiero que vayan al súper y compren un par de cervezas y bocadillos de picar para mí, Manuel, José y Federico.
Le entregó un fajo de billetes de coronas erebrinas. Me aguanté toda la conversación del viejo sin moverme un centímetro, lo hubiera hecho de no ser por sus amigos con los que habla cuando viene a Estorné y siempre hacen esos comentarios.
—Y traenos una cajeta de cigarrillos si es que puedes —pidió cuando nos alejamos unos pasos de él.
—El viejo está mal si es que cree que le traeremos lo que pide —dijo Silas, llevándome hacia una tienda de barrio.
—Sé que te disgusta estar con él y a mí también, agradece que por lo menos no es seguidor de Franco.
—Lo sé muy bien, al final y por desgracia, somos sus nietos.
Silas pidió un par de Sprinkle Pop, unas gaseosas que suelen ser baratas y de buena calidad. Pagó con un dinero aparte del que tenía, después de devolverlas, se dio media vuelta tomando el camino hacia abajo.
— ¿A dónde vas? —le jalé de su brazo, impidiendo que se quiera salir con la suya.
~Sayo the Peixes, [21/3/2022 00:46]
—Mira que estamos en la ciudad más grande de Jeervalya y tú intentas detenerme, habiendo tantos lugares qué visitar.
—Pues lo siento, voy contigo que no me quiero perder en esta ciudad de vuelta, es imposible que cuente con la suerte de hace rato.
Le expliqué que fue lo de la suerte de hace rato. Mientras cambiamos de acera, le eché un ojo a la ropa que traía puesta. Lo más interesante era la tranquilidad con la que lo usaba.
—Cómo es posible que andes con esas ropas en este tiempo. No sientes calor o qué.
— ¿Te molesta tanto que esté vestido de negro?
—Sí y también el corte de cabello que llevas, te ves ridículo con ese mechón tapandote el cabello —le di la retada que necesitaba. Dio un quejido, aún con un ojo tapado, pude notar su cara de enojo—. Por favor Silas, no me mires así. Si sigues molesto porque aún no superas a tu ex novio, solo dilo.
—Pues lo siento porque te lo ganaste, eres tan especial por tus actitudes —me vio con su ojo libre y una punzada imaginaria se clavó en mi corazón. Si estuviésemos en casa le hubiera dado una cachetada, o tal vez, si estuviésemos en un callejón, no en una calle en pleno público.
Silas y yo fuimos de calle en calle sin tener un rumbo fijo. En ratos él tenía las miradas puestas sobre sí, me imagino que para las personas un tío alto y delgado que viste ropa negra y zapatos negros en calor, le es llamativo.
—El parque de diversiones está entre... —escuché la voz de una niña dándole una explicación. Le dio un par de monedas por su amabilidad, me sorprende que ella no le haya mirado disgusto.
A la siguiente calle que entramos, vi gente más a menudo. Había otro embotellamiento, otro de coches y el que seguro es el transporte público de la ciudad. Pudo ser un buen momento pero el señorito "me visto de negro en calor" prefirió caminar. Me pregunto si sería tacañería o tontería.
—Cuando sea aún más mayor, no quiero ser como el viejo. Él es en definitiva aquella clase de persona que quisiera evitar —dijo sin ningún remordimiento.
—Pues el viejo no es el único mal ejemplo de persona que existe en este mundo. Hay gente que puede pensar cómo piensas tú pero para nada serán mejores personas.
Silas se quedó sin habla en la boca, hay en veces en las que su actitud me termina hartando o me provoca un cólera mental. No sé por cuántas calles más tengamos que andar, solo sé que quiero algo de beber de vuelta.
—Here It come. Here comes the feeling.
—Pero que hermosa y melódica voz.
Silas se adelantó sin avisar. No le detuve y seguí su rastro con pasos rápidos para no perderlo.
Hablando de malos ejemplos, ahí estaba ella: la rubia gilipollas y de cara inocente. Hay tantas rubias en la familia pero ninguna como ella. Su sola voz me provoca ganas de comprar un lápiz y romperlo.
—Que gusto que hayan venido ambos, es un placer verlos.
Quería dar pasos al costado o tener unas gafas oscuras, la ropa que traía puesta era de un unos rosas que me provocaban ganas de vomitar. Cómo siempre traía ropa de marca traída del exterior.
Conté en mi mente los segundos que tardaban en un insulsa y vana conversación sobre asuntos familiares y tonterías también.
—Oh, si es que de verdad pasó eso, pues lo lamento tanto. Espero que se recupere pronto —dijo con su voz tan fingida. No me faltaban las ganas de decirle a Silas que pare, que ya comenzaba a incomodar. Él terminó la conversación y la señorita rosa infantil se despidió de los dos. Solo le di mi adiós por cortesía.
Se cree tan dulce e inocente, lo único que provoca es que quiera darle un golpe en su preciosa cara.
—Seguro le estabas viendo los pechos, de ahí que es que tardaste tanto hablando con ella —le dije bien claro a Silas que se terminó de quejar de que todavía quedaba mucho camino.
—Es mentira, no soy un guarro irrespetuoso, me quedé hablando porque es nuestra prima y no la vemos todos los días —se defendió de una acusación falsa tal y como le enseñé hace un par de años.
—Tú ganas, vamos a seguir caminando. Pero pasemos por un mini-super o una tienda que me dio sed de vuelta.
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