Luego de aquellas mentiras, ¿Quién le creería a una muchacha como Khione?
—La joven acusada, llamada Khione Takidashi, cuya orden de arresto es el n°370, del distrito de Los Santos, es declarada culpable de intento de asesinato —el choque de aquella madera dictó la sentencia—, el veredicto final será de siete años, tras otros incidentes en donde se le ha visto comprometida, tendrá la posibilidad de una salida bajo vigilancia, y libertad condicional pasado los 15 meses.
Esas palabras, la joven las sintió como un frio viento sobre su rostro despejado de cabellos, sus muñecas vendadas, y las esposas fue lo primero que miró.
—Vaya, parece que mi padre ha decidido seguir la ley —murmuró luego de sentir los agarres fuertes de los oficiales al sacarla del tribunal—, ¡Ey, que sigo siendo una paciente!
No tembló ni temió por lo que dijese aquel juez, la había encontrado con heridas y un arma en sus manos, no hubo expectativas de las cuales pudieran ser verdad. Todo su cuerpo se encontraba vendado, y aunque solo había pasado unos meses de todo aquel accidente, sus heridas no lograban curarse del todo.
—Ahora eres una criminal, no hay compasión con personas como tú —le dijo el jefe de policía de la cárcel.
Su hermano, junto con el resto de los japoneses, esperaron a despedirse de ella a las afueras del establecimiento.
—Solo les diré que mientras tanto, no me visiten, las personas de allí pensarán que soy una niñata mimada por sus familiares, y no me tomarán en serio —giró sus ojos hacia ellos y notó que el ambiente se notaba tenso—, ¿y ahora qué sucede?
—Nada, tampoco podremos visitarte seguido, padre nos ha informado que no nos quieren aquí y que... puede que tu veredicto ya estaba planeado desde que la fiscalía presentó y se hizo cargo de las evidencias —le terminó de decir para luego abrazarla—, solo... cuídate mucho, no queremos que te desangres como has venido haciendo.
—Oye, no es mi culpa que me pueda mover un poco, tendría que ya estar bien —bufó aceptando los largos brazos de su hermano.
—También nos dijeron que mientras te comportes allí dentro, podrás salir en unos meses —le susurró—, padre me dijo que te interrogaran para saber hacía donde se van las negociaciones que hacía Alpinos, ten cuidado en eso.
Los ojos de Khione recorrieron el rostro relajado de su hermano, luego de que este se alejara.
—¿Negociaciones hacia otras ciudades? ¿Otros países? Que hijo de la gran-
—Señorita Takidashi, sabemos que estuvo metida en varias negociaciones casi toda su adolescencia y ahora —el hombre cerró su Laptop y la miró cansado—, la carpeta que encontramos en su departamento cabe destacar que, con mucha información, donde dice que Alpinos tiene lazos en Japón, Noruega, Rusia, entre otras más. Dudo que usted sea una tonta, ¿no cree?
—Bueno... mi padre siempre me dijo que lo era, también fui a teatro e hice deportes de defensa personal, no creo que una muchachita tan bonita pueda meterse en negociaciones siendo tan joven, encima una niñata de papá —dijo irónica y sarcásticamente mientras acariciaba las puntas de sus dedos de las manos.
—¿Y las cargas? ¿Dónde las guardan? Supongo que usarán un estilo de galpón en algún escondite de la ciudad —intuyó el señor masajeando su cien.
—No sé si luego de una compra grande quede algo de dinero para un galpón —sonrió y apoyó el costado de su rostro sobre la mesa mirando hacia el enorme espejo de la sala de interrogatorio—, no puedo decirle mucho, señor, todo lo que sé no se trata solo... no se trata de esta ciudad, verdaderamente no sé qué harán con esas cosas.
El suspiro del señor había sido señal de que ya terminó de interrogarla, por lo que una sonrisa se asomó por las comisuras de sus labios.
—Oh, han dicho que han llegado visitas para ti, hemos terminado por hoy, vete.
Dos policías entraron a la sala, dejando a aquel solo, llevándola a su habitación con prisa.
—No tenemos que apresurarnos, seguro que el señor Takidashi dará permiso y podremos capturar al resto —alentó Stein al salir de la otra sala junto con varios compañeros.
—Para saber el resto, esa chavala tiene que sobrevivir, sin duda tiene que vivir —el señor los miró a todos con su rostro preocupado, devolviéndole una carpeta a Gregorio y desapareciendo del frío pasillo.
Extra: (Khio en prisión se comporta un poco rebelde, pero no llega a pasar a mayores porque le mantiene el respeto y deja que el resto sea de igual manera con ella.)
Los primeros interrogatorios que le hicieron a Khi durante su estadía en prisión.
—Tengo entendido que sabes dónde se encuentran la mayoría en esto de entregas de carga-
—Bueno, si, pero no, por lo menos no de aquí —murmuró la joven, balanceando sus piernas con su vista fija al espejo, queriendo de alguna u otra manera saber si en algún momento llegaba a ver a alguien detrás de todo ese reflejo.
—¿En cuántos casos estuvo presente? —el joven suspiró y volvió a repetir las mismas preguntas.
—Esta mujer que tienes delante, no ha estado en muchas —dijo irónicamente mientras sonrió de lado, llevando sus manos hacia sus mejillas, aplastándolas—, solo en dos, a decir verdad, solo lo sé porque lo sé.
—¿Quiene-
—Tengo mucha hambre, ¿Tú no? ¿Y si pedimos que nos traigan hamburguesas a ambos? Te contaré un poco sobre donde podéis encontrar algo —susurró, pero luego habló en voz alta mientras su sonrisa creció a tal nivel que recordó su pasado.

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