La música retumbaba en las paredes, las risas y las voces de la multitud se entremezclaban con los golpes graves de la pista de baile. Axel no solía ser fanático de las fiestas, pero aquella noche había hecho una excepción. Uno de sus amigos, Ethan, lo había convencido de ir. "Relájate, te hará bien", le había dicho. Ahora, mientras observaba a la gente moverse al ritmo de la música, Axel no estaba tan seguro de que esto fuera lo suyo.
Con un vaso en la mano, Axel dejó que sus ojos recorrieran el lugar, buscando algo más interesante que una pista de baile llena de cuerpos sudorosos. Fue entonces cuando la vio.
En la esquina más alejada de la sala, ajena a todo el bullicio, estaba una chica sentada en un sillón de cuero, con un libro entre las manos. Parecía completamente fuera de lugar, como si el mundo a su alrededor no existiera. Aquel contraste, en medio del caos de la fiesta, despertó la curiosidad de Axel.
—¿Quién lee un libro en una fiesta? —murmuró para sí mismo.
Movido por la intriga, decidió acercarse. Al llegar a su lado, se inclinó ligeramente para tratar de ver la portada del libro.
—¿Qué lees? —preguntó, con una sonrisa juguetona.
La chica levantó la mirada lentamente, con una frialdad que casi lo congeló en el sitio. Sus ojos, oscuros y profundos, no mostraban ni una pizca de interés en la interrupción. Era como si, en ese momento, Axel hubiera desaparecido.
—No te incumbe —respondió ella, cortante.
Axel parpadeó, un poco sorprendido por la respuesta tan directa, pero lejos de desanimarse, decidió insistir.
—Vaya, una chica misteriosa... —bromeó, tomando asiento en la esquina del sillón, sin pedir permiso—. No puedo evitar sentir curiosidad por alguien que trae un libro a una fiesta.
Ella lo observó durante un segundo más, antes de volver la vista a las páginas, ignorándolo completamente.
—Bueno, eso fue incómodo —dijo Axel, riendo para sí mismo. Decidió probar con algo más—. ¿Sabes cuál es el peor chiste que conozco? ¿Qué le dice una biblioteca a otra? "Cállate".
La chica soltó un suspiro, claramente irritada. Axel sonrió para sus adentros. Sabía que estaba siendo molesto, pero algo en esa chica le atraía. Había algo detrás de esa actitud distante, algo que lo intrigaba aún más.
—Deberías irte —dijo ella, sin siquiera levantar la vista del libro.
—¿Y perderme la compañía de alguien tan... encantadora? —respondió Axel, con un tono sarcástico.
Por primera vez, la chica dejó escapar una breve sonrisa. No era de diversión, más bien era una sonrisa de resignación, como si estuviera acostumbrada a lidiar con idiotas. Sin embargo, Axel sintió que había logrado algo, por pequeño que fuera.
Justo en ese momento, una chica se acercó al sofá. Era la única persona que parecía estar realmente cerca de ella durante toda la noche. Una amiga, probablemente.
—¿Te está molestando? —preguntó, mirando a Axel con desdén.
—No, solo es un tonto —respondió Lyra, en tono neutral.
Axel levantó las manos en señal de rendición.
—Culpable —dijo, sonriendo. Luego miró directamente a Lyra—. Bueno, fue un placer hablar contigo... o lo que sea que esto fue. Espero verte de nuevo.
Lyra lo miró fijamente, su expresión sin cambiar.
—Pues yo no espero volver a verte —dijo con frialdad.
Axel rió suavemente, se puso de pie y, tras un último vistazo, se alejó. Algo le decía que esa no sería la última vez que vería a la chica del libro, aunque ella no compartiera su entusiasmo.

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